viernes, 3 abril, 2020
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Antes de que sigan bajando es prudente decir que lo que están por leer va en contra de todas las reglas del periodismo. Todo lo que se enseña en universidades, facultades y terciarios se deja de lado en esta nota ya que va a tener un acercamiento mucho más personal que el resto de los artículos que se publicaron sobre este tema. Se estarán preguntando por qué. El motivo es simple: a través de las redes sociales comprendí que mi experiencia y mis sentimientos para con Kobe Bryant surgieron de la misma forma que los de miles de personas de mi generación (aquellos que nacimos en los ´90). Una vez aclarado esto, pueden proseguir con la lectura.

Querido Kobe:
A diferencia de los grandes medios que se pugnan la primicia y desinforman por un par de likes y visitas extras, preferí esperar cierto tiempo para escribir esta especie de carta. Necesitaba digerir y procesar todo lo que ocurrió en las últimas 36 horas ya que fue un cóctel de emociones, estoicismo y shock difícil de asimilar a las primeras de cambio.

Al principio pensé que se trataba de una broma de mal gusto basada en tu conocida competitividad y el hecho de que la noche anterior LeBron James te sobrepasara como tercer máximo anotador de la historia de la NBA.

Pero cuando fui a corroborar la noticia quedé estupefacto. No podía creer como de un segundo a otro se me fueran las palabras, irónico en cualquier periodista, y dejé de lado lo que estaba haciendo en el momento. Porque, siendo honestos, quién iba a pensar que un domingo tan común y corriente como cualquier otro iba a teñirse de una negrura inconmensurable. Uno de los factores que potenció esto fue la completa sorpresa del hecho.

Casi nadie, y me incluyo, sabía que viajabas en helicóptero para pasar más tiempo con tus hijas y menos que el domingo 27 estabas volando por los cielos de Calabasas. Mucho menos que el helicóptero, uno de los medios de transporte más seguros del mundo, iba a fallar de esa manera. Y, por último, que te ibas a ir siendo tan joven.

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Eras de esas personas que uno imaginaba que iba a vivir hasta pasados los 80 años e ibas a seguir inspirando a las futuras generaciones como una leyenda viva. Que los chicos iban a seguir viendo videos tuyos en Youtube e iban a decir “wow, ¿cómo lo hacía?”. Que ibas a acompañar a Gianna en su camino por la secundaria, la universidad y, algún día, la WNBA para mantener vivo el apellido Bryant dentro del mundo del básquet. Pero estábamos equivocados.

Personalmente, y vuelvo a disculparme por meterme en el relato, siento que fui uno más de los tantos chicos y chicas de mi generación que se enamoraron del deporte gracias a ti. Si bien en Argentina teníamos el efecto Ginóbili y el atractivo de tener a un compatriota representándonos en la liga más vista del planeta, lo tuyo fue diferente. Gracias a Manu me enteré de lo que era la NBA, gracias a vos me enamoré de esa liga.

Porque nuestros padres nos hablaban de Michael Jordan, de sus proezas, de su grandeza, del Dream Team y de los Bulls de los 90’ pero, al igual que con Maradona, todo se reducía a eso: comentarios. Hablaban de vos como si fueras el Jordan de la siguiente generación aunque ellos no sabían que no eras el próximo MJ, sino el primer Kobe. En vos, muchos pudimos vivir todo lo que nos contaron de Jordan en una liga mucho más globalizada.

Sin embargo, por haber nacido en el 99’, hasta principios de la década de 2010 todo lo que sabía de vos era por oído. Sabía que habías perdido una final con los Celtics, que justamente esa era LA rivalidad histórica de la liga, que en 2010 habías tenido tu venganza pero no me había interiorizado mucho. Fue cuando empecé a ver los partidos que entendí todos los elogios que había escuchado hacia tu persona. Entendí porqué los chicos gritaban Kobe después de simular tus fadeaways y encestar un bollo de papel en el canasto de la basura. Entendí porqué en Argentina, como en todo el mundo, había gente que usaba una musculosa amarilla y violeta con el dorsal 24.

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Y como lo entendí, empecé a estudiar tu carrera y la historia de los Lakers. Ahí volvió a aparecer tu influencia y adopté a los Lakers como mi equipo de la NBA. Es verdad que estaban los Spurs de Manu y que también había que hinchar por ellos, pero ahora compartían el centro de atención con los dueños del Staples Center.

Aprendí mucho viendo videos tuyos e investigando. Aprendí que tuviste una carrera llena de éxitos (cinco títulos, un MVP, dos MVP de Las Finales, varios All Stars en tu espalda), momentos no tan buenos (el codazo a Manu, el final de la relación con Shaq) y algunas injusticias (la final con Boston, no haber podido jugar con Chris Paul por culpa de David Stern). Me emocioné el 13 de abril de 2016 mientras hacía zapping entre el partido de los Warriors, que estaban por romper el record de más victorias en una temporada regular, y tu último partido de la NBA contra Utah. Salté disparado del sillón cuando metiste el doble lejano que puso a los Lakers en ventaja después de que remontaras el partido vos solo en el último cuarto y apreté el puño cuando metiste los dos tiros libres que te permitieron cerrar tu carrera con una actuación de 60 puntos redondos.

Pero no fue el Kobe deportista lo que me atrajo, sino el “Kobe persona”. La famosa Mamba Mentality de siempre dar el 100% en cualquier aspecto de la vida (“quiero que me recuerden como una persona que no desaprovechó un solo día de su vida” dirías años después). Fue eso lo que hizo que ganaras ese último partido contra los Jazz: simplemente no podías perder. Fue esa mentalidad la que te hizo salir a flote en situaciones difíciles, la que te hizo ser uno de los deportistas más grandes de la historia y la que estableció tu legado. Cuando le preguntan a cualquier joven promesa del básquet qué aspecto tuyo les gustaría tener, la mayoría, por no decir todos, responden lo mismo: That Mamba Mentality.

Y creo que todos tendríamos que aprenderla y aplicarla en nuestras vidas porque nos llevaría a un lugar un poco mejor del que estamos. No importa si la implementamos en el trabajo, en nuestras relaciones o en nuestra vida amorosa, con ese pensamiento nada puede salir mal. ¿Qué puede ser lo peor que puede pasar si damos nuestro 100%?

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Es por esto por lo que me cuesta mucho terminar de escribir esta especie de carta. Porque nadie pensaba que te ibas a ir tan pronto, porque nadie quiere aceptar que te fuiste, porque la muerte de Gianna y el resto de los que iban a bordo hace más doloroso el duelo aún y, sobre todo, porque no tenemos con quien descargarnos.

Es difícil llorar o pensar a una persona que no conocías pero por la cual sentís un respeto y una admiración inimaginable. Y esa es la situación en la que nos encontramos millones de personas alrededor del mundo.

Por eso no queda más que decir Gracias por todo lo que dejaste como enseñanza tanto dentro como fuera de las canchas, que descanses en paz y que sigas encestando tiros en el cielo.

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Facundo Osa
¡Buenas gente! Soy Facundo Osa, tengo 20 años y me gusta escribir de todo un poco. Últimamente estoy en una parte más polideportiva de mi escritura ya que me alejé del fútbol porque dejó de atraparme como antes. Así que ya saben, cada vez que vean alguna nota que sea de algún deporte que no frecuentamos tanto en la página, seguro sea mía jajajaja. Ya que están, síganme en Twitter (@FacuOsa) si no se quieren perder de nada del mundo polideportivo (especialmente rugby, básquet y automovilismo).

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1 Comment

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SEO Reseller Program 29/01/2020 at 08:52

Awesome post! Keep up the great work! 🙂

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