jueves, 23 septiembre, 2021
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Hay personas que dicen que las casualidades hacen a los individuos durante su vida, aunque en realidad se puede manifestar exactamente lo contrario: son las causalidades las que lo hacen; esas pequeñas opciones que, unidas, terminan generando eso que conocemos como existencia. El matrimonio eterno entre Dawn Lorraine Fraser con el agua comenzó así, casi sin querer: fue el asma el que la llevó a la piscina, pero sería su determinación para sobreponerse a cada golpe, hasta convertirse en la mejor nadadora de la centuria que se nos fue, la que nos dio a una verdadera leyenda.

Dawn nació en el seno de una familia humilde (y deportista) de Sydney el 4 de septiembre de 1937. Su padre, Kenneth, jugaba para la selección escocesa de fútbol, pero una vez viajó a Australia, se enamoró del lugar y, sobre todo, de Rose, con quien se casó y tuvo siete hijos antes de la llegada de la octava, la revoltosa y sonriente Dawn. Cuando era una niña se le diagnosticó el asma -ella expresó en su biografía que se lo había provocado jugando en una mina abandonada- y los médicos le aconsejaron que utilizara la natación para paliar la enfermedad, a lo que Fraser aceptó encantada, ya que su hermano Donald era un nadador muy bueno.

La joven Dawn mostraba su calidad en la piscina, pero sería un hecho trágico el que la llevaría a tomar la opción por dedicarse de lleno a esto: cuando tenía tan solo 13 años vio morir a su hermano Don, a quien admiraba, por culpa de la leucemia. Él siempre vio el potencial que tenía su pequeña hermanita y se dice que sus últimas palabras fueron “tu tienes un don, entrénate fuerte por mí”. Solo tres años después de esta tristeza se mudaría a Adelaida para prepararse con su descubridor, Harry Gallagher. Ese potencial que habían observado primero Don y luego Gallagher se manifestaría apenas dos años después: Fraser rompería, en el durísimo campeonato de su país, su primer récord mundial en los 100 metros libres, con un tiempo de 1:04.05. Esa marca llevaba imbatida “apenas” 20 años y le pertenecía a la holandesa Willy den Ouden. En ese torneo se generaría una de las mejores rivalidades deportivas sobre el agua, ya que en el segundo lugar había quedado la favorita, Lorraine Crapp. Serían ambas las que llevarían a la natación femenina a ser reconocida en el mundo a la par que ya lo era la del sexo opuesto.

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De hazañas, travesuras y suspensiones

Unos meses después de coronarse como la mejor nadadora australiana llegaría la oportunidad de hacerlo a nivel global. Los Juegos Olímpicos de 1956 se disputaron en Melbourne y Fraser lograría derrotar nuevamente a Crapp en los 100 metros libres y otra vez lo hacía con récord mundial incluido (1:02.0). Esa competencia fue muy especial para Australia, ya que Faith Leich completó un inédito podio aussie. Crapp se tomaría su revancha en los 400 metros libres, aunque el segundo puesto fue un resultado excelente, teniendo en cuenta que esa no era su especialidad. Juntas, sin embargo, ganarían los 4×100 metros libres, demostrando que eran las mejores.

En Roma 1960 se convertiría en la primera mujer en revalidar un oro al vencer a la estadounidense Chris von Saltza, quien comenzaría el renacimiento de la natación femenina en su país. Tras sacarse un gran peso de encima por tener que demostrarle a todos que su triunfo cuatro años atrás no había sido por casualidad salió a festejar, hecho que molestó mucho al equipo australiano. Todavía más enojados quedarían cuando ella se fuera de compras por la ciudad, pensando que no debía competir en la posta 4×100 mixto. Cuando su entrenador le dijo que debía presentarse a las clasificatorias ella se negó, en protesta por todo lo que sus compañeros dijeron sobre su persona. La relación no quedaría de la mejor forma luego de que éstos la criticasen ante la prensa.

Igualmente, el público amaba a esta simpática e independiente mujer, que se esforzaba cada día para cumplir la promesa que hizo a su hermano en su lecho de muerte. Reforzada anímicamente por esa segunda medalla dorada (y por las medallas de plata obtenidas en el 4×100 medley y libre), en 1962 se convertiría en la primera mujer en bajar el minuto: 59´´9. A sus 25 años se mostraba más en forma que nunca. Aunque, antes de disputar los JJOO de Tokio en 1964, sufrió uno de los golpes más duros de su vida. Ya había perdido a su padre por culpa del cáncer el año que revalidó el oro olímpico, pero unos meses antes del torneo a disputarse en tierras niponas tuvo un fuerte accidente automovilístico, donde fallecería su madre. Ella sufrió la fractura de una vértebra y estuvo casi dos meses con el cuello inmovilizado.

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Pero, a pesar del dolor, Fraser decidió seguir adelante y en Japón haría historia al lograr el triplete en los 100 libres (con otro record mundial, esta vez de 59´´5), una hazaña que solo poseen otros dos nadadores: Krisztina Egerszegi y Michael Phelps. Igualmente, ese torneo sería recordado por dos hechos particulares: como las clasificatorias se disputaban solo dos días después de la Ceremonia Inaugural, los jefes del equipo decidieron que todos se quedarían en el hotel, aunque Dawn hizo lo contrario, se escapó y apareció en el estadio para desfilar junto a sus coterráneos, lo que volvió a generar broncas como en los anteriores olímpicos.

Pero lo que marcaría la vida de Fraser (y su carrera) ocurriría después del tercer oro. Para festejarlo, varios atletas salieron de fiesta y terminaron delante del Palacio del Emperador -ya de madrugada-, y se les ocurrió llevarse como souvenir un curioso trofeo: la mismísima bandera de Japón. Por supuesto, fueron detenidos por la policía y pasaron varias horas en la comisaria hasta ser liberados. Pero el emperador Hirohito, al enterarse de esta ocurrencia, decidió que aquello había sido solo una travesura y les regaló finalmente la anhelada bandera. Aunque para la Australian Swimming Union esto fue una afrenta grave -aunque ya hacía tiempo que no se aguantaban a Fraser- y decidieron suspender por diez años a su más grande estrella. Con 27 años le cortaron las alas de Dawn. ¿Pudo haber ganado un épico cuarto oro en México 1968? Lamentablemente, nunca lo sabremos.

Lo que si sabemos es que Fraser se convirtió en una leyenda viva tanto en su país natal como en el mundo. Con los años obtuvo condecoraciones como las Ordenes de Australia y la del Imperio Británico, fue elegida para integrar el Hall de la Fama de la Natación, donde además se la consagró como la mejor nadadora del siglo XX, y también la gente la votó como la mejor deportista femenina de la historia de Australia. Y todo sin dejar de ser ella misma. En una época donde la mujer se encontraba oprimida, Dawn le demostró al mundo que ellas también podían ser tan grande como los deportistas varones. Y pensar que todo comenzó con una causalidad como lo fue el asma.

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Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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