sábado, 8 junio, 2019
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Mientras la mayoría de campeonatos europeos están en plena efervescencia, en la liga sueca se lo toman con calma. Ésta nueva temporada de la Superettan (o Segunda División) contará con un regreso, digamos, algo ilustre. Todo comenzó hace poco más de treinta años.

El 19 de enero de 1988 parecía un día como cualquier otro: bombazos y disparos, gente corriendo, niños gritando, banderas ondeando y tanques avanzando. En medio de un conflicto de años causado por el petróleo y un pedazo de tierra en Solimania, en el Kurdistán iraquí nacía Peshraw Azizi, actual capitán del equipo más kurdo del mundo e hijo de un soldado Peshmerga que peleaba ante el estado islámico por la independencia de Kurdistán.

 

Escapando del horror

Su padre estuvo en el frente combatiendo a Sadam Husein, el dictador que asesinó a miles de sus compatriotas en el norte de Irak. Azizi ha optado por continuar esa lucha aunque con un balón de fútbol de por medio.

“Él combatió por la independencia del Kurdistán . Yo he decidido seguir su guerra de una manera mucho más pacífica”, explicaba el capitán del Dalkurd.

Rodeado de montañas, con un clima duro y los ríos Tigris y Eufrates brotando de lo que en teoría es su territorio, al norte de Medio Oriente y colindando con Irak, Irán, Siria y Turquía, Kurdistán no es reconocido como un país independiente por la mayoría de las naciones y posee, a su vez, a la población menos establecida del mundo.

Con 12 años y la guerra en uno de sus puntos más álgidos Peshraw, al igual que otros 63 millones de kurdos, dejaron todo y migraron a países vecinos y a otros lugares como Alemania, Reino Unido o Suecia, donde se les brindó una oportunidad de vivir dignamente.

Tras encontrar refugio en el fútbol y deambular por varios equipos amateurs cercanos a su nueva casa en Sodertalje, Suecia, Azizi firmó contrato con el Dalkurd en 2011. A tres horas de Estocolmo, en la provincia central de Dalarna, en la cual Gustav Vasa diera el primer paso para la independencia sueca en el siglo XVI, un grupo de personas sin estado propio repiten la historia. A 3,500 kilómetros de la tierra donde no son bienvenidos existe un pequeño rayo de esperanza.

Esta zona del país es bastante conocida por ser ideal para ir a pescar o salir de camping. Las áreas menos pobladas en los países escandinavos suelen ser aprovechadas para reubicar a los inmigrantes que han obtenido asilo en el país. En Börlange se aprecia claramente el fenómeno, ya que en un municipio de 45.000 personas y con un día a día un tanto aburrido uno se encuentra por las calles a somalíes, kurdos y sirios acogidos.

Hace más de una década, nueve hombres se decidieron a fundar un club de fútbol para que, exiliados como ellos, pudieran jugar a este deporte y, de esa forma, tener un escape social ante el problema real de la integración en la cultura escandinava que sufren muchos inmigrantes. Como símbolo le pusieron los colores del Kurdistán iraquí y jugarían sus partidos en la ciudad de Borlänge.

El club encadenó cuatro ascensos consecutivos y fue teniendo una repercusión en las redes sociales inusual para un club de ligas menores. Kurdos de todo el mundo comenzaron a seguir a la única institución de fútbol en el mundo que lleva sus colores y les representa con su nombre.

Si alguien ha podido pensar que el Dalkurd ha cimentado su expansión gracias a ayudas institucionales está equivocado. De hecho, el club está planteándose trasladar el equipo a una ciudad más grande, porque el Ayuntamiento les margina. El otro club histórico de la ciudad, el IK Brage, se lleva todas las ayudas. En resumen, el club tiene más seguidores cuando juegan fuera de casa porque en las grandes ciudades hay más kurdos.

Con su victoria ante el GAIS de Göteborg certificaron su ascenso a la Allsvenskan, categoría máxima del fútbol sueco, la pasada temporada. El presidente del club, Ramazan Kizil, ha declarado muchas veces que el objetivo es que el primer equipo dispute competiciones europeas para que, a través del fútbol y sin armas, puedan seguir luchando por ser reconocidos como un país.

 

El orgullo de los kurdos regados por el mundo

En la actualidad, el Dalkurd tiene alrededor de un millón y medio de seguidores en Facebook y su rápida progresión le ha convertido, de hecho, en el equipo nacional para los kurdos, orgullosos con esta hazaña. El club no tiene sede fija. Ha jugado en tres ciudades distintas. Sus ingresos se han multiplicado gracias al merchandising.

Según las cifras más conservadoras, existen más de 30 millones de kurdos en el mundo y no tienen un territorio reconocido como propio ni una selección oficial, así que muchos han optado por identificar al Dalkurd como su combinado nacional.

Cada quince días miles de suecos e inmigrantes de todo el mundo llenan las gradas identificándose como los Roj Fans, el grupo de animación del equipo, cuyo nombre es un claro guiño a la región de Rojava, también conocida como el Kurdistán Sirio.

Hace más de dos años los hermanos millonarios Sarkat y Kawa Junad se hicieron con el 49% de las acciones, a sabiendas del potencial que tiene la entidad al ser la imagen de un pueblo sin país propio. Se trata de dos empresarios kurdos del mundo de la comunicación -dueños del canal Vîn TV- que ejercen como gestores y pisan territorio sueco lo justo y necesario.

Nada más entrar en el club hicieron una campaña simple, anunciando que estaban dispuestos a aceptar a todo aquel que quisiera colaborar con ellos. En la actualidad ya cuentan con más de 80 patrocinadores entre particulares y empresas, muchas de ellas kurdas.

Con la contratación de buenos futbolistas y la apertura de canteras en Dalarna, Borlange y Erbil, la capital del kurdistán iraquí, el Dalkurd se planteó ser un conjunto con buen nivel para competir en la Primera División sueca, en la que debutó el pasado 2 de abril ante el AIK Estocolmo, uno de los clubes más antiguos e importantes de Suecia (perdieron 2-0). Lamentablemente, nunca pudieron adaptarse al ritmo de la Allsvenskan y tras esa misma primera temporada perdieron la categoría.

 

Más que sólo fútbol

En un país donde casi el 20% de sus 10 millones de habitantes son de origen extranjero, la hazaña del Dalkurd es excepcional pero no única. El fútbol sueco —con clubes que han ganado títulos continentales y una selección absoluta subcampeona en el Mundial de 1958 y tercera en los de 1950 y 1994— ha visto cómo tres equipos fundados por inmigrantes han sido capaces de alcanzar la máxima categoría. Además, el máximo goleador de su historia, Zlatan Ibrahimovic, también comenzó en un club que fomentaba la integración de los inmigrantes y refugiados como el FBK Balkan de Malmö.

El 25 de septiembre de 2017 se celebró un referéndum para la independencia de Kurdistán de Irak. El ‘sí’ obtuvo el 92.73% de los votos, pero el presidente Masud Barzani no tuvo más remedio que dar marcha atrás ante las amenazas de Irak y la ausencia de suficientes apoyos internacionales. Era impensable que Irak les dejase marchar así como así por las grandes reservas petroleras del territorio, donde se calcula que se extraen a diario 600.000 barriles

El destino del Dalkurd Fotbollsförening podría haber dado un giro diferente si en 2015 los integrantes del equipo hubieran tomado el Airbus Germanwings 9525 que partió de Barcelona hacia Düsseldorf y se estrelló en los Alpes franceses. Los jugadores, que regresaban de un viaje a España con motivo de un stage de preparación, deberían haber estado todos en ese avión pero en el último momento decidieron que la escala en Alemania habría hecho demasiado largo el regreso y decidieron dividirse en otros tres vuelos. Esa decisión improvisada y poco importante en el momento les permitió continuar con su legado: siete ascensos, cinco de ellos de manera consecutiva, en 15 años de historia.

El camino estaba marcado para ellos: seguir dándole voz a una región carente de ella. Bien vale el esfuerzo.

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Juan Zavala
Venezolano del 96. Literatura, geopolítica y deportes. Contando aquellas historias que tanto nos apasionan desde otro punto de vista.

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