domingo, 1 agosto, 2021
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Por Matías L. Sartori.

No estoy exagerando. Bueno, quizás sí. El título, lejos de reflejar una competición entre los profesionales de prensa deportiva, hace hincapié a las miles de dificultades que tuvimos que pasar los periodistas, fotógrafos, productores y camarógrafos, entre otros. Ahora que ya estamos en Tokio, podemos reflexionar sobre el meticuloso proceso para poder venir a unos Juegos Olímpicos a trabajar. Pero como las grandes cosas que se desean en esta vida no son sencillas, el espíritu deportivo nos vuelve a enseñar los valores que atesora este gran acontecimiento: sacrificio, compromiso, perseverancia y trabajo

Como todos sabemos, la edición de Tokio 2020 prolongó su celebración un año debido a la crisis sanitaria del Coronavirus. Para entonces, las acreditaciones ya estaban confirmadas para los respectivos medios de comunicación. 12 meses después, como un castillo de naipes, la mega cobertura de los ‘Juegos del futuro’ se desplomó radicalmente. Y del puñado de cartas que aún continuaron con su firme apuesta comenzaron un extenso, dramático y entretenido juego similar a la ruleta. La suerte estaba echada. Y el azar parecía asomarse. 

Que no se apague la llama olímpica” reflexionaba una periodista de Costa Rica en el avión después de todo lo que tuvo que pasar para ir a darle cobertura a los 12 atletas que defenderán los colores de su país. 

Yo pensaba que después de la experiencia de Río no volvería a sufrir tanto en unos Juegos”, señalaba optimista José Luis, fotógrafo español, después de sufrir un robo y presenciar un tiroteo en las anteriores olimpiadas. 

He sufrido ansiedad y muchos nervios hasta el último momento”, comentaba un corpulento camarógrafo ruso que, a simple vista, no parecía temerle a nada. 

El camino a los Juegos siempre posee diferentes senderos rocambolescos para los atletas. Pero, si en algo coincidimos con los deportistas, es que tuvimos que padecer algunas cosas que aprendimos de ellos: saber gestionar las emociones, tener perseverancia y mantener el objetivo firme

CLO, ICO, OCHA, COCOA, Activity Plan, PCR, acreditación aprobada, pasaporte, billete de avión, reserva de hotel oficial, certificado de vacunación, seguro de vuelo, written pledge y un email impreso del consulado japonés. El conjuro que supone esa mezcla debería arrojarte un código QR para entrar al país. Entre los meses de gestiones y los dos días que llevamos en Tokio, aún no he conocido a nadie que haya logrado conseguir tener toda la documentación en regla. 

Esta incesante búsqueda del tesoro, gymkana o concurso a base de pistas, se fue alimentando con el paso de los días cuando, desde la capital japonesa, nos llegaban las diferentes versiones y experiencias de esta aventura. Pero, separando los ingredientes en la mesa, la preparación de la receta para lograr la plaza olímpica se presentaba de la siguiente manera: 

 

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  • ICO: Infection Control Support System

Es un servicio proporcionado por el Comité Organizador de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos como parte de las medidas contra el COVID- 19. Su principal función consiste en darle una cuenta al usuario para que envíe los documentos requeridos para los procedimientos de inmigración y para reportar información de salud y resultados de pruebas con respecto a COVID-19. Pero para tener acceso a esto los periodistas teníamos que tener confirmado el usuario del CLO. 

  • CLO: Covid-19 Liaison Officer

Cada una de las organizaciones (medios) tenía que llevar un responsable COVID-19. Para ello había que crear una nueva cuenta que representara al medio de comunicación con una persona a cargo que controlaba a las personas que viajarían con el usuario del ICON. Ahora bien, aquellos medios que enviaban a un único periodista o fotógrafo, tendrían a esa misma persona registrada como CLO y en el propio ICON. 

  • Activity Plan

Como si esto fuera poco, para que cada profesional pueda disponer de su usuario de CLO y de ICON tenía que tener aprobado el Activity Plan por el Gobierno de Japón. Un documento en el que había que rellenar datos relacionados a la fecha de llegada, salida, alojamiento, número de vuelo, número de acreditación y las sedes olímpicas donde el profesional iba a desarrollar su trabajo. El famoso cuello de botella que nos mantuvo en vilo varias semanas.
 

  • Acreditación y reserva de hotel y de vuelo

Para rellenar y enviar el Activity Plan, inicialmente había que tener la acreditación aprobada por el comité olímpico de cada país, el billete o pasaje de avión y la reserva del alojamiento. Un alojamiento que, a menos de dos meses de los Juegos, la organización nos ordenó anular porque, para tener un mayor control de los acreditados, tendrían que estar alojados en los hoteles oficiales (nada de apartamentos compartidos ni hostales), habitaciones dobles para una sola persona en los hoteles designados que ostentaban un valor bastante superior a los demás alojamientos. Para ello, habilitaron un nuevo sistema de registro de entradas para periodistas y fotógrafos (nuevo usuario, nueva contraseña) donde había que reservar las noches de hotel. 

 

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  • Vacunación, tests y seguros de vuelo

Intentando siempre cumplir con los plazos correspondientes para leer cada dossier nuevo que aterrizaba en la bandeja de entrada, rellenar y darse de alta de cada nuevo formulario o aplicación, era ‘recomendable’ ir vacunado. Gracias al brutal trabajo del Comité Olímpico Español, gestionaron todas las vacunaciones en tiempo récord (deportistas, staff, periodistas, etc). 

 

No obstante, desde Japón decidieron que antes de viajar, y una vez vacunado, había que hacer dos PCR en las 96 horas previas al vuelo. Cada test debía hacerse en los laboratorios correspondientes -e intentar no tener la mala suerte de viajar un lunes como en mi caso ya que los laboratorios cierran durante el fin de semana-.

Como postre, nos recomendaron sacar un seguro que cubra el Covid para el viaje. Algo que finalmente no nos pidieron. 

 

  • Una pesadilla llamada OCHA 

Con el Activity Plan te activaban el CLO. Con el CLO, se ponía en marcha el ICON. Y si lograbas tener el pleno de las tres funcionando, te ganabas una descarga gratuita en el APP Store/Play Store de una aplicación con logo verde llamada OCHA. Una aplicación que, hasta tu llegada a territorio nipón, no parecía necesaria a priori. No obstante, muy poca gente llegaba a tener a tiempo esta aplicación funcionando. He aquí el dramático espiral que sometía a toda la prensa internacional.

  • Written Pledge: la gran salvación 

Para quienes no nos ganamos la plaza directa para ir a los Juegos Olímpicos debido a no tener estas aplicaciones funcionando en tiempo y forma, apareció un relevo que nos entregó el testigo cuando el cuerpo no daba más. La llama volvió a encenderse en el pebetero cuando un PDF que empezó a circular en japonés y luego en inglés llamado Written Pledge se presentó como una especie de Preolímpico. La última gran esperanza. Ese papelito fue la llave maestra para abrir el resto de puertas. Y la que, por supuesto, nos terminó dando la ‘clasificación’ a los JJOO.

  • Otras apps 
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Y aunque pareciera largo el proceso, aparecieron nuevas herramientas en forma de tecnología como la app COCOA (Covid-19 Contact App) que hace un seguimiento de tu estado de salud durante tu estancia. También el ‘Salesforce Authenticator’ que autenticaba tu usuario del teléfono con el de la computadora/portátil. Seguramente, nos quede alguna más por descubrir. 

Organizar unos Juegos Olímpicos entendemos que no es tarea fácil y, mucho menos, en medio de una pandemia mundial. A pesar de las innumerables gestiones, desde Japón hasta el último momento estuvieron respondiendo emails e intentado ayudar a cada aventurero. El papel de la organización, del Comité Olímpico nacional y, en mi caso, de la embajada de Japón de España, fue determinante. A Tokio viajamos muchos con la incertidumbre que supone sentir que ‘te falta un papel’. No obstante, durante todo el viaje pusieron todas las facilidades y ayudas para solucionar cada situación. 

En el Aeropuerto de Narita estuvimos 4 horas después de 6 o 7 controles de documentación y algunos tests. Finalmente, un autobús al centro para los recién llegados y un taxi individual a cada hotel (todo a cargo de la organización) disolvieron cualquier mal presagio. Hasta la fecha, ningún periodista tuvo que regresar a su país por falta de documentación.

Ahora nos tocan días de trabajo -algunos con la cuarentena correspondiente de 3 jornadas- para poder disfrutar del trabajo que tanto hemos soñado.  Somos unos afortunados por estar en estas Olimpiadas. En parte es gracias a todas las entidades que trabajaron para ello. Pero también, al esfuerzo constante, la paciencia, la buena gestión de los nervios y la apasionante sensación de no bajar los brazos para conseguir llegar a la meta. 

¡Que comience Tokio 2020! Unos Juegos Olímpicos donde, metafóricamente, los periodistas nos tuvimos que ganar la plaza.

 

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