jueves, 12 septiembre, 2019
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El baloncesto siempre fue uno de los deportes más populares en España. Arribó al país en 1921 de la mano de Eusebio Millán y desde allí comenzó un lento pero sostenido crecimiento que le permitió crear una liga nacional en la temporada 1956-1957, aunque antes de esto ya se jugaban torneos regionales y una Copa del Rey para consagrar a la mejor escuadra del país. De hecho, la Selección Española fue una de las participó del primer Eurobasquet de la historia, en 1935, donde lograron llegar a la final, cayendo ante Letonia.

La competencia interna se iba haciendo cada vez más fuerte y eso acrecentó, todavía más, la imagen española con la naranja a nivel continental. Mientras el Real Madrid comenzaba a cosechar varias Copas de Campeones de Europa entre los 60´ y los 70´, la Roja iniciaba su ascenso hasta convertirse, en la década de los 80´, en la tercera fuerza del baloncesto del Viejo Continente, arribando hasta el cuarto lugar en los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980 y hasta la mismísima final del mismo torneo cuatro años más tarde, en Los Ángeles, además de alcanzar otro cuarto lugar, esta vez en el Mundobasquet de Colombia en 1982. Los Fernando Martín, Epi, Jiménez o Romay lograron posicionarse como una alternativa al dominio de la Unión Soviética y Yugoslavia.

Por supuesto, todo lo bueno siempre tiene su final, y en el caso de España llegaría casi en el mismo momento en el que Martín fallecería en un accidente automovilístico en 1989, haciendo que no se lo pudiera ver en Barcelona 92´ junto al resto de los profesionales de la NBA. El recambio de esta primera gran generación dorada tardaría unos años en aparecer y los resultados, lógicamente, no serían los esperados en una década de los 90´ que vería como las dos principales potencias del baloncesto europeo estallaban en mil pedazos para dejar, igualmente, otras selecciones bastante fuertes en su lugar, como lo eran Lituania, Croacia, Rusia o una Yugoslavia menor, además de ver como otras comenzaban a subir su nivel, como Italia -siempre intermitente en este deporte-, Francia, Turquía o Alemania.

 

 

 

Los Juegos de Sydney, el inicio de todo

Luego de la ausencia en Atlanta 1996, la Roja comenzó un proceso que decantó, primero, en un quinto lugar en el Mundobasquet de 1998, y luego, en el retorno a los Juegos, a disputarse esta vez en Australia a inicios del nuevo siglo. Hasta aquel rincón del mundo arribaron los ibéricos luego de llegar hasta la final del Eurobasquet, instancia a la que no alcanzaban desde 1983. Carlos Jiménez, Alberto Herreros, Alfonso Reyes y Roberto Dueñas, entre otros, consiguieron hacer que España aspirase a cotas más altas, de la mano del entrenador Lolo Sainz, uno de los mejores coach españoles de todos los tiempos. Pero a la hora de la verdad, este grupo, de manera dolorosa, terminaría con un récord de 1-4, venciendo a la débil Angola, pero cayendo, sucesivamente, ante la Rusia de Kirilenko, la Canadá de Nash, la Yugoslavia de Danilovic y la local de Gaze. Era un grupo complejo, es verdad, pero se esperaba más de los subcampeones europeos.

¿Por qué es un inicio un torneo en el que se termina en el noveno lugar? Porque en Sydney hicieron su primera gran aparición jugadores que acabarían por hacer historia, como Juan Carlos “la Bomba” Navarro, quién sería uno de los goleadores más prolíficos de la historia de la Liga ACB y de la Euroliga, Jorge Garbajosa, una de las mentes más brillantes que dio el baloncesto; y Raúl López, de quién se esperaba mucho por su talento, aunque las lesiones mermaron su carrera. A ellos, por supuesto, había que sumarle la base que ya venía jugando, como los Herreros, Jiménez y Dueñas.

En el Europeo del 2001 el entrenador Javier Imbroda -el sustituto de Sainz- convocaría a quien se convertiría, con los años, en el jugador más grande del baloncesto español: un muchacho nacido en Barcelona llamado Pau Gasol, un jugador que mostraría, con los años, ser uno de los mejores baloncestistas de todos los tiempos. Él pertenecía a la camada que había logrado ganar el Mundial Junior de 1999, en donde también estaban Navarro, López, Felipe Reyes, Carlos Cabezas y Berni Rodríguez. Esta generación iría tomando, poco a poco, el ansiado relevo generacional.

En Indianápolis, un año más tarde, esta generación se daría a conocer ante el mundo y lo haría de la mejor manera: barriendo en primera instancia a Canadá (85-54) y venciendo en un partidazo a la que sería la campeona de aquel certamen, la Yugoslavia de Stojakovic, Divac y Bodiroga por 71-69. En la segunda instancia un traspié ante Puerto Rico obligó a los españoles a medirse ante la Alemania de Nowitzky en cuartos de final, quienes terminarían ganando por 70-62, evitando así que España volviese a unas semifinales de un torneo global (contando Mundobasquet y Juegos Olímpicos) desde 1982. Pero, este paso solo llenaría de más fuego a una generación en alza.

El Europeo del 2003 sería, en parte, una confirmación lo que esta camada podría hacer. Con Moncho López en los banquillos en lugar de Imbroda -más los retornos de Herreros y De La Fuente-, la Roja, comandada por Navarro y Pau, vencería a selecciones del calibre de Rusia, Yugoslavia e Italia para meterse en la final, en donde esperaba la Lituania de Macijauskas. Pese a los 36 puntos y 12 rebotes de Gasol -más los 18 puntos de la Bomba Navarro-, los bálticos terminarían por consagrarse campeones.

Increíble pero real, para los Olímpicos de Grecia en el 2004 se prescindió de López y se contrató en su lugar a Mario Pesquera, quién volvió a llamar al gigante Dueñas (2.29 mts) e hizo debutar, entre otros, al excelso Rudy Fernández. Este se sumaría al grupo ya formado de los Gasol, Navarro, Calderón, Jiménez, Garbajosa y Reyes, todo un equipo potente. En la primera fase los españoles lograron un pleno de victorias, contando triunfos sobre la Argentina -que sería la campeona de esos Juegos-, Italia y Yugoslavia, pero, en cuartos de final, les tocó el rival más inesperado: los Estados Unidos de Iverson, Odom, Boozer, Marbury y Duncan, quiénes, pese a su calidad, se habían clasificado con lo justo para los playoffs. El 102-94 terminó siendo una lástima, porque los españoles de verdad aspiraban a todo en aquel certamen.

 

 

 

El momento soñado

Siguiendo con Pesquera, tocaba luchar en el Europeo del 2005 por un lugar en el Mundial de Japón, pero con una baja muy sensible: Pau estaba lesionado, por lo que se debería ver el temple del equipo sin su máxima figura. Y en Serbia y Montenegro la Roja realizó un muy buen torneo, derrotando al local en la primera fase y a Croacia en los cuartos de final, aunque nuevamente la Alemania de Nowitzki sería un hueso imposible de roer en semifinales. Aun así, el objetivo se había cumplido: a pesar de no contar con el hombre de los Memphis Grizzlies, España demostró ser un conjunto sumamente competitivo.

Y llegó, entonces, el momento de la gloria eterna. Sin Pesquera pero con Pepu Hernández, la Roja viajó hasta la tierra del Sol Naciente con dos incorporaciones de relieve: Berni Rodríguez y un joven Marc Gasol (quién compartiría equipo con su hermano Pau), quienes, junto con la base ya establecida con los Navarro, Calderón, Jiménez, Garbajosa, Reyes, Rudy Fernández, lograron, por fin, poner a la selección en lo más alto del baloncesto mundial.

En Hiroshima los españoles conseguirían batir, de manera sucesiva, a Nueva Zelanda (86-70), Panamá (101-57), Alemania (92-71), Angola (93-83) y Japón (104-55) para auparse al primer lugar del Grupo B. El cruce de octavos -disputados ya en el Saitama Super Arena- sería ante la decadente selección de Serbia y Montenegro. Allí Pau (19 puntos y 15 rebotes), Rudy (18) y Calderón (13) serían la clave para el 87-75 final. En cuartos parecía que la Lituania de Kleiza podría convertirse en un rival de fuste, pero lejos estuvo de ello: la victoria final por 89-67, con 25 tantos de Pau y 22 de Navarro, dejaron en claro que esta vez la Roja iba por todo.

En semifinales el rival fue la Argentina de Manu Ginóbili, Pepe Sánchez, Scola, Prigioni, Oberto, Nocioni, Delfino…era un choque entre dos generaciones maravillosas, y el partido estuvo a la altura de las circunstancias. El marcador se mantuvo igualado hasta el final, en donde el Chapu tuvo la victoria en sus manos, pero falló el último tiro. Los españoles llegaban a una final que se suponía los debía enfrentar ante los Estados Unidos, pero estos se mantenían enfrascados en sus peores años, lo que fue aprovechado por una Grecia que logró vencerlos por 101-95. Estas dos escuadras disputarían la cuarta final mundialista entre europeos de la historia, pero la primera (y única hasta la fecha) en la cual no participaron ni la URSS ni Yugoslavia (ni ninguno de sus sucesores).

Los Diamantidis, Papaloukas, Spanoulis o Schortsanitis, que tan bien venían jugando hasta entonces (también venían invictos, venciendo, entre otros, a Australia, Brasil, Turquía o Francia), no pudieron hacer nada ante una España que ni siquiera pudo contar con Pau Gasol por lesión. Pero, como ya lo habían demostrado un año antes en tierras balcánicas, este equipo ya había madurado y podía suplantar tranquilamente a su estrella. Garbajosa y Navarro, con 20 puntos cada uno (el primero, además, sumó 10 rebotes), la descocieron aquel histórico 3 de septiembre del 2006, mientras que Felipe Reyes alcanzó las 10 unidades. La maquinaria defensiva fue tan buena que los griegos solo pudieron anotar un 32% de los tiros intentados, dejando el marcador final en un rotundo 70-47. ¡España era, por fin, la mejor selección del mundo!

 

 

 

Saber mantenerse

Se dice que, en cualquier ámbito, lo más importante no es llegar, sino mantenerse en la cima. Y esta España dorada, pese a algunos baches, lo ha sabido hacer muy bien. Luego de varios intentos lograron coronarse en los Europeos del 2009, 2011 y 2015, siendo estos sus primeros entorchados continentales.

A su vez, esta escuadra se convertiría en una maquinaria sumamente compleja de batir por parte del Redeem Team de los Estados Unidos, tanto en los JJOO del 2008 (118-107), como, sobre todo, en los del 2012 (107-100), finalizando con un bronce en la edición del 2016, perdiendo también por poco (82-76) ante el Team USA, pero ganando un partido de infarto ante Australia, con 31 puntos del eterno Pau. Quizás la única pega de este seleccionado sea que no han podido volver a superar los cuartos de final en los dos últimos Mundiales (en el 2010 cayeron ante Serbia por 92-89 y en el 2014, y en casa, no pudieron ante Francia, quién ganó 65-52).

Aito Garcia Reneses primero y Sergio Scariolo después (este último en dos etapas, del 2009-2012 y del 2015 hasta la actualidad, con un paso de Juan Antonio Orenga en el medio) han sabido aprovechar cada momento de los jugadores, teniendo que lidiar, con el paso de los años, con el lógico envejecimiento de la plantilla, las lesiones o las negativas de los clubes de la NBA para ceder a sus players.

En los últimos años aparecieron nuevas joyas, como Ricky Rubio, Sergio Llull, Serge Ibaka, Willy y Juancho Hernangómez, Nikola Mirotic, Alex Abrines y un largo etcétera, lo que deja en claro que España no solo se ha establecido como una verdadera potencia a nivel mundial, sino que seguirá siendo competitiva en los siguientes años. Y pensar que todo comenzó con un decepcionante noveno lugar en Sydney…

 

Esta y más historias parecidas podrás leerlas en la The Lines 10

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Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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