miércoles, 21 septiembre, 2022
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Tbilisi (o Tiflis) es, en la actualidad, la capital de la República de Georgia. Estudios arqueológicos demostraron que existió población en el lugar ya desde el año 4000 aC, aunque el asentamiento estable llegaría recién a mediados del s.V dC. Por su ubicación estratégica fue deseada por varios reinos, pasando de mano en mano hasta que, en 1922 -y hasta la independencia georgiana en 1991- pasó a formar parte del vasto territorio de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Tres años después, más precisamente el 1 de septiembre de 1925, se crearía allí uno de los clubes más importantes de la historia del gigante euroasiático, el FC Dinamo Tbilisi.

La escuadra azul y blanca fue parte de la «sovietización del deporte», ya que, como su nombre bien lo indica, perteneció a la Sociedad Deportiva Dinamo, entidad patrocinada por la policía secreta, la KGB. El Dinamo fue uno de los miembros fundadores de la Soviet Top League en 1936 y, desde entonces, se convirtió en un verdadero clásico ya que, sin ser un equipo moscovita, consiguió mantenerse en primera hasta 1989, cuando se creó la Federación Georgiana. De hecho, terminó ocupando la cuarta posición histórica del torneo, dándole tres temporadas de ventaja a sus hermanos de Kiev y Moscú.

Quizás en la actualidad hablar de Georgia y fútbol no sea algo tan común (posiblemente el actual alcalde de la ciudad y ex hombre del Milan, Kahka Kaladze, sea la persona más reconocida tras la caída de la URSS), pero lo cierto es que aquella República Soviética y, sobre todo, el Dinamo, le ofrecieron a la patria roja nombres como los de Boris Paichadze, Slava Metreveli, David Kipiani o Mikheil Meskhi, muchos de ellos mundialistas o hasta campeones de la Copa de Europa. Y es que a orillas del rio Kurá se practicaba un fútbol de alta escuela.

Tras varios años siendo top 4 llegaría la primera liga para el club caucásico en 1964, cuando vencieron en un desempate por 4-1 al Torpedo Moscú, una de las escuadras más poderosas de aquella década. Curiosamente, en la temporada siguiente no disputarían la Copa de Europa, debido a que los clubes soviéticos recién pasaron a competir en la misma en la campaña 1966-1967. Pese a todo, la verdadera era dorada de la institución de Tiflis llegaría en los 70s. Primero ganarían su primera Copa al golear al Ararat Yerevan de Armenia por 3-0 en 1976. Este partido fue un punto clave en el ascenso hacia los cielos de los azul y blancos, ya que jugadores como Nodar Khizanishvili, Shota Yuriyevich Khinchagashvili, Aleksandre Chivadze, Vladimir Gutsaev, o el propio Kipiani fueron de la partida, al igual que su entrenador en la Recopa de 1981, Nodar Akhalkatsi. 

En 1978 llegaría su segunda (y última) liga, apartando a otra maravillosa escuadra como lo era el Dinamo de Kiev. Y en 1979, mientras disputaban por primera vez la Copa de Europa -donde eliminaron nada menos que al Liverpool, antes de ceder ante otro poderoso de la época como lo era el Hamburgo-, los georgianos se quedaban con su segunda copa, esta vez derrotando a sus homónimos de Moscú por penales tras igualar a cero. Sin saberlo, empezaba el recorrido que los llevaría a la cima del continente.

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De Georgia, con amor

La Recopa de Europa (o European Cup Winners´ Cup, en inglés) fue un torneo sumamente especial. Dio inicio en la temporada 1960-1961 y juntó a todos los campeones coperos del continente, en un certamen que, sin dudas, dio que hablar en su día, ya que podía dar llaves de lo más variopintas, debido a que, a diferencia de la Copa de Europa, aquí incluso clubes del ascenso podían llegar a jugar el torneo y, porque no, pasar algunas rondas. Además, aquella era una época en donde la televisión no dejaba cuantiosas sumas de dinero a los clubes más grandes y los premios eran más repartidos. Eso, sumado a que la inexistencia de la Ley Bosman y que los equipos no pudieran fichar a muchos extranjeros, hizo que los planteles se mantuvieran por más tiempo, formando identidades más fuertes, algo que ayudó a clubes no tan mediáticos y fuertes. Así, por ejemplo, llegaron a la cima en aquellos años instituciones tales como el Derby County, Nottingham Forest, Ipswich Town o Aston Villa en Inglaterra, Dundee United o Aberdeen en Escocia, Athetic Bilbao o Real Sociedad en España, además de ver al Malmo y Gotemburgo de Suecia, Panathinaikos de Grecia, Anderlecht o Brujas de Bélgica o Steaua de Bucarest de Rumania llegar lejos o incluso ganar algo importante a nivel continental. Y, por supuesto, es algo que también benefició al Dinamo.

Todos los jugadores (a excepción de Chivadze) habían nacido en Tbilisi o Kutaisi y llevaban al menos tres años en la institución. Incluso Akhalkatsi se encontraba en el club desde 1974, por lo que conocía a todo el mundo al dedillo y sabía cómo explotar la capacidad de sus dirigidos. Fue así como el Dinamo afrontó su séptima expedición por Europa, buscando superar su mejor performance (las terceras rondas en las Copas de la UEFA 1973-1974 y 1977-1978). Lo que nadie podía prever era lo que ocurriría unos meses más tarde.

Equipos como el Celtic, West Ham, Feyernoord, Roma, Valencia, Fortuna Dusseldorf, Malmo, Dinamo de Zagreb o Benfica se tuvieron que codear en aquella edición de la Recopa ante otros como Fram de Islandia, Hvidore de Dinamarca, Partizani Tirana de Albania o incluso el Castilla de España, la filial del Real Madrid. Si, esa era la magia de aquel certamen. El Dinamo comenzó en la primera ronda (hubo una fase previa, la cual curiosamente la disputaron, entre otros, los colosos de Escocia y Portugal, ya que no existía el ranking UEFA) ante el Kastoria de Grecia, un club que en el 2021 se refundó tras desaparecer en el 2014 y que en 1980 había obtenido su único trofeo. Tras empatar 0-0 en Tesalónica, en la revancha lograrían un cómodo 2-0 gracias a los tantos en el segundo tiempo de Shengelia y Gutsaev. En la segunda ronda se cruzaron ante un equipo que supo ser un grande de Irlanda en los 60s y 70s, el Waterford. Éstos, en la ida, opusieron una firme resistencia, cayendo solo 0-1 tras otro gol de Shengelia, aunque luego 50 mil personas se aprestaron en el Estadio Dinamo Lenin para ver como los suyos apaleaban a los de la isla Esmeralda por 4-0, gracias a un doblete de Daraselia y a otras dos dianas más, producto de Chivadze y Chilaia. Lo curioso es que los cuatro tantos cayeron entre los minutos 66 y 87, demostrando así que los muchachos de Akhalkatsi no solo jugaban muy bien, sino que también poseían un nivel físico envidiable.

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En los cuartos de final llegaría el primer gran reto para los georgianos. El West Ham contaba con nombres como los de Phil Parkes, Ray Stewart, Frank Lampard Sr., Billy Bonds, David Cross o Trevor Brooking. Estos, curiosamente, estaban en Segunda, siendo el último equipo hasta la fecha en ganar la FA Cup sin estar en la máxima categoría. Sin embargo, en esa campaña no solo lograrían retornar a la First Division, sino que también llegaron hasta la final de la Copa de la Liga, cayendo recién en un replay ante el Liverpool. Pese a esto, los georgianos viajaron hasta Londres para dejar en claro quién era el mejor y así lo demostraron, barriendo a los locales con un inapelable 1-4, gracias a los goles de Chivadze, Gutsaev y Shengelia (x2). Cross, por su parte, había puesto el 1-2 parcial. En la vuelta, y nada menos que ante 90 mil espectadores (el Dinamo llegó tener duelos presenciados por más de 100 mil personas durante esta época), caerían 0-1, aunque el tanto de Pearson llegaría los 87´, casi que a modo de compensación por las molestias del viaje.

En semifinales tocaba otra escuadra potente, el Feyernoord de los Países Bajos, que ya para entonces poseía en sus vitrinas una Copa de Europa (1969-1970), una Intercontinental (1970) y una Copa UEFA (1973-1974). El danés Ivan Nielsen o René Notten eran de sus jugadores más destacados, aunque lo más importante en aquella época en el fútbol tulipán no eran solo los futbolistas sino el estilo, algo que los hizo admirados y reconocidos en todo el globo. El partido de ida, con 80 mil georgianos llenos de orgullo en las gradas, fue una verdadera fiesta. Sulakvelidze (23) y Gutsaev (30) marcaron los primeros dos tantos, y luego llegaría el tercero, obra también del ex jugador del Dinamo Kutaisi, el cual fue una pintura al óleo recubierta por gambetas y un toque exquisito. La primera parte del trabajo ya estaba hecha.

 

En la revancha, sin embargo, las cosas no salieron tan bien. Y es que Bouwens y Notten marcaron dos tantos y todo De Kuip esperó la inevitable remontada. Claro, estábamos hablando de un conjunto con muchísima más experiencia a nivel continental. Sin embargo, los muchachos comunistas no se amedrentaron ante ese escenario y defendieron con uñas y dientes la portería de Gabelia, haciendo que el 2-0 final resultara insuficiente. Así, el Dinamo se convertía en el tercer club soviético en llegar a la final de la Recopa, sumándose a sus tocayos de Moscú (que perdió 3-2 con el Rangers en 1972) y de Kiev (los cuales barrieron al Ferencvaros por 3-0 en 1975).

El rival en la definición era un verdadero tapado. El Carl Zeiss Jena era un club de Alemania Oriental fundado en 1903 por trabajadores de la óptica Carl Zeiss AG. Tres veces campeón de la Oberliga (1963, 1968 y 1970) y cuatro de la FDGB Cup (1960, 1972, 1974 y 1980), era, sin dudas, una de las escuadras más importantes de aquel país. Pero prácticamente nadie lo tenía en las quinielas para llegar al último partido. Sin embargo, éstos lograron eliminar nada menos que a la Roma (remontando incluso un 0-3 en la ida), Valencia y Benfica, por lo que eran, sin dudas, un rival para tener en cuenta. Entre los dirigidos por Hans Meyer -que dirigía al equipo desde 1971- se encontraban internacionales de la talla de Hans-Ulrich Grapenthin, Lothar Kurbjuweit, Rüdiger Schnuphase, Lutz Lindemann, Jürgen Raab o el enorme Eberhard «Ebse» Vogel, quizás su jugador más importante. 

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El 13 de mayo de 1981 el Rheinstadion de Dusseldorf abrió sus puertas para recibir a los clubes del otro lado del Muro de Berlín. Justamente por su procedencia es que el encuentro fue el que tuvo la menos cantidad de espectadores de la historia de una definición europea (4750, aunque algunas fuentes citan que llegó a haber hasta 9000), obviamente porque los gobiernos de la Unión Soviética y, sobre todo, de Alemania del Este, no iban a permitir que un gran caudal de gente fuera hasta el lado germano occidental por el temor a la deserción.

El bueno de Nodar puso en campo a Gabelia, Kostava, Chivadze (capitán), Khizanishvili, Tavadze, Daraselia, Svanadze (Kakilashvili 67´), Sulakvelidze, Gutsaev, Kipiani y Shengelia. El Dinamo era el favorito por la clase de sus jugadores, pero sería el Jena, ya acostumbrado a dar golpes, el que se pondría en ventaja tras un gol poco ortodoxo de Gerhard Hoppe a los 63´. Sin embargo, los georgianos no se darían por vencidos y demostrarían poseer un temple de acero. Primero llegaría el empate (apenas cuatro minutos después), obra de un zapatazo furibundo de Gutsaev. Y luego, a los 86´, Daraselia, demostrando una clase digna de un sudamericano, anotaría el tanto del triunfo. El Dinamo Tbilisi alcanzaba la cima de Europa, algo que ameritó un gran festejo en Georgia.

 

 

El Dinamo estaría cerca de repetir la hazaña un año más tarde, cuando alcanzaron las semifinales tras dejar afuera al Grazer, Bastia y Legia Varsovia, antes de sucumbir con el Standard Lieja. Lamentablemente, aquello sería lo último interesante que harían hasta la independencia georgiana. El 13 de diciembre de 1982 fallecería en un accidente automovilístico Daraselia, la gran figura de aquel equipo, y esa misma campaña alcanzarían el cuarto lugar de liga, su última gran performance dentro de la URSS. Luego dominarían en un primer momento la nueva liga local, aunque en la actualidad el Torpedo Kutaisi, Dinamo Batumi, Saburtalo o Samtredia lograron destronar al coloso de Tiflis. El Jena, por su parte, tras la unificación de las ligas germanas comenzó en la segunda división y nunca pudo volver a la máxima categoría, estando en la actualidad en cuarta. La Recopa, como sabemos, dejó de existir en 1999. Sin dudas, eran otros tiempos, era otra la historia.

 

Fuentes

  • Futbolgrad
  • «A Tournament Frozen in Time. The Wonderful Randomness of the European Cup Winners´ Cup» de Steven Scragg

 

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Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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