jueves, 6 junio, 2019
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Al igual que la mayoría de sus vecinos (por no decir todos), Venezuela es un país de inmigrantes. Luego de la dos Guerras Mundiales, oleadas de familias llegaron al país ubicado en el norte de Sudamérica para empezar de cero y tener un mejor presente y futuro.

Portugueses, italianos, españoles, alemanes, chinos, árabes, entre otros, echaron raíces y ayudaron a desarrollar un país que había tenido una de las dictaduras más férreas del nuevo continente en los últimos tiempos (Juan Vicente Gómez, de 1908 a 1935).

Un montón de años después y debido a la crisis producida por el gobierno de Nicolás Maduro (sucesor de Hugo Chávez), las segundas y terceras generaciones de esas familias que llegaron durante el siglo XIX, han hecho el viaje en sentido contrario en la búsqueda de lo mismo que procuraron sus antepasados: calidad de vida. Para las familias de inmigrantes, el corazón se divide en dos partes: el sitio donde naciste y el lugar de tus raíces.

El autor de esta historia es hijo de lusitanos y actualmente vive en Lisboa, ciudad a la que llegó hace más de seis meses. Como muchos descendientes de extranjeros, tiene una conexión muy fuerte con sus raíces. Y en Portugal hay cosas que son sus principales cartas de presentación: la Virgen de Fátima, su comida, sus vinos, su aceite de oliva, la calidad de su gente y el fútbol.

El balompié en la nación ibérica es casi una especie de religión. En las esquinas, bares, restaurantes y cafés puede llegar a ser el principal tema de conversación. Con decir que existen tres diarios deportivos, cuya principal temática es esa.

Igualmente, la selección del lugar de tus antepasados se vuelve tan importante como la de tu sitio de nacimiento. Con ambas se disfrutan los triunfos y se lamentan las derrotas. Durante siete años, estar en un estadio en Venezuela era casi una tarea fija los fines de semana (aunque por un tiempo un poco alejado por otras labores). En Portugal, no iba a ser la excepción.

Desde septiembre de este año, comenzó la Liga de Naciones y el combinado lusitano es uno de los participantes (actualmente se encuentra en el Final Four junto a Suiza -próximo rival- Inglaterra y Holanda). Su primer partido fue en el Estadio Da Luz en Lisboa contra Italia.

 

Conocer la casa del Benfica

Las entradas para dicho encuentro empezaron a venderse con más de un mes de antelación. Llenar un estadio con más de 50 mil personas no es tan sencillo como parece. Para este servidor, adquirir el boleto fue toda una aventura. Desde la imposibilidad de obtenerlos por internet hasta llamar a la Federación Portuguesa de Fútbol para saber si había otra vía para  conseguirlos.

Ya resignado, una luz apareció al final del túnel. Un Tweet de @seleçaoportugal parecía salvar la faena porque anunciaba que una cadena de supermercados había comenzado a vender las entradas. En una ardua semana de trabajo, no había otra cosa que hacer. Ir a dicho local para comprar lo que deseaba. En medio del calor que hacía en aquel momento, llegar al sitio requirió de tomar dos autobuses. Casualmente, queda prácticamente enfrente del recinto de Las Águilas.

Después de varias semanas de espera, llegó el 10 de septiembre. Para arribar a tiempo, decidí salir dos horas antes del pitazo inicial para no tener contratiempos. Un autobús hasta Praça do Comercio para tomar el metro hasta Colegio Militar, cuya salida está como a 500 metros del Da Luz. Desde el comienzo del trayecto hasta la penúltima estación, un montón de personas se montaron en el tren para disfrutar del primer duelo de la selección das quinas en la nueva competencia de la UEFA.

Al llegar al destino, cientos de personas se movilizaban hacia el recinto a través de una calle en subida. En cualquier dirección donde se posara la mirada, se podía observar un mar rojo de gente, entre ellas muchas familias completas que tenían a los niños como protagonistas. Sin olvidar los vendedores de suvenires y puestos y locales de comida en los alrededores que ayudaban al ambiente, que no podía ser mejor.

Ya cerca del estadio, tocaba entrar al mismo y buscar el asiento para ver el partido. Muchas escaleras estaban en el medio del lugar y la entrada. Pero ya estaba ahí y había que hacerlo. Al ratico, salieron los equipos y sonaron los himnos. El del local retumbó en todo Da Luz (la costumbre es que cuando juega el combinado luso, los asistentes lo canten a toda voz).

Tal como se esperaba, el encuentro fue cerrado. Italia , en plena renovación, y Portugal con muchas caras nuevas (y sin Cristiano Ronaldo).

Una cosa es ver un partido por TV y otra, en vivo. ¿Por qué? Debido a que se tiene la perspectiva de toda la cancha y se puede ver como son los movimientos de los jugadores cuando no tienen la pelota. Por consiguiente, ver a tipos como Jorginho, William Carvalho o Ruben Neves es un auténtico placer.

El resultado final fue 1-0 a favor de la tropa comandada por Fernando Santos. Al terminar el encuentro, el recinto se vació en un instante. Obviamente, con muchos rostros de felicidad gracias a la victoria en el inicio de la Liga de Naciones. Especialmente lo de los niños y también el de otros, quienes vieron cumplir su sueño.

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Fernando Cámara
Caraqueño (1986), residente en Lisboa. Periodista. Gerente deportivo FIFA/Cies. Durante 7 años escribí de fútbol para Pantalla Deportiva, el diario El Nacional de Venezuela, entre otros. Además de hacer radio en diferentes emisoras. Intenté dirigir un equipo de fútbol sala amateur, pero siempre terminábamos en el tercer tiempo.

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