miércoles, 30 septiembre, 2020
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La primera gran aparición de un portero colombiano fue por allá en 1962, cuando Efraín Sánchez fue figura y referente con el combinado nacional en el Campeonato Mundial de Chile, enfrentándose incluso a la Unión Soviética de Lev Yashin y repartiendo honores en un dramático 4-4 que marcó el inicio de la historia cafetera a nivel de selecciones. El Caimán había debutado más de una década atrás con San Lorenzo de Almagro y tuvo su mejor momento con Atlas de Guadalajara entre 1958 y 1960, previo a disputar la cita orbital. Sin embargo, fue recién en 1972 cuando Colombia logró consolidar de nuevo un arquero en las toldas patrias, gracias a Pedro Zape, ídolo en Deportivo Cali y quien selló su paso como preparador de nuevos talentos.

En la época de esos portentosos guardametas, Gabriel Ochoa Uribe se convirtió en el técnico más ganador del fútbol colombiano, consagrándose con 14 títulos en tres clubes diferentes en un lapso de 28 años. Su filosofía era armar el mejor plantel desde atrás, reforzándose en primera instancia con un corpulento, temperamental y gigante guardameta que mantuviera el cero, mientras los de adelante hacían su papel protagónico. El Médico tuvo una pobre carrera como futbolista a comparación de su paso como estratega, pero mientras se vistió de cortos lo hizo con guantes, boina y chaqueta larga; fue el primero en la posición pero no el más recordado.

 

Desde el inicio, Colombia es tierra de arqueros

 

En los 80′, cuando Colombia se volvió la sensación en clubes y selección, y las melenas largas acaparaban el mundo y se volvían tendencia, tres arqueros vallecaucanos nacían en una misma cuna futbolística. Aun así, ganarse un puesto y darse a conocer era una utopía, más cuando al frente estaba René Higuita, el más loco, atajador y bajo (175 cm) de todos los cancerberos cafeteros que hacían la fila del éxito. Había ganado la Copa Libertadores en 1989, y según los rotativos de aquella época, no había ninguno como Higuita, El Escorpión. Su pecado fue caer en la cárcel en 1993 y dejar una vacante muy difícil de tomar; la empatía  y esa casta de portero ganador eran las tareas más difíciles de cumplir con el demente René tras las rejas.

 

Tres porteros, un solo arco

 

Para reemplazar a Higuita fue necesario contar con tres porteros para un mismo arco: Óscar Córdoba, Faryd Mondragón y Miguel Calero. Esta nueva trilogía era contemporánea, nacidos en 1970 a excepción de Córdoba quien nació un año antes pese a ser el menos alto de los tres (185 cm). El único que no era de Cali-Colombia, era Miguel Calero, quien llegó desde un pequeño pueblo cercano llamado Ginebra, pero que fácilmente se hizo una plaza en el club aficionado Carlos Sarmiento Lora, reconocido en el país del café por ser la mejor cantera de la zona, y por contar con un ojeador exitosísimo como Carlos Portela, que aunque nunca se paró bajo los tres palos, siempre tuvo buena vista para los cadetes de la posición. Y así pasó con esta trilogía, formada en la misma academia por el mismo tutor empírico.

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Durante la estadía de los tres en la Sarmiento Lora, cada entrenamiento se asemejaba a un bombardeo bélico. La cuota diaria era de casi 250 tiros de balón a cada portero para ir afinando el carácter necesario en el arco. Rápidamente, Deportivo Cali fichó al tridente de guardapalos sin superar los 18 años de edad y los preparó para el profesionalismo, pero sin llenarlos de muchas ilusiones. Los tres no iban a estar siempre juntos, pero parecía que si una ficha faltase en algún momento, los dos pedazos restantes no funcionarían igual. La máxima expresión de trabajar en equipo aunque la misión fuera individual.

 

Miguel Calero, Faryd Mondragón y Óscar Córdoba

 

El primero en probar suerte fue Miguel Calero, quien además fue el primero en despedirse de esta existencia cuando apenas tenía 42 años. En 1987 salió de Cali y arribó al Sporting de Barranquilla, un club poco conocido pero con un puesto seguro. Los otros dos no hicieron más que calentarle banca al boliviano Carlos Leonel Trucco, titular indiscutido del club verde. Allí, en Sporting, El Show maravilló con sus voladas irreales y su locura para atajar cada balón, siguiendo los pasos de René Higuita, pero con mucha más presencia de portero tradicional. Mondragón lo siguió hasta Barranquilla y en 1991, en condición de préstamo, dos miembros de la trilogía se volvieron a juntar; Córdoba, por su parte, no se consolidaba aún y le tocó buscar oportunidades en Atlético Nacional y establecerse finalmente en Deportes Quindío para 1992.

 

El reto de la selección nacional

 

La Copa América de 1993 fue la primera gran cita sin el portero habitual por sus problemas con la ley. Pese a que Miguel Calero ya tenía casi 100 partidos encima y había vuelto a Deportivo Cali como portero titular, Óscar Córdoba y Faryd Mondragón tuvieron la fortuna de representar al país más que él. Incluso, ocurrió lo mismo en Estados Unidos 1994, con José María Pazo como tercer portero en la jerarquía y el Cóndor Calero viéndolos por TV.

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Córdoba fue el elegido para reemplazar a René Higuita. Cuidó la valla en los seis partidos de Copa América y los tres de la siguiente cita orbital, donde el desenlace fue trágico para los colombianos. Pese a su gran actualidad en América de Cali, no mostró lo necesario para quedarse con el puesto, tal vez por su juventud, y a partir de 1995, el número uno se mudó de dorsal en dorsal. Calero tuvo su oportunidad y le hizo el relevo a un Córdoba disminuido por las críticas; la trilogía ya comenzaba a turnarse el puesto de aquero con la tricolor. El más titular era hasta ese momento el legendario golero de Boca Juniors, pero fue aislado por un debutante ya con mucha experticia en clubes que siempre estuvo en segundo plano para Colombia.

 

 

La salida de Higuita de la cárcel en 1995 fue el detonante de la indecisión. Era el mismo René, pero no el mismo portero. Los de la trilogía eran los mejores en sus respectivos equipos y el nivel era superior, aunque el respeto que se les tenía no se comparaba con el portero más jugador y gambeteador del mundo, más cuando todo el público colombiano tenía sed de una melena negra corriendo por todo el campo y dejando su pórtico a la merced. Córdoba en América, Calero en Cali, Mondragón en Independiente y René en Atlético Nacional, difícil escoger para un puesto como titular.

Rotar, rotar y rotar, aprovechando cualquier racha para subir o bajar en las órdenes del organigrama futbolero. Así ocurrió. Un partido Calero, otro Mondragón, y de pronto cualquier aparición de René para levantar al público. Copa América 1995, Copa América 1997  y Eliminatorias para Francia 98′, todos los torneos con algo en común; incertidumbre y desconfianza en el arco. Ninguno era el indiscutido, tampoco el más aclamado por la gente, y consolidar a tres porteros al son de un solo arco es imposible, técnicamente imposible. Y costó, porque sacrificar a Mondragón por un gol encajado ante Argentina era muy apresurado, pero idolatrar a Córdoba por dos partidos buenos era darle la espalda a sus compañeros. Sin continuidad es muy fácil fallar y difícil apropiarse.

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En clubes era una historia diferente. Eran invencibles, pero es que ahí tapaban de seguido todo el torneo y no había competencia. Los tres eran de selección, pero ninguno era mejor que el otro. Si se convocaba a Córdoba era desperdiciar a Mondragón y viceversa. Igual con Calero

 

The last dance

 

Francia 1998 fue el último Mundial que disputó Colombia antes de llegar a Brasil 2014. La experiencia de Estados Unidos hacía cuatro años había sido un verdadero infierno y Óscar Córdoba lo vivió desde el pórtico. La decisión de Hernán Darío Gómez, DT nacional, fue la más salomónica que pudo haber tomado, sacrificando de por medio otras posibilidades y llenándose incluso de polémica por el clásico por qué este y no el otro.

Óscar Córdoba ya había tapado en una cita mundial y Miguel Calero, a diferencia de los otros dos, no había salido del fútbol colombiano aún. Por lógica, el que debía ser titular era Faryd Mondragón. Y sí, lo fue todo el campeonato, ese que apenas duró los tres partidos de la primera fase y en la que salió eliminado perdiendo ante Inglaterra, incluso en uno de los  mejores partidos de su carrera como portero. Había sido una muralla en el Stade Félix Bollaert de Lens.

Al parecer, tener a los tres mejores porteros no bastó para evitar lo inevitable, y caer eliminados año tras año era la ley del destino. Pero curiosamente Colombia pudo ser campeón en la Copa América de 2001, siendo anfitrión, con una dupla y no un triplete. Córdoba, experimentado, fue titular la totalidad de los partidos y no recibió un solo gol, mientras en la suplencia estaba Miguel Calero, ya acostumbrado a tener el peto puesto y mirar la acción como espectador. Mondragón quedó fuera y Calero recibió su oportunidad, sin jugar ni siquiera, pero siendo campeón al fin y al cabo.

¿No recibir gol en una Copa América solo es posible con dos arqueros o en su defecto tres arqueros?

 

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