lunes, 16 mayo, 2022
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La historia del equipo de bobsleigh masculino de Jamaica en los Juegos Olímpicos de Calgary 1988 dio la vuelta al mundo y convirtió a sus integrantes en estrellas del momento y, posteriormente, en leyendas populares de los Juegos de Invierno, a tal punto que hay una película que cuenta su historia. Y no fue para menos: antes de la gesta heroica era impensado que un país centroamericano de las características de Jamaica participara del evento y mucho menos en una disciplina como el bobsleigh, que en ese entonces contaba con menos de 20 pistas con certificación del Comité Olímpico Internacional (COI) en todo el mundo.

Por eso, y pese a que desde 1988 clasificaron a todas las ediciones posteriores en la misma prueba, el proyecto que se estaba gestando en 1998 era una nueva apuesta frente a lo desconocido. Su ideólogo era Nelson Stokes, integrante del equipo de 1988 y, en aquel momento, presidente del Comité Olímpico de Jamaica, quien buscaba reflotar la historia de Cool Runnings, nombre de la película basada en la hazaña de su equipo, aunque ahora en la rama femenina.

Si bien en Nagano 1998 solo podían competir los hombres en las pruebas de bobsleigh, ya había habido charlas y rumores sobre la inclusión de una prueba femenina en parejas de a dos para los Juegos de Salt Lake City 2002, impulsada por el presidente de la Federación Internacional de Bobsleigh y Skeleton (FIBT), Robert Storey. Desde su asunción en 1994, Storey tuvo una mirada mucho más pluralista que su predecesor Klaus Kotter, dando voz y espacio a federaciones con poca relevancia en cuanto a resultados a nivel mundial, como Jamaica y Australia, por ejemplo, y apostando a la modernización del deporte para estar en sintonía con los tiempos que corrían. Con él comenzó a discutirse la apertura de la disciplina a las mujeres, idea que para 1998 estaba bastante encaminada, pero sin ningún dictamen oficial.

Con ese conocimiento, en Jamaica no perdieron tiempo luego de la participación en Nagano y se pusieron manos a la obra. Atrás había quedado la mano firme de Gerd Leopold como entrenador de bobsleigh y en su lugar se llamó a Trond Knaplund, un coach noruego a quien habían tentado en 1997 para convertirse en la cabeza del programa de la disciplina en la isla ante las constantes fricciones entre los atletas y Leopold. De paso discreto y sin grandes resultados como competidor, la principal característica de Knaplund en su etapa como entrenador era la organización y el detalle. De hecho, fue su plan de objetivos con estrategias quirúrgicamente detalladas el que terminó de convencer a Stokes y compañía para cederle las riendas del deporte.

El primer paso consistía en un extenso programa de scouting a lo largo de la isla, con el cambio sustancial respecto a los reclutamientos anteriores de que ahora eran los directivos los que iban a viajar por todo el país en lugar de invitar a los candidatos a Kingston, capital del territorio. Así fue como dieron con la teniente Antonette Gorman y la capitana Judith Blackwood, ambas integrantes de la Fuerza de Defensa de Jamaica. Al igual que en 1985, las fuerzas estatales terminaron proveyendo la materia prima para dar el puntapié inicial de la puesta en práctica de una idea alocada, al menos en la teoría. Sin tiempo que perder, fueron enviadas a una escuela de manejo de bobsleigh en Park City, Utah, donde se subieron por primera vez a un trineo y donde realizaron sus primeros descensos en una pista de criterios olímpicos.

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Tuvieron que pasar casi dos años hasta el 2 de noviembre de 1999 para que el COI oficializara la inclusión de la modalidad femenina por parejas de a dos de cara a Salt Lake City 2002. Ahora sí iniciaba formalmente la carrera a contrarreloj para llegar de la mejor manera a los Juegos, sabiendo que había que disputar la plaza olímpica. Pero, como se mencionó anteriormente, Jamaica inicio su proceso con anterioridad y para noviembre de 1999 ya contaba con cinco mujeres en su programa ya que, además de Gorman y Blackwood, habían reclutado a Jennifer Morgan, Wynsome Cole y Portia Morgan, una instructora de aerobics que Knaplund y Stokes habían conocido en el gimnasio Spartans Gym de Kingston.

Un mes y medio después del anuncio, Stokes tuvo que acompañar a su esposa a Inglaterra por unos chequeos médicos. En los días previos a su partida, Knaplund tocó a su puerta para pedirle su cámara de video y desearles un buen viaje, aunque lo más inesperado de esa visita fue verlo acompañado por Portia Morgan, algo que no asombró del todo a Stokes ya que lo había visto con atletas del programa fuera de los horarios de entrenamiento en ocasiones anteriores. Sin embargo, la alarma se disparó en su cabeza cuando, estando en Inglaterra, recibió un mail del noruego avisándole que se iba a casar con Morgan. Las dudas comenzaron a surgir: ¿qué tanto afectaría al juicio de Knaplund ser entrenador de su esposa? ¿Derivaría eso en un favoritismo que primara por sobre el rendimiento y los resultados obtenidos en pista? Nelson pensó que era arriesgado pero que podía controlarlo, opinión totalmente opuesta a la que recibió por parte de su hermano Dudley Stokes, también integrante de aquel equipo de 1988, que sostenía que era una bomba de tiempo que podía tirar abajo todo el proyecto de bobsleigh.

En un principio el destino parecía darle la razón a Nelson. Entre las fiestas, Knaplund viajó junto a Gorman y Blackwood a una academia de manejo en Calgary donde Gorman tuvo una serie de choques que minaron su confianza como conductora del trineo. No hay evidencia alguna de que los dos hechos estuviesen relacionados, pero lo cierto es que unas semanas después el entrenador optó por la pareja de las Morgan (Jennifer y Portia) para representar a Jamaica en la Copa del Mundo de Lillehammer y, de esa manera, convertirse en las primeras atletas del país en competir en una fecha de Copa del Mundo. Finalizaron últimas, pero con dos años de entrenamiento por delante había mucho margen de mejoras para todas las integrantes del programa.

Sin embargo, ese fue el primer camino rumbo al abismo: la posterior decisión de Knaplund de llevar a Portia Morgan a Noruega para desarrollarla como piloto no cayó bien en el entorno ya que se dejó de lado a Gorman, a quien no se incluyó en el viaje ante la imposibilidad de conseguir cinco mil dólares adicionales para sus costos. Esto derivó en el abandono de Gorman y Blackwood del programa en enero del 2000 y, durante esa temporada, los ánimos del grupo se caldearon al hacerse más evidente el trato preferencial de Knaplund para con su esposa. Esto llevó a diversos conflictos, incluso con los atletas masculinos, quienes además de no llevarse bien con Portia estaban fastidiosos porque no estaban recibiendo dinero por parte de la Federación para cubrir sus gastos básicos.

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Algo tenía que hacerse a nivel dirigencial, porque el escenario económico y el atractivo que generaba el equipo no era el mismo que en 1988. Había poco dinero, más equipos para mantener, más atletas a los que había que becar y más competiciones a las que había que viajar para intentar clasificar a todos los grupos a los próximos Juegos Olímpicos. El escenario no era el más prometedor pero, para sorpresa de los Stokes, un simple mail desde Japón cambió sus esperanzas. Era Jonathan Rodgers, un empresario con el cual habían entablado relación en la previa de Nagano 1998 luego de acceder a realizar una visita a una escuela que él ayudaba. Resulta que Rodgers se había sumergido de lleno en el negocio de las webs punto com y, en ese momento, se encontraba a cargo de un proyecto de agencias de turismo internacionales online financiado por Venture Soft. La propuesta era simple: acceder a los derechos de Jamaica para incluirla en su inventario a cambio de un pago de 500 mil dólares en cuotas.

Una vez firmado el contrato y ya de regreso en la isla, no hubo tiempo que perder. Con la nueva inyección de fondos se compraron tres trineos duales de una fábrica ubicada en Dresden, Alemania, se construyó una pista de empuje en el Foster College y se aseguró un salario mínimo para todos los deportistas del programa de bobsleigh. Y, al igual que los hermanos Stokes, las ilusiones del grupo no tenían techo luego de volver del Campeonato del Mundo de Empuje de Mónaco con un oro y una plata en la rama masculina y con un oro en la prueba femenina de la mano de Portia Morgan y Wynsome Cole. Ahora había dinero, energía, química entre colegas y, entre charlas en secreto de Nelson Stokes y Knaplund, una esperanza de medalla olímpica que asomaba para la pareja femenina.

Sin embargo, como dice el refrán, “todo lo que sube tiene que bajar”. Debido a la explosión de la burbuja de las punto com, el tercer pago del contrato fue solo por la mitad de lo acordado y Rodgers ya le estaba avisando a los Stokes que hasta que el mercado no repuntara no iban a poder continuar con el acuerdo. Esto era un balde de agua fría que devolvía a Jamaica a la realidad de principios del 2000 y, lamentablemente para los dirigentes, a racionar lo poco que tenían para el próximo año y medio. Se estableció un orden de prioridades de equipamiento y financiamiento según el rendimiento de los equipos en las últimas competencias en las que habían participado y así fue como el trineo de Morgan y Cole se convirtió en el N° 1 del programa, seguido por la pareja de Lascelles Brown y Winston Watt, el trineo A4 y la pareja novata masculina.

Las chicas estuvieron a la altura de la confianza que se depositó en ellas con un 18° puesto en Calgary y un 21° y 18° puesto en Park City, donde pudieron competir gracias a un acuerdo de patrocinio con FIAT. Los resultados eran alentadores, ya que necesitaban estar entre las 15 mejores del mundo para aspirar a un lugar en los Juegos Olímpicos de Invierno. El problema radicaba en que había, al menos, seis trineos (dos de Estados Unidos, dos de Alemania, el de Italia y el de Suiza) contra los cuales sabían que no podían competir por una hipotética clasificación. Si a esto se le suma que los primeros pasos del programa de Canadá estaban dando buenos resultados y que Países Bajos estaba compitiendo con dos parejas en cada Copa del Mundo, sólo había seis pasajes reales a Salt Lake City a los cuales aspirar.

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Mientras tanto, en Jamaica, los dirigentes estaban realizando cualquier tipo de maniobras para conseguir apoyo económico. Nelson Stokes llamó a Anders Vestegaard para conseguir acuerdos de patrocinio que le permitieran a la federación costear los viajes necesarios para aspirar a competir en los Juegos Olímpicos. De los más de 200 llamados que realizó solo consiguió concretar uno de 25 mil dólares con Sitel que se utilizó para cancelar la deuda de diez meses que tenían con Knaplund, quien nunca dejó de entrenar a los distintos equipos pese a no estar percibiendo un centavo. El principal enemigo de Verstegaard era la coyuntura: tras los ataques a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, en Estados Unidos emergió un sentimiento patriótico que imposibilitaba a las marcas a patrocinar equipos extranjeros por el riesgo que implicaba ser consideradas empresas antiestadounidenses. A esto hay que sumarle el hecho de que los Juegos se iban a realizar en territorio norteamericano, por lo que ningún CEO quería tener el logo de su empresa en el trineo de deportistas de otro país.

Para consuelo de Verstegaard, no iba a hacer falta tanto apoyo económico: en Winterberg, Portia Morgan chocó en la primera manga y no cruzó la línea de meta, por lo que el trineo jamaiquino figuró como descalificado y, sumado a los choques en las mangas posteriores, posicionó a la dupla en el fondo de la tabla de posiciones. Sin embargo, esto no iba a ser lo peor, ya que las lesiones le impidieron a Portia estar en la Copa del Mundo en Konigsee, dejando al trineo sin chances matemáticas de ir a los Juegos Olímpicos. Era el fin de un proyecto que, sobre papel, había comenzado con el pie derecho gracias a una organización anticipada por parte de los dirigentes y del entrenador, pero, en la práctica, no pudo sostenerse. Quienes sí pudieron llegar a Salt Lake City, y de hecho serían los únicos representantes de Jamaica en esa edición, fueron Lascelles Brown y Winston Watt, que finalizaron en la 28° posición.

Tuvieron que pasar 16 años para que el sueño de tener un equipo de bobsleigh femenino en Jamaica se convirtiera en realidad, cuando Jazmine Fenlator-Victorian y Carrie Russell clasificaron a Pyeonghcang 2018 y finalizaron en la 19° posición, un logro que, en parte, también se debe y reivindica lo hecho por Portia Morgan y Wynsome Cole.

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Me declaro ferviente enemigo del monopolio del fútbol en los medios e impulsor de historias polideportivas. También soy fanático del olimpismo, su espíritu por lo que creo que hay que contarlo y difundirlo todos los días, no cada cuatro años.

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