jueves, 23 septiembre, 2021
Banner Top

Para una pequeña nación como Bermudas, producir talentos deportivos es una tarea más que ardua si tenemos en cuenta su escasa población de apenas 67 mil personas. Si a eso le sumamos un territorio de 54 km ² cercado por el océano Atlántico con instalaciones precarias y un apoyo económico estatal casi inexistente, las expectativas son bajas para esta colonia inglesa que, luchando contra estas condiciones, se las arregló para participar en 18 ediciones de los Juegos Olímpicos desde su debut en Berlín 1936.

Pero participar no es sinónimo de ganar, eso está más que claro. A lo largo de estos 85 años Bermudas solo consiguió una medalla olímpica en Montreal 1976 sumamente recordada por sus habitantes. Es por esto por lo que resulta casi incomprensible que el país y sus autoridades le hayan dado la espalda al héroe nacional que llevó a su bandera a un podio olímpico por primera y, hasta el momento, única vez. Eso fue lo que vivió Clarence Hill, quien, al regresar de Canadá tras su gesta histórica, solo fue recibido por su madre y un par de amigos en el aeropuerto.

Pero su historia comienza 25 años antes, un 25 de junio de 1951 para ser exactos. Alguien que en su infancia, como gran parte de los chicos nacidos en los estratos sociales más bajos del país, encontró en el boxeo una vía para escapar de su realidad. Hay que tener en cuenta que la idiosincrasia de la isla fomenta hasta el día de hoy esta visión del mundo ya que en Bermudas el boxeo significa lo mismo que el fútbol en Latinoamérica, el rugby en las islas del Pacífico o el atletismo en Jamaica. Tiene un doble valor, uno cultural y otro práctico. El primero explica al deporte como una forma de vida y, el segundo, como un método para estar alejado de la vida de las calles y todo lo que ellas conllevan.

Así fue como Hill comenzó a entrenar en el centro juvenil Pembroke, aunque a los pocos meses pasaría a estar bajo la tutela de Allan Rego, dueño del gimnasio Forty Rego que, en la actualidad, continúa operando. De entrada, Rego captó la personalidad de su nuevo pupilo: alguien con una actitud arrogante sostenida por su rápida interpretación de los conceptos y, en consecuencia, bastante flojo a la hora de entrenar. El problema no era su falta de devoción para con el entrenamiento, el problema radicaba en que esa flojera y arrogancia que mostraba en el gimnasio era la misma con la que se movía durante el resto del día en su vida diaria, lo que, en un futuro, le iba a terminar costando caro.

También puedes leer:   Alemania Oriental: el éxito a costa de la vida

Tras varios años de entrenamiento junto a Rego, Hill llegaba a los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 animado luego de quedar en el lado opuesto del cuadro de Teófilo Stevenson y de John Tate, los dos grandes candidatos en la previa para pelear por cosas importantes en la categoría de los pesados. Al pasar comenzar directamente en octavos de final salteándose los dieciseisavos, el bermudeño llegaba al 100% a su debut frente a Parviz Badpa, un duelo que terminó siendo un trámite y se resolvió por knockout técnico en el tercer round. El iraní, según el propio Hill, era más lento y predecible que él por lo que, una vez que detectó los patrones de ataque que utilizaba, la pelea ya estaba sellada.

En cuartos el desarrollo del combate lejos iba a estar del de octavos ya que el belga Rudy Gauwe lo aguantó durante los tres rounds, aunque nuestro protagonista se iba a terminar imponiendo por decisión unánime de los jueces. Por el formato que se utilizaba en aquel entonces, Hill ya tenía garantizado un lugar en el podio, lo que lo convertía en el primer medallista de la historia de su país. Solo restaba determinar si iba a poder pelear por la de oro o si se iba a tener que conformar con la de bronce.

¿Cómo lo resolvería? En la semifinal frente a Mircea Simon. El ganador pasaría a la final para medirse frente a Teófilo Stevenson por el oro y el perdedor quedaría relegado al último escalón del podio. Lamentablemente, Hill arrastraba una inflamación de su duelo anterior que lo condicionó a lo largo de los tres rounds y cuando sonó la campana final supo que el resultado estaba decantado: fue derrota por decisión unánime y un bronce con sabor a oro por la carga histórica que tenía encima. Su bandera flameaba al lado de la cubana y la rumana, en ese orden, ya que Stevenson se impondría ante Simon, y convertía a Bermudas en el país más diminuto en obtener una presea olímpica.

También puedes leer:   Locche, el intocable

Tras su experiencia en Montreal volvió a su país y, por la magnitud de su gesta, cualquiera hubiese esperado un recibimiento multitudinario, ajustado a las proporciones poblacionales de la isla, un desfile o un acto ceremonial como mínimo. Nada de eso ocurrió, ya que cuando se bajó del avión solo estaban su madre y sus amigos para recibirlo. Ni el presidente, ni las autoridades deportivas ni sus compatriotas que siguieron el desarrollo del torneo, algo que, como declararía años después, nunca pudo superar.

La versión más aceptada por los historiadores, la misma que Hill sostiene a más de 40 años del suceso, es que el gobierno de George Ratteray no veía con buenos ojos que un atleta negro fuese exitoso ante los ojos de su país y del mundo, por lo que decidieron obviar y minimizar el hecho histórico que había conseguido. Tal habría sido la negación de las autoridades que rechazaron el pedido de fondos -alrededor de 10 mil dólares- que realizó el boxeador para llevar a cabo un programa de captación de jóvenes e iniciación en el deporte para crear las bases de una futura generación olímpica.

Ante la negativa, Hill cayó en su lado más salvaje y en 1978 tuvo una causa legal por portación de marihuana mientras seguía compitiendo en el circuito amateur. En 1979 viajó a Inglaterra para dar el salto al profesionalismo bajo el entrenamiento de George Francis, pero una carta anónima alertó a las autoridades de la Junta de Boxeo Británica sobre los inconvenientes legales que el bermudeño había atravesado. Cuando se quedó sin dinero volvió a Bermudas para prepararse para los Juegos Olímpicos de Moscú 1980, en los que no podría participar por haber recibido dinero por practicar el deporte en Inglaterra. Por más que no lo hubiese recibido, tampoco podría haber viajado a Rusia ya que la colonia británica fue una de las tantas naciones que se sumó al boicot contra esa edición de los Juegos Olímpicos.

Harto de los contratiempos que sufrió luego de su medalla en Montreal, incursionó en el circuito profesional de Estados Unidos, donde consiguió un impresionante record de 11-0. En su pelea 12 perdió por decisión dividida frente a Tony Tubbs, se recuperó con dos victorias al hilo pero en 1983 sufrió su primer y único knockout en el cuarto round de su combate contra Walter Santemore, que tuvo lugar meses después de la muerte de su madre. Entre 1984 y 1986 se alejó del boxeo, tuvo un breve regreso para coronar su carrera con un record de 19 victorias, 16 de ellas por knockout, 3 derrotas y un empate hasta que le prohibieron la entrada a Estados Unidos por su causa de posesión ilegal de marihuana en 1978.

También puedes leer:   Bermuda: más allá del paraíso turístico y fiscal, lejos del triángulo de las bermudas

Ese fue el punto de quiebre en su vida ya que, sumado a la frustración que arrastraba desde 1976 por la falta de reconocimiento, su esposa le pidió el divorcio y cayó en las drogas. A principios de los ´90 estuvo preso por posesión de cocaína y luego por robo en una casa. Fue en su segunda estadía en la cárcel en la que se especializó en carpintería e ingresó en un programa de rehabilitación para alejarse definitivamente de los estupefacientes.

En 2004 volvió a estar en el centro de la polémica, aunque esta vez por un hecho ajeno a él. Ese año se creó el Salón de la Fama de Bermudas y se había anunciado que la clase 2004 iba a estar compuesta por 10 deportistas entre los que se especulaba que estuviese Hill por ser el atleta más importante de la historia del país. Sin embargo, no fue nominado para esa lista, lo que terminó desatando una ola de críticas contra los organizadores y contra los criterios de selección. Tuvo que esperar al año siguiente para ser oficialmente inducido en el Salón de la Fama como parte de la clase 2005, el único reconocimiento que tuvo por parte de las autoridades de su país a lo largo de sus 69 años. Un trato más que injusto para quien dio a conocer a Bermudas al mundo, nada más ni nada menos que en unos Juegos Olímpicos.

 

 

  • ¡Hola! Esperamos que hayas disfrutado del artículo. Antes de que te vayas queremos recordarte que estamos preparando cosas grandes, pero necesitamos la ayuda de nuestros lectores para hacerlas realidad. Por eso, si te gusta lo que hacemos en The Line Breaker, abrimos un canal para que consideres invitarnos a un café y así ayudarnos a mantenernos en pie.
(Visited 52 times, 52 visits today)
Tags: , , ,
Me declaro ferviente enemigo del monopolio del fútbol en los medios e impulsor de historias polideportivas. También soy fanático del olimpismo, su espíritu por lo que creo que hay que contarlo y difundirlo todos los días, no cada cuatro años.

Related Article

The BreakerLetter

Archivos

Nuestras Redes

INSTAGRAM

Mis Marcadores