lunes, 23 septiembre, 2019
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La historia de Christine Margaret Sinclair dentro del fútbol comienza como la de muchas personas: ella quería hacer todo lo que su hermano mayor hiciera, incluyendo los deportes. Es por ello que, a la tierna edad de cuatro años, comienza a practicar no solamente fútbol (dentro de un equipo Sub 7), sino también béisbol y baloncesto, mostrándose como toda una deportista nata. ¿Quién podría imaginarse que unos años más tarde aquella niña terminaría siendo toda una leyenda del soccer?

Nacida en Burnaby (Columbia Británica) el 12 de junio de 1983, se puede decir que Christine lleva este deporte en la sangre, casi como si de una herencia genética de tratase. Tanto su padre (Bill), como sus tíos (Brian y Bruce) fueron jugadores -y campeones- en su Canadá natal.

Si bien a ella le iba bien en las distintas disciplinas que practicaba, Sinclair terminaría decantándose por el fútbol y su ascenso sería meteórico. Primero fue escogida dentro del selectivo Sub 14 de la British Columbia contando apenas con 11 vueltas al sol, para terminar haciendo su debut con su país con solo 16 años en la Copa Algarve del 2000, anotando ya en su segunda presentación para el equipo de la Hoja de Maple, con quiénes puso la vara muy alta al acabar dicho año con 15 anotaciones, record internacional canadiense en una misma temporada. El entrenador Even Pellerud no se había equivocado en darle su oportunidad a la adolescente, quién seguiría jugando distintos campeonatos amistosos, viajando alrededor del mundo y conociendo a las mejores jugadoras del mundo, anhelando ser algún día como ellas.

La número 12 creció a la par que lo hizo su país, logrando llevar a las suyas a un histórico cuarto puesto en la Copa Mundial de la FIFA 2003, siendo la figura en el 3-1 ante Japón que le permitió a las norteamericanas pasar la fase de grupos por primera vez en su historia, terminando dicho torneo con tres anotaciones en su haber.

Pero eso no sería todo: ella le daría el título a su selección en el torneo continental del 2010 (convirtiendo el único tanto ante la sorprendente México en la final), clasificatorio para el Mundial del 2011, además de alcanzar nada menos que dos preseas de bronce en los JJOO del 2012 y 2016, siendo la máxima goleadora en el primero de ellos, lo que incluso la llevó a portar la bandera de su país en la ceremonia de clausura del torneo; a la vez que se convertiría en la primera jugadora de fútbol en ser nombrada como Deportista del Año en su patria. Por si todo esto fuera poco, se encargaría de llevar a las suyas hasta los cuartos de final del campeonato global disputado en casa en el 2015, aunque allí más que marcar goles se encargaría de generarlos.

Sinclair, con los años, se convertiría en toda una serial killer de escándalo, al punto tal de alcanzar los 181 goles en 283 partidos (contando el debut en Francia ante Camerún), lo que la deja a solo tres tantos de Abby Wambach, quién es la máxima artillera a nivel selecciones. Sabiendo que su anhelo es continuar hasta Tokio 2020, no sería de extrañar que no solo supere a la norteamericana, sino que, además, pueda alcanzar la impresionante cifra de 200 tantos con la casaca canadiense.

“Creo que vamos a ser la selección mejor preparada del Mundial. Si vieran el trabajo diario de nuestro cuerpo técnico, también lo creerían. Este Mundial nos hace mucha ilusión, y queremos volver a casa con el título de campeonas” le expresaría Janine Beckie al sitio web de la FIFA.

Ella creció viendo como a Sinclair, pese a su enorme capacidad goleadora (la que volvió a las canadienses una de las mejores escuadras del mundo), se le negaba el sueño máximo. Ahora, todas tirarán del barco para lograr que su buque insignia logré retirarse con todos los honores. Quizás alguien que ya forma parte del Paseo de la Fama de Canadá no necesite mucho más, pero sería un cierre poético el que logre el título convirtiéndose, de paso, en la máxima goleadora a nivel mundial de todos los tiempos.

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Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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