viernes, 11 octubre, 2019
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Cuando Niki Lauda volvió a subirse a un auto de Fórmula 1 después haber estado envuelto en llamas en Nordschleife el mundo entero habló de uno de los retornos más impresionantes de la historia. Cuando este año Tiger Woods ganó el Masters de Augusta después de años oscuros lidiando con problemas legales y cirugías de alto riesgo en su columna, el acontecimiento estuvo en las tapas de todos los diarios del mundo. Entonces, sin temor a equivocarme, pienso que podríamos agregar la historia de Christian Leallifano a este selecto grupo de personas.

Antes de 2016, la carrera rugbística del oriundo de Auckland había sido intermitente. Habían pasado ocho años de su debut con la camiseta de Brumbies frente a Crusaders en Chritchurch como apertura. Claro que con el retorno de Matt Giteau en 2010, tuvo que correrse a la posición de primer centro, aunque no duraría mucho ya que sufriría una rotura de ligamentos cruzados que lo dejaría afuera por más de seis meses.

Cuando retornó al 100% en 2012, tuvo su mejor temporada en el entonces Súper 14 al recibir ocho veces el premio al Jugador del Partido en diez apariciones hasta que el cuerpo le volvió a jugar una mala pasada. Se fracturó el tobillo y volvía a perderse más de la mitad de la temporada por segunda ocasión.

En 2015 fue elegido en la lista premundialista para integrar el plantel que viajaría a Inglaterra pero el head coach de los Wallabies, Michael Cheika, se decidió por Quade Cooper como apertura suplente de Bernard Foley. Pese a no superar el corte para la lista definitiva, sus grandes actuaciones en el Super Rugby le valieron la convocatoria para el Rugby Championship de 2016.

Una vez finalizada la competencia con su selección, empezó a sentir menos energía durante los entrenamientos. Los ejercicios habituales lo extenuaban y le costaba finalizar las sesiones. Sin embargo, ni a él ni a nadie le pareció alarmante ya que lo vinculaban con la falta de sueño que le producía tener un hijo de dos meses, Jeremih, que lloraba por las noches. Típico de padre primerizo que en las primeras semanas no da abasto entre su vida privada y su vida profesional.

Pero las alarmas sí se prendieron cuando en medio de un entrenamiento sintió que los pies y las manos le quemaban. Era una sensación atípica que nada tenía que ver con el pequeño Jeremih ni con el final de una temporada desgastante. Ese mismo día fue al médico, quien le ordenó que se hiciera unos exámenes de sangre para determinar qué era lo que estaba padeciendo. En contra de la primera suposición que había hecho del doctor, Lealiifano no había contraído un virus: tenía leucemia. Él mismo reconoció que en el momento que escuchó esa palabra el cerebro se le apagó y dejó de escuchar lo que le estaban diciendo. “Yo pensaba: es una palabra muy fuerte para escucharla repentinamente”.

Inmediatamente fue al hospital y a los cuatro días comenzó con las sesiones de quimioterapia. Tras un trasplante de médula espinal de su hermana Sally, adoptó el hábito de rezar todas las noches entre 10 y 15 minutos como buen cristiano que se considera. Admitió que su fe en Dios y la negación de que su hijo creciera sin un padre le hicieron pelear con todas sus fuerzas contra la enfermedad.

Con el correr de los meses Lealiifano ganó el partido más importante de su vida. Perdió 12 kilos y tuvo problemas con los niveles de hierro en sangre pero erradicó la leucemia de su cuerpo de forma rápida para sorpresa de los médicos, quienes le habían adelantado que existía la posibilidad de que no volviera a jugar al rugby.

Once meses después, firmó un contrato a préstamo hasta fines de 2017 con Ulster para ponerse en forma de cara a la próxima temporada de Super Rugby. Con el equipo irlandés disputó 17 partidos entre Pro 14 y Champions Cup en los que anotó 47 puntos pero, más importante aún, volvió a hacer lo que amaba.

Con Brumbies llegó a cuartos de final en 2018, instancia en la que cayó frente a Hurricanes, aunque sin poder llegar al nivel que había demostrado antes de que le diagnosticaran leucemia. Sin embargo, en 2019 mostró la mejor versión de sí mismo, fue invitado a los campamentos de los Wallabies en mayo, lideró a la franquicia australiana a las semifinales, donde perdió con Jaguares, y fue convocado para el Rugby Championship de 2019.

Luego de tres años, Lealiifano se volvía a poner la camiseta verde y oro en la segunda fecha ante Los Pumas. Su regreso fue triunfal ya que anotó 11 de los 16 puntos de Australia en 50 minutos, que le bastaron para conseguir la victoria frente al seleccionado argentino. También repitió en el XV titular en los dos partidos contra los All Blacks correspondientes a la Bledisloe Cup, en los que demostró lo suficiente para convencer a Michael Cheika. A diferencia de 2015, el apertura superó el corte y fue convocado para representar a Australia en la Copa del Mundo en Japón.

Pero lo más importante de su historia es lo que él asegura que fue un aprendizaje. “Después de atravesar lo que tuve que atravesar, mi ambición es mantenerme sano para ser un buen papá, un buen hijo, un buen hermano, un buen compañero. Esto (el rugby) es un añadido”.

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Facundo Osa
¡Buenas gente! Soy Facundo Osa, tengo 20 años y me gusta escribir de todo un poco. Últimamente estoy en una parte más polideportiva de mi escritura ya que me alejé del fútbol porque dejó de atraparme como antes. Así que ya saben, cada vez que vean alguna nota que sea de algún deporte que no frecuentamos tanto en la página, seguro sea mía jajajaja. Ya que están, síganme en Twitter (@FacuOsa) si no se quieren perder de nada del mundo polideportivo (especialmente rugby, básquet y automovilismo).

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