miércoles, 30 septiembre, 2020
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En estos días se cumplieron 30 años del último partido de Checoslovaquia en un torneo oficial, siendo esta la derrota en cuartos de final de la Copa Mundial de Italia por 1-0 ante Alemania Federal, tanto anotado por Lothar Matthäus desde los doce pasos. Una gran paradoja, teniendo en cuenta que los centro europeos habían disfrutado a más no poder de una conversión de penal ante los mismos germanos. Es por eso que parece un gran momento para recordar la gesta más importante de esta antigua nación a nivel futbolístico.

Como siempre, haremos un poco de retrospectiva para entender más acerca de este equipo. Los checoslovacos fueron uno de los primeros conjuntos en jugar partidos a nivel internacional, aunque al principio lo hacían bajo el nombre de Bohemia, ya que por aquel entonces todavía eran parte del imperio llamado Austria-Hungría. Su primer duelo oficial data del 5 de abril de 1903 y terminó siendo una (lógica) derrota por 2-1 ante Hungría, uno de los conjuntos más potentes por fuera del Reino Unido. Solo jugarían siete duelos bajo esta denominación, ya que luego el mundo se paralizaría con el devenir del primer gran conflicto a nivel global.

Al finalizar justamente la Primera Guerra Mundial, Checoslovaquia se independizó del Imperio y tuvo sus primeros encuentros en el marco de los Juegos Olímpicos de Amberes en 1920. Allí los checos mostraron su enorme potencial, destrozando a Yugoslavia (7-0), Noruega (4-1) y Francia (4-0), pero perdiendo la final ante Bélgica (2-0), donde se retiraron a los 39´, considerando que el árbitro era sumamente parcial. Tras esto se retiraron del torneo, por lo que no recibieron medallas. Una injusticia que nunca fue resarcida.

Los checos disfrutaron durante aquella década y la del 30´ de una de las mejores camadas de toda su historia. Por ejemplo, fueron subcampeones de la primera edición de la Copa Dr. Gerö -un torneo disputado por Italia, Hungría, Austria y Suiza- y hasta estuvieron muy cerca de hacerse con el Mundial de 1934, ya que llegaron a la final tras cargarse a Rumania, Suiza y Alemania, aunque el local terminaría derrotándolos por 2-1 en tiempo suplementario. Oldřich Nejedlý (goleador del certamen con cinco tantos y elegido en el Once Inicial del mismo), František Plánička, Antonín Puč o Josef Silný fueron algunas figuras de aquella época dorada.

Lamentablemente, aquellos años de encanto acabarían debido a los acontecimientos internacionales. Los nazis ocuparon el país en 1939 y la selección cambió momentáneamente su nombre al de Bohemia y Moravia, disputando tan solo cuatro encuentros: derrota 7-1 con Austria, victoria 7-3 ante Yugoslavia y empates ante austriacos y alemanes (5-5 y 4-4). Tras esto, no iban a aparecer más en escena hasta 1946.

Tras abstenerse de participar de Brasil 1950 (como las demás selecciones del recientemente formado bloque comunista), volvieron a los Mundiales en 1954, convirtiéndose en un clásico de los mismos. Participaron de los certámenes realizados en Suiza y Suecia, aunque sin el éxito de antaño. En el primero cayeron ante las durísimas Uruguay y Austria, mientras que en Escandinavia Irlanda del Norte les mandó a casa en un desempate, aún después de que le endosaran un impresionante 6-1 a Argentina. Se venía algo grande.

 

 

Y es que en Chile 1962 eliminaron sucesivamente a España, México, Hungría y Yugoslavia para alcanzar una nueva final, esta vez ante Brasil. Ján Popluhár, Josef Masopust y Ladislav Novák fueron algunas de los grandes nombres de un equipo que estuvo nuevamente cerca de campeonar, ya que habían comenzado ganando dicho encuentro, aunque finalmente los brasileños acabarían dándole vuelta a la historia para llevarse su segundo Mundial por 3-1. Para los checoslovacos esta era su segunda caída en una final. Todo hacía prever que Checoslovaquia tendría una gran década, pero lo que siguió fue un bache bastante profundo que vio como no pudo disputar los mundiales de 1966 y 1974 (y en México 70´ no pasó de fase de grupos). En la flamante Eurocopa tampoco les fue muy bien: tras ser tercera en 1960, no clasificaron a la fase final en las siguientes ediciones.

La esperada resurrección de la nación conformada por checos y eslovacos comenzaría en las eliminatorias rumbo a la Euro de 1976 . Pese a estos malos años, Checoslovaquia seguía siendo una de las naciones más respetadas a nivel global. Prueba de ello es que en el Ranking ELO (uno que tiene en cuenta toda la historia) estaban 13° cuando comenzaron las clasificatorias. A pesar de todo pocos, realmente,  confiaban plenamente en las posibilidades del equipo, más teniendo en cuenta que solo cuatro naciones eran las que iban a la fase final por aquel entonces.

 

El resurgir

 

El sistema de clasificación para la Eurocopa de 1976 fue el siguiente: se dividió a las selecciones en ocho grupos de cuatro equipos cada uno, con los mejores de cada zona pasando a un playoff final a partido y revancha, donde quedarían finalmente los cuatro mejores que iban a disputar la fase definitiva. A los checoslovacos les tocó medirse ante Inglaterra, Portugal (ambos en plena reconstrucción, aunque igualmente poderosas) y Chipre.

La historia, sin embargo, comenzó muy mal: el 30 de octubre de 1974 los ingleses golearon a los comunistas por 3-0 en Wembley gracias a las anotaciones de Michael Channon y Colin Bell (x2). Los británicos jugarían dos encuentros seguidos más (antes no había fechas FIFA), igualando ante Portugal 0-0 y goleando a Chipre 5-0, con un Malcolm Macdonald en estado de gracia que anotó cada uno de los tantos. Los Leones, por ende, eran los claros favoritos a quedarse con la plaza.

Sin embargo, aquella derrota inicial despertó en los checoslovacos al tigre que llevaban dentro: barrerían a los chipriotas por 4-0 (hattrick de Antonin Panenka, hombre clave en esta historia) y a los lusos por 5-0, ambos en el estadio Letenský de Praga. Un año después de la derrota de Wembley, checos e ingleses volvían a verse las caras, esta vez en el Tehelné Pole de Bratislava. Pese a que Channon puso en ventaja a los visitantes, Zdeněk Nehoda y Dušan Galis le dieron la vuelta a la historia en apenas dos minutos (45 y 47) para conseguir un triunfo clave, ya que se los ingleses tenían siete unidades y los checos seis, aunque con un partido menos.

Portugal, que tenía ya mínimas chances, se convirtió en el juez, ya que debía recibir a las dos selecciones en casa. Increíble pero real, a ambas les sacó un empate a uno, por lo que a los centro europeos les quedaba la bala más sencilla, ya que si bien jugaban de visitante, su último rival era la floja Chipre. Los isleños habían dejado una buena impresión ante Inglaterra (0-1) y Portugal (0-2), pero ante Checoslovaquia no tuvieron oportunidad: Nehoda, Bicovsky y Masny, en el primer tiempo, sellarían el pase a la ronda eliminatoria contra todo pronóstico.

 

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El rival aquí fue la Unión Soviética, que tenía inclusive la base del poderoso Dinamo Kiev que había ganado la Recopa en 1975. Sin dudas eran uno de los favoritos a entrar en la Euro y ganarla. Sin embargo, Checoslovaquia se encontraba tocada por los mismos dioses del fútbol: en Bratislava ganaron 2-0 (Jozef Móder y Panenka) y en Kiev cosecharon un empate a dos, con un doblete del propio Móder. Nadie podía creer lo que estaban viendo: Checoslovaquia se había convertido en una de las cuatro clasificadas para la Euro, junto con Yugoslavia (local) y las dos finalistas del Mundial pasado, Alemania Federal y Países Bajos. Ellos habían conseguido lo que naciones como Italia, España, Francia o los propios ingleses, portugueses y soviéticos no.

 

El inesperado campeón

 

Se esperaba el sorteo del torneo con ansias, ya que todos querían ver una nueva final entre alemanes y tulipanes, las dos mejores naciones del momento, aunque no solo a nivel selecciones: tanto el Ajax y el Feyenoord de los Países Bajos como el Bayern Munich de Alemania Federal habían dominado la Copa de Campeones de Europa. Además, Yugoslavia también tenía lo suyo, ya que habían sido subcampeones del certamen en 1960 y 1968 y, por si fuera poco, eran locales.

Cuando uno suele hablar de Checoslovaquia por lo general lo hace pensando en la República Checa, ya que es la nación que más éxito ha tenido tras la división. Pero lo cierto es que había muchos eslovacos en aquella selección comandada por Václav Ježek, el cuál previamente había dirigido con éxito tanto al Sparta Praga de su país como al ADO Den Haag de los Países Bajos, al cuál llevó a un tercer lugar liguero. Con un equipo veterano, buscarían dar el golpe. Hasta siete jugadores pertenecían al Slovan Bratislava, el único club del país que logró salir campeón en Europa -la Recopa de 1969, donde vencieron al Barcelona 3-2 en la final-. Alexander Vencel y Jozef Čapkovič fueron los únicos que repetirían de dicha final, aunque solamente el segundo la jugaría.

El 16 de junio de 1976, en el Estadio Maksimir de Zagreb, abrían el Final Four ante la Naranja Mecánica, aquella selección que había fascinado a todo el mundo hacía dos años pero que no había podido concretarlo con el título supremo. Con Johan Cruyff a la cabeza y repitiendo hasta a siete jugadores de aquel último duelo de Alemania 1974, esperaban poder ganar para tener su ansiada revancha. Sin embargo, los checos (o eslovacos más bien) se llevaron el pleito con un 3-1 envuelto en violencia, con tres expulsados. Tras un 1-1 en tiempo regular (Ondrus marcaría a favor y en contra) Nehoda (114) y Vesely (118) le darían el triunfo a los suyos. Los comunistas no solo habían dado de que hablar en las eliminatorias: ahora lo hacían ante la que quizás era la mejor selección del mundo y en un partido oficial.

Cerca estuvo la Euro 76´ de tener una final socialista en toda regla. Y es que Yugoslavia había comenzado la otra semifinal a tope, poniéndose 2-0 ante Alemania Federal, aunque estos lograron empatar y luego ganar en suplementario por 2-4 con un hattrick de Gerd Müller. La misma historia de siempre con los germanos, acostumbrados a no darse por vencidos ni aun vencidos. Alemania, para ese entonces, poseía dos títulos mundiales (1954 y 1974), un subcampeonato y dos terceros puestos en la máxima justa de la FIFA. Además, eran también los vigentes campeones europeos, ya que en 1972 habían barrido a la URSS. Sumado a todo eso, como habíamos mencionado anteriormente, el Bayern también dominaba en Europa, aunque lo cierto es que otros clubes como el Hamburgo, Borussia Dortmund o el Borussia Moenchedgladbach también habían tenido éxito en las competiciones continentales.

El 20 de junio se vivió la gran final en un Marakaná, volcado plenamente para apoyar a la cenicienta. Maier, Beckenbauer, Vogts, Bonhof, Hoeness o Müller eran solo parte del equipazo que tenían los teutones. Nadie apostaba por los comunistas en esta historia. Ježec, por otra parte,  puso en cancha hasta a ocho eslovacos, siendo los únicos checos Panenka, Viktor y Nehoda. Esta mezcla sería clave para el triunfo final. Alemania era mejor equipo, pero Checoslovaquia luchó como nunca en su historia.

Los checos se adelantaron 2-0 arriba merced de los goles de Švehlík y Dobiaš, pero Alemania siempre es Alemania y, tal cual sucedió ante Yugoslavia, pusieron tablas en el marcador gracias a Müller y Hölzenbein, este último anotando in extremis a los 89′. Parecía que la historia se repetiría una vez más. Bah, casi como siempre…

 

https://www.youtube.com/watch?v=ROG4-QPIDgo

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Pero en el suplementario nadie pudo batir las porterías defendidas por Viktor y Maier, por lo que todo tuvo que definirse en los penales. Tras un 4-3 inicial, Hoeness falló el suyo, por lo que todo quedaaba en los pies del jugador del Bohemians de Praga. Y el bueno de Antonín se mandó una locura que quedaría grabada por siempre en el corazón de todos los aficionados del fútbol. Así lo cuenta Julio Larrey en la web de CIHEFE: “Antonin Panenka, que había avisado a sus más íntimos de que haría algo especial con su lanzamiento, si tenía la ocasión, se encontraba ante el momento culminante del fútbol checoslovaco. A un chut de salir campeones, nada menos. Sin pestañear, se alejó del área para coger bastante carrerilla. Cuando parecía que golpearía con fuerza, metió la puntera bajo la pelota y con una vaselina genial, inverosímil e inesperada, la elevó dulcemente para superar a un Maier que, atónito, se había vencido a su izquierda. El penalti, catalogado por muchos como la obra de un genio o un loco, pasaría a la historia hasta convertirse en todo un referente”. ¡Checoslovaquia era la nueva campeona de Europa!

A este título se le sumaría el oro olímpico en Moscú 1980, derrotando curiosamente a la otra mitad alemana, en este caso la del este. Aquel resultaría ser su techo. Solo disputaron dos Mundiales más (1982 y 1990) y la Euro 1980, donde fueron terceros. Tras la denominada como la Revolución de Terciopelo, el país se dividió en dos. República Checa y Eslovaquia tendrían muy buenas selecciones -sobre todo los primeros entre 1996 y 2004-, aunque lejos estuvieron de aquellos maravillosos días de gloria. Sin embargo, muchos de sus habitantes sueñan con la reunificación, todavía sin entender como es que se dividieron ¿Volveremos a ver a Checoslovaquia nuevamente en el futuro? ¿Llegaría esta a ser tan potente como antaño? Solo el tiempo lo dirá.

 

Fuentes: As, Tres Cuatro Tres, CIHEFE y el libro “Historia del Fútbol” de JA Bueno y Miguel Mateo.

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Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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