domingo, 11 abril, 2021
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La carrera deportiva de Charles Leclerc no ha hecho otra cosa que despuntar desde su inicio en los kartings debido, en gran parte, a su habilidad al volante de cualquier tipo de monoplaza. Demostró la sensibilidad de su muñeca dominando competencias como el Mundial de Karts, la GP3 Series y la F2, también en su antiguo formato, en las que terminó coronándose campeón de forma avasallante.

Sin embargo, su carácter también estuvo moldeado por tormentas negras, esas que nadie quiere atravesar en su vida pero que, indefectiblemente, es imposible escaparles. “Lo que no te mata te hace más fuerte” es una frase totalmente cliché aunque eso no le quita su cuota de veracidad. Lo que se omitió en esa oración es el doloroso proceso que implica atravesar, sobreponerse y superar los golpes que te arroja el destino.

Eso es lo que ocurrió con el monegasco que, tras una infancia sin ningún tipo de complicaciones, en 2014 sufrió el primer revés de su corta vida. Con tan solo 16 años vio por televisión como su amigo Jules Bianchi no salía de su Marussia tras chocar contra una grúa en el circuito de Suzuka. Las imágenes recorrieron el planeta y un par de horas después se dio a conocer que el francés había sido trasladado al hospital más cercano para hacer un diagnóstico de la situación. Unos días después el parte médico indicaba que el piloto se encontraba en un coma inducido debido al estado crítico en que se encontraba.

El accidente de Bianchi caló hondo en las fibras de Leclerc, ya que su amistad se remontaba a los inicios de Charles en los kartings con tan solo cuatro años. Su amistad era tal que de pequeños ambos faltaban a la escuela para escaparse al circuito del que era dueño el padre del francés y correr hasta que se acabara el combustible de los karts. Bianchi hizo de mentor en esos primeros años de nuestro protagonista y lo acompañó mientras pudo a sus carreras en las categorías previas a las de autos tipo Fórmula.

Y, al tratarse de un periodo largo sin noticias sobre una aparente mejora del estado del francés, el proceso fue peor. Pasaron diez meses desde el accidente en Japón hasta el fatídico 13 de julio en el que el cuerpo de Bianchi dejó de batallar. Se confirmaba la peor noticia para el círculo íntimo del ex piloto de Marussia que a esa altura no esperaba ningún tipo de milagro, sino que deseaba una muerte tranquila y sin sobresaltos para el francés. Para Leclerc significó despedirse de uno de sus primeros amigos y, quizás, el único que entendía los estados emocionales y presiones que afronta un piloto de carreras.

 

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Como si eso no fuese suficiente, a fines de 2016 a su padre Hervé le diagnostican una enfermedad que no especificaron, comúnmente cáncer en este tipo de casos, que su familia decidió mantener oculta para que la prensa no le atribuyera la responsabilidad en caso de que el monegasco no cumpliera las expectativas que había generado de cara a la temporada de F2. Este no fue el caso ya que en las primeras dos rondas se adjudicó la victoria de la Sprint Race en Bahréin y de la Feature Race en Catalunya, llegando a la tercera fecha en Monte Carlo como uno de los grandes animadores de la categoría.

Desde que Charles era pequeño, Hervé dejó bien en claro cuáles eran los sueños que le gustaría ver cumplir a su hijo: llegar a la Fórmula 1, ganar un Gran Premio de Mónaco y ser campeón mundial. Pese a que todavía estaba un escalón por debajo de la F1, el fin de semana de la F2 en Mónaco le daba a Leclerc la oportunidad de cumplir el primero de los tres grandes deseos de su padre. Sin embargo, el miércoles de esa semana Hervé tuvo que ser inducido en un coma porque la enfermedad se había agravado y estaba poniendo a prueba los límites de su cuerpo. Con eso en la mente, Charles igual logró la pole position, aunque de nada iba a servir ya que un fallo en la suspensión lo iba a dejar fuera de la Feature Race y largando desde el fondo de la grilla en la Sprint Race.

La lucha de Hervé se extendió un mes más y falleció en la misma semana que tuvo lugar la cuarta ronda en Azerbaiyán. La noticia fue dura para Charles y eso se notó en las prácticas del viernes, donde en ninguna de las tres tandas encontró su mejor ritmo. Pese a esto, demostró la templanza de un campeón consiguiendo la pole al día siguiente, con llanto incluido una vez que llegó a los boxes, llevándose la Feature Race con un dominio de principio a fin sin ceder la punta, solo al momento de realizar la parada en boxes, y ganando la Sprint Race del domingo largando desde la octava posición, aunque luego descendería al segundo lugar por una sanción de diez segundos. En ambas ocasiones le dio unas palmadas al mensaje “Te amo papá” que había escrito en la parte izquierda del alerón trasero de su Prema y festejó mostrando su casco a la cámara de televisión, que también tenía una dedicatoria para su padre.

 

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Dos años después de aquel fin de semana reveló que la última vez que vio a su padre en el hospital le contó que había firmado con Sauber para correr en la Fórmula 1 en 2018. Hervé dejaba este mundo con la emoción de saber que uno de sus tres sueños se había cumplido y la amargura de no poder verlo realizado. Leclerc confesó que fue una mentira blanca ya que en ese momento no había firmado ningún contrato con la escudería suiza pero las negociaciones ya estaban encaminadas.

Ese año el piloto monegasco iba a terminar ganando el campeonato de la F2 con tres carreras por correrse y en diciembre anunciaría oficialmente su llegada a la Fórmula 1 de la mano de Sauber para formar pareja junto a Marcus Ericsson. Un año a bordo del monoplaza suizo bastó para convencer a los directivos de Ferrari y en 2019 reemplazó a Kimi Raikkonen como segundo piloto de la escudería italiana con la que ganaría los Grandes Premios de Spa Francorchamps y Monza frente a los tifosi.

Es imposible dimensionar cuánto habría logrado sin los reveses que sufrió a tan temprana edad que lo obligaron a madurar y a fortalecerse mentalmente. Lo que sí podemos apreciar es cómo la pérdida de Jules Bianchi y de su padre le cambió su perspectiva de la vida. “Mi familia es más importante que el paddock. Cuando tu vida va sobre ruedas el deporte es lo más importante, pero después de eso aprendí que la familia siempre va a ser lo más importante”, explicó en una entrevista con The Guardian en 2019.

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Facundo Osa
¡Buenas gente! Soy Facundo Osa, tengo 20 años y me gusta escribir de todo un poco. Últimamente estoy en una parte más polideportiva de mi escritura ya que me alejé del fútbol porque dejó de atraparme como antes. Así que ya saben, cada vez que vean alguna nota que sea de algún deporte que no frecuentamos tanto en la página, seguro sea mía jajajaja. Ya que están, síganme en Twitter (@FacuOsa) si no se quieren perder de nada del mundo polideportivo (especialmente rugby, básquet y automovilismo).

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