viernes, 28 junio, 2019
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El 2011 había sido un año de resurgimiento para el fútbol estadounidense. Luego de no poder alcanzar la final en los Mundiales del 2003 y del 2007 (sufriendo, de paso, durísimas derrotas ante Alemania y Brasil respectivamente) y teniendo que jugar un repechaje en el 2010 para viajar al torneo global a disputarse en tierras teutonas -tras perder, sorpresivamente, ante México en las eliminatorias-, las chicas de las Barras y Estrellas habían logrado enderezar el rumbo, ganando partidos de alto vuelo (como ante las canarinhas de Marta) y alcanzando, por fin, la dichosa última instancia de la Copa del Mundo. Pero allí las que se impusieron serían las sorprendentes japonesas de Homare Sawa por penales, que lograban un título impensado en la previa, más teniendo en cuenta que su país había sufrido un golpe debastador debido al tsunami que había azotado a la isla unos meses antes.

La final era un buen lugar desde el cual despertar, pero el hecho de no haber obtenenido la corona mundial seguía golpeando fuerte en la psiquis de las jugadoras norteamericanas. Todas sabían, en el fondo, que esto no podía seguir pasando. Eran las favoritas, no podían fallarle más ni a sus fans ni a ellas mismas. Es por ello que se prepararon sobremanera para afrontar los Juegos Olímpicos de Londres, a donde irían a defender los oros conseguidos en el 2004 y 2008.

Pia Sundhage no podía estar más orgullosa del material humano que había logrado reunir para dicho torneo: Hope Solo, Heather Mitts, Christie Rampone, Shannon Boxx, Heather O’Reilly, Abby Wambach, Megan Rapinoe, Tobin Heath o Alex Morgan eran parte de un plantel sumanente poderoso y llamado a triunfar.

Y, entre todas ellas, asomaba el rostro una mujer que ya llegaba a los 30 años. Con el cabello siempre recogido y una sonrisa radiante, Carli Anne Lloyd sumaba por aquel entonces 135 apariciones con la casaca de su país y tenía “solo” 36 goles, aunque claro, uno de estos habia sido el que le habia valido el oro a los Estados Unidos en Pekín 2008, en detrimento de aquel Brasil que se había burlado de ellas un año antes en el Mundial.

Si bien Carli era muy buena jugadora, sufría bastante nerviosismo antes y durante los encuentros, al punto tal de derrumbarse si la cosa no iba bien. Es por ello que su luz no brillaba con tanta intensidad, opacada por varias de sus compañeras. Pero eso cambiaría por completo en aquel 2012.

En la capital del Reino Unido Lloyd marcaría dos goles en la fase de grupos (ante Francia y Colombia) y su equipo lograría solventar duros obstáculos para llegar a la final; entre ellos, una Canadá maravillosa que sucumbiría recién en el minuto 123, gracias a Morgan. ¿Quién las esperaba en la final? Si, las Nadeshiko, que habían eliminado a Brasil y a Francia y demostraban, de esta forma, que su título el año mundial no había sido fruto de la casualidad o de mera motivación.

Este encuentro definitorio significó, pese a su edad, el comienzo de los mejores años de la nacida en New Jersey en el seleccionado. En aquel encuentro ante las asiáticas terminó de demostrar que también era una jugadora de talla mundial, convirtiendo dos goles y dejando sin la medalla dorada a una Japón que habia intentado por todos los medios derrumbar la valla defendida por Solo. Ese dolor por la final perdida se había mitigado, aunque sea, un poco.

 

 

En aquel 2012, y luego de aquella magnífica actuación en el torneo olímpico (sobre todo en la final) Carli sería escogida como la World Player of de Year por parte de la FIFA, un premio justo para una futbolista que habia tardado su tiempo en afianzarse en el ámbito internacional, pero que lo había logrado a base de entrenamientos personalizados y, sobre todo, a un trabajo mental que le permitió desbloquear todo su potencial.

A partir de entonces, Lloyd se terminaría por convertir en una pieza clave de un conjunto que arrasaría con todo: el USA Team levantaría el campeonato de la CONCACAF del 2014 y las Copas Algarve del 2013 y 2015. Los Estados Unidos llegaban, de esta manera, como la gran favorita al Mundial de Canadá y allí se pudo ver, quizás, la mejor performance de un/a futbolista en una final mundialista.

El USA Team de Jill Ellis (reemplazante de Sundhage) seguía llamando la atención. El grupo era sumamente experimentado (había varias jugadoras que superaban de largo los 30 años), pero lejos estaban de perder la forma. Carli, para entonces, había podido llegar a los 195 caps portando la casaca de su selección, pero ahora le habia sumado más gol a su juego, llegando a las 65 dianas. Y aún faltaban algunos por venir…

Estados Unidos tuvo que disputar una zona durísima, la D, en donde estaban la siempre candidata Suecia, la creciente Australia y la dura Nigeria. Las estadounidenses vencieron a las oceánicas (3-1), igualaron con las nórdicas (0-0) y rompieron el cerrojo africano (1-0) para pasar como líderes. Luego, eliminarían a Colombia (2-0, con Lloyd anotando por primera vez de penal) en los octavos y a China en cuartos (1-0, otra vez siendo clave Carli, marcando el único tanto del partido) para plantarse, como siempre, en las semifinales. El objetivo estaba allí, a dos pasos, pero eran los más complejos a dar.

En la antesala de la final esperaba la Alemania de Angerer, Mittag, Popp y Marozsan. El duelo fue parejo, disputado, digno de una final de Copa Mundial, no de una ronda previa. Luego de una primera mitad en donde los arcos no se abrirían, llegaría el éxtasis de la mano de, nuevamente, Lloyd, quién de penal marcaría el 1-0 que haría cuesta arriba el esfuerzo de un conjunto germano que no podría hallar la llave para abrir la puerta de Solo. Finalmente, O’Hara pondría el 2-0 en el marcador y las de Ellis llegarían a la final. ¿Y quiénes esperaban allí? Si, Japón, siempre Japón. Las de Miyama, Ariyoshi, Kaihori, Sakaguchi o Utsugi habian dejado atrás a los Paises Bajos, Australia e Inglaterra para plantarse en su tercera final. Era “el bueno“, el partido que serviría para desempatar esos cuatro años en donde EEUU y las Nadeshiko se habian consagrado como las dos mejores escuadras sobre la faz de la tierra. Pero solo podía haber un grande en el pueblo.

La final, entonces, se preveía dura, pareja, cerrada. Eran dos estilos completamente diferentes: las japonesas eran las que proponían con su toque corto, aprovechaban con sus salidas desde su propia área, las que tenían como mantra la paciencia por sobre todas las cosas; mientras que las americanas eran la velocidad constante, la presión alta, los contragolpes furiosos. Iba a ser el partido del torneo, la revancha esperada, un encuentro lleno de nervios. Iba a serlo, pero en cancha había una 10 llamada Carli Lloyd.

Apenas 13 minutos bastaron. 13 minutos maravillosos. 13 minutos que quedarán en la historia del fútbol mundial: solo eso le bastó a ella para marcar, nada menos, que tres dianas. La final, literalmente, duró hasta el momento en el que la árbitro ucraniana Kateryna Monzul vio que en su reloj apenas se veía un 16. Si, no habia siquiera comenzado el encuentro y Estados Unidos ya iba 4-0 arriba (Holiday había anotado a los 14′) , madness total.

Luego, Japón levantaría un poco su nivel y dejaría todo en un más digno 5-2. Pero ya no importaba: de la mano de Lloyd (que ganaría su segundo premio a la Mejor Jugadora del Mundo aquel año), justo de aquella mujer que antes de desmoronaba cuando las cosas no le salían pero que ahora era pura entrega y energía, los Estados Unidos, por fin, habían vuelto a campeonar. Por Lloyd, las niñas estadounidenses tenían un nuevo poster para pegar en sus paredes. Aunque hoy juegue poco, siempre se puede esperar algo maravilloso cuando está en campo.

 

 

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Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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