lunes, 16 mayo, 2022
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El tenis estadounidense siempre tuvo grandes jugadores en todas las épocas, pero como retrata el documental de Netflix sobre Mardy Fish, “Al Descubierto”, siempre se esperó mucho de la generación post Sampras y Agassi, quienes dominaron el tenis mundial en los 90´ y principios de los 2000.

Debido a la fuerte inversión en centros de alto rendimiento de la USTA para desarrollar nuevos jugadores, viendo que la era Sampras y Agassi podía llegar a su fin próximamente, había en aquellos años tres grandes jugadores que prometían y mucho. Los dos del documental (Andy Roddick y el propio Fish), principalmente el sacador de Nebraska, pero no muy atrás se quedaría Brian Baker. El de Nashville, quien era unos años más joven que estas dos nuevas figuras, demostraba tantas condiciones en su etapa de juvenil como sus compañeros que se afirmaban en el profesionalismo.

Y es que Baker, entre sus años en el circuito Junior, ganó el Orange Bowl en 2002 y, un año más tarde, y tras vencer a Marcos Baghdatis y Jo Wilfried Tsonga, alcanzaría la final de Roland Garros, donde cayó frente a Stan Wawrinka, que más tarde se coronaría en el mismo certamen -pero ya dentro del circuito profesional- en el año 2015. Tras finalizar esta etapa como número 2 del mundo en singles y 5 en dobles, todo hacía presagiar que el tenis estadounidense estaba en presencia de su tercera gran figura, una que pujaría por un lugar en la elite del tenis mundial.

 

La realidad indica que no siempre es fácil para una promesa insertarse en el profesionalismo rápidamente. Hay muchos factores que pueden incidir en el desarrollo de un jugador pro y que lo diferencian de una promesa a una realidad. Uno de ellos es mantenerse sano y evitar lesiones. Si, justamente el común denominador de la carrera de Brian Baker.

Aun así, todo parecía comenzar con el pie derecho cuando el de Nashville, en 2005, derrotó al noveno preclasificado del US Open, el argentino Gastón Gaudio, en un partido que seguramente muchos recuerden. Con un contundente 7-6 6-2 y 6-4 Baker se anotaba su primer triunfo ante un top ten. Lo que pocos podían presagiar es que sería el único de su carrera. La irregularidad y las constantes lesiones detuvieron ese progreso que parecía posible. Ya antes de 2005 el estadounidense había competido poco por problemas físicos, pero en 2007 comenzó su verdadero calvario, uno que lo catalogaría como “el tenista de cristal”.

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Repasando su perfil ATP se puede constatar que entre 2007 y 2011, no pudo competir por cinco cirugías en distintas partes de su cuerpo (tres en la cadera, una en el codo y una hernia deportiva). Una verdadera pesadilla que parecía no acabar, ya que, en 2011, cuando volvió a las canchas, tan solo pudo jugar cinco torneos, de los cuales tres fueron Futures (el nivel más bajo del tenis mundial) y solo dos Challengers. Sin embargo, demostrando una gran resiliencia y sobre todo poder de superación, Baker siguió intentándolo y en 2012 el esfuerzo dio sus frutos. En su mejor temporada el norteamericano llegó a su única final ATP en individuales, no sin antes batallar en certámenes de poco renombre. Tras ganar el USA F3 y F8, además de los Challengers de Sarasota y Savannah, obtuvo su WC, otorgado por la USTA, para Roland Garros, pero en la semana previa al Grand Slam parisino, el tenis le regalaría otra alegría a Brian.


Desde la fase clasificatoria, alcanzó la final del ATP 250 de Niza, tradicional torneo que se juega la semana anterior al mayor evento tenístico de Francia disputado en el Bois de Boulogne. Con victorias impactantes sobre el local Gael Monfils en octavos de final o Nikolay Davydenko en semifinales, el de Nashville llegó a la definición, donde poco pudo hacer ante el sólido y potente Nicolás Almagro, que lo venció por 6-3 y 6-2.

Baker, lejos de aflojar y quedarse solo con esta gran semana, unos días más tarde hizo valer su WC en su debut en el cuadro principal de Roland Garros. Tras vencer al belga Xavier Malisse en tres sets, se despediría en R2, no sin antes dar batalla frente al 12° del mundo y local Gilles Simón, quien lo superaría en cinco sets. Semanas más tarde cumpliría su primer objetivo: llegar al top 100 por primera vez en su carrera y de qué forma. Lo logró tras arribar a la segunda semana de Wimbledon desde la clasificación. Terminaría cayendo en R4, pero con muy buenas actuaciones hasta esa instancia, solo cediendo un set ante Benoit Paire y con triunfos, además del francés, ante Rui Machado y Jarkko Nieminen. Luego de su aventura en el All England Club y su mes de ensueño, el ranking lo premiaría con la ubicación número 79 del ranking ATP que, más tarde en el cierre del 2012, terminaría transformándose en el 57 del mundo. Parecía que, por fin, Baker se instalaría para quedarse definitivamente en los niveles más altos del circuito profesional.

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Sin embargo, el 2013, año que debería ser el de la consolidación definitiva en el nivel ATP, terminaría siendo el del final de Baker como singlista al más alto nivel, y nuevamente con el común denominador arriba de la mesa, las trágicas lesiones. Y fue a principio de año, nomás, cuando el estadounidense en el Abierto de Australia, tras pasar la R1 y ganar el primer set en la siguiente instancia ante Sam Querrey, abandonaría su partido por una nueva lesión. Esta vez fue por un menisco de la rodilla desgarrado que lo dejó al margen por cuatro meses en su mejor momento y que no le permitió volver de la mejor forma, lo que provocó que terminase el año en el puesto 359.

Intentó volver en 2014, pero no fue posible. Recién en el 2016 vio acción nuevamente con ranking protegido, pero sin los mejores resultados, lo que lo relegó al circuito Challenger, donde tampoco pudo hilvanar siquiera dos victorias consecutivas. Un año después lo siguió intentando, pero los problemas continuaban para que pudiera jugar singles, así que adaptó su juego al dobles y consiguió, en otra modalidad, sus únicos dos títulos ATP. Junto al croata Nikola Mektic, ganó los títulos de Memphis y Budapest para, al menos, sumar una estrellita en la carrera plagada de obstáculos de Brian Baker.

El 21 de diciembre de 2018, finalmente, llegó su última cirugía (la décimo cuarta), misma que le pondría punto final a su carrera llena de lesiones, pero en donde, al menos pudo ir superando complicaciones físicas continuas en el camino, le permitió llegar al nivel ATP y disputar los cuatro torneos de Grand Slam. Hoy en día, ya retirado, sigue ligado al mundo del tenis, debido a que es entrenador de la USTA en el campus nacional de Lake Nona, en Orlando, Florida. Kent Kinnear, director del desarrollo de jugadores de la USTA, definió la incorporación de Baker como un pilar fundamental para el desarrollo de nuevos talentos debido a su constante espíritu de superación. «Su mentalidad en el tenis, sus habilidades analíticas y su impulso y determinación para mejorar serán activos increíbles para nuestro personal y para los futuros jugadores profesionales de nuestro país«.

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