miércoles, 30 septiembre, 2020
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Antes de conocer a Brandon, tenemos que entender qué significa el término walk on. El sistema deportivo universitario de Estados Unidos es particular con respecto al resto del mundo, en donde los atletas reciben becas deportivas para poder estudiar mientras defienden los colores de las escuelas. Una fórmula sencilla pero exitosa. Las universidades se dividen en categorías según la cantidad de becas que puedan otorgar, a más becas, mejor será la división en la que está la universidad. Así encontramos a las todopoderosas Notre Dame, Texas State, Alabama, UCLA, y también a escuelas que incluso no otorgan becas.

En el caso del fútbol americano, los jugadores llegan a las mejores universidades ya preseleccionados desde la preparatoria, siendo reclutados con becas completas, pero también hay jugadores que quieren ser parte de los equipos sin ninguna beca de por medio, los conocidos como walk on. Estos estudiantes tienen que hacer pruebas para entrar al equipo, pero no para el primer equipo, sino al de práctica, pues en total hay tres equipos conformados con atletas que se encuentran a disposición del entrenador para participar de los partidos. y después está el de práctica, reservado para los entrenamientos.

Los pertenecientes a este cuarto grupo cumplen un rol de sparring, sólo están para que los otros entrenen; su labor es ser el saco de prácticas, y el simple hecho de asistir al estadio vestido con el uniforme siendo parte del seleccionado principal es un sueño casi inalcanzable para estos jugadores. Pero hay ocasiones muy especiales en las que aquellos estudiantes impresionan a los entrenadores con su esfuerzo y dedicación, que son premiados con becas para concluir sus estudios.

Brandon Burlsworth ingresó a la Universidad de Arkansas en 1994 y fue aceptado en el equipo como walk on. Brandon no tenía capacidad física, incluso su hermano lo describía como “alguien con nula capacidad física”, algo que uno puede imaginarse tan solo al ver su imagen, un chico pasado de peso con lentes, que aunque recibió ofertas de universidades pequeñas, Brandon quería algo grande.

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Después de no jugar un solo partido en su primer año debido a una situación con su elegibilidad, transformó su cuerpo primero de 140 kilogramos a 120 para luego retomar los 140 gracias a su increíble ganancia en músculo, algo que repercutió en su capacidad y rendimiento. Después de un año de esfuerzo, entrenamiento en gimnasio, noches interminables estudiando, dieta, lesiones, y sobre todo de nunca bajar la cabeza, aún cuando nadie lo estaba viendo, impresionó tanto a los entrenadores, que no tuvieron más remedio que otorgarle la tan ansiada beca.

 

 

Brandon, según sus amigos y familiares, era un muchacho ejemplar, que a pesar de que las chances parecían en su contra, se esforzaba por conseguir sus metas, por más difíciles que fueran. Nunca se daba por vencido y tenía una actitud inquebrantable. Según cuentan, nunca se dejó vencer por el hecho de no tener una beca. Todo esto al final terminó rindiendo sus frutos.

Nuestro ahora becado fue seleccionado en 1997 como uno de los capitanes del equipo; un año después, fue seleccionado como All American, una selección nacional que se forma cada año en base a distintas opiniones y elecciones de organismos de la prensa escrita, deportiva y de televisión, entre otros, y que condecora a los mejores jugadores por puesto.

Ese mismo 1998 se graduó y fue invitado al NFL Combine, esto es, un campamento de varios días donde jugadores hacen pruebas físicas y los entrenadores de los equipos de la NFL asisten para verlos y reclutar y charlar con los jóvenes.

El recién graduado hizo unas pruebas bastante decentes y para el Draft de la NFL de 1999 fue seleccionado por los Colts de Indianápolis en la posición número 63: el walk on había llegado a la NFL. En el campamento de pretemporada tuvo un desempeño notable, tanto que el entrenador lo tenía contemplado para iniciar la temporada con el equipo; sin embargo el destino tenía otra jugada.

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El 28 de abril de 1998, Burlsworth conducía de regreso a su ciudad natal después de entrenar para recoger a su madre para ir a la iglesia, cuando un tráiler invadió su carril y se estrelló de frente con su auto. Falleció a los 22 años, sin haber podido disputar ni un minuto en la NFL.

 

 

La noticia estremeció al todo el deporte estadounidense, un chico que representaba todo lo bueno que había en el mundo, que siempre luchó por sus sueños y que se había ido. Pero el legado que dejó es inmortal.

Su camiseta número 77 fue retirada del equipo de la Universidad de Arkansas, siendo tan sólo el segundo número en la historia de los Razorbacks . Su casillero, que estaba intacto en el vestidor del equipo, fue puesto en una vitrina y a día de hoy está en exhibición para que todos puedan verlo en la universidad. Además, sus familiares y amigos crearon la Fundación Brandon Burlsworth, que ayuda a niños y jóvenes con oportunidades limitadas de estudiar.

Desde el 2010 se entrega el Trofeo Brandon Burlsworth al jugador universitario más destacado que haya iniciado en el deporte como walk on, además de programas de ayuda, fundaciones, becas y cuanta cantidad de homenajes nos podamos imaginar, sumado a una película titulada “Greater”, altamente recomendada.

El legado de Brandon quedó para nunca irse. Hoy en día, el ambiente del deporte universitario recuerda a alguien que nunca puso en duda su ética y esfuerzo usando la frase “hazlo como Burls”.  Mayor homenaje que ese no puede existir.

La madre y hermano de Brandon viendo por primera vez el casillero en exhibición:

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