domingo, 17 octubre, 2021
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Por Juanjo Montero

Hablar de Bobby Robson son palabras mayores. No me considero tan mayor para recordar al bueno de Robson, pero he dado cuenta que hay personas que no le conocen o no saben de quién estoy hablando.

Hasta hace unos años, hemos tenido un gran duelo en los banquillos. El duelo entre Mourinho y Guardiola, Guardiola y Mourinho. Seguro que si sabíais que ambos coincidieron en el Barça. ¿Pero sabíais que coincidieron con Bobby Robson? Si, el inglés llegó a Barcelona en el verano de 1996. Se trajo con él a un portugués desconocido aquí y en Europa. Ese chico era Mourinho, que era la mano derecha del entonces entrenador blaugrana. Joan Gaspart, vicepresidente de aquel Barcelona, comenta que Robson solo aceptó ir a Barcelona si Mourinho estaba con él. Y fue en ese verano de 1996 cuando los dos futuros mejores entrenadores del mundo se conocieron.

Sin embargo, dejadme que vaya atrás en el tiempo a 1969. Robson, fue contratado como entrenador del Ipswich Town, uno de los equipos con los presupuestos más bajos de la Primera Division de fútbol inglés que luchó de tú a tú al Liverpool, e incluso llegó a sonar como sucesor de Bill Shankly como entrenador del Liverpool, y al Nottingham Forest. También, fue pionero en fichar a jugadores extranjeros para la liga inglesa, algo que no era normal para la época.

En las primeras temporadas la verdad es que las cosas no fueron demasiado bien y luchó por no descender a la Second Division. Sin embargo, todo cambió en la temporada 1972-73 y el Ipswich Town se clasificó para la Copa de la UEFA al terminar en tercera posición del campeonato inglés. En la temporada 1977-78 lograron limpiar la imagen del club en la liga ganando la FA Cup ante el Arsenal (1-0), pero nuestro amigo no se quedó ahí y logró conquistar la Copa de la UEFA ante el AZ Alkmaar en la temporada 1980-81, con un juego alegre y vistoso que enamoró a los aficionados.

Todos los logros obtenidos con el Ipswich Town le hicieron tener un nombre como entrenador y captó la atención de la Federación Inglesa de Fútbol, que le propuso como seleccionador inglés tras la eliminación de esta del Mundial de 1982. Como seleccionador, tuvo que dejar fuera de la convocatoria a Kevin Keegan, figura del fútbol europeo entonces. Los inicios como entrenador de la selección nacional no fueron fáciles tampoco; no clasificó a Inglaterra para la Eurocopa de 1984 y puso su cargo a disposición de la Federación, pero no lo aceptaron y siguió como seleccionador. En el camino clasificatorio para el Mundial de 1986 logró la primera posición y, por lo tanto, el billete a Mexico’86. 

En aquella Copa del Mundo, la fase de grupos fue algo irregular por parte de los ingleses, clasificándose en segunda posición. Se midieron en octavos de final ante Paraguay y la imagen del conjunto inglés cambió, logrando una victoria cómoda ante el equipo sudamericano por 3-0. En cuartos de final, su rival sería Argentina. La Guerra de las Malvinas hizo que el duelo fuera aún más “beligerante”. Ya es archiconocido el resultado y los dos goles de Diego Armando Maradona que maravillaron al mundo y al mismo Bobby Robson, que dijo: “Está bien, el primero lo marcó con la mano, pero el segundo valió por dos”.

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Las siguientes paradas de Robson como seleccionador fueron la Eurocopa 1988 y el Mundial de 1990. En la Eurocopa de 1988, el papel de los ingleses fue decepcionante: perdió los partidos de la fase de grupos con siete goles encajados. De nuevo, Robson puso su cargo a disposición de la Federación, y de nuevo fue declinado. La última bala que le quedó fue el Mundial de Italia de 1990.

En una fase de clasificación excelente, Inglaterra acude a Italia con las dudas de la última Eurocopa. Sin embargo, realizaron una fase de grupos donde acabaron primeros. En octavos de final se enfrentaron a Bélgica, a la cual vencen por 1-0. En cuartos de final, se midieron ante una de las sorpresas del torneo, Camerún, en un auténtico partidazo que resultó en un 3-2 a favor de los ingleses. Robson se plantó en las semifinales de un Mundial, algo que no ocurría desde Inglaterra 1966. En el partido de semifinales no lograron batir a Alemania y fueron eliminados en penaltis. El buen papel de Robson como seleccionador inglés llamó la atención del PSV Eindhoven que le fichó como entrenador para sustituir a Guus Hiddink.

En los Países Bajos, aún ganando dos ligas en las dos temporadas que estuvo en Eindhoven, la verdad es que no tuvo mucho feeling con los jugadores ni con la directiva. Era más un manager y la parte táctica no se trabajaba tanto y, además, no había tanta “libertad” como en la anterior etapa con Hiddink. Tras dos temporadas en el conjunto holandés, dejó de entrenar para el PSV, donde coincidió con un tal Romario.

Os acordáis que hemos hablado al principio de Mourinho, pues tras entrenar al PSV, Bobby Robson llegó a Portugal para entrenar al Sporting de Portugal. El idioma para Robson fue una barrera y lo supo salvar con su intérprete, José Mourinho, que por aquellos años empezaba su carrera de entrenador. En el Sporting de Portugal está hasta diciembre de 1993. Eso sín es despedido aún estando el equipo en 1ª posición, algo que no ocurría desde hacía diez años.

El detonante del despido fue la pronta eliminación de la Copa de la UEFA ante el Casino Salzburgo, el cual llegaría a la final esa misma temporada. Posteriormente, el presidente del Sporting humilla a Robson y le anuncia el despido por los altavoces del avión cuando regresaban de Salzburgo.  El Sporting perdería esa liga.

Su próxima parada fue el Porto, también en Portugal. Mourinho le siguió como mano derecha y allí fue vecino de un chico de 14 o 15 años, un tal André Villas-Boas. Se cruzaban todos los días cuando Bobby Robson iba al entrenamiento y el chico iba al colegio, Villas-Boas ya apuntaba maneras y le cuestionaba algunas cuestiones tácticas (Villas-Boas hablaba inglés) y le dijo a Robson que podía demostrarle estadísticamente qué jugadores jugaban mejor o peor. El inglés pidió permiso a los padres para que el niño faltase al colegio algún día y se lo pudiera llevar al campo de entrenamiento y empezó a ayudar como scout a Robson.

En su etapa en el Porto, mi buen amigo e hincha del Porto, Miguel L. Pereira, recuerda a Robson con mucho cariño y alguien que coincidió con sus primeros partidos como abonado del club portugués. Dejó huella el inglés en Porto, con un juego muy vertical y ofensivo con un 4-4-2 como sistema reinante, con numerosas goleadas (se les llamó Five-O, porque le ganaba a sus rivales por cuatro o más goles de diferencia). Logrando una Copa de Portugal y dos Ligas, además de unas semifinales de Copa de Europa compitiendo muy bien en Portugal y en Europa, Robson pudo llevar al conjunto albiazul a lo más alto. Sin embargo, en el año 1996 tuvo un problema cardiaco y no ocupó su puesto en el banquillo. Para más morbo, las ligas ganadas fueron al Sporting de Portugal, vendetta por parte del inglés.

Dejó el conjunto luso al finalizar la temporada de 1996 y tenía pensamiento de dejar los banquillos. Sin embargo, una llamada del Barça le hizo cambiar de opinión.

En Barcelona solo estuvo una temporada y logró una Recopa de Europa. Fue un año de luces y sombras. Las luces o más bien la luz fue Ronaldo Nazario. Fichado del PSV, fue un auténtico escándalo cómo jugaba el brasileño al fútbol. Todavía tengo en la retina cómo Bobby Robson se echaba las manos a la cabeza cuando Ronaldo marcó un gol antológico en Santiago de Compostela. Recuerdo perfectamente que era un sábado a la nochenoche, estaba sentado en el suelo del salón viendo el partido con mi padre y hermano. Y, al igual que Robson, mi padre tras marcar el brasileño el gol se echó las manos a la cabeza. Fue el boom de Ronaldo.

Las sombras, o mejor dicho, la sombra de Johan Cruyff fue muy alargada en Barcelona y atrapó a Bobby. Este quedó muy decepcionado con el conjunto catalán cuando se enteró de que no iba a continuar como entrenador del Barça tras solo una temporada y que su sustituto iba a ser Louis Van Gaal. Fue un entrenador de transición. Demasiado castigo, a mi modo de ver, para semejante gloria de los banquillos. Mourinho, Guardiola o Villas-Boas, tuvieron un gran maestro, un señor del norte de Inglaterra, el gran Sir Bobby Robson.

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