domingo, 17 octubre, 2021
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El deporte nos regala, año a año, historias maravillosas que a nosotros, aquellos encargados de tratar de inmortalizarlas en palabras e imágenes, y a ustedes, consumidores del amplio mundo deportivo, nos dejan sin palabras. Es así como proezas como las realizadas por Robert Hayes nos obligan a retroceder sobre nuestros pasos para poder detallar por qué, a pesar de que “era otra época”, su proeza es igual de admirable.

“Bob” nació en Jacksonville, Florida, en plena Segunda Guerra Mundial y no tardó mucho en demostrar que tenía un talento nato para los deportes. Durante la edad de high school (o secundario, como más comúnmente lo llamamos en latinoamérica), fue partícipe de una de las mejores campañas dentro de la Florida High School Athletic Association con los Panthers de Gilbert, en una temporada en la que terminaron quedaron invictos. Hayes fue altamente reclutado para jugar fútbol americano en el estado, y terminó eligiendo la Universidad de Florida A&M, a unas pocas horas de su hogar.

En su tiempo en Tallahassee se aprovechó una de las cualidades que tanto destacaba Hayes (la velocidad) en otro deporte: el atletismo. Bob comenzó una racha increíble durante sus años en la universidad, donde no perdió jamás una carrera de 100 metros, rompiendo múltiples veces el récord universitario. A pesar de eso, la situación política de los Estados Unidos hizo que Hayes nunca fuese invitado a alguno de los grandes eventos del deporte en la NCAA.

Fue negado a nivel colegial, pero no nacional. A partir de 1963, Hayes comenzó a prepararse para uno de los mayores retos de su carrera: clasificar a los Juegos Olímpicos de Tokio 1964. Su trabajo pagó dividendos, ya que eventualmente terminó clasificando y teniendo una de las mejores competiciones de las que se recuerdan de un atleta.

En Japón, el oriundo del estado de Florida fue medallista de oro en la prueba de 100 metros obteniendo el récord mundial. La particularidad de su tiempo (10 segundos clavados) fue la manera en que se midió: más allá de que en Tokio se comenzó a utilizar el sistema totalmente automático de medición, sucediendo a las antiguas mediciones de los relojes de varios oficiales, hubo debate acerca de cuántas milésimas de diferencia había entre lo que marcaban los radares y lo que Hayes había corrido realmente. Finalmente, al tiempo de 10,6 se lo llevó hasta los 10, aunque hay quienes afirman que Bob rompió, por primera vez en la historia, la marca de la decena de segundos, con un tiempo de 9,9. Datos aparte, esto significó la medalla de oro para Estados Unidos y un nuevo récord mundial que tardaría cuatro años en romperse. Para agregar a la épica, la pista utilizada por el atleta norteamericano estaba en deplorables condiciones por la marcha de los 20 kilómetros, evento que se había celebrado el día anterior.

 

 

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Pero esa no fue la única proeza de Hayes en esos Juegos Olímpicos. En la final de los 400 metros con relevos, “Bullet Bob”, apodo que se había ganado en la universidad por su velocidad, ayudó a los Estados Unidos a obtener la presea dorada viniendo desde atrás con un récord mundial en su parcial. Los más longevos catalogan este como “uno de los mejores momentos de la historia de los juegos”.

Tokio fue la última vez que Hayes pisaría una pista de atletismo de manera oficial, ya que con tan solo 21 años decidió jugar el deporte por el cual había sido reclutado en su juventud: el fútbol americano. Los Dallas Cowboys le dieron la chance en la octava ronda del Draft de 1964 a alguien que en FAMU había demostrado muchas cualidades atléticas para el deporte, pero con muchas preguntas desde el lado técnico.

¿Cómo respondió “Bullet Bob”? Mejor de lo que Dallas hubiese imaginado: lideró la liga en anotaciones aéreas en sus primeras dos temporadas, con 12 en 1965 y 13 en 1966, además de ser una parte clave de la obtención del Super Bowl LI en 1971. Hayes obligó a las defensivas de la NFL a cambiar la manera en que marcaban a los receptores, en lo que por entonces era un deporte guiado por el ataque terrestre. Las coberturas zonales (la ocupación de ciertos espacios clave dentro del terreno por parte de un defensa) se tornaron obligatorias para enfrentarse a los Cowboys, además de crearse el “bump and run”, un predecesor mucho más físico de lo que hoy conocemos como “press”.

 

USA Today Sports / AP Photo

 

Bob Hayes se convirtió, además, en un especialista en retornos de patada y patadas de despeje, siendo una auténtica pesadilla para cualquier coordinador de equipos especiales. Aún tiene varios récords de la franquicia, lo que lo convierten en uno de los mejores receptores de la historia de los Cowboys.

Su vida deportiva, sin dudas, es algo sin precedentes, ya que es el único atleta en ganar una medalla dorada en los Juegos Olímpicos y tener un anillo de campeón de Super Bowl. Su mentalidad competitiva y su talento natural llevaron a este velocista a lo más alto, incluso siendo inmortalizado tanto en el United States Olympic Hall of Fame (2006) como en el Pro Football Hall of Fame (2009).

Lamentablemente, en su vida personal no fueron todos triunfos. En 1979 fue condenado a cinco años de prisión por estar involucrado en una red de tráfico de cocaína, y él mismo tuvo problemas con esta droga durante buena parte de su vida profesional. Falleció tristemente de cáncer de próstata en el 2002, dejando un legado muy difícil de igualar, y mucho menos superar.

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