viernes, 26 febrero, 2021
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“Hoy, todo es mucho más que un partido de rugby” John Inverdale, comentarista de la BBC, el 24 de febrero del 2007.

Es el 24 de febrero del 2007, Irlanda recibe a Inglaterra por el Seis Naciones, el partido se juega en el Croke Park de Dublín, un monstruo para 82,000 espectadores que era, hasta ese año, exclusivo para el futbol gaélico y el hurling, dos deportes que son una especie de religión en Irlanda. 

Esta historia esta dividida en dos sucesos, dos historias que a su vez se entrelazan para formar una de las historias con más significado en el deporte actual.


 

La GAA y el Croke Park

El Croke Park es propiedad de la Asociación Atlética Gaélica (GAA por sus siglas en inglés) que, para cuidar su tesoro, tenía unas reglas muy especiales, siendo la que nos interesa en esta ocasión la regla 42, la cual dice que el legendario inmueble inaugurado en 1884 no puede ser utilizado para eventos o deportes que generen conflicto de intereses con la GAA, y esto incluye al rugby y al fútbol.

En el 2006, debido a que Lansdowne Road, la casa del rugby y el fútbol en Irlanda, se encontraría en mantenimiento, la GAA llegó a un acuerdo con la Federación Irlandesa de Fútbol y la Unión Irlandesa de Rugby para albergar entonces dos partidos del Seis Naciones 2007 y cuatro partidos de la selección irlandesa de fútbol. Esto fue motivo de manifestaciones y opiniones negativas de parte de los seguidores del deporte gaélico, ya que sentían que estaban invadiendo su casa, aquella que siempre fue exclusivamente para ellos. La llegada de las otras selecciones ´verdes´ nunca fue bien vista.

Irlanda recibió primero a Francia en Dublín, y caería por 20-17 ante 81,000 personas en el coloso de Jones Road. Después, todas las miradas pasaron a la visita de Inglaterra, pactada para dentro de 13 días. El ambiente de molestia por el uso del estadio cambió a un ambiente tenso, de suspenso, de incredulidad por ver la cruz de San Jorge ondear en ese lugar y escuchar el “Dios salve a la reina” ser entonado en esa cancha. 

La última vez que los ingleses habían pisado Croke Park, fue para cometer una masacre.

La guerra anglo-irlandesa fue un conflicto armado que ocurrió de 1919 a 1921, uno que enfrentó a la Armada Irlandesa acompañada de la milicia irlandesa contra la Armada Británica y otras organizaciones paramilitares que se vieron involucradas en la guerra. Conforme avanzaba la batalla, las organizaciones paramilitares fueron adquiriendo fuerza e importancia, algo que los irlandeses no querían dejar crecer. Para finales de 1920 la Armada Irlandesa tomó la decisión de empezar a eliminar a estos grupos.

 

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La masacre de Croke Park

El domingo 20 de noviembre de 1920, la Armada Republicana de Irlanda, al mando de Michael Collins, realizó una operación para eliminar a varios miembros de la “Banda del Cairo” (Cairo Gang), un grupo de agentes de la inteligencia británica que vivían y trabajaban en Dublín. Esta operación terminó con 15 agentes británicos asesinados.

Los británicos no se quedaron de brazos cruzados, y en conjunto con los “Black Tans” (un grupo en su mayoría conformado por ex soldados desempleados que lucharon en la Primera Guerra Mundial) apoyados por el ejército, realizaron una operación para buscar armamento en las inmediaciones del Croke Park, el cual en ese momento era sede de un partido de futbol gaélico entre los equipos de Dublín y Tipperary, encuentro que no fue pospuesto a pesar del conflicto.

En el inmueble veían el partido cerca de 15,000 personas, cuando los ingleses entraron y abrieron fuego contra los espectadores, incluso llegando los hombres armados al campo de juego. Los soldados dispararon desde la cancha hacia la grada a los civiles que intentaban escapar del estadio, algunos trepando las paredes para escapar.

El tiroteo duró pocos minutos y dejó como resultado quince irlandeses asesinados, entre los cuales se encontraban tres jugadores de Tipperary, y tres menores de edad. Para justificar el fuego, los británicos alegaron que recibieron disparos desde dentro del estadio primero, y que encontraron armamento dentro del lugar. 

 

William Robinson fue uno de los niños que fallecieron ese día.

 

Durante el resto del día hubo ataques similares de menor magnitud, ganándose este día el nombre de Bloody Sunday. Este tipo de eventos siguieron hasta el fin de la guerra el año siguiente.

Los días previos al partido se volvieron un ambiente hostil y de tensión, la prensa y los medios hablaban del significado del partido, con la noticia de que el himno visitante se escucharía en aquel mítico lugar que no había sido visitado por ingleses desde 1920.

Liderados por Jonny Wilkinson, Magnus Lund, Paul Vickey y Mike Tindall, los ingleses entonaron su himno con un sentimiento y emoción pocas veces vista, algo que fue respondido con un ensordecedor “Ireland´s call” cantado por Brian O´Driscoll, Ronan O ‘Gara, Paul O´Conell, Rory Best y la compañía de 83.000 irlandeses que compraron boletos cuyos precios en la reventa alcanzaban los 2,000 euros.

 

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We´ll answer Ireland´s call

El partido fue una demostración de fuerza bruta y, sobre todo, mucho, mucho orgullo. Los de verde fueron superiores en todo momento a unos ingleses que no se encontraron en todo el partido. Con un O ‘Gara encendido a los palos, Irlanda ganaba 23-3 al medio tiempo y, en el segundo, con ensayos de Wallace, Horgan y Boss, le dieron forma al marcador final de 43-13. Los de la rosa no aparecieron en todo el partido y fueron aplanados por unos inspirados irlandeses que sabían que aquella cita era más que un partido de rugby.

Irlanda terminaría ese Seis Naciones como subcampeona debajo de Francia, que se preparaba para el Mundial en casa. Esa edición del torneo europeo estuvo marcada por el título francés, las dos victorias de Italia ante Escocia y Gales y, sobre todo, por una versión, esta vez deportiva, del Bloody Sunday, en donde el resultado fue distinto al de 87 años atrás.

 

“El partido en Croke Park hizo ver a los otros partidos entre Irlanda e Inglaterra, como una fiesta de jardín” BBC.

 

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