jueves, 23 septiembre, 2021
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Hace rato que, tanto el periodismo especializado como los hinchas, abandonaron esa idea romántica de que un equipo solo puede ser exitoso si los integrantes del mismo se quieren como hermanos. Esta idealización de la victoria puede tener su raíz en la historia del Batallón de Tebas, una unidad de elite de la Antigua Grecia creado por el comandante tebano Górgidas y que estaba conformado por 150 parejas de amantes hombres. Aun en tiempos de “deconstrucción” y nuevas masculinidades, el concepto de un ejército integrados por soldados con un lazo romántico entre si sigue haciendo ruido, pero Plutarco lo explica de manera inapelable: “Un batallón cimentado por la amistad basada en el amor nunca se romperá y es invencible; ya que los amantes, avergonzados de no ser dignos ante la vista de sus amados y los amados ante la vista de sus amantes, deseosos se arrojan al peligro para el alivio de unos y otros”. Hoy los tiempos han cambiado.

En la historia del futbol existen miles de ejemplos de equipos donde sus integrantes apenas se hablan en el vestuario, pero dentro de la cancha el nivel de química es tal que no necesitan hacerlo. Por ejemplo, uno de los logros mas importantes de Carlos Bianchi en su exitoso ciclo al frente de Boca Juniors fue haber manejado de manera quirúrgica la guerra de egos entre los bandos liderados por Juan Román Riquelme y Martín Palermo, respectivamente. Para eso fue clave la presencia de un tercer bloque conformado por los colombianos Oscar Córdoba, Mauricio Serna y el capitán Jorge Bermudez. El “Patrón” Bermúdez, respetado por todos, era la voz de mando y el general cinco estrellas del DT dentro del campo.

Esto no quiere decir, sin embargo, que no existieran conflictos –Palermo llegó a pedirle al entrenador que, para la final de la Copa Intercontinental 2000 ante Real Madrid, saque del equipo a Marcelo Delgado porque quería jugar con Guillermo Barros Schelotto-, pero allí es donde la experiencia de Bianchi y, sobre todo, su gran gestión de grupo, entraban en escena. Finalmente, Delgado jugó ese partido y asistió en uno de los goles al delantero Xeneize.

Ahora bien, si hablamos de equipos exitosos que tuvieron problemas de vestuario, nada se compara al plantel de la Lazio que ganó el Scudetto 1973/74. En esa escuadra una palabra de más, una pelota mal jugada en el entrenamiento o simplemente una mirada podía desembocar en una batalla campal o hasta incluso un intento de asesinato.

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Aquí había dos bandos bien definidos que se odiaban a muerte. Uno era liderado por Giorgio Chinaglia, un fuerte delantero nacido en la Toscana -pero criado en Gales- al que todos apodaban “Long John” (con los años también fue conocido como el “Tony Soprano del fútbol” por sus vínculos con la camorra napolitana) y el otro era comandado por el férreo defensa Luigi Martini, quien en los 90’s sería elegido como diputado por el partido Alianza Nacional, una agrupación ultra conservadora.

Jóvenes, fanáticos de las armas y cercanos a la extrema derecha (Pier Paolo Pasolini directamente los llamó fascistas), había demasiados puntos en común como para no llevarse mal, pero la sobreabundancia de caciques hacía imposible la convivencia. Tan malo era el clima que, para evitar cualquier incidente, los clanes se cambiaban por separado en horarios distintos.

Así y todo, a veces esto era imposible y es ahí cuando todo estallaba. En una ocasión, el arquero Felice Pulici, uno de los integrantes del clan Chinaglia, encontró a Martini ocupando el vestuario cuando no debía hacerlo y le exigió de mala manera que se fuera. El defensa lo miró sin decir ni una palabra y acto seguido rompió una botella de vidrio con la que intentó cortarle el cuello. Pero, así y todo, esa pandilla descarriada se las arregló para darle a la Lazio la primera liga de su historia.

Después de una primera ronda en donde el Napoli y la Juventus se prestaban la punta del certamen, Lazio tomó el liderazgo de la Serie A a partir de febrero e inició un camino que culminaría el 12 de mayo con el título tras la victoria 1 a 0 como visitante ante Foggia. Pero el partido clave que decidió todo ya había ocurrido. Fue el 17 de febrero cuando, en condición de visitante, los romanos derrotaron por 3 a 1 al vigente campeón Juventus y consiguieron esos puntos que serían vitales para mantener la corta distancia con su más inmediato perseguidor. De esta manera, el equipo, que durante la semana intentaba matarse entre sí, conseguía un logro histórico, con Chinaglia como máxima figura (acabó el certamen como goleador con 24 tantos).

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Ahora bien ¿Cuál fue el secreto de estos malandras disfrazados de futbolistas? Líneas atrás dijimos que ese vestuario estaba lleno de caciques, pero todos rendían pleitesía a un solo dios: Tommaso Maestrelli.

El entrenador del conjunto de la capital tenía la difícil tarea de evitar que sus dirigidos se maten entre sí, pero también de hacerlos jugar como un equipo. A mitad de camino entre un padre y un negociador de la policía, Maestrelli –al que todos apodaban el Maestro– intercedía cada vez que era necesario e impartía una justicia divina: no había preferidos y todos podía recibir un premio o un castigo.

Tras el campeonato obtenido en 1974, el “Lazio de las pistolas” se desarmó rápidamente y de manera trágica. Maestrellí cayó enfermo de cáncer en 1975 y debió abandonar su puesto. Su salida, y posterior fallecimiento en 1976, coincidió con la partida de Chinaglia hacia el futbol de Estados Unidos. Pero el punto final de esta generación de salvajes fue la absurda muerte del Luciano Re Cecconi, mediocampista de equipo, que cayó fulminado por un balazo cuando fingió asaltar la joyería de un amigo a modo de broma.

Tras su gran carrera en el futbol yankee, Chinaglia volvería a la institución en los 80’s, esta vez ocupando el cargo de presidente, pero su gestión sería tan desastrosa y fraudulenta que solo duraría un puñado de años en el club. Por este motivo, sumado a sus vínculos con el clan Casalesi, “Long John” nunca más pudo pisar suelo italiano y permaneció en Norteamérica hasta el día de su muerte en 2012. Su cuerpo hoy descansa en el mismo cementerio donde está enterrado su antiguo entrenador, Tomasso Maestrelli.

 

 

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Changarín de la palabra, termo de la A-League. Una vez me insultó toda la comunidad croata de Melbourne.

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