sábado, 24 octubre, 2020
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Hablamos con la futbolista Ariana Christiansen (2001) de la Universidad Fairmont State. Además de concedernos esta entrevista, nos ha explicado, desde dentro, cómo funciona el sistema universitario: 

“En Estados Unidos se encuentra la Primera División con las grandes universidades –  Duke, Stanford, Florida, WVU (Universidad de Virginia Occidental), o UCLA (Universidad de California en Los Ángeles) – y en una Segunda División están las universidades más pequeñas. En ambas puedes conseguir una beca como deportista: te pagan la matrícula, los libros, y el alojamiento. Por último, hay una Tercera División donde no te ofrecen este tipo de becas. Las tres divisiones pertenecen a la NCAA (la Asociación Nacional Deportiva Universitaria). Hay una liga aparte para los centros de estudios más pequeños, conocida como NAIA (Organización Deportiva Universitaria Norteamericana), y aquí sí que es posible que puedan ofrecerte una ayuda. También nos encontramos con los Junior Colleges para realizar carreras de dos años.

Para conseguir plaza en cualquiera de estas universidades tienes que haber jugado al fútbol en los años previos en equipos que forman parte del Travel Soccer: una competición con equipos profesionales donde los entrenadores cobran como tales. Esto tiene un coste muy alto. En mi caso, buscamos formas de minimizarlos: compartir transporte y hotel con otras familias. Aquí hay diferentes niveles también. Además, cada estado tiene un equipo de Desarrollo Olímpico, y se celebra un torneo en verano con unas 5 o 6 regiones. Los ganadores de cada grupo por edades acceden a un torneo nacional. Las universidades acuden a ver a las chicas de las últimas categorías para hacer scouting. Fue así cómo llegó mi oferta”. 

¿Cuándo empezaste a jugar al fútbol? ¿Tuvieron alguna influencia en esto tus padres?

Comencé a jugar en el equipo amateur de mi pueblo con seis años. El fútbol estaba fuera del mundo de mis padres. Mi madrastra, española, era la única que lo conocía. 

¿Quiénes fueron tus referentes cuando eras pequeña?

Entonces no conocía a los profesionales. Me gustó el juego, simplemente. Luego supe del Atlético de Madrid porque es el equipo que sigue la mujer de mi padre. Cuando tenía 12 años fuimos a Burgos, de donde es su familia, y mi padre vio que podíamos conseguir entradas a buen precio para ir a ver al Fútbol Club Barcelona. Condujimos desde Burgos hasta la Ciudad Condal. Era el Trofeo Joan Gamper 2013 y se enfrentaron al Santos F.C. en el Camp Nou. Ganaron 8-0. Fue el primer partido de Messi con Neymar. En Estados Unidos no podía ver otros partidos suyos porque no lo ofrecían en la televisión.  

¿En qué posición en el campo empezaste a jugar?  

Siempre fui delantera. Tenía velocidad e instinto de gol, fue algo natural.

 

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¿Ha habido algún entrenador que te haya influido especialmente? 

El más importante fue Graham Peace, mi entrenador del instituto. Es de Reino Unido y fue futbolista profesional en Reino Unido y Canadá. Había entrenado en Michigan, Ohio y Pennsylvania, antes de llegar a la WVU y estar con mi grupo. Fue el entrenador del equipo femenino más exitoso del Estado. Muchas de sus jugadoras han acabado en grandes universidades. Es un apasionado del fútbol, muy analítico, disciplinado y competitivo, y trasladaba esto a sus jugadoras. Durante mis cuatro años en el instituto ganamos 3 campeonatos del Valle de Ohio, 2 campeonatos estatales; y quedamos segundas y otra vez primeras en la Liga Estatal de Institutos. Peace pensaba que gracias al fútbol podíamos ser también mejores personas y alcanzar nuestras metas.  

¿Practicabas otros deportes de niña? 

Mis padres me apuntaron a béisbol, pero me aburría terriblemente esperando para batear. También probé con el baloncesto, pero tampoco era lo mío. En cuanto empecé con el fútbol me encantó. Conforme fui creciendo, me di cuenta de qué era lo que más me gustaba. Somos cinco hermanos en mi familia y mis padres no tienen grandes sueldos, tuvieron que hacer un gran esfuerzo para que pudiera jugar porque en Estados Unidos tiene un alto coste. 

La mayoría de las chicas que juegan viven en grandes casas, tienen barcos y coches caros. Pero sobre el césped todas éramos iguales. La riqueza no importaba. Si tengo la habilidad necesaria para robarte el balón y correr más que tú, marcaré más goles. En el campo lo único que importa es lo bien que juegas, lo duro que trabajas. Tu destino está en tus manos. Eso hizo que me sintiera poderosa en la cancha. 

Fuera de Estados Unidos se habló mucho de la generación de los 90´. ¿Tus padres, conocidos, hablaban de estas jugadoras?

Como te conté antes, mis padres no seguían el fútbol. Yo supe sobre aquel equipo en el instituto. 

¿Qué hay de las actuales jugadoras de la selección que han ganado dos veces el Mundial? 

Este equipo ha hecho que se hable mucho más del femenino, y del fútbol en general. El fútbol americano, el baloncesto y el béisbol dominan la televisión, así que tener un equipo ganador como este ha hecho que tenga el reconocimiento merecido en el país. 

¿Cómo ves el futuro del balompié allí?

Creo que seguirá creciendo. Tenemos más de 300 equipos en cada división de las universidades, esto hace que pueda haber más talento, han mejorado también los entrenamientos. Hay 7 millones de chicas que juegan al fútbol en Estados Unidos si tenemos en cuenta todos los niveles. Y de todas ellas, solo 21 llegarán a tener sitio en el equipo nacional absoluto con el paso del tiempo. 

¿Conocen los chicos y chicas a las jugadoras? 

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Cuando era pequeña a todos nos gustaba jugar, pero no estábamos al tanto del fútbol profesional. Por desgracia, la situación es muy diferente a España y los países de Latinoamérica. No daban los partidos en televisión, y ese tipo de cosas. Pero en el instituto, mis compañeros sí que empezaban a conocer a las jugadoras, Alex Morgan, Abby Wambach o Julie Ertz

¿Podrías contarnos sobre tu decisión de jugar en la universidad?

Desde que empecé en el equipo amateur pensé que quería ser profesional, jugar más que 3 meses al año. Mi hermana mayor tenía una amiga que jugaba en el instituto, quien nos explicó que para conseguir entrar en un equipo tendría que formar parte de alguno de los Travel Teams. Desde Infantil comencé a entrenar toda la temporada con profesionales. Fueron años de sacrificio. Mis amigas estaban en casa viendo la tele y yo estaba mejorando habilidades y nociones de táctica, o en el gimnasio. Salían de fiesta los fines de semana y yo andaba en un hotel, en otro estado, levantándome a las 6 de la mañana para acudir a un torneo. Todas las que jugábamos soñábamos con llegar a la universidad. Aunque solo yo y otra compañera de mi instituto hemos llegado a hacerlo. De mi Travel Team, 8 chicas más también están jugando. 

¿Qué podrías contarnos sobre tu vida universitaria con el equipo? 

Los deportistas llegamos un mes antes que los estudiantes para la pretemporada. El primer mes cuando empecé fue el más duro de mi vida. Llevaba años compitiendo, pero nunca había entrenado a un ritmo tan alto. El fútbol universitario es mucho más físico. Las chicas son más rápidas y fuertes, y mucho más agresivas. Mi día a día: levantarse a las 5:30, entrenar físico a las 6, a clase de 9 a 14h. De 15 a 18 comenzamos con el equipo. Y el resto de la tarde a estudiar. Normalmente, tenemos un partido a mitad de semana y otro el fin de semana. 

¿Cuál es tu mejor recuerdo como futbolista? 

Mi segundo año en el instituto: ganamos el torneo de la conferencia del Valle de Ohio y el campeonato estatal. Fue maravilloso. También cuando con mi Travel Team avanzamos en el torneo de la región (13 estados). Fue la primera vez que un equipo de Virginia Occidental llegaba a esta instancia. Fue ahí donde me vieron, cuando marqué un hat-trick. Por desgracia me lesioné el tobillo en la final y no pude seguir en el campo, perdimos, y tuve que ver la derrota desde el banquillo sin poder ayudar a mi equipo. 

 

 

Fue especial porque gracias a esa semifinal obtuve la oportunidad de jugar en la universidad. Mi entrenador actual me dijo que él fue portero, y le gustó mucho mi juego porque de haberse enfrentado a mí no hubiera podido predecir qué iba a hacer de cara a portería. Varias universidades de la Primera y Segunda División quisieron contar conmigo. Me desplacé hasta Utah, Florida y Carolina del Norte, pero al final decidí quedarme en mi estado, aunque fuera una universidad más pequeña de la Segunda. Me dijeron que construirían su equipo teniéndome en cuenta.

Has tenido una lesión grave, del ligamento cruzado anterior (ya ha jugado su primer partido). ¿Cómo ha sido esto para ti, y vivirlo en mitad de la pandemia?

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Muy duro. La temporada iba muy bien, estaba en el Top-5 de jugadoras de mi año en número de goles y asistencias. Ha sido muy difícil no poder ayudar a mi equipo y verlas desde el banquillo. La rehabilitación es costosa, pero he tenido a muy buenos profesionales atendiéndome. Con la pandemia cambió todo, tuvimos que entrenar en solitario. Pero ha sido una situación difícil en todo el mundo. 

¿Qué carrera estudias y por qué la elegiste? 

Biología, aunque estoy pensando en cambiar a otra. Empecé a estudiar Español también, aunque al final lo dejé. Me gusta mucho el idioma. Mi padre es estadounidense, pero vivió un par de años en Colombia y al ser mi madrastra española escuchaba el idioma en casa. Hice un curso online y luego estudié por mi cuenta para sacar el nivel avanzado en el instituto. Pero aún tengo que mejorar. 

¿Cómo comenzaste a seguir el fútbol femenino de España?

Por una jugadora que conocía mi entrenador, Laura Ogando, que jugaba en el Tacón Juvenil. Así que comencé a seguir la Liga Iberdrola y me enganché. 

¿Qué ambiciones tienes como futbolista? 

Lo primero, regresar a mi estado de forma previo a la lesión. 8 meses después estoy bien físicamente, pero tengo que demostrarlo sobre el césped. Mi meta es conseguir que juguemos en un torneo de la NCAA. El programa de fútbol de mi universidad es nuevo, solo lleva 5 años en marcha. Estuvimos segundas y nuestro objetivo es acabar primeras y acceder a ese torneo. 

¿Te gustaría jugar fuera de Estados Unidos? 

Mi universidad tiene un convenio con Burgos, pero me gustaría poder ir a Madrid a estudiar y jugar allí. Poder estar en España, en la misma liga que las jugadoras que sigo sería un sueño hecho realidad. 

 

 

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Maria Valentina Vega
Traductora, redactora y entrenadora de fútbol Nivel 1

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