miércoles, 30 septiembre, 2020
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“Robert Korzeniowski al frente con los dos mexicanos Noé Hernández y Javier Bernardo Segura, vamos con Pepe Espinoza y Raúl González…y bueno vamos a recibir a los atletas cuando entren al estadio con un estruendo, ahora tomando la delantera Bernardo Segura, Bernardo Segura fue medallista de bronce allá en Atlanta, el polaco es un tremendo cerrador, Noé ahora está rezagado a la tercera posición, me da la impresión de que Bernardo conociéndolo cuando oiga el estruendo del estadio no lo van a alcanzar…”

Esta era la narración de la televisora mexicana TV Azteca aquel 22 de septiembre del 2000 en la prueba de marcha 20 kilómetros en los Juegos Olímpicos de Sídney. Bernardo Segura y Noé Hernández llegaban al tramo final de la prueba como punteros de la competencia junto al polaco Robert Korzeniowski. México no tenía una medalla de oro en marcha desde Los Ángeles 1984.

La marcha siempre ha sido una disciplina bastante popular en México por su simpleza. Es un semillero de campeones centroamericanos, panamericanos, olímpicos y mundiales, unos dicen que es debido a que el país es increíblemente apto para entrenar este deporte, por el clima, el terreno, las condiciones, tanto así que marchistas de otros países entrenan en suelo azteca.

La explosión se dio en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984: Ernesto Canto se quedaba con el oro y Raúl González con la plata en los 20 kilómetros, y días después, Raúl se quedaba con el oro en los 50 kilómetros. Para el recuerdo fue aquella imagen de Raúl con un sombrero de charro apenas cruzó la meta. También otras figuras como Carlos Mercenario, José Pedraza y Daniel Bautista han hecho de México potencia en este deporte.

Con esa motivación y con esas figuras, Bernardo Segura inició su participación en competencias internacionales con un bronce en la Universiada Mundial en 1993. En Atlanta 1996 sería bronce, después en 1999 sería campeón panamericano y luego campeón mundial: la marcha mexicana tenía a su nuevo ídolo. Segura llegaba a Sídney como uno de los favoritos.

El 22 de noviembre, en las calles de la hermosa ciudad australiana, los mexicanos Segura y Hernández dominaban la competencia junto a Korzeniowski, era una buena carrera y muy peleada en la punta, los dos mexicanos y el polaco peleaban por el oro en el pelotón puntero. Todo México veía la carrera con emoción, sabiendo que 16 años después de las medallas de Canto y González, el oro era una posibilidad.

Segura entró al túnel del estadio olímpico en tercer lugar, Hernández era segundo y el polaco era el líder. Al salir del túnel, un estruendo sacudió el estadio y Segura salió como líder, Noé Hernández era tercero. Al entrar a la recta final de los 100 metros era un hecho, México haría el 1-3 en la competencia, la televisión mexicana mostraba en directo la casa de Segura donde su familia celebraba la victoria. Bernardo cruzó la meta cronometrando 1 hora, 18 segundos y 57 centésimas, consiguiendo un nuevo récord olímpico. Segura volteó y se abrazó con Noé, los dos repitiendo el gesto con el polaco para la celebración de los tres medallistas. Segura y Hernández toman un bandera de México y se tiran al piso, los narradores mexicanos se escuchan, evidentemente emocionados, recordado a los grandes marchistas del pasado, con Bernardo y Noé uniéndose a esa selecta lista.

La televisión mexicana llevó a Bernardo a un lado de la pista para un enlace en vivo con el entonces Presidente de México, Ernesto Zedillo, “ha sido una competencia extraordinaria, se vio muy claramente el carácter, la decisión y la fuerza de ustedes dos…”. Mientras el Presidente Zedillo le decía esto a Segura, David Faitelson, periodista de TV Azteca (hoy en ESPN), se acerca a un juez que se para a un lado de Segura, se da cuenta de que algo pasa y ve que intercambia palabras con él. En la toma de la televisión no se observa al juez porque Hernández, que estaba esperando hablar con el Presidente, lo tapa con un sombrero de mariachi. Nadie se ha dado cuenta de lo que pasó excepto el periodista mexicano.

Otra toma de la televisora lo muestra todo muy claro; mientras Segura sigue platicando con el presidente, el juez se para a un lado de él y le muestra la tarjeta roja, Bernardo nunca se da cuenta de esto. El medallista de oro iba entrando al túnel de vestidores cuando le informan de que ha sido descalificado. “¿Cómo crees?, ¿la roja?”, pregunta Bernardo a los periodistas que lo siguen, a lo que contestan todos de manera afirmativa. Bernardo arroja la bandera mexicana al piso, se mete al túnel y se tira desconsolado, posteriormente va con los jueces, quienes le explican que tuvo tres tarjetas amarillas. En la marcha se da una tarjeta amarilla por cada infracción, la más común es levantar ambos pies del piso al mismo tiempo, y con tres tarjetas amarillas se gana una roja, por ende la expulsión de la carrera.

Mario Vázquez Raña, presidente del Comité Olímpico Mexicano y Felipe “el Tibio” Muñoz, presidente de la Federación de Atletismo, aparecen en el túnel. Al primero no lo dejan entrar, los dos le dicen a Segura que van a presentar una protesta formal. Todo es un caos. Aparentemente, Bernardo recibió la tercera tarjeta amarilla antes de entrar al túnel, otros dicen que en el túnel se la mostraron, otra versión es que fue una tarjeta cuatro minutos antes de finalizar pero Segura pensó que era para Hernández, ya que en ningún momento en la carrera le mostraron la tarjeta roja.

Segura, ya cambiado de ropa y visiblemente enojado habla con la prensa, dando su versión de que él no tenía las tres tarjetas. Ivan Sisniega, presidente de la CONADE (Comisión Nacional del Deporte de México) le explica a la prensa que tienen media hora para presentar una protesta formal debido a que la tarjeta fue mostrada después de finalizada la competencia. Por otro lado Tadeusz Kempka, otro miembro de la delegación mexicana, dice que no pueden meter una protesta porque es una falta técnica, todo es un descontrol total.

Finalmente la delegación mexicana decidió no presentar la protesta debido a que no había un precedente de una descalificación por tarjeta roja después de terminada la competencia. Bernardo Segura, entonces, fue medallista de oro por 11 minutos hasta su expulsión. El oro pasó a ser del polaco y Hernández se quedó la plata, con el bronce terminando en las manos del ruso Vladimir Andreyev, que había llegado cuarto. Ya en México había versiones encontradas entre Segura y los directivos mexicanos, tanto así que fueron sometidos a un detector de mentiras que decretó que la versión de Segura acerca de desconocer la tercera tarjeta era verdad, mientras que los directivos se negaron a la prueba.

Al final Bernardo se quedó sin el oro y, a partir de ahí, su carrera empezó su curva de declive, con solo una plata en los Panamericanos del 2003, mientras que en Atenas 2004 no pudo terminar la competencia debido a una lesión. Luego de eso se retiró y tuvo una modesta carrera política.

Hoy en día, 20 años después, sigue sin haber una sola imagen de aquella tercera tarjeta amarilla y de todo lo sucedió en aquel maldito túnel.

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