sábado, 31 julio, 2021
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Cuesta trabajo creer que en tan poco tiempo la vida de uno pueda cambiar tanto. A veces, cuando se ha querido tanto en la vida y ese familiar se va, el corazón se ve atacado por una terrible enfermedad, para la que difícilmente hay cura, que se llama pena.

Los corazones vacíos exageran los sonidos en esos días. El silencio es tanto que se puede escuchar. Nos entra miedo. Necesitamos un abrazo de esa persona que se fue. Su consuelo. Su compañía. Su amor. Necesitamos un equipo para escalar y tratar salir de nuestros respectivos abismos.

Ana Zavala encontró ese equipo en los Delfines de Abasolo, un equipo de la Liga TDP (Tercera División de México) fundado en 1979, herederos de una gran tradición futbolística en el Bajío y que ahora escriben su historia, al ser el primer club profesional en el país que tiene a una mujer como Directora Técnica de un equipo masculino.

La enfermedad de su abuelo y el posterior fallecimiento cambiaron a la profesora Ana para siempre. En un lapso de dos años pasó de ser futbolista del Club León a dar clases en diferentes escuelas, cuidar a su abuelo, verlo fallecer y graduarse como entrenadora. Un ejemplo de tenacidad, persistencia y resiliencia.

Trabajaba en un CONALEP como entrenadora y en las tardes me entrené para poder jugar en la Liga MX Femenil, empecé a ir a visorías y me quedé en León. Jugué un año, pero casi siempre estuve en la banca, ahí empecé a ver al profe; los movimientos que hacía, las mejoras, las modificaciones y ahí me nació. Cuando se acaba mi contrato con León, siempre he sido muy apegada a mi familia, y mi abuelo estaba muy enfermo y decidí no irme a otro club. Así que me metí a estudiar lo de director técnico y cuando lo terminé, falleció mi abuelito, fue un shock y un cambio para mi”.

“Todo se acomodó, sufrí una depresión tremenda y los primeros que me hablaron fueron los de Club Delfines y es lo que me mantiene a flote, me ayudó a salir de todo lo que estaba cargando y estoy feliz de estar en este club. Es un histórico, me siento muy bien, nunca he sentido rechazo de la gente o de la directiva, menos de los muchachos, siempre ha sido buena vibra”.

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La historia de Ana empezó como la de muchas niñas en Latinoamérica, sin ligas de futbol especializadas en el futbol femenino, con equipos mixtos, pero eso sí, con la ilusión de poder jugar profesionalmente algún día. Entre sus recuerdos, la profesora Zavala tiene guardada la primera vez que se sintió portera.

“Desde que estaba en la panza de mi mamá, le decían que iba a ser niño futbolista, en ese tiempo los ultrasonidos aún se equivocaban, pero en lo único que no se equivocaron, es que iba a ser futbolista. Nadie en mi casa juega al fútbol, desde chiquita me gustó el balón, me llevaron a clases de ballet y otras cosas, pero yo estaba con el balón. A los cinco años pedí mi primer traje de portera, mis guantes, yo recuerdo ese día porque fue un día que trascendió para mi, yo amaba a Oswaldo Sánchez y salí vestida a la calle de portera con mis guantes de las Chivas. A los 7 años, me metieron a un equipo y luego de 7 meses era la única niña, así que empecé a jugar con niños”.

 

 

Ana tiene claras sus metas y su personalidad: es muy determinada en lo que hace, con muchas ganas de trascender en el deporte y en ser buena persona, buena entrenadora, con el objetivo de poder transmitir algo a sus jugadores, transmitirles algo más allá del futbol: “siempre deben de ser caballerosos”, un mensaje más que importante, en un país donde cada dos horas es asesinada una mujer.

“Estoy concentrada en Delfines y en estar en los mejores puestos, pero hay sueños y objetivos, yo quiero estar en Liga MX Femenil, pero sé que todo es de procesos y estoy disfrutando ahorita con Delfines. Estamos dando un paso adelante en una cultura machista en la que estamos en México, ojalá sirva para las mujeres y nos den más oportunidades. En el club siempre ha existido respeto, es un ambiente muy sano, no hay egoísmos, me siento muy tranquila. Es un reto porque son hombres, cuando estamos en el vestidor y se tienen que cambiar, eso es lo único, porque ellos nunca se han querido pasar la raya”.

 

 

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Actualmente Delfines marcha en octavo lugar del Grupo 8 en la Liga TDP, con 9 victorias, 7 empates y 5 derrotas, contando 29 goles a favor. Admiradora de Jürgen Klopp, Ignacio Ambriz y Eva Espejo, la mexicana Ana Zavala se une a un grupo selecto de ocho mujeres que han dirigido a equipos masculinos en el futbol profesional: Corinne Diacre, Salma al-majidi, Chan Yuen-ting, Patrizia Panico, Helena Costa, Nelfi ibañez e Hilda Ordoñez. A pesar de este paso, cree que en su país, aún no están preparados para ver a una mujer dirigiendo en la Liga MX y manda un mensaje a las mujeres que quieren intentar abrirse paso en el futbol, en todo el continente.

“En este momento no están preparados para que una mujer dirija, nuestra cultura ha avanzado pero no como debería, quizás en tres o cinco años. Ahora Delfines está siendo una punta de lanza para demostrar que las mujeres podemos estar a cargo de un equipo varonil y ojalá nos den las oportunidades”.

“Si su sueño es este, no se den por vencidas, es un camino difícil, pero mientras uno crea en lo que está haciendo, va a ser importante, que no se den por vencidas y que no dejen de luchar por lo que les hace feliz o lo que les hace vibrar, yo no he dejado que se apague eso que me hace vibrar cuando entro al terreno de juego. Habrá obstáculos de todo tipo, pero siempre es importante mantener el objetivo fijo”.

Ana se despide de esta charla con The Line Breaker con un emotivo mensaje a su abuelo, que aún sin estar en este plano terrenal, la sigue acompañando en cada paso y es la brújula de su camino, en este viaje con su equipo de alpinista, en busca de ese sueño.

“Le diría a mi abuelo: ‘Lo logramos’, llegué a donde yo siempre quise, a pesar de que lo vi muy oscuro pero ahora estoy aquí’. Todo se acomodó, él se fue y vino todo esto, no puedo decir que él lo mandó pero si algo tuvo que ver, pues muchas gracias y sé que tengo un ángel acompañándome. No me arrepiento, dejé al fútbol por un tiempo pequeño, porque yo veía a mi abuelo. Siempre estuve con él, lo acompañaba al doctor, no cambiaría nada de lo que tuve que pasar para llegar ahora aquí y agradecer todo lo que hizo por mi. El fútbol podía esperar, pero mi viejo no y ahora me está acompañando, somos felices y lo logramos”.

 

 

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