sábado, 21 mayo, 2022
Banner Top

No hay mucho en este mundo

a que aferrarse

Algunos dicen amor

Tal vez hay algo en eso

 

En Alemania, ser hincha de un equipo de los que aquí podríamos denominar “chicos” representa un acto de rebeldía en sí mismo. En una liga en donde el Bayern Munich prácticamente monopoliza la competición local desde hace más de cuarenta años -solo el Borussia Dortmund pudo desafiar su dominio en los últimos doce años con el bicampeonato en las temporadas 2010/11 y 2011/12-, y los fanáticos del Leverkusen o el Wolfsburgo se resignan a jugar por entrar en la Champions League o, por qué no, dar el batacazo y ganar la Copa de Alemania, alentar a un cuadro como el Fortuna Düsseldorf es un verdadero acto de amor. Aquellos que juraron fidelidad al Fortunen saben que ya no pueden permitirse soñar con títulos. Sus días en las gradas son difíciles y la relegación siempre es más una certeza que una posibilidad.

Actualmente en segunda división, el equipo de la región del Rin-Ruhr obtuvo su único campeonato de liga en 1933, pero, sin dudas, su momento más glorioso ocurrió a finales de los 70’s y principios de los 80’s, cuando conquistó de manera consecutiva dos Copas de Alemania (la última, ganada al Colonia de Harald Schumacher, Bernd Schuster y Pierre Littbarski) y llegó a la final de la Recopa de la UEFA 1979. Con el delantero Klaus Allofs como máxima figura (sería compañero de ataque de Karl-Hanz Rummenige en la final de la Copa del Mundo México 1986) y el mediocampista Gerd Zewe como estandarte (más de 440 partidos en el club), el Fortuna cayó gallardamente frente al FC Barcelona 4 a 3, en un partido que se decidió en el tiempo extra y en el cual los alemanes remontaron el marcador en tres oportunidades. Durante esos días, era impensado que descendiera de la Bundesliga. Era un club estable económicamente, que se nutría constantemente de una cantera local prolífica y que, pese a no ganar el título de liga, siempre estaba en la conversación. Pero todo cambió en los 80’s. A mediados de la década, los de Dussëldorf comenzaron a experimentar los avatares de un fútbol cada vez más desparejo y, en 1987, cayeron a segunda. En ese momento, se inició una época muy difícil para el Fortuna, la cual tuvo su punto más bajo principios del nuevo milenio, cuando descendió hasta la Oberliga, la cuarta categoría de Alemania. Curiosamente, el mismo año en el que el club cayó a segunda, Die Toten Hosen llegaba por primera vez a los charts alemanes con su álbum “Die Roten Rosen” (Las Rosas Rojas), un disco con versiones punks de clásicos de los 50’s y 60’s, que fue grabado por pura diversión y que, sorprendentemente, los hizo conocidos por fuera del circuito punk alemán.

Los Hosen nacieron a finales de 1981, cuando dos ex – miembros de una banda llamada ZK se juntaron y decidieron armar una nueva formación junto a otros músicos. Estos eran Andreas Campino Frege en voz, Andreas Andi Meurer en bajo, Michael Breiti Breitkopf y Andreas Kuddel von Host como guitarristas y el baterista Klaus-Peter Trini Trimpop. Por esos días, estos pibes de Dussëldorf no eran más que cinco chicos que apenas sabían tocar sus instrumentos y que disfrutaban de estar inmersos en el ambiente del rock local. Se subían a cualquier escenario que les abriera las puertas y se conformaban con cerveza gratis como única retribución. Otro punto en común que tenían todos era su fanatismo por el fútbol y su amor incondicional al Fortuna.

Campino, compositor y líder de la banda, había quedado prendado del rock a los 13 años, después de presenciar un espectáculo en Londres junto a sus abuelos maternos. Rápidamente, enterró sus sueños de ser futbolista –él mismo declararía años más tarde que no era muy bueno- y se metió de lleno en su nueva afición. Primero se hizo fanático de Deep Purple y Black Sabbath, hasta que su hermano mayor, John, lo introdujo en el punk y desde ese momento todo cambio. Los Ramones en Estados Unidos y un poco más tarde los Sex Pistols en el Reino Unido, eran la expresión de una nueva generación de jóvenes desencantados con el mundo post-guerra de Vietnam. Atrás habían quedado los días del rock & roll de Chuck Berry, el escandaloso meneo de pelvis de Elvis, las geniales tonadas pop de los primeros Beatles, el surfer rock de los Beach Boys y el flower power de finales de los 60’s y principios de los 70’s. Ahora los chicos se enfrentaban a un mundo al que no le quedaba un ápice de inocencia y donde un sonido más agresivo y duro se transformaría en la banda de sonido de su época. Aunque todos los artistas antes nombrados tuvieron su cuota de influencia en este nuevo estilo, el punk era, en cierta forma, una manera más primitiva de hacer música. No había que ser virtuoso para tocarlo –en sus comienzos, muchas bandas punks eran realmente malas técnicamente hablando-, solo hacerlo con actitud y con el corazón. Las canciones, al ser de corta duración, debían ser directas, sin metáforas rebuscadas y con un mensaje fácil de entender, pero no necesariamente simple. En Los Ramones, por ejemplo, la temática del desamor siempre está presentes, pero también hay letras que hablan de la depresión, de la presión que ejercen los mayores, del tortuoso paso a la adultez en un mundo donde el capitalismo hace rato ya no muestra su cara más amigable y hasta de la censura. En el caso de los Pistols, la música directamente era solo una excusa para desatar la anarquía y el caos.

También puedes leer:   Un día de paz

El primero show de Frege como músico fue junto a una banda de amigos en el colegio secundario al que asistía, lo que transformó inmediatamente en una celebridad entre sus compañeros, entre otras cosas, porque era el único punk de su escuela. Su incipiente fama, a la que se le agregaron las obvias leyendas de drogas y alcohol, llegaron a oídos de los padres de los otros chicos, los cuales pidieron que Campino sea expulsado inmediatamente. Fue en esa institución donde se hizo amigo de Breiti, quien luego se volvió su compañero en ZK y en Die Toten Hosen.

En sus primeros recitales, los Hosen apenas si podían juntar un puñado de personas, muchos de los cuales eran borrachos, pero rápidamente fueron ganando un nombre, entre otras cosas, debido a que sus shows eran una celebración al caos. Al principio, la banda contaba con un sexto miembro conocido como Walter November, quien subía a tocar con su guitarra desenchufada (dejó la banda al poco tiempo debido a su adicción a las drogas y luego se hizo Testigo de Jehova). En 1983 lanzaron “Opel-Gang”, su primer álbum, el cual ellos mismos financiaron con el dinero obtenido en distintos trabajos temporales y mal pagos. Con este LP, su base de fanáticos en el circuito local creció considerablemente y eso atrajo la atención de la discográfica EMI, con la que firmaron ese mismo año. A partir de ese punto, su carrera comenzó a despegar. En 1984 realizaron su segundo disco – “Unter Falscher Flagge“- y fueron convocados por el famoso DJ de la BBC, John Peel, para grabar una sesión radial de cinco canciones para su espectáculo.

Mientras los Hosen consolidaban su (caótico) camino al estrellato, el Fortuna coqueteaba con la tragedia. Entre 1983 y 1986, el equipo se salvó del descenso en tres ocasiones y en todas ellas apenas por un pelo (en temporada 1984/85 conservó la categoría solo por la diferencia de gol). Finalmente, lo que todos temían ocurrió en la Bundesliga 1986/87, cuando terminó anteúltimo y se fue a segunda junto al FC Homburg y el Blau-Weiß 1890 Berlin. Fue precisamente en esa hora de angustia para todos los hinchas cuando Campino y sus compañeros comenzaron a tener un rol activo dentro del club. Como primera medida, en 1988 los Hosen decidieron destinar a las arcas del club un marco por cada entrada vendida en la larga gira de presentación de su disco “Ein kleines bisschen horrorschau”, uno de sus trabajos más aclamados. En total fueron 56 conciertos y el dinero recaudado le permitió al Fortunen comprar la ficha del defensa de la selección ghanesa, Anthony Baffoe, quien rápidamente se transformó en un favorito de la hinchada y jugó en buen nivel durante varias temporadas.

También puedes leer:   Golden Graf

Mientras la banda seguía de gira y el Fortuna se pelaba el traste en el duro ascenso alemán en búsqueda del tan mentado ascenso a la Bundesliga (lo lograría en la temporada 1988/89), la realidad cambiante de su país se les vino encima. La crisis económica y política en Alemania Oriental se había agudizado en los últimos años y cada vez eran más los que se animaba a cruzar el Muro de Berlín, aun bajo riesgo de caer en las manos de la temible Stasi, la policía secreta de la Alemania comunista. A mediados de 1989, un evento organizado por grupos pacifistas y que fue conocido como el Picnic Pan-Europeo posibilitó la apertura de la frontera entre Austria y Hungría. Ese fue el inicio de una serie de acontecimientos que culminarían en octubre con la renuncia del histórico Secretario General del Partido Socialista Alemán, Erich Honecker. Finalmente, el 9 de noviembre el muro que dividía a la ciudad de Berlín desde 1961 comenzó a ser derrumbado por miles de ciudadanos de uno y otro lado. Pese al temor de otros líderes europeos –la Primer Ministro inglesa, Margaret Tatcher, le pidió a la Unión Soviética que evite a toda costa la caída de Alemania Oriental y el presidente francés, François Mitterrand, advertía que una Alemania Unificada tendría más poder que el que dispuso Adolf Hitler-, el proceso de unificación entre el Este y el Oeste había comenzado. Las calles de todas las ciudades alemanas eran una fiesta y a ella se sumaron los Hosen. Este acontecimiento tan trascendental encontró a la banda tocando en París, pero, al ver las noticias, raudamente volvieron a casa para unirse a las celebraciones. Al poco tiempo, emprendieron una gira poco común, tocando en los clubes de Alemania Oriental y viajando en bicicleta. En la temporada de la Caída del Muro, el Fortuna no tuvo problemas para mantenerse en primera, pero para 1992 la escuadra otra vez cayó a segunda división, donde estuvo hasta 1995, cuando otra vez volvió a la Bundesliga. Pero su estancia fue corta y al año siguiente ya estaban nuevamente en el ascenso.

La pasión de la banda por el fútbol no solo se restringía a su club. Durante la Copa del Mundo de Italia 1990, viajaron a tierras italianas como corresponsales del periódico TAZ y realizaron varias entrevistas. Entre otros partidos, los Hosen estuvieron en Nápoles el día que la Argentina eliminó a los locales.

Si Campino y sus compañeros habían sido de gran ayuda para el club a finales de los 80’s, una década más tarde alcanzaron el rango de salvadores. Como si se tratara de una broma del destino, mientras que a la banda le iba cada vez mejor y al Fortuna le iba cada vez peor. El nuevo milenio encontró al equipo de sus amores en una situación paupérrima, jugando en la tercera categoría y con una cuantiosa deuda de 8 millones de marcos alemanes, producto de la mala administración de los directivos y los recientes fracasos deportivos. Con el cuadro en tercera, Die Toten Hosen consiguió que la cervecería Dievels aporte de manera indirecta 2 millones de marcos a las arcas del club. El trato fue que la empresa patrocinaría los recitales de la banda –algo que ocurrió solo esa vez- y los Hosen donaban ese dinero al Fortuna. Además, ellos mismo se transformaron en main sponsor de su camiseta de manera gratuita, la cual lució el célebre logo de la banda. El acuerdo entre la banda y el club fue un golazo en términos de marketing, ya que en dos años Fortuna Düsseldorf vendió más de 30,000 camisetas, un número solo superado por el Bayern Munich. Sin embargo, las buenas noticias para las arcas de la institución no tenían su réplica en el campo de juego y en 2002 el Fortunen cayó a cuarta división.

También puedes leer:   Jamal Musiala, el chico al que el Brexit separó de Inglaterra

Esto supuso un golpe muy fuerte para la ciudad, pero otra vez los Hosen se cargaron al hombro la responsabilidad de despertar a todo Düsseldorf y comprometer a los hinchas para que se involucren en el día a día del club. Muchos señalan a ese llamamiento público de Campino como la piedra fundacional de una nueva etapa del club, la cual culminó con su retorno a primera en 2012. Aunque al año siguiente estaban otra vez en la segunda categoría, nunca más el equipo volvió a pasar una época tan negra como la que sufrió a principios del 2000. De hecho, en la temporada 2017/18 tuvieron otra incursión en la Bundesliga, la cual duró hasta el 2021.

Todo lo hecho por la banda para ayudar al club de sus amores les ha ganado el respeto y afecto de la mayoría de los hinchas alemanes, pero hay una excepción. El Bayern Munich tiene un especial encono con Die Toten Hosen, un sentimiento que claramente es mutuo. En el año 2000, la agrupación editó “Unsterblich”, su octavo álbum de estudio. Uno de los sencillos promocionales fue “Bayern”, una canción dedicada al club más exitoso del país y en la que, como era de esperarse, Campino no escatima en dardos para con los bávaros: “No abriré mi puerta / Porque a mí no se me ocurriría / Con gente como la del Bayern / Ensuciar mi personalidad (Dañar mi carácter) / Solo quería dejarlo claro / Para que nos entandamos bien / No tengo nada contra Munich / Solo no iría al Bayern”.

Como era de esperarse, el lanzamiento de esta canción suscitó una gran polémica que los medios de comunicación exprimieron a más no poder. En Alemania, atacar al Bayern Munich es como atacar al Canciller, con la excepción de que, en el caso del club, la defensa a ultranza de los medios es total. Los noticiarios se llenaron de imágenes de jugadores e hinchas del club tirando los discos de la banda a la basura, y el mismísimo Franz Beckenbauer calificó a los Hosen como “la mierda de la sociedad que tarde o temprano va a morir”.

Pese al gran tamaño de su enemigo, Campino no se achicó y elevó la apuesta al denunciar que el Bayern Munich transformó a la Bundesliga en un shopping: “Cuando hicimos esa canción, nos enfrentamos a ese inmenso poder sin imaginar la locura que íbamos a desatar incluso fuera del círculo de fanáticos del Bayern. Pero de alguna forma quisimos expresar la frustración que sentimos los equipos chicos ante ese mismo poder con el que es imposible competir”. Nada más punk rock que enfrentarse al poder real.

(Visited 155 times, 46 visits today)
Tags: , ,
Changarín de la palabra, termo de la A-League. Una vez me insultó toda la comunidad croata de Melbourne.

Related Article

Archivos

Nuestras Redes

INSTAGRAM