domingo, 20 junio, 2021
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Si apeláramos al imaginario colectivo, podríamos llegar a la conclusión de que la vida de los pilotos de Fórmula 1 fuera de las pistas es bastante tranquila. Sesiones de fotos, compromisos con la prensa y/o sponsors, entrenamiento en el gimnasio y en el simulador y un mínimo de 20 viajes por año a los países cuyos circuitos conforman el calendario de la categoría. Esta generalización también podría aplicar a su infancia, donde las preocupaciones se limitan al colegio y a encontrar la mejor puesta a punto del karting para la carrera del fin de semana.

Sin embargo, la infancia y la adolescencia de Alexander Albon lejos estuvo de parecerse a esa burbuja de fantasía en la que los corredores parecen criarse. Hijo de un ex piloto británico de categorías de autos de turismo como Nigel Albon y de Kankamol Ansushina, una “empresaria” tailandesa que manejaba una concesionaria de autos de lujo, desde pequeño se vinculó con el mundo automotor por las charlas y los viajes que compartía junto a su padre. Tan enamorado estaba de la velocidad que a los siete años le compraron su primer karting con el que absorbió todos los conocimientos de Nigel y con el que dio sus primeras vueltas a un circuito.

Luego de la separación de sus padres, Albon y sus cuatro hermanos -él es el mayor- se quedaron a vivir con su madre en una casa en Essex valuada en cuatro millones de euros. Allí fue donde la figura de Kankamol, que no veía con muy buenos ojos que su hijo se dedicara a las carreras de autos por miedo a que tuviese un choque grave, enfatizó la importancia de la educación y envió a sus cinco hijos a una escuela privada que le costaba poco más de diez mil euros al año. Esa era la condición innegociable para que Alex siguiese ligado al mundo motor: rendir académicamente y que la escuela no pasase a un segundo plano en su vida.

Con tan solo 12 años, en 2008, la familia Albon vio como su madre era arrestada por fraude millonario relacionado a su concesionaria de autos de lujo. Resulta que esa empresa no era más que una estafa piramidal en la que Kankamol “vendía” modelos de Ferraris, Bentleys y Rolls Royces a precios “con descuento” para que los compradores pudiesen revenderlos y obtener ganancias a corto plazo. La mayoría de ellos nunca llegaba a ver el auto que había comprado y, en consecuencia, demandaron a la madre de Alex ante un juzgado que la declaró culpable. En todos sus años de prácticas fraudulentas había acumulado 8 millones de euros, aunque recién en 2012 su caso tuvo una condena firme de seis años de prisión. A eso se le sumó la orden del juez de embargar la casa de los Albon y las carteras de Kankamol, que, entre todas, estaban valuadas en 60 mil euros.

Siendo tan solo un pre adolescente, Alex estaba a cargo de sus cuatro hermanos, obteniendo malos resultados en la Fórmula Renault Europea 2.0 y, a fin de año, fue cortado del programa de jóvenes pilotos de Red Bull, al cual, en parte, había entrado gracias a su herencia materna. Cuando recién comenzaba en el circuito inglés de kartings su padre le aconsejó que usara la licencia tailandesa para distinguirse del resto de sus pares y, por ende, llamar la atención de los scouts de equipos de series de autos tipo Fórmula. En parte por sus habilidades al volante y en parte por su licencia asiática fue que llamó la atención de los encargados del programa junior de Red Bull, que recién estaba dando sus primeros pasos en la Fórmula 1 y en las categorías formativas tras comprar Jaguar en 2004, ya que la receta original de la bebida energética provenía de Tailandia. Fue una estrategia de marketing que creyeron que podía dar frutos en el futuro, aunque tras un par de años perdieron la fe en el pobre Albon.

Así fue como tuvo que rebuscárselas para conseguir apoyo económico en todas las categorías en las que compitió. Al no estar dentro de la estructura de un equipo de Fórmula 1 y sin el dinero de su madre como soporte, los números estaban en rojo para el piloto tailandés cuando se sentaba a negociar con cualquier escudería. Contra viento y marea siguió firme su camino a la máxima categoría del automovilismo y en 2015 la balanza volvió a inclinarse a su favor: su madre fue liberada después de que le redujeran la condena a la mitad y cerca de fin de año el director del programa junior de Lotus, Gwen Lagrue, lo apadrinó y le facilitó su llegada a la GP3 Series en ART, uno de los equipos más fuertes de la categoría.

Esto le permitió demostrar toda su habilidad al volante y en 2016 fue subcampeón de la categoría por detrás de Charles Leclerc, actual piloto de Ferrari, que le terminó valiendo el ascenso a la F2 de la mano de la escudería francesa. Pese a que seguía con dificultades para conseguir sponsors suficientes, su rendimiento en la GP3 hizo que los directivos de ART dejaran en segundo plano la faceta económica. Pero, cuando los resultados no lo acompañaron en 2017, volvieron a priorizar la solvencia de los números y le informaron que no lo iban a tener en cuenta para la temporada 2018.

Los tests de post temporada los hizo con DAMS, cuyos jerarcas estaban tan entusiasmados de contar con sus servicios que, cuando a principios de 2018 Albon seguía sin encontrar patrocinadores que aporten grandes cantidades de dinero, le ofrecieron contratos por una sola ronda que fueron renovando hasta que apareció el dinero. Como los resultados en los dos primeros fines de semana del campeonato fueron sumamente prometedores, una pole position y un segundo puesto, llegaron empresas con capital suficiente para respaldarlo durante toda la temporada y Alex por fin pudo firmar un contrato de un año con DAMS. Mal no le fue, ya que finalizó 3° en el campeonato detrás de George Russell y Lando Norris, actuales pilotos de Williams y McLaren respectivamente.

 

Zak Mauger

 

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El futuro del tailandés parecía dirigirse a la Fórmula E, donde DAMS tenía un equipo en conjunto con Renault, que en la temporada 2018/2019 iba a reemplazar a Nissan, y le ofrecieron un contrato de varios años para que dejara los autos a combustible y se sumara a la categoría eléctrica. Pero las vueltas del destino lo volvieron a enfilar rumbo a la Fórmula 1, ya que nuestro protagonista recibió una llamada del Dr. Helmut Marko, uno de los directivos de Red Bull, para ofrecerle un asiento en Toro Rosso, el equipo filial de la empresa austríaca.

El sueño de Alex se cumplía y no tenía intenciones de desaprovechar esta oportunidad. En su segunda carrera del año terminó en los puntos con un auto de los menos fuertes del pelotón de mitad de tabla y se situó al mismo nivel que su compañero Danil Kvyat, que contaba con más de cinco años de experiencia. Todo esto ocurría ante la atenta mirada de Kankamol, quien había hecho las paces con su hijo y lo acompañó en varios grandes premios desde los boxes del equipo.

 

 

Paralelamente, Pierre Gasly, quien había dejado vacante el asiento en Toro Rosso para dar el salto a Red Bull, estaba teniendo el peor inicio de temporada posible demostrando que no estaba a la altura del desafío que implica ser compañero de Max Verstappen. La situación se tornó insostenible para la escudería de la bebida energética, quienes en el fin de semana del Gran Premio de Austria citaron a Albon para un encuentro con los jefes de equipo. Él creía que iban a hablar de su desempeño hasta el momento o de los planes de retenerlo para 2020, pero el tema de conversación fue el único que nunca se le había cruzado por la mente: querían que reemplazara a Gasly luego de las vacaciones de verano. Es muy poco frecuente que un equipo cambie su dupla de pilotos durante la temporada, pero en Red Bull no podían tolerar los errores y la falta de competitividad de Gasly en uno de los mejores autos de la grilla.

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Claramente Albon aceptó y en su primer Gran Premio vestido de azul, rojo y amarillo mate sorprendió a todos finalizando en la 5° posición después de haber largado desde el fondo de la parrilla, con un adelantamiento en la última vuelta con las ruedas derechas sobre el césped. A fuerza de voluntad y templanza para volver a situar al segundo monoplaza de la escudería donde originalmente debería haber estado durante todo el año, el tailandés estuvo cerca de conseguir su primer podio en el Gran Premio de Brasil, aunque un toque con Lewis Hamilton lo privaría de conseguir ese hito. Como si el destino se hubiese encaprichado, en esa misma carrera Gasly terminó en el segundo puesto a bordo del Toro Rosso y las dudas sobre quién debería acompañar a Max Verstappen en 2020 volvían a aparecer.

 

 

Los directivos de Red Bull renovaron su confianza en Albon y lo confirmaron como segundo piloto de la escudería durante todo el año. Esta vez no iba a aprovechar la oportunidad como en 2019, ya que a lo largo de toda la temporada nunca pudo siquiera acercarse al ritmo del holandés ni de los Mercedes. Su futuro volvía a tornarse incierto con una diferencia rotunda respecto a las experiencias anteriores: los problemas económicos habían desaparecido y ahora se debía exclusivamente a su performance. Como si la situación no fuese lo suficientemente preocupante, Racing Point anunciaba que Sergio “Checo” Pérez se quedaba sin lugar para la temporada 2021 y el único asiento para un piloto de su calibre que aún quedaba sin confirmar era el de Red Bull.

La dirigencia se terminó decantando por el mexicano luego de que ganara el primer Gran Premio de su carrera en Bahréin y finalizara en el 4° lugar del mundial de pilotos. Nada podía hacer Alex, que pasará todo este año como piloto reserva de Red Bull y compitiendo en simultáneo en el DTM para mantenerse activo.

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¡Buenas gente! Soy Facundo Osa, tengo 20 años y me gusta escribir de todo un poco. Últimamente estoy en una parte más polideportiva de mi escritura ya que me alejé del fútbol porque dejó de atraparme como antes. Así que ya saben, cada vez que vean alguna nota que sea de algún deporte que no frecuentamos tanto en la página, seguro sea mía jajajaja. Ya que están, síganme en Twitter (@FacuOsa) si no se quieren perder de nada del mundo polideportivo (especialmente rugby, básquet y automovilismo).

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