sábado, 8 junio, 2019
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“Hola, me llamo Jupp, tengo 55 años y vivo en Potsdam. Por sí sólo, estos datos no dicen nada más que los de cualquier habitante de la capital del estado federado de Brandeburgo. Sin embargo, Potsdam ha sido importante para la historia de Alemania y, por ende, del Mundo. Aquí, mediante un pacto, se decidió que el Mundo estuviera polarizado en comunistas y no comunistas. Hicieron de jueces -por encima de nuestras voluntades- para repartirse una ciudad vecina (Berlín) como si fuese una guerra silenciosa en ideas, pero cargadas de soluciones duras entre muebles que esconden silencios, ocultan decisiones de complicadas consecuencias, y miradas árticas a partes iguales. La ciudad ha crecido mucho desde que Federico, el emperador prusiano, decidiera pasar sus veranos aquí. Tres cuartas partes de la ciudad son verdes, siendo el barrio de Babelsberg la mayor de ellas. Como su nombre indica, esta vecindad es el núcleo principal de la ciudad. Es un barrio con solera: primero fue un asentamiento colonial y refugio para los emigrantes de Bohemia, Silesia y muchas familias pobres del este que, bajo la promesa de un trabajo y educación para sus hijos, transformaron la ciudad para siempre. Muchas tiendas empezaron a abrir sus puertas, al mismo tiempo que muchas fábricas han hecho crecer a esta torre de Babel. Fue en este lugar dónde he nacido, crecido y, con toda probabilidad, será aquí dónde muera”.

Jupp Swarowski presentaba, con su testimonio recogido en un vídeo, lo que significaba este enclave para él. Esa cinta le llegó a Frida Harlsberg -concejal de cultura de Postdam- entre los miles de vídeos que han llegado para fomentar el sector turístico de la capital brandeburguesa. Frida conoce bien la ciudad. Es más, ella también nació en la misma y sabe lo difícil que es haberse criado con una formación más dura, que le ha permitido ser menos niña que a las mujeres de su generación al otro lado del muro. Al ver este vídeo, declara emocionada: “no es porque sea de aquí, pero para mí es una de las ciudades más bonitas, tranquilas y pacíficas que conozco. Mi rincón del mundo está en el parque de Babelsberg”. Sabe de lo que habla. A Frida, las películas históricas que se conservan de la era RDA, le hacen recordar cómo se hacían las cosas en la antigua Alemania del Este. En unos meses se cumplirán treinta años de las manifestaciones que hacían presagiar el fin de la división.

 

“Yo nunca pude crecer con Mickey Mouse o el Pato Donald en la televisión. ¿Los regalos? Santa Klaus nos dejaba algo que pudiéramos aprovechar al máximo. Sólo había una marca de cada producto necesario; entendí. Era lo normal. Lo extraordinario estaba por llegar”.

 

No obstante, reconoce que ha sido difícil para todos adaptarse a la era capitalista; “en Postdam tardamos mucho en acostumbrarnos e igualarnos económicamente a las ciudades del oeste. Creo que, en cierta manera, aún lo hacemos”.

Ahora, desde la concejalía, con su marido y su hijo Johannes de 5 años, todo se ve diferente: “pese a nacer en la RDA, yo me siento 100% alemana; fui a un colegio, instituto y universidad públicas. Saque mi licenciatura trabajando en un bar y ahora, después de todo, me estoy sacando un master. Creo en el trabajo, en la participación ciudadana y en el esfuerzo; no creo que lo de todos deba ser para todo el mundo cuando no esto no es cierto. Más bien era al contrario: todo no era de todos, sino de unos pocos. No simbolizan mi sacrificio y mi lucha, pues son mías, y no del Estado socialista”.

Por las declaraciones de Frida, se entiende perfectamente que se emocione con las palabras de Jupp. Quizás estén unidas por un vínculo: las palabras de Jupp le recuerdan a su padre fallecido hace unos pocos años. La familia de Frida es oriunda de Görlitz (ciudad fronteriza con Polonia y más cercana al valle del Elba) y emigró a Babelsberg para encontrar trabajo en el sector ferroviario. Sus padres tenían antepasados judíos. Es más, su apellido había sobrevivido a la II Guerra Mundial, prácticamente escondidos del mundo hasta bien entrados en la década de los cincuenta. En la posguerra, el movimiento migratorio no se hizo esperar. Cuenta Frida que sus padres no eran –y nunca fueron- comunistas, ni social-marxistas a nivel ideológico. Ellos sólo querían trabajar y buscar un futuro mejor para sus primogénitos. Sin embargo, todo esto tenía un coste bastante elevado: vivir en una autarquía, en el lado este de un muro donde las reglas eran estrictas y el lema: “todo es de todos”, era la lección (farisea) que se debía aprender. Reconoce que su vida nunca corrió peligro, ni se metió en problemas, pese a que sus padres entendían que estaban en una dictadura, y todos ellos eran contraria a ella. Eso sí, la familia tenía una pasión común que ayudó a sobrellevar su existencia: el fútbol. Era casi una tradición ir, casi todos los fines de semana, al Karl-Liebknecht-Stadion, justo al lado del inmenso Babelsberg Park, para ver jugar al “nulldrei”. Estuviese en la categoría que estuviese, se llamase como se llamase, ese fue el equipo del alma adoptado por su familia; el equipo de todos. Tanto es así que, el hermano de Frida (maestro en educación física) entrena por la tarde a los chicos de seis a diez años, en el pequeño campo al lado del mítico estadio. Una muestra más de lo evidente: el fútbol es su vida y es algo que funciona por tradición, no por modas.

El SV Babelsberg 03, no obstante, sí que tiene una historia que se aleja más en el tiempo que la de la familia de Frida. Como club nunca tuvo una gran repercusión en la Oberliga de Alemania del Este. De hecho, siempre fue un equipo que pasó inadvertido. La mayor parte de su etapa lo sitúa en la segunda división. Tampoco se pudo refugiar en la copa. De hecho, la etapa de mayor éxito deportivo la han alcanzado a comienzos del presente siglo, cuando ascendieron a la 2.Bundesliga (2º división nacional unificado). Sin embargo, Potsdam es de las pocas ciudades alemanas, donde su homónimo femenino tiene más popularidad; el Turbine Potsdam es uno de los grandes clubes de la Frauen Liga, siendo el segundo club que más títulos ha ganado de la Bundesliga unificada. Este éxito creciente de las “turbinas” han dejado en un segundo plano al Babelsberg, que se encuentra en la Liga Regional del Este (4º división) y en la que ha tenido una trayectoria irregular en los últimos años.

Al contrario de lo que se pueda pensar, el SV Babelsberg 03 es un equipo muy especial. La expansión colonial de Nowawes tuvo que ver mucho en ello, pero también Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht tienen mucha culpa. Muy relacionados con los inicios de la izquierda (espartaquista) en Alemania, su legado “más allá del fútbol”, aún se escribe con letras escarlatas. Casi a contracorriente, su afición no sólo busca transmitir la tradición del club, sino que encuentra en el devenir de su historia, la solución a tantos conflictos internos. Filmstadt Inferno –conocidos comúnmente como FI99- son el primer grupo ultra (sin la connotación peyorativa que conocemos en España) del club, y es, con diferencia, el que más ha permanecido vigente cumpliendo con sus orígenes de izquierdas (antifascistas y antirracistas). La tolerancia más que una obligación, es casi un derecho para entrar en los ultras: el logotipo de los tifos lleva la cara de Liebknecht (el nombre del reputado político de izquierdas también es el nombre del estadio).

Si el club es un símbolo en sí mismo, uno de los mayores representantes de esta simbología es la democracia participativa de sus seguidores en sus decisiones del día a día. Ellos tienen una opinión bastante influyente en gran parte de las estrategias comerciales (merchandising y dirección de la tienda oficial del club) y, además, diseñan los programas oficiales. Realizan, entre otras cosas, diversas campañas consecuentemente con su idea política, como por ejemplo campañas contra la homofobia, ayuda solidaria a clubes a punto de desaparecer (de otros países), o campañas anti-represión, con la policía como principal antagonista. Un ejemplo alternativo de que el fútbol es algo más que un deporte, es lo hermanados que están con la afición del Sankt Pauli. Cuentan que muchos le etiquetan como “el Sankt Pauli del Este”. Cada vez que le preguntan a Jupp o Frida, si en el club han de llevar esa etiqueta, ellos responden orgullosos: “Nein. Babelsberg ist Babelsberg”.

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Shark Gutiérrez
Canario de corazón y alemán por devoción, cuento historias que no suelen importar a nadie y suelo estar allí donde la pelota corra y la gente vibre. Amante de la Bundesliga y todo lo que le rodea, mi estilo es no tener un estilo determinado o establecido, entendiendo el fútbol como una perenne globalidad y en la que el aprendizaje es continuo. Miro y escucho, ergo analizo. Me encontrarás en el análisis, en el diálogo y en el sosiego. Estaré rondando por este lugar mientras que todo lo que rodeen a las historias que no suelen importan a nadie, importen de verdad.

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