sábado, 10 agosto, 2019
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“Cuando llegaba el momento de las mujeres para competir al final del evento, los jueces le miraban el culo a otras chicas en un concurso de pasarela, mientras tomaban cerveza y nos anotaban mal los puntos”, aseguró Agostina Pellizzari al recordar algunos de los campeonatos a los que ella participó, junto con su hermana, la decacampeona nacional Ornella.

 

Las Pellizzari son dos surfistas argentinas, campeonas nacionales e internacionales, referentes de la disciplina acuática y, sobre todo, estandartes de la lucha por la igualdad de género que hoy se encuentra arraigada en la sociedad. El reclamo por sus derechos tiene un origen y un proceso que se fue desenvolviendo con el desarrollo de sus habilidades deportivas, la construcción de valores y el soporte de una familia unida.

Ambas fueron criadas en el bosque Peralta Ramos, Mar del Plata (Buenos Aires), bajo la máxima de que “el deporte no tiene género, que la mujer tiene las mismas cualidades motrices que el hombre y que es importante desarrollarlas”, explicó su padre, Daniel Pellizzari, profesor de educación física. “No queríamos criarlas como mujeres, sino las limitábamos. Yo les había hecho un parque de diversiones en un terreno baldío con redes y poleas para que jueguen”. Ya con las estructuras instaladas, Agostina y Ornella invirtieron su tiempo corriendo, trepándose a los árboles, cayendo a las redes y practicando todos los deportes que existían. Así, cuando los chicos del barrio eran invitados al parque de diversiones Pellizzari, quedaban asombrados al notar las habilidades que desplegaban ellas: “ellos venían a pasar el día y mis hijas los daban vuelta, ellos no lo podían creer”.

A pesar de que Daniel había practicado una amplia gama de actividades, uno de los que nunca realizó fue el surf. Como las hermanas pasaban mucho tiempo en el agua, las tablas empezaron a llamar su atención. Así, con el tiempo empezaron a enamorarse del medio líquido en el que sienten que en el agua “se siente otra conexión que en otros deportes, donde se le suma la cuota de adrenalina y el esfuerzo, cualidades que se pueden dosificar, y eso genera un estado de relajación interna y tensión muscular; en ese momento no se piensa en nada más”, según lo definió Agostina.


Ya en la adolescencia, el surf se instaló en la vida de las marplatenses: Ornella realizó su primer viaje internacional para competir a Chile a los 14 años, con el permiso de sus padres, Daniel Perllizzari y Marcela Iarossi, quienes puntualizaron en que “aunque no era común dejar a alguien tan joven viajar sola, además de que es mujer, ellos no podían cortarle la carrera de esa manera, la vida útil de un atleta no es larga”. Por el lado de Agostina, su obsesión era esperar al día siguiente para remontar las olas a la madrugada: “si había olas al otro día yo no salía con mis amigos: preparaba mi tabla, el traje y me iba a dormir ansiosa”. En proporción al crecimiento de sus personalidades, sus capacidades y el desarrollo de sus talentos, las desigualdades se empezaban a visibilizar de manera más acentuada en las distintas circunstancias de sus carreras y de sus vidas.

Agostina llevó adelante un matrimonio traumático, en el cual su pareja la llevó de manera paulatina a alejarse de sus relaciones y del surf. De esa relación nació su hija, Ámbar. Hoy, separada de su ex marido y en proceso de reconstrucción de su vida, afronta una demanda penal porque en las tablas de las Pellizzari está escrito el nombre de la hija con el hashtag #NiUnaMenos: “sufrimos y seguimos sufriendo violencia de género por parte de él; es muy caro buscar una defensa y termina siendo barato retractarme. Es ridículo”. Con la ayuda de Ornella como apoyo emocional y al prestarle la tabla cuando lo requería, Agostina pudo volver a recuperar energía en el lugar donde más se fortalece: “Salí adelante con mi familia, mi hija y mi novio, pero lo más terapéutico fue el surf, en el agua refresco mi amor por el deporte”.

En las competiciones, el cobro de los premios no llegaba a cubrir los gastos que se presentaban, desde el precio de la inscripción, quienes hombres y mujeres pagan el mismo precio, al mantenimiento de las tablas o los accesorios pertinentes al deporte. El primer puesto de las mujeres cobraba desde una quinta parte a la mitad de lo que ganaba el primero por la rama masculina: “el esfuerzo, la concentración, el valor de la inscripción, el costo de las tablas, el de su traslado, es todo lo mismo en ambos sexos, ¿por qué tenemos que cobrar menos de la mitad de lo que ganan los hombre?”, cuestionó Agostina.


Ornella lucha contra la desigualdad en diversos planos: marcas, competencias y ausencia de unión por parte de la rama femenina. Fue una de las primeras en remarcar la falta de empatía por parte de las otras competidoras al momento de reclamar por los derechos de las mujeres en el surf: “cuando alguien reclama por sus derechos la tratan de conventillera en las asociaciones y ninguna de las chicas me apoyaba”. Lo mismo sucedía con los sponsors, los cuales “no la respetaban como atleta, sus resultados eran mayores que los de los hombres y le ofrecían la mitad de lo que cobraba cualquier surfista”. En la actualidad, la decacampeona nacional no tiene un auspiciante principal que acompañe su carrera deportiva ni las competencias próximas a las que va a participar. Su antigua marca principal, una de las que ofrecía poco dinero, según Agostina, discriminaron a Ornella por su imagen y su actitud, que difería con el que pretendía la empresa internacional: “éramos rebeldes y ella tenía muchos tatuajes, tiene un perfil más hardcore, ellos pretendían a una más linda, con carita de Barbie”. Además, según cuenta su padre Daniel, hubo malestar cuando, en el municipio de Mar del Plata, nombraron por mérito ciudadano a un surfista masculino, tras ganar su sexto título nacional, por su “destacada trayectoria como deportista, logrando un innumerable cantidad de títulos a nivel nacional en la disciplina de surf”, pero jamás hubo ni una palabra hacia Ornella que iba por el décimo: “cuando Agostina se enteró, le mandó una nota a los concejales en donde los tildó de machistas por no ver el logro de su hermana, por hacer diferencia de género y se armó un revuelo tremendo”.

A pesar de estas cuestiones, tuvieron la chance de representar al país en las recientes competiciones internacionales: Ornella participó en los Juegos Panamericanos de Lima 2019 y ganó la medalla de bronce, pero seguirá sin un sponsor principal fijo, por lo que esperará el contacto de las marcas. Por el lado de Agostina, tuvo la posibilidad de ser parte del Mundial de surf en Francia organizado por ISA que fue a fines de mayo de este año, gracias a sus resultados en la categoría longboard en los que salió invicta, pero al anunciarse el evento un mes más tarde del cierre de presupuesto, el ENARD dejó fuera del cronograma al Mundial de esa categoría: “hoy, viajar a Francia sale $ 50.000 el pasaje, U$S 800 diez días de estadía en un hostel inmundo, más U$S 600 de traslado de tablas, más comida. Necesito $ 200.000 más o menos”. A pesar de estas cuestiones, la Asociación de Surf Argentina tampoco brindó el apoyo necesario para que Agostina pudiera viajar.


La actualidad de las Pellizzari está rodeada por el deseo de crear proyectos o mantenerlos. Además de seguir compitiendo en la categoría longboard, Agostina da clases de surf en Mar del Plata en donde asegura que “participan muchas mujeres porque prefieren no tenerlas con hombres, les da más confianza”. A su vez, con respecto a la crianza de su hija, espera que Ámbar “sea una buena persona para este mundo y que sepa que un deporte va más allá de la vida útil de una persona, que lo puede practicar toda su vida”. En cuanto a Ornella, participará en el mundial organizado por ISA en Japón en la categoría tabla corta, en donde, si sale campeona, conseguirá una plaza para ser parte de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Además, su proyecto más ambicioso, además de su carrera deportiva, es el desarrollo de su marca personal Latin Mafia que comparte con otras surfistas latinoamericanas.

En una modernidad líquida donde, en el pasado, las estructuras sociales se mostraban sólidas hoy se desvanecen dando lugar a una realidad en la que prima la novedad y cambia constantemente, las hermanas Pellizzari seguirán remontando las olas de discriminación y machismo para levantar la bandera de la igualdad porque, como dicen ellas: “esto no puede seguir así”.

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Lucas Acosta
Porteño nacido en 1996 que está en una constante búsqueda de conocimientos. Plasmo mi pasión por el periodismo en cada nota que escribo. Amante del deporte y la sociología, las cuales busco combinar a menudo. Entusiasta en aprendizaje.

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