martes, 30 noviembre, 2021
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El cuento empieza como todos los cuentos ¿no? Érase una vez, un 20 de octubre de 1976. En la vieja cancha de Boyacá y Agustín García se jugaba un partido de fútbol, claro, como tantos otros partidos. Pero aquí jugaban Argentinos Juniors y Talleres de Córdoba, cuando de repente se aparece él.

Aquel chiquilín habilidoso que jugueteaba con una pelota en un potrero cerca de donde vivía junto con Don Diego y Doña Tota, aparecía en escena para cumplir un sueño que tenía guardado debajo de la almohada.

Juan Carlos Montes fue el técnico, lo llamó y le dijo: “Venga pibe, entre por Giacovetti y muéstreme como se juega esto”. Con una sonrisa en la cara, ese chiquilín entusiasmado mostraba su espalda con el numero dieciséis al mundo por primera vez. Cualquier loco de las estadísticas dirá que esa tarde Argentinos Juniors perdió 1 – 0; la realidad marca otra cosa: había empezado a ganar por goleada.

Un 7 de febrero de 1977, con tan solo once partidos en primera y con dos goles, ‘El Flaco’ Menotti lo hizo debutar en la selección mayor contra Hungría en la cancha de Boca.

Claro que ese mismo ‘Flaco’ Menotti que le entregaba la primera rosa, también le acercó la primera espina. Y como siempre dice: “Elegir significa eliminar”; con una lágrima rebelde rodando por su cara, el pibe se quedó afuera del Mundial ‘78.

Las fechas en este cuento se suceden y desde el 26 de agosto al 7 de septiembre del ‘79 hizo levantar muy temprano a toda la Argentina para verlo a él alzar la Copa Mundial juvenil allá en Japón, junto al ‘Pelado’ Díaz y compañía.

La frase dice: “Al que madruga Dios le ayuda”, y era cierto nomás. El Dios del fútbol madrugó y los ayudó. La historia de este extraterrestre se fue escribiendo: con caños, gambetas, sombreros, jugadas y goles espectaculares. Y fue pegando saltos, como si recordáramos el 24 de mayo de 1980: Wembley, la catedral del fútbol, lo recibe. Y junto con él estaban los que mostraron el fútbol al mundo.

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Diego les dice: “Vengan acá”, los deja mudos. Una jugada monumental por la derecha deja ingleses en el camino, lo enfrenta a Clemence; se la tira al palo más lejano y va gritarlo con todas sus fuerzas, pero la “caprichosa”, que decide el destino de cada jugada, le dijo que no y se fue muy cerca del palo mas lejano.

¡Oh!,:” ¿cómo me podés hacer esto?”, pensaba Diego, cuando a la vuelta recibía la bronca de su hermano ‘Lalo’ que le dijo: “¿Por qué no lo gambeteaste?” – “¿que sabés vos?” – le dijo Diego, aunque se guardó la idea en la cabeza.

Ustedes saben, hoy se habla mucho de computadoras, de archivos electrónicos, de Internet. Él no necesitó eso para activar su genio seis años mas tarde, en medio de un Mundial y contra Inglaterra otra vez, en versión mejorada, hizo aquella memorable jugada. Y después de dejar a cuantos ingleses se cruzaban, enfrentar al arquero que ahora era Shilton, ahí en el momento mas difícil, ahí donde todos están apurados, ahí dentro del área se acordó del ‘Lalo’ y del: “¿Por qué no lo gambeteaste?”.

Y terminó así su obra maestra. Y convirtió el gol más maravilloso que haya visto algún terrestre alguna vez. Nunca, pero nunca, una Copa del Mundo estuvo en mejores manos. Nunca, nunca, nadie logró tanto en una Copa Mundial. Nunca, nunca, nadie fue mas trascendente en una conquista de este tipo. Claro, hay una razón: los demás son humanos.

 

 

Los saltos de esta historia no nos hacen olvidar el campeonato de Boca del ‘81. La noche del 10 de abril cuando le ganan a River 3 – 0 con dos goles de Miguelito Brindisi y uno del ‘Mago’, ¡inolvidable!

Saltó en el área, voló en el área para bajarla con la zurda, dejó en el piso al ‘Pato’ Fillol y eligió un rincón donde ponerla. Ya recuerdo haber visto al fotógrafo que corrió para sacarle una foto y resbaló, ¡no lo pudo alcanzar! Lo que pasa es que no salía en las fotos, no era humano, viejo.

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Un día se fue a España, a reemplazar a los toreros. Y un 26 de septiembre de 1983 lo agarró un toro traicionero, llamado Goikoetxea. “Pucha día, che”, era humano nomás, y por eso lo lastimaron feo. Tuvo hepatitis. Pero con todo eso les dejo una Copa del Rey en las vitrinas al Barcelona y un montón de amagues, sonrisas y goles.

Cambia la historia: julio, verano en Europa, año ‘84. En una bella y apasionada ciudad fueron presentados: por acá el Diego y por acá el Napoli. Una ciudad al sur de Italia, para mas datos.

Alguien una vez le dijo: “Esta es tu casa”, y él les creyó. Como muestra de su afecto les dio en la temporada 86 – 87 lo que nunca habían tenido y siempre soñaron: el Scudetto de Italia, ¡Campeones por primera vez!, no lo podían creer.

Para que dejaran de pellizcarse lo volvió a ganar en la temporada 89 – 90, y como si esto fuera poco y al mismo precio, “seguimos regalando” decía Diego, les dejó la Coppa Italia, la Copa de la UEFA y el máximo trofeo al goleador en la temporada 87 – 88. No se creía Dios, no. Era Dios para los napolitanos.

En el Mundial del ‘90, se acuerdan, ¿no?, jugó contra las lesiones, pero sin abandonar el barco y llegó hasta la final. No sin antes hacer una jugada de aquellas para dejarlo solo al ‘Cani’ contra Brasil, o para anotarle un gol de penal a Italia en semifinales en su propia casa, festejado, hasta por los napolitanos.

En ese Mundial, ahí, me di cuenta de que era humano. Cuando lo vi lagrimear de bronca cuando la Copa y el título, que tan bien le quedaban en sus manos, ya no estaba más.

El gol contra Grecia en el ‘94, que como dijo Alberto Cortés: “Diego nos legara como herencia”, fue otra pincelada histórica, inolvidable. Haciendo sonar a la banda, dándole el último toque a las redes con un zurdazo al corazón.

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Hoy dicen que te vas, que te fuiste, que no estuviste en el ultimo Mundial, que no estuviste con tu novia de toda la vida la pelota hipnotizando a todos. Pero será un loco nomás, porque cada vez que haya una pelota por el aire o por el suelo deslizándose presurosa a esconderse en el fondo de un arco, estarás tú, si tú, Diego. El dueño del destino de cualquier pelota.

Gracias Dios por traerlo, gracias fútbol por elegirlo entre todos los deportes, gracias linda pelota por haberlo hecho jugar de esa manera, que en definitiva será a la manera de un genio, es decir, a tu manera.

 

 

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Comunicador Social y Periodista colombiano. Fanático del deporte en general y apasionado por el fútbol. Amante de las buenas historias que pueden cambiar la vida de las personas.

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