domingo, 11 abril, 2021
Banner Top

Victorias, empates y derrotas. Anécdotas con una sonrisa, respuestas descabelladas y salidas de contexto, además de un sinfín de situaciones que sólo pueden ser contadas de la boca del estandarte de la generación más brillante del fútbol colombiano. Carlos Alberto Valderrama Palacio, el hombre del barrio “Pescaíto” en la ciudad de Santa Marta, no solo nos engalana con la pelota a sus pies, sino con la verdadera forma de vivir el fútbol. Un personaje como él, sirve de ejemplo a las nuevas generaciones para darles un mensaje contundente en el que sólo sirve ganar y jugar bien. 

“El Pibe” siempre tuvo el carácter para hablar dentro de la cancha, afuera no tanto, pero cuando ingresaba al rectángulo verde se transformaba. Como tantas historias contadas y tantos sucesos vividos son los rizos de su melena. No existe un partido de fútbol en el que haya estado Carlos que no tenga una situación – jocosa o triste – de la que él no pueda hablar. Así como cuando le consultan por la actualidad de la Selección Colombia y responde con su escueta frase: “eche, ¿tú eres marica?”, también ha respondido en la cancha y con sus palabras a los pasajes más contundentes de lo que ha vivido en el fútbol.

Un equipo de ensueño

Carlos llega al Deportivo Independiente Medellín a mediados de 1992 luego de una experiencia no muy grata en el Real Valladolid de España en donde comparte camerino con sus compatriotas René Higuita, Leonel Álvarez y el director técnico Francisco Maturana. 

No le fue bien ahí y regresa a su país para ponerse a órdenes de “El Poderoso” de la capital antioqueña. Juega seis meses en los que se convierte en pieza clave del equipo dirigido por el uruguayo Julio Avelino Comesaña, a quien incluso la buena campaña que realiza no le sirve para que la dirigencia del elenco paisa le renueve el contrato para 1993 y el estratega deba irse. 

Dentro de las intenciones del samario estaban conseguir un título en Colombia, logro que le había sido esquivo en todos los equipos que había jugado: Unión Magdalena, Millonarios y Deportivo Cali. Pero la historia iba a cambiar y de qué manera. 

Se llega al año 93´ en el que el gran deseo de Valderrama era integrar, por primera vez, el equipo más representativo de la costa norte colombiana: el Junior de Barranquilla. “El Pibe” sella su salida del Medellín y se reencuentra de nuevo con Comesaña en el equipo costeño. 

En la primera práctica con el plantel, que suele ser como ese primer día de clases para el alumno nuevo, se desata el deseo de conquistar su primera corona. Valderrama ya había sido campeón de Copa de Francia con Montpellier en 1988, pero eso es otra historia.

“No joda Joche, ¿la tercera vez y no vamos a dar la vuelta?”, le preguntó con ese tono burlesco Valderrama a su “nuevo” entrenador. “Ese es problema tuyo, no mío”, le respondió el uruguayo. Le dijo eso porque era la tercera oportunidad en el que el samario y el uruguayo compartían divisa en el fútbol colombiano y hasta ahora no habían alzado una copa. 

Risas van, risas vienen, alegría por doquier y un sinnúmero de expectativas que rodeaban al equipo barranquillero eran los argumentos que “El Pibe” ponía en su equipo para que el plantel le diera su tercer título de liga a una ciudad que los había esperado por 13 largos años. Y la historia no fue diferente a lo que realmente se vislumbraba. El Junior armó un equipo del que aún hoy se tiene memoria y que, según muchos fanáticos y conocedores, fue de los mejores que jugó al fútbol saliendo campeón. 

El equipo de “El Pibe” debía enfrentar a América de Cali en Barranquilla y ganarle para dar la vuelta. Y así sucedió. Cuenta Valderrama que tenía una fe ciega en un joven jugador al que él apodaba “care perro”: se refería a Oswaldo McKenzie. Un hábil y escurridizo volante barranquillero que, con todo y su personalidad, no le alcanzaba para ser titular de aquel equipo.

Es que en ese plantel había una mezcla de experiencia y juventud que hacía que la hinchada “se volviera loca con el equipo”, como lo señalaba el propio Carlos. “La gente iba hasta el hotel de concentración, era una locura”, sentenciaba “El Mono”. Jugadores como José María Pazo, Alexis Mendoza, Francisco Cassiani, Víctor Danilo Pacheco, Iván René Valenciano, Luis Grau, el uruguayo Héctor Gerardo Méndez, Miguel “Niche” Guerrero y el mismo Valderrama, hacían que la titularidad fuera fija y las rotaciones de nómina prácticamente nulas.

Nuestro intérprete lo cuenta bien. “Íbamos empatando con América, 2-2. Y ese día Comesaña nos puso a Oswaldo, a ‘Pache’ y a mí en el medio. Yo le dije a estos pelaos: si queremos que Julio nos siga poniendo juntos, hay que ganar hoy. No hay chance de nada. Hay que ser campeón”. Con esa consigna, jugando bien y aprovechando ese motor en el mediocampo, la alegría para todos los hinchas tiburones llegó al minuto 89. 

Una pelota que rechaza Alexis Mendoza en propia área y el rebote le queda a Valenciano. ‘El Gordo’ se la tira a Pacheco y éste a su vez observa cómo se aleja ‘El Niche’ Guerrero, pero decide que el mejor ubicado es ‘El Pibe’Se la entrega larga al diez y, como los mejores gambeteadores del mundo, amaga con seguir derecho y engancha hacia el centro. Entran risas cuando Valderrama se acuerda que con ese freno que hizo, cuatro jugadores del América siguieron de largo. “Todavía están en Pescaíto”, señaló con una gran carcajada y burlándose de la gambeta sus rivales. 

La visión de Carlos era inmensa. Recuerda que lo que produjo dicha gambeta era el portento de estampa que se le postró enfrente Oscar Córdoba, portero por ese entonces de América. “Cuando me queda la pelota de frente, veo que Córdoba se adelanta y me achica. Yo ya lo conocía a él y sabía que con solo levantar los brazos me agarraba la pelota. Así que decidí tirársela a ‘care perro’”. 

La pelota le llegó a los pies a McKenzie luego de la magistral asistencia de Carlos. Eludió a Córdoba y con los ojos cerrados, como supusieron algunos fanáticos, la clavó de zurda en un ángulo para sentenciar el juego. 3-2 a favor del Junior y campeonato en su propia casa. La apoteosis contada por su máximo protagonista. 

Botellas, furia y empate

El camino al título no fue fácil y jamás lo ha sido para ningún equipo. Para lograr el éxito hay que poner más de lo que sabemos y hasta sangre debe correr. Con Junior no fue la excepción. Antes de enfrentar al América en la final, el cuadro tiburón debía sumar ante el siempre complicado Atlético Nacional en Medellín para llegar con vida a la última y definitiva fecha del torneo.

Tres situaciones que “El Pibe” no se explica cómo sucedieron, en las cuales el equipo verde ganaba 3-0 en el primer tiempo. “Ombe, ¿Qué está pasando en esta vaina?”, se preguntó Carlitos ante el abultado resultado en el estadio Atanasio Girardot. Y se lo preguntaba con ahínco porque ese Junior no era un equipo de especular, no. Era un equipo aguerrido que jugaba de la misma forma de local o visitante.

En los tres goles de Nacional hubo desconcentraciones, errores y pasividad de la zaga juniorista. En especial del defensor Francisco Cassiani y del uruguayo Héctor Méndez a quien Valderrama, con justa razón, les atribuía sus errores individuales que permitían cada tanto del cuadro verdolaga.

“Yo me volví loco”, cuenta graciosamente Carlos. “Se acabó el primer tiempo y me fui al camerino. Me quité la camiseta y me senté en un rincón”, continuó su relato “El Pibe”. “Luego llegó Julio (el DT) y se paró donde siempre se hacía, no dijo nada. Después se sentaron juntos Cassiani y Méndez a tres metros enfrente mío. Yo estaba furioso y esperé que alguien dijera algo y todo el mundo callado”. En ese momento Valderrama explotaría ante sus compañeros de forma inesperada. 

En medio de la desolación del camerino, ‘El Pibe’ cuenta cómo lo solucionó. “Había una botella de agua y pensé: voy a decir algo a ver si me responden. Les dije en voz alta: ¿están cagaos?, ¿se vendieron partida de…?”. En ese momento el único que respondió fue Méndez y acto seguido Valderrama tomó la botella que tenía cerca, y con toda la furia que lo invadía sin mediar palabra, la lanzó fuerte a la humanidad de sus dos compañeros.

De forma graciosa explica lo que sucedió. “Volaron vidrios y si no se quitan ellos dos se las pongo en la cabeza. Es que yo estaba loco”. Valderrama no podía creer que su Junior, de la forma como jugaba, estuviera abajo en el marcador contra un equipo como Nacional y eso desató su ira. Cuando tuvieron que salir a la cancha para el segundo tiempo, Valderrama reunió a Valenciano, Guerrero y Pacheco y les dijo: “Vamos a apretar allá arriba a esos hijos de…”. Y tanto dio el cántaro al agua que por fin se rompió.

Con la determinación de un líder, con pelea en el vestuario y con decisiones propias del orgullo herido, Junior a los 5 minutos del segundo tiempo consiguió el descuento por medio de ‘El Niche’ Guerrero que puso el 1-3. Luego Valenciano acortó diferencia con el 2-3 y por último el mismo Carlos remató de zurda una pelota enviada por Guerrero para poner el 3-3 definitivo.

“Hubo baile y todo luego del empate”, sentenció. “Incluso ‘El Niche’ se comió el cuarto. Yo le puse una pelota a ras de piso, la tocó por el costado del arquero y se fue cerquita del palo. Era el 4-3”, terminó de relatar Valderrama. Así fue cómo este equipo le dio vuelta a un partido que tenía muy enredado, pero que, con botellas y peleas, lo lograron emparejar para llegar vivos a Barranquilla y definir el título ante América. 

¿Y la plata qué?

Culmina el año 1993 en donde Valderrama es campeón con Junior y además termina semifinalista de la Copa Libertadores en 1994 cayendo por penales ante Vélez Sarsfield en Liniers. A ‘El Pibe’ le llega una oferta jugosa de actuar en el fútbol del exterior. Era hora de partir.

“Yo no me quiero ir de Junior, pero si me quieren vender, pues me voy”. Así de contundente les respondió a los directivos ante la posible venta de su pase. Se llega el año 1995 y nuevos aires llegan al equipo de Barranquilla. El director técnico que llegó a la institución, Carlos ‘El Piscis’ Restrepo, no lo tenía en sus planes y se aprovechó la situación para analizar la oferta que había llegado desde Argentina. El club rosarino Newell´s Old Boys se asomaba por la ventana para negociar el pase del diez colombiano.

“Nosotros llegamos a un acuerdo en el que Newell´s debía pagarme por adelantado. En el momento de mi llegada y antes de firmar contrato, debían darme el 8 por ciento de la negociación, y con esas condiciones viajé a Argentina”, cuenta muy serio Valderrama.

El diez tomó un avión hasta Buenos Aires y luego transitó cuatro horas en automóvil hasta Rosario para reunirse con los dirigentes ‘leprosos’ y finiquitar su fichaje. “Comimos, me puse la camiseta, me presentaron y luego del protocolo nos reunimos y les pregunté: ajá, ¿y el maíz (dinero) dónde está que no lo veo?”. Ante esa situación, Valderrama sacó lo mejor de su repertorio ante los argentinos y además hizo gala de su carácter para sentar precedentes. 

Resultó que Newell´s no pudo pagarle por adelantado esa suma que habían acordado previamente porque al club rosarino no le habían girado el dinero de la venta de Norberto ‘El Gringo’ Scoponi al fútbol mexicano. Por lo tanto, debían “esperar” a que se realizara esa transacción para que le cumplieran su palabra a Carlos y, evidentemente, pagarle su dinero.

Ya se imaginarán la respuesta que les dio el personaje de esta historia ante semejante argumento de los argentinos. “¿Que, qué?, ¿esperar?, ¿y yo que tengo que ver con eso?, ombe, ¿no espero ni a mi mamá y si los voy a esperar a ustedes? No joda, ¡sean serios que nosotros llegamos a un acuerdo!”. 

Y no se diga más; ‘El Pibe’, ante dicho incumplimiento, y con todo el enojo del caso, les exigió a los dirigentes de Newell´s que trajeran el carro que lo había llevado hasta Rosario y ordenó que lo devolvieran a Buenos Aires para viajar de nuevo a Colombia. No se hizo la negociación, no se firmó contrato y finalmente Valderrama no fue ‘leproso’.

Al llegar a Barranquilla nuevamente, Carlos arregló su contrato con Junior, formó parte de ese equipo en el que “el técnico no lo quería” y el plantel cabalgó de nuevo la liga cómodamente consiguiendo un nuevo título ese año, incluso, perdiendo contra Santa Fe en Bogotá en la última fecha.

El prócer colombiano es así, escueto, contundente y afable a la vez. No se deja meter “gato por liebre” como decimos aquí. Lo que sí hace es sacarnos una risa con sus ocurrencias e historias y dejarnos claro que Carlos Valderrama sólo existe uno. El único al que la 10 y la melena le sirven para hablar cuando tiene que hablar y jugar cuando se tiene que jugar.

  • ¡Hola! Esperamos que hayas disfrutado del artículo. Antes de que te vayas queremos recordarte que estamos preparando cosas grandes, pero necesitamos la ayuda de nuestros lectores para hacerlas realidad. Por eso, si te gusta lo que hacemos en The Line Breaker, abrimos un canal para que consideres invitarnos a un café y así ayudarnos a mantenernos en pie.
(Visited 20 times, 1 visits today)
También puedes leer:   América de Cali: tres intentos fallidos por dominar Sudamérica
Tags: , , , , ,
Avatar
Comunicador Social y Periodista colombiano. Fanático del deporte en general y apasionado por el fútbol. Amante de las buenas historias que pueden cambiar la vida de las personas.

Related Article

The BreakerLetter

Archivos

¡Ya salió la The Lines 13!

Consíguela haciendo clic aquí

Nuestras Redes

INSTAGRAM

Mis Marcadores