martes, 20 octubre, 2020
Banner Top

 

¿Cómo definir la vida de un personaje que nació, vivió y se desarrolló en un mundo sumamente convulsionado, a tal punto de terminar representando a tres banderas distintas en tan poco tiempo? ¿Cuál es la gente con la que se puede celebrar el ser uno de los mejores gimnastas de todos los tiempos? ¿Cómo se supera el tener a tu esposa en coma, con la incertidumbre de no saber que pasará el día de mañana? ¿De qué forma se convive con la fama y la presión? La única persona que puede plantearse estas preguntas y tener éxito al contestarlas no es otro que el ahora bielorruso Vitaly Venediktovich Scherbo, el protagonista de esta historia y que también supo competir con las insignias de la Unión Soviética y de la Comunidad de Estados Independientes. 

Nacido el 13 de enero de 1972 en Minsk, su madre lo “arrastró” a la gimnasia, deporte que consideraba apto para un niño con bastante hiperactividad. Y la apuesta le salió redonda. Vitaly no solo comenzaría a mostrarse entre sus pares como un verdadero niño prodigio, sino que, además, empezaba a enseñarle a los soviéticos sus enormes ansias de triunfo, unas que si bien le servían a modo de motivación, muchas veces le llevaban a tener algunas confrontaciones con las calificaciones que los jueces le otorgaban. El joven era un volcán siempre a punto de erupcionar: o lo hacía en los elementos o contra sus enemigos, los dictadores de números.  

A diferencia de las mujeres, que competían a una edad demasiado temprana en las altas competencias internacionales, las oportunidades para Scherbo se hicieron esperar. Recién en 1990 pudo mostrarse ante el mundo tras un año entrenando junto a Leonid Arkaev, quien fue el que lo reclutó para ser parte del equipo. Serían apenas seis años en donde el nacido en la capital de Bielorrusia revolucionó al mundo de la gimnasia. En Lausana (Suiza), en el marco del Campeonato Europeo, consiguió tres medallas doradas, preseas que empezaron a posicionarlo dentro del mapa mundial de cara a los Juegos Olímpicos de Barcelona. Incluso en una de ellas, el salto en potro, conseguiría nada menos que un 10.0. 

Aquel inicio de década fue sumamente complejo. Y es que desde marzo de aquel año comenzó el proceso que llevaría a la posterior desintegración del poderoso país comunista. Vitaly, con su malla azul, competía y ganaba títulos para una nación que estaba próxima a desaparecer del mapa. De hecho, el 26° Mundial de Gimnasia Artística disputado del 6 al 16 de septiembre de 1991 en Indianápolis, Estados Unidos, fue el último evento en el cual Scherbo pudo ver ondear por todo lo alto la bandera del martillo y la hoz, una que dejaría de flamear definitivamente el 25 de diciembre de dicho año. 

Los gimnastas rojos, sin embargo, quisieron darle a un pueblo lleno de incertidumbre un último baile glorioso, llevándose cinco de los ocho oros en juego en la rama masculina (las mujeres, a su vez, conseguieron tres de seis). Scherbo fue clave para que su equipo, compuesto por Grigory Misutin, Valeri Liukin, Igor Korobchinsky, Valery Belenky y Alexei Voropaev, se quede con la presea dorada derrotando en el proceso a China –el nuevo gigante- y Alemania. A su vez, se colgó también las medallas de plata en salto en potro, piso y el all around individual, más un bronce en la barra horizontal.  

 

Barcelona y la perfección 

Tras la desintegración de la Unión Soviética apareció en escena la Comunidad de Estados Independientes (CEI), la cual es, a grandes rasgos, una organización supranacional compuesta por varias de las repúblicas que formaban parte del gigante caído. Al momento de crearse eran parte de ella Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán, Moldavia, Rusia, Tayikistán, Turkmenistán, Ucrania y Uzbekistán, aunque en la actualidad tanto georgianos como ucranianos dejaron de ser parte por los conflictos armados que tuvieron a los rusos como contraparte.  

El CEI tuvo una vida efímera a nivel deportivo, compitiendo solamente en 1992, aunque su paso es todavía sumamente recordado a nivel olímpico, ya que terminaron siendo los ganadores de los Juegos por sobre Estados Unidos, Alemania y China. La gran figura de este equipo, por supuesto, provenía de Minsk. 

Antes del certamen olímpico Scherbo tuvo la posibilidad de probarse en el Mundial disputado en París. Allí dejaría en claro que no era de conformarse con poco. Podía ser joven, sí, pero ya era una figura hecha y derecha. Era todo un veterano con solo dos años de competencias internacionales encima, una anomalía de la naturaleza.  

Vitaly compitió en las ocho categorías existentes y alcanzó la estratosférica suma de seis medallas doradas, una hazaña solo superada por los nadadores Michael Phelps y Mark Spitz. Obtuvo incluso cuatro en un solo día, un récord que parece imbatible, todo esto sin haber podido obtener buenos resultados en piso (sexto en la final) y barra horizontal (donde no llegó a la final por terminar 11° en las eliminatorias), por lo que su actuación pudo haber sido incluso más legendaria de lo que fue. 

 

También puedes leer:   90 de los 90: Los Dream Teams II y III, equipos de sueños y sombras 

 

Aquel muchacho rubio, vestido nuevamente de azul como en su época con la URSS, demostró una gracia impresionante en cada elemento en el que estuvo, dejando boquiabiertos a los miles de espectadores que visitaron el Palau Sant Jordi. Realizaba saltos imposibles, giros llenos de gracia y un equilibrio casi perfecto. Su cuerpo se movía casi por instinto y su rostro permanecía impoluto pese a los ensordecedores aplausos que caían de las gradas. Él no estaba ahí para recibir elogios: estaba para llevárselo todoCitius, Altius, Fortius 

Al final se llevó la competición individual (por sobre Misutin y Belenky, los cuales comenzarían a ser rivales, el primero representando posteriormente a Ucrania y el segundo a Alemania) y por equipos y las barras paralelas, el caballo con arzones, el salto en caballo y las anillas. Fue la gran figura individual de los Juegos de Barcelona y, por supuesto, el máximo ganador, siendo Misutin el segundo con cinco, aunque con cuatro de plata.  

Para Scherbo todo iba viento en popa: en los siguientes años conseguiría hasta 14 medallas doradas, ahora representando a Bielorrusia. Se había convertido en el amo y señor de la gimnasia, siendo siempre número puesto para llevarse varias medallas en los eventos a los que asistía. No había cuello más duro que el de él en aquellos maravillosos años de mediados de los 90´. Sin embargo, todo lo que sube no permanece en la cima de manera indeterminada y él lo viviría en carne propia. 

 

De sombras y luces 

El 13 de diciembre de 1995 su esposa Irina tuvo un horrible accidente automovilístico que la dejó en coma por un mes y con pocas posibilidades de sobrevivir. Para Vitaly aquella fue, sin dudas, la peor experiencia de su vida. Decidió luchar junto con su mujer, dejando totalmente de lado el deporte (también debía cuidar de su hija, Kristina). Los días fueron pasando y poco a poco el bielorruso se fue sumiendo en la tristeza, subiendo bastante de peso y consumiendo alcohol de manera desmedida para intentar mitigar un poco de su dolor. Todo parecía perdido, pero de manera milagrosa Irina despertó de su sueño y, como si de una película se tratase, le dijo a su marido que dejase de lado la tristeza y se volviera a enfocar en los Juegos. Él había dado todo por ella y ahora tocaba el turno de dejarse cuidar y querer. 

Con ánimos renovados, Scherbo volvió al ruedo con cinco medallas (tres de oro) en el Europeo de Brondby (Dinamarca) y volvió a apuntar a los Olímpicos, sabiendo que, pasara lo que pasase, alguien estaría velando por él. Sabía que este no iba a ser un evento sencillo; en frente estaba el ruso Alexei Nemov -que comenzaba a convertirse en la nueva cara de la gimnasia, deporte siempre cambiante- y el chino Li Xiaoshuang, además de saber que costaría ganar una presea por equipos. Ya no competía con las poderosas URSS o CEI, sino que ahora el hombre que vestía con el uniforme negro (con vivos verdes) de la humilde Bielorrusia. 

Sin embargo, él había viajado a Atlanta con una mentalidad diferente a la que solía tener. El perfeccionista y hasta efervescente europeo ahora mostraba una calma insólita ante los resultados que aparecían en pantalla. Y es que no había volado hasta los Estados Unidos para llevarse la gloria y los aplausos: lo hacía para sentirse libre después de la agonía vivida. Había bajado de peso y dejado el alcohol. Era otra persona, y eso se notó en los resultados. 

 

Michael Steele/EMPICS via Getty Images

 

También puedes leer:   90 de los 90: Félix Savón, el campeón del pueblo

Scherbo no pudo ganar medallas doradas, pero si se llevó hasta cuatro preseas de bronce (all around, barras paralelas, barra horizontal y salto de caballo) y ayudó a su nuevo país a luchar hasta el final por el podio, llegando hasta la cuarta posición, muy cerca de la Ucrania de sus ex compañeros Misutin y Korobchynskyi, siendo Rusia la campeona. Hace solo seis años todos formaban parte de una sola y enorme nación. Eran otros tiempos. 

La carrera de Vitaly se cortaría finalmente un año después, cuando se rompió la mano en un accidente de moto. Pero nunca se desligó de su deporte, ya que se fue a vivir con su familia a Las Vegas, donde pondría su propia escuela de gimnasia. Nadie pudo reprocharle nada: en solo seis años Scherbo logró ganar nada menos que 10 medallas olímpicas, ganó al menos una vez un título en todos los aparatos y tiene en sus vitrinas 23 medallas de Campeonatos Mundiales. Incluso tiene un movimiento a su nombre en el salto de caballo, algo al alcance de muy pocos mortales. 

Si bien el país donde había nacido ya no existía al final de su trayectoria, Scherbo alcanzó algo eterno: hacer que todo el mundo se pusiera de pie para aplaudirlo, sin importar cuál era su nacionalidad al momento de competir. Incluso hoy, varios años después de sus gestas, uno no puede más que maravillarse al verlo competir. Al final Vitaly logró trascender derrumbes, crisis económicas, conflictos políticos y hasta tener que competir contra antiguos amigos para transformarse en el mejor. Un ícono que se resistirá a morir.  

 

Fuentes: International Gymnastic Hall of Fame, AS, Los Angeles Times, Olympic 

 

  • ¡Hola! Esperamos que hayas disfrutado del artículo. Antes de que te vayas queremos recordarte que estamos preparando cosas grandes, pero necesitamos la ayuda de nuestros lectores para hacerlas realidad. Por eso, si te gusta lo que hacemos en The Line Breaker, abrimos un canal para que consideres invitarnos a un café y así ayudarnos a mantenernos en pie.
Tags: , , , , , ,
Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

Related Article

0 Comments

Leave a Comment

The BreakerLetter

¡Ya salió la The Lines 13!

Consíguela haciendo clic aquí

Wing, el espíritu del fútbol

Mis Marcadores

Nuestras Redes

INSTAGRAM

Archivo