miércoles, 28 octubre, 2020
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Los comienzos nunca son fáciles, especialmente cuando todas las esperanzas de crecer en un determinado ámbito están puestos en ello. A principios de los noventas el fútbol en Japón sirvió de instrumento para devolver la estima a un país que comenzaba a vivir su época dura, donde las dificultades económicas amenazaban con hacer estragos en el mismo. Episodios de antaño que estaban cerca de repetirse.

Ya hace varios años que se disputaba la Japan Soccer League, primera liga del país asiático. Incluso Yasuhiko Okudera hacía historia y se convertía en el primer japonés que fichaba por un equipo europeo, cuando en una gira por Alemania el club Colonia lo contrató. Pionero donde los haya, años después dejaría el país germano para volver y ayudar al desarrollo futbolístico necesario para la época.

La idea de crear un nuevo campeonato comenzó a tomar forma a finales de la década de 1980, siendo vientos de cambio que arreciaban en un torneo que parecía destinado a perecer con el tiempo. Hasta ese momento se trataba de algo semiprofesional, donde solo los foráneos (en su mayoría brasileños) cobraban un sueldo fijo sustentado por el músculo económico detrás de cada club. Finalmente aparece la J-League, formada en 1992 (mismo año en el que la Selección ganó la Copa Asiática como local) y establecida bajo la disposición de equipos de reconocidas multinacionales japonesas, con una importante base económica y una omnipresencia en la vida de los entusiastas locales. Parecía un ganar-ganar.

Fueron diez los clubes que comenzaron a competir. Entre ellos había ocho de la antigua liga, una franquicia nueva (Shimizu S-Pulse) y uno que provenía de Segunda División (Kashima Antlers). Este último posee una historia particular, que tuvo como figura predominante a Zico, que junto a la construcción de un estadio y el apoyo popular acabó con un notable subcampeonato. La estrella brasileña llegó siendo veterano y terminó logrando el éxito en varias facetas, incluso llegando a entrenar a los ‘Samúrais Azules‘ en Alemania 2006. Saburo Kawabuchi, primer presidente de la liga y exseleccionado y entrenador en la Japan Soccer League, no le daba muchas esperanzas a un Antlers que poco después de diseñado el campeonato no cumplía muchas de las reglamentaciones iniciales para empezar a competir. Las cosas no le pudieron salir mejor a este equipo en su primer año. Kawabuchi dejó el cargo para quedarse al frente de la Federación de su país e incluso hace poco fue presidente de otra Federación deportiva, la de baloncesto.

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Las novedades eran la moneda corriente en un fútbol que tenía potencial y cuya fecha de estreno era el 15 de mayo de 1993. Aquel partido enfrentaba en Tokio a Verdy Kawasaki y Yokohama Marinos en medio de un torneo que no contemplaba sistemas de puntuación y donde los empates no tenían cabida (y así fue hasta 1999). Resulta que estaba preparado para que el campeonato tuviera un Apertura y un Clausura, tal como muchos países en Latinoamérica actualmente. Si un equipo ganaba ambos se proclamaba campeón.

En las filas de Yokohama destacaba el delantero argentino Ramón Ángel Diaz, que finalizaría máximo goleador y conformando dupla en el Once Ideal de aquella J-League con Kazuyoshi Miura. El relato de vida de Miura es para resaltar, ya que poco después de ese exitoso comienzo (ganaron las dos primeras ediciones de la flamante liga) llegó a Europa de la mano del Genoa italiano. Poco después le tocaría regresar, aunque sólo para tomar impulso. Este atacante, eterno ídolo futbolero del país nipón, aún sigue dando muestras de no querer abandonar esa pasión que lo ha dejado inmortalizado en la memoria colectiva nacional.

Precisamente ambos, Miura y Diaz, se vieron frente a frente en la gran final, ya que se había dado el caso de que los ganadores de ambos torneos eran distintos, por lo que se debía disputar una final a ida y vuelta para decidir el campeón definitivo.

Esa década pasaron muchas estrellas por la flamante liga, como Pierre Littbarski, Gary Lineker, Dunga, Hristo Stoichkov, Toninho Cerezo, Michael Laudrup o Salvatore Schillaci, atraídos por un fútbol que no paraba de crecer y cuyo interés en desarrollarse les hacía ofrecerles proyectos interesantes a jugadores de renombre. Algunos, incluso, también hicieron sus pinitos como entrenadores ahí. Fue un éxito total, logrando que se retransmitieran partidos por TV a nivel nacional. El promedio de asistencia a los partidos de esa primera temporada se acercó a los 18 mil espectadores y, al año siguiente, la cifra subió hasta los 19,598. Hubo partidos que rozaron los 60,000 hinchas. La ‘J-Leaguemanía‘ no daba muestras de desgaste.

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Se trataba de toda una maraña comercial para mantener al público ávido de consumir un entretenimiento dispuesto de manera que todo parecía posible, que las insalvables distancias se reducían en el campo de juego y que se le podía competir de tú a tú a cualquiera. La visión y la estrategia de mercado derivaban en un seguimiento apasionado de la hinchada por los distintos equipos, creándose un sentimiento de identidad ajeno a lo empresarial. Para la J. League esto significó un empuje hacia un nivel de popularidad impensado, que acabó trasladándose a la Selección Nacional. Pocos años después de aquel sorpresivo triunfo en la final continental ante los saudíes se logró el pase a su primer Campeonato Mundial, Francia 1998. Desde entonces, han estado presente en cada una de las Copas disputadas, con cada vez mejores resultados y exportando jugadores a las mejores ligas del Viejo Continente.

Esa supremacía en Asia se vino un poco abajo en este milenio con los ‘cantos de sirena’ que provenían de la Superliga china y el crecimiento de las ligas árabes y la de Corea del Sur. Incorporaciones recientes, como las de los campeones mundiales y de Europa con España y FC Barcelona David Villa, Andrés Iniesta (Vissel Kobe) y Fernando Torres (Sagan Tosu), les han otorgado un reciente prestigio a una liga que no para de crecer, con un interés mediático y deportivo que lo hace un destino para tomar en cuenta. El país de la planificación sabe que tiene en sus manos la clave para triunfar.

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Juan Zavala
Venezolano del 96. Literatura, geopolítica y deportes. Contando aquellas historias que tanto nos apasionan desde otro punto de vista.

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