lunes, 2 agosto, 2021
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Desde hace unos años, México ha sido uno de los mejores exponentes del tae kwon do. Medallas en Mundiales, campeonatos Panamericanos, Juegos Olímpicos y varias competencias más avalan esta afirmación. Así mismo, nombres como los de Manuel Jurado, Iridia Salazar, Oscar Salazar, María del Rosario Espinoza y Guillermo Pérez han quedado guardados para la historia del deporte mexicano. Pero antes de todos ellos hubo alguien que abrió las puertas para que el país se interesara en este deporte, el que puso la primera piedra, el legendario Víctor Estrada.

Víctor Manuel Estrada Garibay nació en 1971 en Matamoros, una ciudad en el estado de Tamaulipas, al norte de México. Se inició en el deporte a los cuatro años, obtuvo su cinta negra y ganó un campeonato nacional infantil en 1983. En 1985 inició su proceso en selectivos para la selección nacional, finalmente logrando ser parte del combinado hasta 1988. Después de varios torneos internacionales, el inicio del éxito llegaría en 1991, cuando Estrada ganó el bronce en los Juegos Panamericanos de La Habana. El nombre de Víctor empezaba a sonar en el deporte en México como alguien a seguir.

En 1992 participó en el Abierto de Estados Unidos donde quedó tercero, y ese mismo año fue parte del seleccionado universitario que ganó el Mundial Universitario en Guadalajara. En los años siguientes ganó Abiertos, Juegos Mundiales, y su primer subcampeonato del mundo.
Su primer campeonato notorio fue en 1994, en las Islas Caimán, donde obtuvo el campeonato mundial de la categoría middle, y con ese mismo impulso fue campeón panamericano en Costa Rica.

Estrada ya tenía notoriedad en el deporte mexicano debido a los muy buenos resultados en un deporte que en ese entonces no era tan conocido. Pero todo explotaría en 1995, en la categoría -83 kg de los Juegos Panamericanos de Mar de Plata de 1995 en Argentina, donde fue avanzando rondas hasta finalmente llegar a la final ante el panameño Alfredo Peterson, venciéndolo y quedándose con el oro panamericano.

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A lo largo de su carrera, Víctor compitió en las categorías ligero, welter, mediano y pesado, todo esto a petición de su entrenador, Euk Hong. Además, nuestro protagonista era reconocido gracias a su estilo lleno de explosividad y excelente técnica, con unas piernas muy largas que le permitían realizar movimientos efectivos, virtudes que le emplazaron como un rival de temer en las competencias internacionales.

Doug Pensinger /Getty Images

A mediados de los 90’, la beca para los deportistas mexicanos no era tan buena, menos para el taekwondo, que ni siquiera tenía un gimnasio propio y tenía que compartirlo con la selección mexicana de box. Para 1997, Estrada siguió acumulando títulos: la Copa Mundial en Egipto y el Abierto Mexicano se sumaban a sus vitrinas. Al año siguiente, ya en la categoría pesado, ganó el Abierto de Estados Unidos y el Campeonato Mundial en Alemania, además de ser parte de la selección mexicana que ganó la Copa Pirámides, un torneo que disputaban los mejores cinco equipos del mundo.

En 1999 ganó el Abierto de España, y ese año se convertiría en clave, ya que consiguió su pase a los Juegos Olímpicos de Sídney. Previo a la cita olímpica, ganó todo lo que se le puso enfrente, llegando a Australia como uno de los favoritos del torneo de -80kg. Después de perder ante el cubano Ángel Matos, Estrada tuvo que pelear un durísimo repechaje, ya que de ser uno de los favoritos había pasado a la reclasificación, en la que finalmente llegó a la pelea por el bronce ante el sueco Román Livaja al que venció 3-1 para colgarse la primera medalla para México en taekwondo.

Este fue el pináculo de la carrera de Víctor, y supuso una explosión para el deporte en México, ya que abrió la puerta para que muchas personas -sobre todo niños- que se interesaran en practicar esta disciplina.

El impulso que el ahora medallista olímpico le dio al taekwondo mexicano sigue vigente hasta el día de hoy, donde el país azteca se ha convertido en una potencia mundial, llegando casi siempre como favorito a cuanta competencia internacional se presente una selección mexicana.

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Después de Sídney, todavía ganó un oro Centroamericano y un oro Panamericano, participó en Atenas 2004 ya en el final de su carrera, en donde quedó quinto lugar, para posteriormente retirarse del deporte.

Víctor Estrada, hoy en día, comenta que aún no dimensiona lo que es ser medallista olímpico, y mucho menos que, hasta la fecha, es el atleta con más campeonatos y más premios en la historia del taekwondo en el continente americano, alguien que ganó todo lo que compitió, que siempre con trabajo y disciplina obtuvo resultados y puso en el panorama a un deporte casi inexistente, tanto así que hoy en día, la puerta que el abrió, cada vez se hace más grande.

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