domingo, 20 septiembre, 2020
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Por Fernanda González

La historia de Gabriela Sabatini en el tenis profesional comenzó a llamar la atención cuando con apenas 15 años de edad se convirtió en la jugadora más joven en participar en una semifinal individual de Grand Slam; el torneo era Roland Garros, pero el punto más alto en la trayectoria de la argentina llegó en 1990, en una ciudad muy diferente y lejana a la sede francesa. 

“Nueva York no tiene una tradición, no tiene una historia; no puede haber historia donde no existen recuerdos a los cuales aferrarse, porque la misma ciudad está en constante cambio, en constante construcción y derrumbe, para levantar nuevos edificios”, afirmó el novelista cubano Reinaldo Arenas. Y no mintió, incluso al estar lejos de referirse al tenis. Entre toda la historia deportiva que existe en la ciudad, el US Open de 1990 cumplió uno de los sueños de Sabatini y significó terminar con una pequeña pero fuerte hegemonía de Steffi Graf. 

No obstante, la ciudad significaba mucho para la jugadora sudamericana desde antes de coronarse en una de las competencias más importantes del mundo; hace algunos años, en una charla con La Nación, reveló que siempre sintió un gran amor por Nueva York, pues le gustaba “caminar, visitar, conocer sus restaurantes, sus parques”. Asimismo, destacó que los aficionados asistentes a este Grand Slam suelen ser muy apasionados y conectan de forma importante con los tenistas, por lo que su impulso fue una dosis de ánimo para fortalecer el aspecto anímico durante todos sus partidos. 

Las ediciones de 1988 y 1989 del Abierto de Estados Unidos fueron conquistadas por la alemana Steffi Graff, quien dominó el deporte blanco desde esos años y hasta el final de la década no sólo con títulos en la mayoría de los torneos organizados por la Asociación Femenina de Tenis (WTA, por sus siglas en inglés) y en “Los Cuatro Grandes”, sino también con medallas en Juegos Olímpicos. 

La entonces número uno del mundo se perfilaba como la favorita para alzar su tercer trofeo en Nueva York, a pesar de la presencia de fuertes rivales como Martina Navrátilová, Monica Seles, Zina Garrison y la misma Sabatini, que a su corta edad lucía como una promesa importante del deporte argentino. 

 

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Inicio prometedor  

La argentina se presentó en el US Open con 14 títulos oficiales y una medalla de plata en Seúl 1988, trabajó con el entrenador brasileño Carlos Kirmayr a partir de junio de ese año y, sembrada en el número cinco del ranking de la WTA, enfrentó en primera ronda a la estadounidense Kathryn Jordan, a quien superó rápidamente con marcador de 6-1 y 6-1. Su siguiente rival fue la francesa Isabelle Demongeot y los cartones terminaron con el mismo resultado del primer partido; en tercera ronda, Sabatini dejó en el camino a la belga Sabine Appelmans y posteriormente eliminó a la checoslovaca Helena Suková. 

A partir de los cuartos de final “Gaby” sufrió en algunos momentos, pero fue fiel a su estilo y demostró gran coraje para deshacerse de la georgiana Leila Meskhi por 7-6 (7-5) y 6-4. Mientras Sabatini deslumbraba al mundo con su juventud y talento, Steffi Graf marchaba con pasos firmes que la llevaron a la final con sólo un set perdido. En semifinales, un viernes por la tarde, la oriunda de Buenos Aires venció a la estadounidense Mary Joe Fernandez en un largo e intenso enfrentamiento que terminó 7-5, 5-7 y 6-3; después de ese partido, la argentina consideró por primera vez que coronarse era más una realidad muy probable que un sueño. 

 

Todo o nada 

La final se llevó a cabo al día siguiente, sin espacio para los nervios o algún pensamiento negativo. En la mente de la joven de 20 años solo estaba el deseo de ir por el trofeo de su primer Grand Slam. Antes de comenzar el partido, Tony Trabert, Pat Summerall y Mary Carrillo comentaron en la transmisión televisiva que Graf jugaba en su mejor nivel, por lo que el reto para Sabatini era muy grande. Particularmente, la comentarista y ex tenista estadounidense mencionó que la argentina debía mejorar su servicio, que era uno de sus puntos débiles a pesar de la mejoría que mostró durante el torneo. 

Si bien el escenario era inmejorable para cualquiera de las dos jugadoras, con las gradas llenas y el público eufórico, la historia únicamente tenía espacio para que una se coronara. La alemana abrió el duelo con su potente saque, pero tanto la resistencia como el potente ataque de la sudamericana la llevaron a conquistar el primer set por 6-2; no obstante, mantuvo la calma para concretar la hazaña en el siguiente episodio. 

La intensidad incrementó conforme avanzó el encuentro, los aficionados celebraban los puntos de ambas, pero la desventaja obligó a la campeona defensora a presionar cada vez más fuerte en busca de una posible voltereta y, a pesar de que intentó aprovechar su juego en la red, el set tuvo que definirse en tie break, ya que la argentina no cedió. 

Que la número uno del mundo se adelantara 3-1 no provocó que “Gaby” desistiera: igualó a tres, se puso en ventaja nuevamente y ahí llegaron los puntos cruciales. El alarido del público incrementaba con los puntos de la latina y las gradas explotaron con el 6-4 después de que Sabatini conectara la pelota prácticamente en el suelo. 

¿Después? Silencio, ni una palabra y la concentración a tope, el campeonato a un punto. El último golpe de Graf no fue muy potente, pues se estrelló en la red. Lo siguiente que escuchó la cancha central fue el grito de felicidad de la argentina, quien después de saltar un par de veces y saludar al juez de silla, corrió a abrazar a su hermano entre lágrimas mientras recibía una ovación de pie. El US Open tenía una nueva campeona.  

“No puedo creer que gané este torneo, lo había soñado mucho. Trabajé mucho con mi entrenador, quiero agradecerle porque me ayudó mucho y también quiero compartir esto con mi hermano; mis papás que no pudieron estar presentes, pero están en mi mente”, declaró después del partido con la voz entrecortada. 

Durante los días siguientes, los medios destacaron la victoria de Sabatini y la llamaron “ídola” en diversas publicaciones; sin embargo, su talento, su carisma y su perseverancia quedaron plasmados en Nueva York durante años. Con este triunfo, cambia un poco la referencia a la frase de Arenas, los latinos y especialmente los argentinos que sí se aferraron al recuerdo del título de Sabatini, una de sus figuras más importante en el deporte blanco. 

 

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