martes, 27 octubre, 2020
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A fines de la década de los 80´ el estado de Florida tuvo un gran crecimiento deportivo con la creación de dos franquicias de baloncesto que se incorporaron a la NBA a través del proceso de expansión, en el que Charlotte y Minnesota también dieron sus primeros pasos en la liga. Estas fueron las hoy conocidas Miami Heat y Orlando Magic, a la que le dedicaremos las próximas líneas.

La génesis de este proyecto estuvo en la mente de Jimmy Hewitt, un empresario local que tuvo la alocada idea, en aquel entonces, de tener un equipo de básquet en su ciudad. ¿Por qué alocada? Porque Orlando siempre se caracterizó por ser una ciudad turística gracias a los parques temáticos de Disney aunque, en contraste, con muy poco que ofrecer a sus habitantes y, en consecuencia, una cultura de arraigo casi inexistente. Sin embargo, Hewitt soñó en grande. Se puso en contacto con el ex gerente general de los Philadelphia 76ers (Pat Williams) y se pusieron a trabajar para diagramar el futuro deportivo de este nuevo emprendimiento.

El primer paso fue traer a Matt Guokas como head coach, otro ex Philadelphia, para arrancar de cero con jugadores como el veterano Scott Skiles, que dejaría su huella en la franquicia y en la historia de la liga más adelante, Sam Vincent y un joven Nick Anderson, al cual eligieron con el pick N°11 del Draft de 1989. Tan poco pudo hacer Guokas que en tres de las cuatro temporadas al frente del roster tuvo récord negativo (18-64, 31-51, 21-61) y en la 1992/1993 terminó con un balance de 41 victorias y 41 derrotas, que tampoco le alcanzó para conseguir un lugar en los playoffs de aquel año.

Las cosas del destino

El factor por el cual se produjo una gran diferencia entre la temporada 1991/1992 y la 1992/1993 fue por un joven pivot de 2,16m y más de 120 kilos proveniente de Louisiana State University (LSU). Ese joven era, ni más ni menos, que Shaquille O´Neal, a quien Orlando eligió en el Draft de 1992 con la primera elección.

El cambio fue instantáneo: Shaq promedió 23,6 puntos por partido, 13,9 rebotes y 3,5 tapones gracias a su excelsa y a la vez extraña capacidad atlética para alguien de semejante altura. No solo dominó a su antojo a sus rivales en la pista, sino que afuera se fue ganando el apoyo y el cariño del público de los Magic y hasta del resto de los equipos. Era una cara nueva que había llegado a la liga con grandes credenciales (27,6 puntos, 14,7 rebotes y 5 rebotes por partido en su segundo año en LSU) y siempre contaba con tiempo para ocuparse de sus fanáticos. Pero él solo por su cuenta no pudo cambiar rotundamente el rumbo de la franquicia. Necesitaba un compañero que estuviese a su altura cuando los rivales le doblaran y hasta le triplicaran la marca y que le permitiese más minutos de descanso a lo largo de la temporada.

Encontrarle una segunda estrella a Shaq parecía difícil por dos motivos: el primero radicaba en que en aquel momento los grandes movimientos durante la agencia libre no eran tan comunes como ahora y, en segundo lugar, porque los Magic tenían ínfimas posibilidades de tener una buena elección en el draft de 1993. Esto se debe a que tenían el mejor balance en la temporada regular de los equipos que no habían clasificado a playoffs, aquellos con posiciones de lotería, donde las posibilidades de conseguir el primer pick eran más altas mientras peor había sido su resultado final.

Sin embargo, por algún milagro o cuestión del destino, como ustedes prefieran llamarlo, Orlando consiguió, por segundo año consecutivo, la primera selección del draft. ¿Cuáles eran las opciones que tenía Orlando? Si cualquier otro equipo hubiese tenido esa codiciada posición, habría tenido tres. Pero como se trataba de Orlando, las opciones se reducían a dos. Esto se debe a que uno de esos tres jugadores era Shawn Bradley, un pívot que había tenido una estupenda temporada con los Cougars de Brigham Young pero que se hubiese superpuesto con O´Neal. Por eso fue que las opciones reales eran Chris Webber y Anfernee “Penny” Hardaway.

Pat Williams tenía clara su decisión: draftear a Chris Webber para formar un dúo interior potente con Shaq. Pero Penny tenía otras intenciones. Él tenía tantas ganas de ser compañero del pívot que consiguió organizar una segunda sesión de entrenamientos con Orlando por fuera de los oficiales del Draft para demostrar por qué debían elegirlo. La sesión consistió en un partido con varios de los jugadores de los Magic, en el cual Hardaway sorprendió a todos y hasta hizo cambiar de parecer al propio Pat Williams.

Allí entraba otro actor en juego bajo el nombre de Golden State Warriors, quienes tenían la tercera selección y querían a Webber a toda costa. Ya se sabía que Philadelphia iba a elegir a Shawn Bradley, por lo que el GM de los Warriors le ofreció a Pat Williams, quien nunca había hecho trascender sus intenciones de quedarse con Hardaway, un intercambio de picks más tres elecciones futuras de primera ronda. Entonces Williams seleccionó a Webber, Golden State hizo lo propio con Hardaway y, ni bien los Warriors hicieron uso de su elección, oficializaron el traspaso, y Penny tuvo su foto con la gorra de los Magic.

Fue una gran negociación por parte de Pat Williams, ya que la adquisición de Hardaway y la contratación de Brian Hill como entrenador principal fueron vitales para que Orlando clasificara a playoffs por primera vez en su historia luego de finalizar la temporada regular con un récord de 50-32. Penny tuvo una temporada de rookie aceptable en la que promedió 16 puntos, 6,6 asistencias y 2,3 robos por partido, secundando la labor de Shaquille O´Neal, que se despachó con 29,3 puntos, 13,2 rebotes y 2,9 tapones. Una de las duplas más dominantes en su primera año jugando codo a codo. Pese a esto, la confianza del vestuario se derrumbó cuando los Pacers de Reggie Miller los enviaron a casa después de barrerlos en primera ronda. Fue un balde de agua fría para este equipo al que la mezcla de juventud y buenos resultados le había dado un aura de imbatibilidad que quedó destrozada ante el primer desafío de fuste.

Where dreams come true

La temporada 1993/1994 dejó en evidencia que a esos Magic les faltaban un poco de experiencia y madurez para que no se vuelva a repetir lo ocurrido frente a Indiana. Es por eso que Pat Williams estaba atento a lo que ocurría 1500 kilómetros al norte, donde los Chicago Bulls no se habían adaptado a la vida sin Michael Jordan, que se había retirado por primera vez. El GM de Orlando capitalizó su oportunidad y firmó a Horace Grant en la agencia libre para alinearlo junto a Shaq en la pintura. De esa forma el quinteto inicial quedaba conformado por Penny Hardaway y Nick Anderson en el perímetro, Dennis Scott como alero y los mencionados Grant y O´Neal como 4 y 5.

Ese equipo fue el que lideró la Conferencia del Este con 57 victorias y 25 derrotas, buscando su revancha en los playoffs. En primera ronda despacharon a los Boston Celtics por 3 a 1 y en las semifinales de conferencia se enfrentaron a los Bulls, el ex equipo de Horace Grant que ya contaba con Michael Jordan después de su famoso comunicado que simplemente decía “I´m back”.

Después de un pésimo primer partido de MJ, Nick Anderson declaró que el 45 no era el 23, haciendo referencia a que el Jordan que había vuelto del retiro utilizando el dorsal 45 no estaba al nivel del que había dejado la NBA después de lograr el three-peat entre 1991 y 1993. El mismo Horace Grant reconoció años después que ese fue un gravísimo error, ya que en el siguiente juego Su Majestad volvió a vestir la 23 y dio un recital para igualar la serie. Eventualmente, la supremacía de los Magic se haría sentir, venciendo a Chicago por 4 a 2 para acceder a las Finales de Conferencia, donde se volverían a ver las caras con Reggie Miller y los Pacers.

El escenario no era el mismo que en 1994: Orlando contaba con la experiencia de Grant y con la herida todavía abierta por la barrida que Indiana le había propiciado el año anterior. Y ambos factores se hicieron notar en una serie que se extendió a un séptimo juego en el que los de Florida se terminaron imponiendo para consagrarse campeones del Este y conseguir el boleto a las Finales de la NBA. Del otro lado aparecían los Houston Rockets de Hakeem Olajuwon, Mario Ellie y Clyde Drexler, que no habían tenido la mejor de las temporadas regulares, pero que se las arreglaron para llegar a pelear por el campeonato.

Los tiros libres y el punto de inflexión de Nick Anderson

Por la producción a lo largo de la temporada regular, los dos primeros partidos de la serie se disputaron en el Amway Arena, por lo que Orlando contaba con el apoyo de su público en su primera aparición en las Finales de la liga. Tal era la confianza del grupo que días antes del primer juego Shaq grabó un single de rap que publicaría una vez que consiguieran el título, ya que en la letra mencionaba que era el nuevo campeón de la NBA. Mientras tanto, los Rockets seguían entrenando juntos para revalidar lo hecho en 1994 y conseguir el bicampeonato, consolidándose como el equipo a vencer en el intervalo que Jordan se tomó del básquet.

Esta diferencia no se trasladó al desarrollo del primer juego puesto que, con 15 segundos restantes, los Magic lideraban 110 a 107 con posesión y Nick Anderson debía ir a la línea de tiros libres luego de recibir una infracción. Con encestar uno de los dos, ponía a los Rockets en aprietos, llevando el juego a una diferencia de al menos dos posesiones para igualarlo o intentar ganarlo. Hay que destacar que un par de segundos antes había fallado un triple sin marca que podría haber sentenciado directamente el partido, pero los libres siempre fueron considerados más accesibles que un triple.

Lanzó el primero y se quedó corto. Se echó hacia atrás y se golpeó las manos y el pecho sabiendo que esa noche había anotado 22 puntos. No era una cuestión de mano fría. Lanzó el segundo y se volvió a quedar corto, pero el rebote fue tan largo que consiguió capturarlo. Con siete segundos restantes, volvía a tener dos oportunidades para liquidar el primer juego. Esta vez su tiro fue largo y dio en la parte posterior del aro. Se volvió sobre sí mismo y esbozó una sonrisa nerviosa.

Años más tarde, Penny Hardaway declaró que en el momento que vio eso, sabía que el cuarto tiro libre no iba a entrar. Y así fue: la bola rebotó no una, sino dos veces en la parte posterior del aro y el rebote le cayó a Mario Ellie, quien instantáneamente pidió tiempo muerto. Anderson no lo podía creer. Esa temporada había encestado un 67% desde la línea los tiros libres. Estadísticamente, eso significa que de cada 10 tiros erraba tres y, en ocasiones, cuatro. Esa noche fue la segunda opción la que se hizo presente.

Con un segundo y medio restante, Kenny Smith hizo pasar de largo a Penny Hardaway con una finta y encestó el triple que forzaba el tiempo extra. Y ahí la historia se puso interesante: con cinco segundos, Dennis Scott hacía una pared con Shaq y encestaba el triple que igualaba el partido en 118. Orlando tenía una segunda vida que le iba a durar poco. Tiempo muerto mediante, Hakeem Olajuwon corrigió un tiro forzado tras penetración de un compañero y le dio la victoria a los Rockets para poner la serie 1-0.

El golpe anímico fue tal que los Magic no pudieron reponerse: 117-106, 106-103 y 113-101 fueron los resultados de los siguientes tres partidos que le dieron el bicampeonato a Houston en una barrida inesperada después del caótico cierre del primer juego.

Un segundo intento y el derrumbe de una posible dinastía

Para la temporada 1995/1996 no hubo grandes cambios en el roster de Orlando, aunque el vestuario no era el mismo. La forma en que se les escapó el campeonato en las Finales caló hondo y comenzaron las internas entre Shaquille O´Neal y Penny Hardaway, que se terminaron de hacer públicas con un comercial de Shaq en el que se sacaba del hombro a un muñeco de un mini Penny con la voz de Chris Rock. 

Sin embargo, esa temporada mejoraron la producción en la temporada regular con un récord de 60-22 que quedó eclipsado por el conseguido por los Bulls de Jordan y su histórico 72-10. En ese momento ya se palpitaba que esa sería la serie de las Finales del Este que definiría quien iba a representar a la conferencia en las Finales de la NBA. Y los pronósticos no estaban errados: Orlando barrió a Detroit por 3-0 y despachó a Atlanta por 4-1 mientras que Chicago imitó esos resultados frente a Miami y a Nueva York respectivamente.

Como ya lo habían demostrado durante la temporada regular, los Bulls estaban imparables y nada pudieron hacer los Magic que fueron barridos sin problemas en cuatro juegos por 121-83, 93-88, 86-67 y 106-101.

El ánimo en Orlando era irremontable. Un vestuario quebrado y la incertidumbre respecto a la renovación del contrato de Shaquille O´Neal ponían en vilo a todos sus fanáticos que estaban presenciando el principio de la caída de su franquicia. Mientras todo parecía encaminado para que Shaq estampara la firma en su nuevo contrato, en Miami alteraron sus planes: Alonzo Mourning renovaba su vínculo con el Heat por 100 millones de dólares, motivo por el cual Shaq decidió pedir más dinero, su motivo siendo que él se consideraba mucho mejor jugador que Mourning. 

El GM y el presidente de la franquicia dudaban mucho sobre ofrecer más que los 80 millones del acuerdo original y, como dice el dicho, “camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”. En escena apareció Jerry West, el logo de la NBA y en ese momento GM de los Lakers, quien había hecho espacio salarial desprendiéndose de distintos jugadores, entre ellos el pívot Vlade Divac, para poder ofrecerle a O´Neal un contrato de 122 millones por siete años. El oriundo de Nueva Jersey no dudó y se sumó a la franquicia de Los Ángeles para formar uno de los dúos más dominantes de la historia junto a Kobe Bryant.

Eso significó que Penny Hardaway iba a tener que asumir toda la responsabilidad en la temporada 1996/1997, lo que coincidió con las primeras lesiones que lo empezaron a alejar de las canchas. Ya sin Shaq, a Orlando le alcanzó para meterse en playoffs con un 45-37 que de poco iba a servir, cayendo en primera ronda frente a Miami.

Casi 20 años después de aquella decisión, ESPN volvió a reunir a Shaq y a Penny para un episodio de su serie documental 30×30 en la que el pívot confesó que, si pudiera volver el tiempo atrás, firmaría esa extensión con Orlando. En ese mismo especial, Penny reveló que le molestó ver el éxito que tuvo la dupla Kobe-Shaq, ya que sentía que él debía haber ocupado el lugar de Kobe en la exitosa carrera de su ex compañero.

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Facundo Osa
¡Buenas gente! Soy Facundo Osa, tengo 20 años y me gusta escribir de todo un poco. Últimamente estoy en una parte más polideportiva de mi escritura ya que me alejé del fútbol porque dejó de atraparme como antes. Así que ya saben, cada vez que vean alguna nota que sea de algún deporte que no frecuentamos tanto en la página, seguro sea mía jajajaja. Ya que están, síganme en Twitter (@FacuOsa) si no se quieren perder de nada del mundo polideportivo (especialmente rugby, básquet y automovilismo).

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