martes, 20 octubre, 2020
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Hasta el Mundial de Italia 1990, nunca un seleccionado africano había escalado tanto en un Campeonato del Mundo. Cuatro años antes Marruecos había dado un aviso llegando hasta los octavos de final en México y cayendo sobre el final 1-0 ante una Alemania Federal que sería subcampeona. Pero en el verano italiano, lo de Camerún no fue sorpresa…

A Roger Milla, Emmanuel Kundé y los arqueros Thomas N’Kono y Joseph Bell, que habían estado en la primera participación camerunesa en un Mundial en España 1982, se fueron sumando nuevos valores como los hermanos Biyik (André Kana y Omam), Stephen Tataw, Makanaky, Mfede y Ekeke, que ayudaron para que Camerún se transformara por esos años en uno de los mejores seleccionados del continente.    

Entre 1984 y 1988 se llevaron a cabo tres ediciones de la Copa Africana de Naciones (CAN) y los cameruneses estuvieron en las tres finales. Para Costa de Marfil 1984, Camerún llegó con la base del equipo que había empatado sus tres partidos en el Mundial de España y, a pesar de que debutó con derrota 1-0 ante Egipto, con el paso de la competencia se fue afianzando para quedarse con su primera CAN de la mano del yugoslavo Radivoje Ognjanovic. El arquero Bell, el doctor Theophile Abega y un “joven” Roger Milla fueron los estandartes de una campaña que incluyó triunfo en semis ante Argelia en los penales y un contundente 3-1 sobre Nigeria en el duelo por el título. Dos años después, en Egipto, los Leones Indomables fueron subcampeones del anfitrión. “En aquel torneo temimos por nuestra vida. La delicada situación política en Egipto influyó en nuestra derrota”, recordaría años después Roger Milla, quien jugó la final que terminó 0-0 pero que por el 5-4 en los penales decretó el título para los Faraones

En el año 1988 la CAN tuvo a Marruecos como sede y a Camerún le bastaron solamente cuatro goles en la competición para jugar su tercera final consecutiva y quedarse con su segunda CAN. Roger Milla (2), Kundé y Makanaky fueron los goleadores de los Leones Indomables y Bell, Tataw, Mbouh y Mfede estuvieron en el equipo ideal del certamen. En la final, disputada en el Mohamed V de Casablanca, Kundé, de penal, le dio el triunfo 1-0 sobre Nigeria. 

Meses después de ese título, Roger Milla tuvo dos multitudinarios partidos despedida pero la historia le tenía reservada una página dorada en el libro de los Mundiales. “Unos seis meses antes del Mundial en Italia, regresé a Camerún para un partido homenaje a Abega. La gente comenzó a preguntarme por qué me había retirado tan temprano. El presidente insistió en que debería volver a formar parte del equipo”, contó Milla en una entrevista.

Luego de tres finales consecutivas en los ochenta, la siguiente década no empezó bien para los cameruneses, que no pudieron superar la fase de grupos en la CAN 1990 que ganaría el local Argelia. Los periódicos y la prensa deportiva empezaron a decir que había que convocar a Roger. “Entonces, en la concentración que celebramos en Yugoslavia antes del Mundial, me informaron de que el presidente había pedido en nombre del país que se hiciera lo posible para que Milla jugara en Italia. Contesté que no creía que hubiera ningún problema”, contó en 2015 a FIFA el entrenador ruso Valery Nepomnyashchy.

Jules Nyongha, asistente de Nepomnyashchy, vio llegar a Milla no en la mejor forma y con algunos kilos de más. Por eso lo sometieron a un régimen de entrenamiento agotador, explicando que para estar en un Mundial debía estar a la altura de sus compañeros. En un amistoso ante el Hadjuk Split, Roger ingresó y convirtió dos goles. “Nos dimos cuenta de que, incluso a los 38 años, podría darnos una dinámica extra. Intenté convencerlo que en los últimos minutos de partido nos sería más útil. Sus ojos brillaron y estaba convencido. Sabía que mucha gente decía que iba a fallar”, contó N’Kono.

Claro que las presiones políticas y populares influyeron para la inclusión de Milla, pero el delantero también hizo lo suyo respondiendo bien a las exigencias físicas de la preparación. En los amistosos también tuvo un buen nivel, lo que lo catapultó a su segundo Mundial.

Claro, míster, haré lo que usted me diga-, fueron las palabras de Roger para con el técnico ruso. A este le valieron solamente los 20 minutos finales de un entrenamiento entre titulares y suplentes para confirmar que Milla podría serle útil en la experiencia italiana. “Mi único mérito fue planear con Roger cómo prepararlo para la competición y cómo usarlo. Le dije que no podía jugar en la primera parte contra defensas frescas, porque acabaría agotado en 15 o 20 minutos”, contaría Nepomnyashchy años después.

La delegación camerunesa estuvo conformada por 80 personas y en el camino se perdieron 400.000 libras. Francois Omam Biyik llegó a decir que jugaban todos pero que al final el único que ganaba era Milla. En la previa del debut ante Argentina en San Siro, se sumaron las críticas a la preparación del equipo que hizo el arquero Bell a un medio francés. De esa manera, Thomas N’Kono se ganó la titularidad en el arco. 

En ese contexto, Camerún dio la primera sorpresa en Italia 90 y venció al campeón defensor por 1-0 con un cabezazo de Omam Biyik. 

¿No te parece relevante que un jefe de Estado africano que sale victorioso salude con una sonrisa a los jefes de estado de los países derrotados?, preguntó Roger Milla a un enviado de France Football.

Pero esa no es una imagen futbolística-, objetó el periodista.

Es gracias al fútbol -replicó Milla- que un país pequeño puede convertirse en grande.

En la segunda fecha, ante Rumania en Bari, Milla empezó a deslumbrar al mundo entero. Media hora en cancha –sustituyó a Maboang a los 60- le bastó para anotar un doblete y darle el triunfo 2-1 a su país. “Después de cada tanto, el héroe de la velada se dirigía a una de las esquinas del campo para mover las caderas en señal de alegría. Sus bailes en la celebración de los goles son una de las imágenes más recordadas de aquella Copa del Mundo”, describe Alberto Owono en su libro Indomable, cuadernos del fútbol africano. En el cierre del Grupo B, la Unión Soviética le propinó una dura goleada  (4-0) al seleccionado camerunés, pero como argentinos y rumanos empataron a un gol los de Nepomnyashchy quedaron como líderes de la zona.

En octavos de final el rival fue Colombia. Milla volvió a entrar desde el banco –esta vez por Mfede- pero recién en el tiempo suplementario pudo vulnerar el arco defendido por René Higuita. Primero con un zurdazo alto y luego con un derechazo fácil tras robarle el balón al arquero colombiano. Bernardo Redín descontó pero con el 2-1 Camerún fue el primer seleccionado de África en escalar tanto en un Mundial.

Sin ser titular y entrando en los minutos finales, Milla llevaba cuatro goles en poco más de 100 minutos y era una de las sensaciones de la cita en Italia. Hasta que en cuartos de final fue el turno de Inglaterra. Otra vez suplente y otra vez determinante, aunque con un final distinto. David Platt adelantó a los ingleses con un cabezazo en el primer tiempo pero con el ingreso de Roger los cameruneses lo pudieron dar vuelta. Penal de Gascoigne a Milla que Kundé transformó en el empate y pase del 9 para Ekeke en el 2-1. Dos penales de Lineker le dieron el pasaje a las semifinales al equipo de Bobby Robson, pero ese Camerún quedó para siempre en la historia grande de los Mundiales. 

“Después del partido contra Inglaterra, no nos arrepentimos porque fuimos el primer país africano en llegar a esta etapa de la competencia. Pero hoy, viendo lo hecho, creo que había espacio para hacerlo mejor. Tengo la sensación de que podríamos haber clasificado a la final si vencíamos a Inglaterra, en la final todo está permitido…”, analizó tiempo después Milla.

El gran Mundial de Roger le valió también su segundo Balón de Oro africano. Y también quedó inmortalizado en el equipo ideal de ese Mundial que marcó a tantos. La FIFA lo ubicó como uno de los delanteros junto al italiano Schillaci y al alemán Klinsmman. 

Y el seleccionado de Camerún, en uno de los mundiales más recordados de la historia, también quedó por siempre en la historia grande de los Campeonatos del Mundo y, por supuesto, en una imagen que representa de gran manera a la gloriosa década de los 90.

Fuentes: Indomable, de Alberto Owono, Albert Roger Milla. L’inmortel, de BASSONG, Jean Daniel, Fútbol Africano: crónicas, historias e investigación, de Pancho Jáuregui, FourFourTwo, Okay Africa, Infobae.

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Francisco
Suipachero de nacimiento y amante del fútbol africano. Casi una década de periodismo con pasado en Diario Clarín y El Gráfico. Colaborador en Revista Don Julio y El Enganche. Apostando por un nuevo periodismo en The Line Breaker.

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