domingo, 17 octubre, 2021
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De las favelas de Río de Janeiro al Camp Nou. De Eindhoven hacia Río y de nuevo incluyendo vuelta a Estados Unidos y Asia. De todo un poco en la carrera de ‘O Baixinho’, que supo ser el estandarte de una generación brasileña que hacía esfuerzos por dejar a un lado a Careca, Zico, Socrates, Junior, Alemao y otros tantos. Siempre fue el epicentro de la euforia y de la extravagancia también. Romário Da Souza Faria es el complemento perfecto de dos delanteros inexpugnables en la década de los 90 como lo fueron Bebeto y Ronaldo.

Fue exactamente en 1985 – el mismo año del Hellas Verona campeón, de la tragedia de Heysel, del terremoto en México que puso en peligro el Mundial, del histórico Argentinos Juniors campeón de América -, sí. No podía ser otro año atípico en el que Romário debutara en las filas profesionales con Vasco Da Gama, el club que lo vio anotar 266 goles en 350 partidos, una cifra envidiable por los delanteros de ahora y que le sirvió para levantar el campeonato carioca en 1987 y 1988. 

‘El Chapulín’, como apodaron en Sudamérica, dio el gran paso a Europa de la misma manera que ‘El Fenómeno’ Ronaldo. Llegó al PSV de la Eredivisie holandesa, que lo esperaba con los brazos abiertos luego que la escuadra de Eindhoven saliera campeona de Europa en 1988. Allí el crack brasileño anotaría la nada despreciable suma de 165 goles en 163 partidos, con un promedio de 1,1 goles por partido. Una bestia. No obstante, la carrera del carioca se dividiría en grandes momentos que se pueden describir en dos únicos instantes que quedarán en la memoria de los que hoy leen libros y revistas de fútbol para comentarlos tomando un café.

Go for glory, USA ’94

No hay nada mejor para un futbolista que vestir la camiseta de la selección nacional. Corrección: no hay nada mejor para un futbolista que vestir la camiseta de la selección nacional en un Mundial. Otra corrección: no hay nada mejor para un futbolista que vestir la camiseta de la selección nacional en un Mundial y anotar un gol. Seguimos corrigiendo: no hay nada mejor para un futbolista que vestir la camiseta de la selección nacional en un Mundial, anotar un gol y ser campeón. ¿Mejor? Pues sí, eso hizo Romário. 

Le faltó el gol en la final contra Italia, pero si hacemos un poquito de trampa, nos daremos cuenta de que esa, la final de 1994, fue la primera en la historia del futbol en definirse por penales y de que en esa tanda le anotó al portero Pagliuca. Entonces, técnicamente, podemos afirmar que sí anotó en una final. Como vemos, un Mundial redondo para Romário y Brasil.

Anotó cinco goles en el certamen, varios de ellos de una genialidad técnica y simplicidad a la vez que dejaron con la boca abierta a todo el mundo. Romário, por esos días, era ficha del Barcelona y con el conjunto catalán había acabado de ganar la Liga de España con un Dream Team de Cruyff que estaba ya en el ocaso.

De esas cinco anotaciones – sin contar el gol de penal en la tanda ante Italia en la final – Romário convirtió tres de ellos con su marca registrada: un sutil pero firme puntapié al palo contrario del portero. De esa manera vacunó a Rusia en el debut, Camerún y Suecia. Luego en cuartos le anotó a la Holanda de Dick Advocaat y para sorpresa de todos, le marcó a Suecia nuevamente, pero esta vez de cabeza. Sí, de cabeza, un jugador que medía 1.68 metros le ganaba en plena área a los defensores suecos. Si de algo sabía ‘El Chapulín’ era de darse mañas en su reducto para conseguir festejar.

Llegó el día de la final. Italia contaba con los grandes stoppers de Europa – y del mundo –, pero esto no fue impedimento para que la dupla diabólica de Romário y Bebeto pudieran atravesar ese gran estilo Catenaccio que pregonaba la Azzurra desde las épocas sesenteras de Helenio Herrera y el gran Torino. Bueno, de hecho, sí fue impedimento porque el partido terminó 0 – 0 en los 90 minutos reglamentarios. 

Romário ya conocía la base de esa selección italiana que jugaba la final. A Baresi, Maldini, Donadoni, Albertini y Massaro le había visto las caras en aquella final de Copa de Europa en Atenas un mes antes, en donde el Milan no solo le ganaba al Barcelona por 4-0, sino que acababa con la hegemonía de ese Dream Team del que hablamos antes. 

Baixinho levantaba su primera Copa del Mundo y la cuarta para Brasil que se dibujaba en una selección que, sin bombos ni platillos, pero sí muy letal, intentaba conquistar desde el Rey Pelé por allá en 1970. Un año magnífico ese de 1994 que le daba no sólo el Mundial, sino la Liga española y el premio al mejor jugador de la cita en Estados Unidos.

Cola de vaca

El brasileño, luego de ganar todo lo que se le atravesaba con PSV y de romper todos los récords que se imponía, llegaba a un club en el que no cualquiera triunfa. Que lo digan Maradona, Riquelme, Rüştü Reçber, Guðjohnsen o el mismo Litmanen, entre otros. Hablamos del Fútbol Club Barcelona

Luego de conquistar el Mundial con Brasil, Romário no tenía muchas ganas de hacer cumplir su contrato con los culés hasta 1996. Se quedó festejando en Brasil la conquista de la Copa y fueron 21 días que hicieron que llegara tarde para la temporada 94-95 de la Liga española con Barcelona, los cuales ya comenzaban a dejar ver que el carioca no estaba a gusto en la cálida ciudad catalana. 

Y es que Romário siempre ha sido así, de decisiones contundentes que tienen que ver primero con su satisfacción personal. No en vano decidió ese año y medio que estuvo en Barcelona no comprar casa y alojarse en un hotel. 

Como la gran anécdota con Johan Cruyff en la que el brasileño le pidió al míster holandés que no lo alineara para un partido de Liga para irse al carnaval de Río de Janeiro. Imperdible. Sucedió que el delantero le pidió dos días más de vacaciones al DT para irse a su país a celebrar, a lo que Johan le respondió: “si anotas dos goles mañana en el partido, te doy dos días más de descanso con relación a tus compañeros”. 

La respuesta no se hizo esperar. En el partido contra Osasuna, en el Camp Nou, Romário anotó dos goles en el primer tiempo. Luego de ello se le acercó a la banda a Cruyff y le dijo: “míster, he cumplido mi promesa. Mi avión sale en una hora y debo irme”. El holandés no tuvo más remedio que también cumplir su palabra y alejarlo del partido. Lo curioso es que Romário llevaba casi una semana en la que no regresaba a Barcelona. Cuando la dirigencia lo contactó luego de varios intentos, el brasileño justificó su ausencia con un “es que el técnico no me dijo cuándo debía volver, por eso no he regresado”. El carácter y la empatía de ambos en una gran situación.

Fueron más las anécdotas del Chapulín en Barcelona, incluso una de ellas, así como sus goles en el Mundial, tienen marca registrada. Fue un 8 de enero de 1994, el escenario es el Camp Nou, el rival el Real Madrid de Benito Floro y una goleada por 5-0 que aún hoy saca chispas en aficionados de ambos clubes.

Aún se recuerda la goleada con magistrales actuaciones de todo el plantel blaugrana. El entrenador madridista sentenciaba luego del partido que “merecimos más”, dando a entender que el marcador había sido injusto. No obstante, en esa noche Romário convirtió un hat-trick con una de esas jugadas en la que, aún hoy, Rafael Alkorta sigue buscando. 

El brasileño recibe el pase de Guardiola casi en el borde del área. Hace un pequeño regate con la pierna derecha arrastrándose la pelota hacia el perfil izquierdo y con un sutil toque de punta al costado contrario del portero, sale a celebrar junto con sus demás compañeros. Una genialidad nunca antes vista. Era el 1-0 de una tripleta inolvidable que cerrarían Koeman con un tiro libre y otro tanto de Iván. 

Varios de sus goles en Brasil, Europa y con la Selección fueron de esa manera. Ya está en la memoria también el homenaje que Ronaldo le hizo en el Mundial 2002 con el gol a Turquía en la semifinal. Inclusive, ya se ha popularizado esta definición en muchos delanteros de la liga brasileña en donde el principal artífice es Romário.

El goleador dio vueltas por varios clubes de su país como Flamengo, Fluminense y América en la segunda división. En su palmarés se sitúa como el segundo goleador histórico del fútbol mundial con 772 anotaciones, sólo por detrás del austriaco Josef Bican con 805 goles.

Quedaron sus lágrimas cuando en una conferencia de prensa anunció que no sería convocado por Mario Zagallo para Francia 1998 por una lesión muscular. Previo al Mundial de 2002 sostenía un gran nivel con Vasco Da Gama para ser convocado a la Selección. Esta vez Scolari lo dejaba afuera por situaciones de indisciplina.

Todos recordaremos a Romário como el extravagante, el gran goleador, el fiestero, el impredecible y, sobretodo, como el genio de la simpleza. 

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Comunicador Social y Periodista colombiano. Fanático del deporte en general y apasionado por el fútbol. Amante de las buenas historias que pueden cambiar la vida de las personas.

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