martes, 19 enero, 2021
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Si de leyendas automovilísticas hablamos, el nombre de Michael Schumacher no puede faltar en ningún artículo, conversación o debate. El motivo es simple y claro: es el máximo ganador de títulos a nivel individual, hasta el momento, y poseedor de numerosos récords a lo largo de más de dos décadas que, poco a poco, están siendo superados por Lewis Hamilton. También porque, de manera unánime entre los especialistas del deporte, integra la Santa Trinidad junto a Juan Manuel Fangio y Ayrton Senna.

Pero toda leyenda tiene un punto de inicio, una génesis donde comienza a erigirse su sacralización en el que su status parece trascender del de simple individuo deportista a historia viviente. Y ese punto de inflexión en la carrera del Káiser llegó en 1994 cuando conquistó el primero de sus siete Campeonatos del Mundo.

Era la tercera temporada completa de Schumacher en la categoría reina del automovilismo. En 1991 había corrido seis carreras, una para Jordan y cinco para Benetton, aunque, para su corta trayectoria, ya se había dado a conocer ante el público. En 1992 finalizó tercero en el Mundial de pilotos mientras que en 1993 culminó en la cuarta posición, sólo superado por competidores de la talla de Alain Prost, Ayrton Senna y Damon Hill. Era el momento de dar un golpe sobre la mesa y marcar el cambio generacional en la Fórmula 1 desplazando a los que habían dominado la competencia los últimos diez años.

Y qué mejor manera de demostrar que 1994 no iba a ser un año más que ganando seis de las primeras siete carreras -un segundo puesto en España interrumpió la racha- y ampliando la ventaja sobre Damon Hill, el único que le iba a pelear el título, a 27 puntos con nueve jornadas por delante. Un inicio de año dominante que ubicó a la dupla Schumacher-Benetton a la par de grandes binomios como el de Ayrton Senna y su McLaren MP4/4 en 1988 y al que el alemán tendría en 2002 a bordo de su Ferrari F2002.

Como si la transición que estaba ocurriendo necesitara convencer a los más escépticos, el 1 de mayo de ese año ocurrió el fatídico accidente en San Marino que le costó la vida a Ayrton Senna, sembrando dudas respecto a la fiabilidad del Williams de cara al resto de la temporada y reduciendo la contienda por el título a un mano a mano entre el alemán y Damon Hill.

Sin embargo, la segunda mitad del campeonato de 1994 fue cuesta arriba para el piloto de Benetton, ya que una pésima seguidilla de seis carreras le permitió a Hill acortar la distancia entre ambos a tan solo un punto. Una descalificación en el gran premio de Silverstone por superar al piloto de Williams en la vuelta de formación e ignorar las banderas negras, una falla de motor en Alemania que lo obligó a retirarse, una segunda descalificación en Bélgica por tener más daño del permitido en el piso de madera del auto y una suspensión de dos carreras luego de que los comisarios ratificaran su postura por el incidente que el Káiser protagonizó en Gran Bretaña tiraban a la basura el dominio de las primeras siete carreras. El único punto alto de aquel momento fue la victoria en Hungría que apaciguó las constantes malas noticias que rondaban en torno a Schumacher.

Con la sanción de dos Grandes Premios concluida y con sólo tres carreras por delante, el alemán y el inglés se repartieron los puntos en Jerez y Suzuka (1° y 2° y 2° y 1° respectivamente) para darle un cierre emocionante a la temporada 1994 con una batalla mano a mano por el título en Australia. Como ambos habían ganado 14 de las 15 jornadas hasta el momento y Gerhard Berger había rescatado una victoria en el accidentado gran premio de Alemania, la cuenta era sencilla: el que finalizaba primero se coronaba campeón. Y así encararon la carrera.

En la vuelta 35 Schumacher perdió el eje trasero y le dio un pequeño golpe a uno de los muros, motivo por el cual perdió tiempo y le permitió a Hill acercarse demasiado, a tal punto que intentó una maniobra de sobrepaso en la siguiente curva por la parte interior. Para sorpresa de todos, el alemán dobló antes de lo que indicaba la trazada ideal, algunos dirían que fue intencionalmente, causando un toque entre ambos autos que culminó con su Benetton estrellado de frente contra una barrera de neumáticos y daños en la suspensión del Williams del inglés.

Hill consiguió llegar a boxes para que revisen la gravedad del impacto y, en caso de que se pudiera arreglar, salir a la pista lo antes posible para, por lo menos, finalizar quinto y conseguir los dos puntos que necesitaba para ser campeón ya sin Schumacher en pista. Lamentablemente para él, la suspensión de su FW16 no tenía arreglo, por lo que se vio forzado a abandonar la carrera, cediéndole el título al Káiser.

La estadística final indicaría que Schumacher culminó la temporada 1994 en primera posición con 92 puntos, uno más que Damon Hill, cuyo sueño de ser campeón tendría que esperar hasta 1996. Otra vez, al igual que en 1989 y 1990 con Senna y Prost, el campeonato se definía por un choque que dejó fuera de competencia a los dos contendientes.

Era la primera consagración de un Schumacher que oficialmente daba un golpe sobre la mesa y terminaba de anunciar su presencia en la categoría. Al año siguiente redoblaría su apuesta al conseguir el bicampeonato ya con su Benetton equipado con un motor Renault, que potenció los límites del que había demostrado ser el mejor auto de aquel momento pese a no haber conseguido el mundial de constructores en 1994.

Si bien este fue el primer paso para cimentar su legado, en 1996 asumió un nuevo desafío al aceptar la oferta de Ferrari para desarrollar un auto poco competitivo para los altos estándares de la escudería. Esto hizo que tuviera que esperar hasta el 2000 para volver a levantar el Mundial de pilotos, aunque la espera valdría la pena, ya que lo terminó levantando cinco veces seguidas y, en consecuencia, se convirtió hasta hoy en el piloto que más veces se consagró en la Fórmula 1 con siete títulos.

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Facundo Osa
¡Buenas gente! Soy Facundo Osa, tengo 20 años y me gusta escribir de todo un poco. Últimamente estoy en una parte más polideportiva de mi escritura ya que me alejé del fútbol porque dejó de atraparme como antes. Así que ya saben, cada vez que vean alguna nota que sea de algún deporte que no frecuentamos tanto en la página, seguro sea mía jajajaja. Ya que están, síganme en Twitter (@FacuOsa) si no se quieren perder de nada del mundo polideportivo (especialmente rugby, básquet y automovilismo).

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