sábado, 11 septiembre, 2021
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Hasta 1996, las intervenciones del fútbol africano en los Juegos Olímpicos no habían tenido mucho para destacar. Mucho menos importante había sido la participación de Nigeria, uno de los máximos exponentes de África en los comienzos de la década del noventa, que llegó a Atlanta 1996 con el envión y varios de los mundialistas que habían caído en octavos de final de Estados Unidos 1994 ante Italia. Okocha, Amunike y Amokachi entre los más destacados.

Aunque los antecedentes olímpicos no eran de lo mejor para las Súper Águilas, esta generación trajo nuevos aires y nuevas ilusiones. Hasta la cita en suelo estadounidense, el seleccionado nigeriano había estado en México 1968, Moscú 1980 y Seúl 1988 siempre con el mismo resultado: eliminación en primera ronda. 

Para Atlanta 1996, el continente africano tuvo tres cupos y fueron Túnez y Ghana los que acompañaron a las Súper Águilas. El camino eliminatorio de Nigeria rumbo a Atlanta dio comienzo el 15 de abril de 1995 con un inesperado 0-0 de local ante Kenia, a quien dos semanas después eliminó de visitante al golearlo por 3 a 0. En la segunda ronda pasó ante Egipto (3-2 de local el 12 de agosto y 1-1 de visita el 25) y se clasificó a los Juegos por cuarta vez ante Zimbabwe, con dos victorias por 1-0, primero afuera el 3 de marzo de 1996 y más tarde en casa el 16. A pesar de los nombres, que le valieron al representativo Sub 23 el mote de Dream Team, la previa no fue de lo mejor. Luego de perder un partido amistoso ante Togo, el entrenador Willy Bazuaye fue despedido y en su lugar tomó el mando Johannes Franciscus Bonfrére. 

Con el pasaje en el bolsillo, el entrenador holandés más conocido simplemente como Jo Bonfrére, seleccionó a los siguientes 22 jugadores: Emmanuel Babayaro, Celestine Babayaro, Taribo West, Christian Nwankwo Kanu, Uche Okechukwu, Emmanuel Amunike, Tijani Babangida, Wilson Oruma, Teslim Fatusi, Augustine Okocha, Victor Ikpeba, Abiodon Obafemi, Garba Lawal, Daniel Amokachi, Sunday Oliseh, Kingsley Obiekwu, Mobi Oparaku, Joseph Dosu, Abiodun Baruwa, Pascal Patrick, Ndubuisi Ndah y Jonathan Akpoborie.

Aquel gran equipo nigeriano, reunió entre sus 22 olímpicos algunos con experiencia mundialista dos años antes en el mismo país (Okechukwu, Oliseh, Okocha, Amokachi, Amunike, Ikpeba) junto a la emergente y brillante camada Sub 17 campeona mundial en Japón 1993, con Nwankwo Kanu a la cabeza aparte de Oparaku, Babayaro, Babangida y Oruma.

El sorteo de la fase de grupos determinó que Nigeria integre el D con Brasil, Hungría y Japón, con Orlando y Miami como sedes. El siempre difícil debut fue el 21 de julio en el Citrus Bowl ante poco más de 25 mil espectadores. Fue 1-0 sobre Hungría con un gol del capitán Kanú a los 77 minutos. 

Dos días después, nuevamente en el Citrus Bowl de Orlando, otra vez le costó a Nigeria abrir el partido pero terminó quedándose con el triunfo 2-0 ante Japón gracias a un gol en contra de Akiba y un penal de Jay Jay Okocha, todo esto en los últimos diez minutos de juego. El cierre de la fase de grupos fue derrota 1-0 ante el Brasil de Dida, Roberto Carlos, Juninho, Rivaldo, Bebeto y Ronaldo, que marcó el único gol del partido.

En cuartos de final, los dirigidos por Jo Bonfrére despacharon a México con tantos de Okocha y Celestine Babayaro y en semifinales se volverían a cruzar con Brasil, que venía de dejar en el camino a Ghana. Los ghaneses llegaron a estar 2-1 arriba pero los brasileños lo dieron vuelta con doblete de Ronaldo y el restante de Bebeto. Túnez, el tercer representante de África, había quedado afuera en el Grupo A tras perder 2-0 con Estados Unidos y Portugal y cerrar con empate a un gol ante Argentina.

El 31 de julio en el Sanford Stadium de Athens (Georgia), ante casi 79.000 espectadores, nigerianos y brasileños se volvían a cruzar para las semifinales. Y parecía fácil para los sudamericanos, que a los 36 minutos ganaban 3 a 1: Flavio Conceiçao –de tiro libre y tras un desvío- abrió el marcador antes de los cinco minutos, pero a los 20’ empató Roberto Carlos en contra.

Bebeto y otra vez Conceiçao devolvieron la ventaja a Brasil para irse al descanso 3-1 arriba y el resultado se mantuvo hasta los 77 minutos. Fue allí que aparecieron Víctor Ikpeba –derechazo bajo desde afuera del área- y el capitán Kanú –definiendo en el área chica-, para empatar 3 a 3 y estirar la definición. En el minuto 5 del suplementario, otra vez Kanú volvió a festejar y con su gol de oro habría por primera vez un seleccionado africano en una final olímpica.

Pero no sería la última hazaña de Nigeria en Atlanta. En la final, otra potencia: la Argentina de Daniel Passarella, un equipazo con jugadores como Javier Zanetti, Roberto Ayala, Roberto Sensini, Diego Simeone, Ariel Ortega, Hernán Crespo y Claudio López. 

Pierluigi Colina fue el encargado de impartir justicia ese 3 de agosto de 1996 en el Sanford Stadium de Athens. Nada menos que ante más de 86 mil aficionados. Nigeria formó con Dosu; Oparaku, West, Okechukwu, Babayaro; Okocha, Oliseh, Babangida, Kanu; Ikpeba y Amokachi. Argentina lo hizo con Cavallero; Zanetti, Ayala, Sensini, Chamot; Bassedas, Almeyda, Ortega, Hugo Morales; Crespo y Claudio López. Y fue el Piojo el que inauguró el marcador de cabeza ni bien comenzado el duelo. Promediando el primer tiempo, Babayaro respondió por la misma vía para el 1-1. 

La albiceleste retomó la ventaja con un penal de Hernán Crespo pero a los 27, en una jugada muy rara, luego de un lateral de Babayaro, saltaron Kanú y Sensini a cabecear, la pelota quedó suelta, Oruma pifió y Amokachi convirtió el 2-2. Poco después, y cuando parecía que otra vez la definición sería en el suplementario, ingresó Emmanuel Amunike –había comenzado como titular pero perdió el puesto con Ikpeba- para aprovechar un error de coordinación en la defensa argentina que jugó muy mal al offside. Sensini habilitó y Amunike cabeceó poniendo el 3 a 2 y a Nigeria en la gloria por primera ocasión en un evento futbolístico de tal magnitud

Te aseguro que, en estos momentos en que estoy hablando contigo, todo el mundo en África está celebrando frenéticamente“, decía Sunday Oliseh en medio de los festejos. “Hoy no dormirá nadie. Todos estarán felices y exaltados, al borde del paroxismo. Esta victoria es para todos los países africanos“, agregó. 

Fue divertido. Estuvimos charlando, bailando y cantando toda la noche después de dejar el campo. Habíamos hecho algo que ningún otro equipo africano había hecho, por lo que no pudimos dormir“, recordó Joseph Dosu, el arquero nigeriano en el torneo, sobre aquella noche gloriosa. Los bares de las principales ciudades nigerianas se quedaron sin cerveza y la corporación nacional de radiodifusión permitió que las personas que quisieran ingresaran al estudio para dar sus gritos de festejo y locura.

Tras la obtención de la Copa África en 1980 y 1994 y la clasificación a su primer Mundial dos años antes, la medalla dorada en Atlanta se convirtió en otro de los grandes hitos del fútbol nigeriano y del africano en general, ya que nunca solo vez más un seleccionado del continente se pudo alzar con el oro olímpico –Camerún en Sydney 2000-. 

Para gran parte del plantel fue también una revancha ya que a principios de año Nigeria no había podido estar en la CAN Sudáfrica 1996. Las Súper Águilas, que debían defender el título obtenido en 1994, tuvieron que retirarse debido a cuestiones de seguridad y por directrices del presidente Sani Abacha. Quizás en su mejor momento se vieron impedidos de defender el título.

Cuando regresaron a Nigeria, el Gobierno nombró a todo el plantel como “Miembros de la Orden de Nigeria”, les regalaron departamentos y un premio de 200 mil dólares en efectivo. Fue el primer oro olímpico de un seleccionado africano que quedará por siempre en la memoria de los amantes del fútbol.

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Suipachero de nacimiento y amante del fútbol africano. Casi una década de periodismo con pasado en Diario Clarín y El Gráfico. Colaborador en Revista Don Julio y El Enganche. Apostando por un nuevo periodismo en The Line Breaker.

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