domingo, 1 agosto, 2021
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El waterpolo es uno de los deportes más antiguos de los que se tiene registro en España, teniéndose como dato que el primer partido se disputó el 12 de julio de 1908 en el mar, delante del Club Natació Barcelona (CNB). Esta institución es sumamente importante, ya que fue gracias al esfuerzo de sus miembros que comenzaron a organizarse los primeros torneos. La popularidad de este juego fue en aumento, haciendo que se armara una selección para competir en los Juegos Olímpicos de Amberes en 1920 donde, además de la experiencia positiva de disputar el certamen más importante de la época, también se rescata el poder observar de primera mano el entrenamiento de países fuertes como Estados Unidos –del quienes aprendieron el nado crawl– y Reino Unido, país que los eliminaría en cuartos de final y se consagraría campeón.   

Desde entonces, la Furia Roja –o más bien la Furia Acuática– comenzó a hacerse un nombre a nivel mundial, disputando de manera ininterrumpida los JJOO desde 1968 y siendo siempre uno de los seleccionados top, aunque lejos de los grandes campeones como lo eran los estadounidenses, Hungría, la Unión Soviética, Yugoslavia o Italia. Los españoles se movieron casi siempre entre la 7° y la 10° plaza en los grandes certámenes.  

A partir de la década de los 80´, sin embargo, todo comenzaría a cambiar. Primero con la llegada del húngaro Kalman Markovits -campeón como jugador con su selección de los Juegos de 1952 y 1956– el cuál ayudó a modernizar al seleccionado, como explica Enrique Ruiz en la web Waterpolo Madrid“En España, la Revolución Táctica se inicia con la llegada del entrenador húngaro Kalman Markovits, que es fichado por el Club Natació Barcelona. Este técnico trae muy aprendida la lección de su fracaso con la selección de Hungría en la Olimpiada de México, y transmite un concepto táctico del waterpolo con mucho dinamismo en ataque y conceptos defensivos novedosos, como son las aplicaciones estratégicas de las defensas presionaste, zonales y medio zonales en función de los sistemas utilizados por el ataque adversario”.

Con estas lecciones, la selección, comandada por Manuel “Lolo” Ibern primero y por Antoni Esteller después, conseguiría dos históricos cuartos puestos en los Juegos de Moscú 1980 y Los Angeles 1984, quedando cerca del tercer puesto en esta última edición. Sin embargo, unos años antes había debutado un muchachito llamado a cambiar la historia. 

Manel Estiarte Duocastella debutó en el primer equipo del CN Manresa en 1975, con apenas 14 años. Solo dos años después ya era parte de la selección mayor, una en la que se convertiría en santo y seña durante los siguientes 23 años, siendo el jugador clave que España necesitaba para dar el salto de calidad, siendo considerado uno de los mejores waterpolistas de la historia. Él debutó justamente en los Juegos de Moscú y se retiró en Sydney 2000, convirtiéndose en el primer waterpolista en disputar seis ediciones. En ese lapso, los ibéricos apenas saldrían de los cuatro mejores en 1988, cuando finalizaron en el sexto lugar. 

A sí mismo, las selecciones juveniles también comenzaban a destacarse, con la Sub 20 consiguiendo el título mundial en 1983 y 1987, además de un título europeo Sub 19 en 1980. Se estaba formando un equipo potente, que terminaría de darse a conocer justamente en el torneo en el que “peor” le fue. En Seúl 1988 se juntaron, entre otros, Jesús Rollán, Pedro García Aguado, Salvador Gómez, Jordi Sans Juan y el propio Estiarte, quienes quedaron muy cerca de alcanzar las semifinales, derrotando en la fase de grupos a Estados Unidos e igualando ante Hungría, quedándose afuera tras un 10-8 en contra ante la posterior campeona, Yugoslavia. Se había formado la base para los Juegos a disputarse en casa, donde cerca se estuvo de escribir el nombre del país en letras doradas. 

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Cerca del gran golpe 

España llegó al torneo a disputarse en casa de la mejor forma posible. Tras Seúl el equipo conseguiría un cuarto puesto en el Copa Mundial de la FINA (Federación Internacional de Natación) en 1989 y un tercer lugar dos años más tarde en el mismo certamen, a la vez que se alcanzarían dos finales en 1991 (europeo y en el Campeonato Mundial), cayendo en ambas oportunidades ante Yugoslavia, en estos últimos con el croata Dragan Matutinovic como seleccionador. 

Este preparó el gran evento a conciencia, sabiendo que no tendría oportunidad mejor para ganar una medalla. Por eso fue que la preparación sería más exigente que nunca, comenzando el año con un stage en Andorra más la disputa de algunos torneos amistosos. Los entrenamientos eran durísimos, con hasta ocho horas de duración, pero al final aquellas cesiones terminarían dando sus frutos. 

A los Juegos fueron selecciones sumamente potentes, como Italia, Hungría, Estados Unidos y el Equipo Unificado (la URSS, recordemos, ya había dejado de existir). Sin embargo, faltaba uno de los grandes candidatos al oro: Yugoslavia, la bestia negra de los últimos torneos. La bicampeona olímpica se encontraba en guerra y había sido suspendida por el COI. Era un alivio, pero eso no quitaba que el torneo fuera igual de duro. 

Los locales ganaron cuatro de los cinco partidos de la fase inicial (12-6 Países Bajos, 11-6 Grecia, 8-5 Hungría y 12-10 Cuba), igualando el restante ante Italia 9-9, en una previa de lo que se vendría días más tarde. Aquellas dos selecciones avanzaron a las semifinales junto al CEI y EEUU, el siguiente rival de los de Matutinovic, que no tuvieron problemas para ganar por 6-4. En Barcelona se festejó como nunca aquel resultado, ya que significaba que una de las tres medallas se quedaría en casa. Descartada -lógicamente- la de bronce, quedaría luchar por una de las dos de más alto rango. El rival volvía a ser la azzurra, que a duras penas había podido vencer al Equipo Unificado por 9-8. 

El cruce ante los dirigidos por otro croata (Radko Rudic) fue impresionante, luchado hasta el final. Tuvieron que darse hasta tres prórrogas para que, finalmente, sean los italianos los que se alzaran con la gloria eterna. “La victoria de España estuvo al alcance de la mano a lo largo de estas tres prórrogas, pero el nerviosismo de nuestros jugadores, faltos de experiencia en afrontar partidos de este calibre y de esta presión, fue crucial a la hora de contrarrestar todas las triquiñuelas de los rivales, mucho más avezados a esta situación” escribe Ruiz. Aquel golpe serviría, sin embargo, para afianzar a un grupo que iba a ir por todas. Aquella plantilla era tan buena que varios jugadores lograron disputar varios Juegos, a saber: 

  • Manel Estiarte (1980-2000) 
  • Jordi Sans Juan (1984-2000) 
  • Jesús Rollán (1988-2004) 
  • Salvador Gómez (1988-2004) 
  • Pedro García Aguado (1988-2000) 
  • Daniel Ballart (1992-2004) 
  • Sergi Pedrerol (1992-2004) 

 

Ahora sí, dorados 

En 1993 Matutinovic dejaría la selección, tomando la posta un ex jugador del seleccionado, Joan Jané (disputó los JJOO de 1968 y 1972), quién mantuvo prácticamente a la base de aquella generación dorada, una que aunaba juventud con experiencia. El equipo comenzó entonces su preparación de cara a Atlanta 1996 con un objetivo claro: la medalla dorada. Aquel plantel había incorporado en su espíritu que podía luchar ante cualquier selección que se le pusiera enfrente y ganarle y en los torneos que disputaron lo manifestaron. Fueron terceros en el Europeo de 1993 y nuevamente subcampeones mundiales en 1994, donde nuevamente Italia negó el sueño español. 

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Los seleccionados candidatos para el torneo a disputarse en tierras norteamericanas eran los mismos de antaño, aunque con algunas modificaciones: no estaba la URSS ni el CEI, sino Rusia y Ucrania, mientras que sin Yugoslavia aparecían tanto Croacia como la República Federal de Yugoslavia –conocida tiempo después como Serbia y Montenegro-. 

Jané había comenzado una tímida renovación de la plantilla (se sumaron Josep María Abarca, Iván Moro, Jordi Paya, Carles Sanz López y Ángel Andreo) al grupo que ya venía disputando varios certámenes con la selección, todos liderados por un Estiarte que no dejaría pasar su oportunidad de mostrarse como el más grande.  

España comenzó bien el certamen, venciendo a Alemania (9-3) y a los Países Bajos (8-7), pero luego comenzarían las dudas, ya que tanto la FR Yugoslavia como Hungría terminarían derrotándola (9-7 y 8-7, respectivamente). Si bien se llegó a la última jornada como una de las cuatro clasificadas para los cuartos de final –a los de Jané, sin dudas, les favoreció el cambio en el sistema de competencia-, lo cierto es que, como mucho, podía aspirar a terminar tercero, evitando a Italia pero teniendo que enfrentar a los Estados Unidos o a Croacia –que se enfrentaban en la última jornada-. Los ibéricos ganaron a los rusos por 8-6 para evitar a los vencedores de Barcelona, pero igualmente no podían confiarse, ya que los norteamericanos llegaban a los cuartos tras derrotar a los europeos. 

En la ronda de los ocho mejores comenzaría, sin embargo, lo mejor del waterpolo español. El grupo entendió que ya no podían permitirse más libertades y salieron a por todas. Primero lo sufrieron los americanos, que cayeron 5-4. Y luego cayeron los húngaros por 8-7, siendo esta la primera caída de un seleccionado que, hasta allí, había triunfado en sus seis presentaciones previas. Todo hacía presuponer que habría una revancha ante Italia, la otra invicta del torneo. Pero no: Croacia ganó 7-6 y cortó aquella posibilidad. 

El duelo final fue complejo para los de Jané. Y es que, si bien tenían la ventaja de ser un equipo más experimentado, el haber perdido en tantas finales previas les puso una presión extra que se pudo observar por momentos, con fallos, goles errados y con un Rollán que tuvo que vestirse de héroe para mantener el encuentro a raya, ya que los croatas se fueron al descanso por 3-1, aunque la diferencia pudo haber sido mayor.

En el entretiempo el plantel se juntó y decidió que era ahora o nunca. Ya basta de perder. Ya basta de tener que ver los festejos ajenos. A ese gol que había anotado Estiarte se le sumaron dos de Miki Oca, un segundo del ahora miembro del cuerpo técnico de Pep Guardiola y Jordi Sans lograron darle la vuelta a la contienda. Lamentablemente, aquella furia se vería apagada por el empate croata a pocos segundos del final, haciendo que las dudas volvieran.  

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“Hasta aquel momento, Croacia pareció tener alguna esperanza de victoria. Pero España no podía perder. Eran demasiados años luchando, demasiados esfuerzos, demasiadas ganas. Pedro García consiguió el 6-5 a los 22 minutos de juego efectivo. Y Chiqui Sans remataba la faena un minuto más tarde en un sensacional reverso con la zurda que dejó al portero Skolnekovic con un palmo de narices y que celebró a lo Bebeto, acunando los brazos para dedicarlo a su hijo Jordi junior, nacido unos meses antes” relataría Ruiz.  

Cuando el encuentro llegó a su conclusión apareció ese caos hermoso que llena el alma de los vencedores. Nadie podía quedarse quieto: algunos lloraban, otros se abrazaban, incluso el entrenador Jané se tiró vestido al agua, ese elemento que ahora dominaban. La generación dorada, ahora sí, se había ganado su apodo a pulso, con ese brillante material colgando en sus cuellos. 

 

El final 

A aquel grupo le quedaría todavía cuerda para más. En 1998 y 2001 ganaron dos Mundiales, venciendo en el proceso a Hungría (6-4) y RF Yugoslavia (4-2). En Sydney 2000 llegaría el final de la era Estiarte, con un equipo que nuevamente luchó por las medallas pero que terminó en el cuarto lugar. Manel, tras 25 años, decía adiós, dejando tras suyo una carrera en la que lo ganó todo a nivel de clubes y selecciones y donde, además, fue consagrado como siete veces Mejor Jugador del Mundo, entre tantos otros galardones. Jaime Dávila, en As, resume su trayectoria de la siguiente manera:

En total sumó con España más de 20 años como capitán. Disputó 580 partidos con la Selección, en los que anotó 1561 goles -127 de ellos en los Juegos Olímpicos-. Junto con las dos medallas olímpicas, consiguió un oro Mundial en Perth 1995, además dos platas mundiales, y una plata y un bronce europeo. En cuanto a su trayectoria en clubes, pasó por los españoles CN Manresa, CN Barcelona -con el que consiguió una Copa de Europa-, CN Catalunya y CN Atlètic-Barceloneta, además de en los italianos Rari Nantes Savona y Pallanuoto Pescara, donde mostró su más alto nivel, consiguió su segunda Copa de Europa y fue apodado como ‘El Maradona de Pallanuoto’. A su palmarés con equipos se le suman tres Recopas, once Copas, nueve Ligas y cuatro Supercopas de Europa.

Poco a poco los jugadores también fueron abandonando el deporte, viviendo incluso momentos trágicos, como el suicidio del portero Rollán, que estaba en un proceso de rehabilitación. El equipo español, si bien tuvo resultados positivos en los últimos tiempos (fue subcampeón mundial en 2009 y 2019 y cuarto en la última World League) no ha podido igualar el estado de forma de un Dream Team maravilloso, capaz de hacer que cientos de chicos se interesasen por intentar emular a sus héroes acuáticos.  

 

Fuentes 

  • “Aproximación histórica del waterpolo. De los orígenes lúdicos al más alto nivel competitivo mundial y español” de Rogelio Parra Jesús, Emilio J. Martínez López y Maria Luiza Zagalaz Sánchez. 
  • Waterpolo Madrid
  • AS
  • 20 años Barcelona 92´
  • El País

 

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