sábado, 31 octubre, 2020
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Estados Unidos fue país anfitrión de las olimpíadas de 1996. La ciudad de Atlanta, en el estado de Georgia, fue seleccionada como sede. Dicha selección no estuvo exenta de polémica, ya que Atenas aspiraba a ser el anfitrión de tal edición justo cuando se cumplía el primer centenario de los Juegos en la Edad Moderna. Más pudo el marketing y el poderío económico que la tradición. Y aunque la razón oficial fue el sistema de rotación continental que impedía a Atenas fuese la ciudad organizadora, no solo la elección de la sede causó controversia, puesto que la medalla de oro ganada por la selección de Cuba en béisbol, la segunda en los Juegos Olímpicos, derivó en un debate sobre quién lideraba el deporte por finales de los años 90′. 

Durante más de 40 años la relación a todo nivel entre Estados Unidos y Cuba prácticamente no existió. Bueno, digamos que existió, pero precisamente no era una relación, fue una enemistad que pasó por episodios graves, tanto que la paz del mundo se vio en gran peligro. Los Juegos Olímpicos han representado una idea contraria al odio, han sido una exhibición de hermandad y de competitividad sana, que enaltece el esfuerzo del ser humano por superar barreras físicas, mentales y digamos hasta ideológicas.

Había muchas dudas en la delegación cubana en participar en los Juegos Olímpicos de 1996. En 1991, el lanzador René Arocha sorprendió a propios y extraños al escapar de su delegación durante una escala en Miami, cuando la selección regresaba a la isla. Era la primera vez que algún pelotero desertaba en casi tres décadas, lo que significó la primera grieta en el férreo muro construido por el gobierno cubano alrededor a sus jugadores. Al final, el deseo de triunfar deportivamente se impuso en Cuba al miedo de perder a sus exponentes deportivos, en especial en el béisbol.

¡Play Ball!

El certamen beisbolero tuvo lugar entre el 20 de julio y el 2 de agosto de 1996. Participaron selecciones nacionales de diversas latitudes tales como Cuba, Japón, Nicaragua, Holanda, Australia, Italia, Corea del Sur y la anfitriona Estados Unidos. El escenario que vio jugar a la disciplina de los Strikes y los Homeruns fue el Fulton County Stadium, hasta ese año sede de los Atlanta Braves y posteriormente derribado al finalizar los juegos.

La selección cubana contaba entre sus filas con un equipazo, más si se tiene en cuenta que sus jugadores no pertenecían a ningún elenco profesional fuera de la Isla y que nueve de sus peloteros ya se habían alzado con la máxima presea en Barcelona 92. Son los casos del receptor Alberto Hernández, los infielders Antonio Pacheco, Juan Padilla, Lázaro Vargas, Omar “El Niño” Linares y Orestes Kindelán; los jardineros Luis Ulacia y José Estrada además del lanzador Omar Ajete. Sin olvidar que José Ariel Contreras, lanzador de la nómina cubana, tendría luego una fructífera carrera de 10 años en las Grandes Ligas en Estados Unidos.

Cuba venía de una holgada victoria dorada en los mencionados Juegos de Barcelona 92, y además acumulaba una importante superioridad durante varios años en los principales torneos “amateurs” internacionales. Estos antecedentes hacían a los antillanos amplios favoritos, que a la postre terminarían invictos. Desde el primer encuentro fueron amplios dominadores vapuleando a Australia (19×8), aunque luego sufrieron un poco venciendo solo por una carrera a Japón (8×7). A continuación, dejaron KO a los Países Bajos (18×2), y a pesar de que luego y contra todo pronostico Sudáfrica descifró a los lanzadores cubanos, Cuba ganó (14×11). Ante Italia fue una masacre (20×6) y trabajo más que cumplido.

Y al final, en el encuentro más esperado por propios y extraños ante Estados Unidos, los cubanos vencieron (10×8) con brillante relevo de Pedro Luis Lazo que contuvo la remontada norteamericana en las ultimas entradas antes de sacar del camino de manera relajada a Nicaragua por una única carrera (8×7).

En la fase final, los cubanos demostraron su capacidad de juego caribe y vencieron nuevamente a Nicaragua (8×1) y en la final a los nipones (13×9), que sorprendentemente llegaron a tal instancia luego de derrotar a Estados Unidos. La figura cubana del campeonato fue Omar Linares, alguien que debió jugar en las Grandes Ligas pero que por cosas del destino y la política no pudo. Linares disparó 8 cuadrangulares e impulsó 16 carreras.

Cuba era el campeón vigente de la mayoría de los torneos internacionales, pero algunos ya presagiaban que en Atlanta 96 se daría el fin de ese dominio después de la aprobación en la participación de peloteros profesionales, algo que habilitó un flujo de calidad y experiencia nunca antes visto, y la introducción del bate de madera en los siguientes torneos. Se podría decir, que pese a lo que ocurrió después, que los 90′ se portaron bien con el béisbol cubano, uno que dejó memorias imborrables a sus ciudadanos.

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Francisco Mayz
Venezolano en Madrid. Ingeniero. Veo con mirada analítica cualquier partido o evento deportivo. Me gusta hablar con cualquiera que mire el deporte más allá de los resultados, de ahí salen buenas historias para contar.

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