martes, 27 octubre, 2020
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Es 6 de octubre de 1993. La NBA se despertaba con una noticia que cimbraría hasta el último ladrillo de la empresa. Michael Jordan anunciaba su retiro del básquetbol profesional debido a una fuerte depresión tras el asesinato de su padre en julio del mismo año. Las portadas de todos los diarios deportivos en aquella época enfundaban tristeza, pero al mismo tiempo incertidumbre, por el futuro de la NBA, de los Chicago Bulls y de si podríamos ver a un basquetbolista que se acercara al nivel de Jordan, o de menos, a un estilo de juego como el de los Bulls, quienes habían dominado los últimos tres años.

Esa figura que iba a interrumpir el dominio de los Bulls no estaba en el joven Shaquille O’Neal, tampoco en Charles Barkley y los Suns, que venían de ser subcampeones de la NBA. Para encontrar al sustituto en el trono que dejaba vacante Jordan, por un par de temporadas, tendremos que viajar hasta Lagos, Nigeria, una de las ciudades más pobladas de África, pero también que refleja la violencia, la pobreza y el caos. Es ahí donde Hakeem Olajuwon, empezaría a fraguar su historia.

 

Por encima de Jordan

“..Los Houston Rockets eligen a Hakeem Olajuwon de la Universidad de Houston, quien comenzó a jugar al baloncesto hace apenas 5 años, es de Nigeria y es ahora la primera elección del Draft de 1984”, así se narraba en directo la primera elección del Draft de aquel año, considerado uno de los mejores de la historia, donde cuatro jugadores seleccionados alcanzaron a llegar al Salón de la Fama: Michael Jordan, Hakeem Olajuwon, Charles Barkley y John Stockton.

Ser el jugador número uno de ese draft ya es más que un logro, por todo lo que significa Jordan en nuestros días. Pues ahí, en esa fecha de 1984, Hakeem estuvo por encima del eterno 23. Pero su travesía comenzó muchos años atrás, cuando decidió probarse en el baloncesto.

 

 

Para Hakeem, el deporte siempre fue prioridad, pero no el básquetbol. Primero fue el handball, la gimnasia, el hockey sobre pasto y hasta el fútbol, donde jugaba como portero. Sin embargo, sus más de 2 metros de altura no pasaron desapercibidos para su entrenador en la escuela y fue ahí donde tomó su primera decisión crucial: practicar básquetbol.

El talento era innato y su profesor lo motivó a probar suerte en los Estados Unidos, dejando atrás Nigeria, su familia y sus metas. Hakeem lo dudó de inicio, pero luego levantó uno de los pocos teléfonos de su comunidad y llamó a Guy V. Lewis, su primer entrenador en la Universidad de Houston, que no dudó en aceptarlo.

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El taxi y el comienzo de la historia

Quizás el contexto social en los años 80´ y el desconocimiento de lo que Hakeem era como jugador hicieron que Lewis subestimara la llegada del juvenil a Estados Unidos, por lo que nadie fue a recibirlo al aeropuerto y Olajuwon tomó un taxi hasta el campus. Cuando Hakeem descendió del auto, impresionó a los presentes con su altura y su físico, y de ahí nunca perdió la confianza de Lewis. Fue esa presencia física la que impactó de inmediato en la cancha, llevando a la Universidad de Houston a las finales de la NCAA; aunque perdieron el título ante North Carolina, el primer gran revés para el nigeriano.

Hakeem decidió trabajar duro durante el verano y en una de esas prácticas se encontró con Moses Malone, que no era poca cosa. Malone se retiró como el líder en rebotes ofensivos de la historia de la NBA (6.731). También posee prácticamente todos los récords relacionados con los rebotes ofensivos. Malone llevó a Hakeem al siguiente nivel, al límite de su juego y al límite de su paciencia, exigiendo lo mejor de él en cada entrenamiento, en cada jugada, en cada ofensiva y puliendo cada detalle defensivo, que era la fortaleza del joven.

En su segunda temporada, los Houston Cougars se convirtieron en una sensación en el baloncesto colegial, ganando 22 partidos consecutivos y teniendo a una pareja explosiva en Hakeem y Clyde Drexler. Sin embargo el título no llegó. En la final cayeron en el último segundo ante North Carolina, nuevamente.

El tercer año de Olajuwon en la universidad, ya sin Drexler a su lado, significó la consagración de un líder, que además fue nombrado como mejor Jugador del Año y alcanzaron la racha de 32 victorias hasta llegar a la final, contra los Georgetown Hoyas, donde jugaba Patrick Ewing, que más tarde volverá a aparecer en esta historia. Pero los Cougars no pudieron con la maldición de las finales, y por tercer año consecutivo, el subcampeonato era la recompensa. Y también la vía de salida de Olajuwon rumbo a la NBA.

 

El mismo destino

En su temporada debut en la NBA, Olajuwon mantuvo su gran nivel y sus bloqueos en defensa se volvieron un espectáculo para el público de los Houston Rockets. Hakeem y Ralph Sampson, de 2.24 de altura, formaron el dúo apodado como “Las Torres Gemelas”, que hicieron temblar a la liga. Houston dejó de ser el equipo que peleaba en el fondo de la clasificación para pasar a pelear por el campeonato de la conferencia.

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En 1986 llegaron a la final de la Conferencia del Oeste, donde se midieron ante los campeones mundiales, los LA Lakers de ‘Magic’ Johnson. Fue el primer golpe sobre la mesa de Olajuwon en la NBA y los Rockets, al llevarse la serie 4-1, contra todo pronóstico. En la final, la historia fue diferente: los Celtics se llevaron con facilidad el título, al ganar 4-2 la serie, siendo la cuarta final perdida para el joven Olajuwon.

Los Rockets empezaron la temporada 1993-94 con nuevo dueño en la figura de Leslie Alexander y en el segundo año como entrenador de Rudy Tomjanovich. Arrancaron la liga con 15 victorias consecutivas y con Hakeem jugando a un nivel increíble, obteniendo hasta 37 puntos en un partido, liderando en ambas fases del juego a su equipo. La temporada regular terminó con 58 victorias para Houston, que los ponían ya como uno de los candidatos a un título que los Bulls no tenían muchas esperanzas de defender.

En los playoffs, Houston comenzó venciendo a Portland, por 3-1. En las Semifinales de Conferencia se medirían ante los campeones, los Phoenix Suns comandados por Charles Barkley y Robert Horry, entre otros. La serie comenzó bastante mal para los Rockets, dejando ir ventajas de 20 y 18 puntos en el primer y segundo juego, respectivamente. Era una marca que parecía tener ya al equipo de Tomjanovich sobre la duela e incluso la prensa se metió con el equipo y los etiquetaron como Choke City (la Ciudad del Ahogo), algo que los jugadores tomaron en serio y de manera triunfal le dieron vuelta a la serie. Los Rockets terminaron ganando la serie 4-3 y el Choke City se convirtió en Clutch City. En la final de conferencia, Houston pasó sin problemas por encima de Utah, ganando la serie 4-1.

 

Convocamos a una reunión, todos se abrieron, la ciudad tenía a la prensa contra nosotros, todo el mundo estaba en contra. Ahora solo estábamos nosotros en esa habitación y teníamos que ser sinceros. Tenemos que comprometernos ahora mismo o ser sinceros y decir: ‘no queremos’”, fue lo que declaró Hakeem sobre ese momento.

 

En la final de la NBA, Hakeem y los Rockets se midieron a los New York Knicks, donde jugaba un viejo conocido, Patrick Ewing, que 10 años atrás había vencido a Hakeem y los Cougars en la final de la NCAA. Aquello motivó enormemente a Olajuwon, que quería que la historia fuera diferente. Y así fue.

El primer partido fue dominado por Olajuwon a diestra y siniestra, humillando de paso a Ewing y los Rockets ganaron 85-78. Los Knicks respondieron y se llevaron el segundo de la serie por 91-83. El tercer asalto fue para los Rockets, pero de ahí la eliminatoria se les complicó. New York empezó a bloquear a Olajuwon de manera intensa, para llevarse los siguientes dos partidos y ambos de visita.

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Con la serie 3-2, todo se definiría en New York y los Knickerbockers ya estaban listos para celebrar. Pero en el sexto juego, Olajuwon volvió a ser el de siempre, a pesar de la gran noche de John Starks. Olajuwon respondía en cada disparo. La parte crucial se vivió con 7 segundos en el reloj ya en el último cuarto, y con dos puntos de ventaja para los Rockets. Olajuwon hizo una de las jugadas defensivas más memorables en la historia del basquetbol.

 

 

Hakeem, en total desequilibrio, pudo detener a Starks y con la mano derecha alcanzó a tocar el balón que iba con destino a sumar unos fatídicos tres puntos que le hubieran dado el título a los neoyorquinos. Ese envión anímico sirvió para que en el séptimo juego Houston ganara 90-84, con Hakeem dominando en puntos, rebotes y asistencias. Fue así como 10 años después, Olajuwon le regresaba a Houston todo lo que le había dado, desde el día que tomó un taxi para ir a la Universidad.

Cuando parecía que lo de Houston y Hakeem había sido un golpe de suerte, la temporada 1995-96 significó la consagración de la dinastía. La temporada regular no fue la mejor, con apenas 47 victorias, y entraron en el sexto lugar a los playoffs, donde vencieron a los tres mejores de su conferencia; Jazz, Suns y Spurs, para llegar a la final contra los Orlando Magic, lidereados por Penny Hardaway y Shaquille O’Neal.

La serie se definió en cuatro partidos, en 7 días. En los primeros dos juegos Houston arrasó superando los 100 puntos y llevándose las victorias en casa. En Orlando la historia no fue diferente, los Rockets vencieron 106 a 103 en el tercer juego y culminaron la obra el 14 de junio con marcador de 113-101 para convertirse en el equipo peor clasificado en temporada regular en ganar un campeonato de la NBA. Olajuwon fue nombrado nuevamente MVP de las finales, siendo el segundo jugador después de Jordan en ganar el premio dos años seguidos.

Rudy Tomjanovich selló aquella historia, que irrumpió la dinastía de los Bulls, con persistencia y trabajo, pero además con una frase que trascendió: “¡Nunca subestimes el corazón de un campeón!”.

 

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Vicente Escobar
Especialista en scouting y análisis

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