lunes, 26 octubre, 2020
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La Copa Mundial de Rugby se caracteriza, entre muchas cosas, lamentablemente, por el hecho de que en cada edición la gran mayoría de equipos que clasifican son siempre los mismos. Esto se debe en parte a que los tres primeros equipos de cada grupo clasifican directamente al siguiente mundial. Esto deja escasos ocho lugares para jugarse en las eliminatorias por todo el mundo, de los cuales alrededor de seis o siete siempre son ganados por los mismos equipos. Por eso cada que un equipo diferente a los de siempre clasifica, es una bocanada de aire fresco para el mundo del rugby. Así fue con Uruguay y España en 1999, Portugal en el 2007 y Rusia en el 2011.

Pero nuestro viaje nos lleva más atrás, al primer mundial en África. Era 1995, a tres años del comienzo del fin del apartheid y de toda la situación que Nelson Mandela pretendía erradicar en Sudáfrica, otra selección aparte de los Springbocks se hizo presente, siendo aún más inesperado, un equipo enteramente de raza negra, Costa de Marfil.

El rugby en el país de los elefantes en los últimos años ha venido a menos, pero a mediados de los 90’, gracias a que muchos de sus jugadores se desempeñaban en las divisiones inferiores de Francia, se colocó como la segunda selección más fuerte del continente africano. Para 1995 Sudáfrica había clasificado automáticamente al ser el anfitrión, dejando libre el cupo de África 1, que se disputaría en las eliminatorias.

Hoy en día, ese boleto africano es comúnmente ocupado por Namibia, pero antes se lo disputaban equipos como Marruecos, Túnez y Zimbabue, y actualmente los marfileños se ven relegados a un cuarto o quinto escalón en el continente.

Pero volvamos a 1993: el boleto africano quedaba abierto y era una oportunidad única para varias selecciones. Namibia, Zimbabue, Kenia, el Golfo Arábigo (en el ámbito rugbístico lo que hoy son los Emiratos Árabes Unidos), Costa de Marfil, Túnez y Marruecos buscaban llegar al mundial, algo que solo Zimbawue había conseguido.

La primera parte de la eliminatoria se jugaba en dos grupos, una zona de cuatro equipos y el otra de tres, clasificando los dos primeros de cada una a una ronda final. Namibia, Zimbabue, Costa de Marfil y Túnez avanzaron a la última fase, un torneo todos contra todos jugado en Casablanca, Marruecos. En una eliminatoria increíblemente pareja, donde todos los equipos consiguieron ganar al menos un partido, los marfileños vencieron a los namibios 13-12, y el última jornada hicieron lo propio con Zimbabue, por 17-10, de esta manera clasificando al mundial por un punto de ventaja sobre el segundo lugar.

El sorteo no les dio tregua al quedar en el grupo D con dos pesos pesados, Escocia y Francia, además de un siempre complicado equipo tongano. El 26 de mayo de 1995, en el Olympia Park de Rustenburgo, el equipo marfileño, con su tradicional jersey naranja y short verde, debutaba en una Copa del Mundo ante Escocia, donde jugaba Gavin Hastings, uno de las grandes estrellas del rugby de los 90’. Como era de esperarse, los africanos eran visiblemente más pequeños, basando lo poco que podían jugar en su nada despreciable velocidad y su ímpetu, que era más grande que su técnica y estrategia. Liderados por su habilidoso apertura Aboubacar Camara y a pesar de lograr poner en problemas a los escoceses durante algunos momentos, la lógica se impuso y Escocia ganó con un aplastante 89-0. Esto desató una gran discusión en el mundo del rugby sobre si este tipo de equipos considerados “pequeños” debería poder jugar la Copa Mundial, ya que decían que le quitaba nivel a la competencia.

A pesar de todo, nuestros protagonistas salieron al segundo partido ante los favoritos del grupo, Francia. Los franceses venían de vencer a Tonga y se perfilaban al liderato del grupo. El ímpetu de los africanos no disminuyó, dejaron atrás los nervios del debut y lograron hacer un juego bastante aceptable, donde lograron marcar los primeros tries de Costa de Marfil en un Mundial, obra de su wing Aboubacar Soulama y su apertura, el mencionado Camara. El marcador final quedaría 54-18 con un buen sabor de boca tanto para los jugadores como para los aficionados que se dieron cita en el estadio.

Para el último partido, la dura selección de Tonga buscaba su primera victoria de la competencia, los dos equipos habían perdido sus dos partidos anteriores y querían terminar de manera decorosa el torneo. El partido fue mucho más parejo que los anteriores, pero aun así los de las islas del Pacífico se llevaron el triunfo por 29-11, con la anotación de los africanos siendo obra del flanker Alfred Okou. Este resultado es anecdótico, ya que ese partido será recordado por el lamentable accidente del ala Max Britos. El jugador, que era electricista y que en ese entonces participaba en la quinta división francesa, atrapó el balón producto de una patada, se dispuso a iniciar el contraataque cuando fue tackleado por el flanker tongano Inoki Afeaki. En el posterior ruck, varios jugadores cayeron sobre él, causándole una severa lesión en las vértebras. Aunque se hizo todo lo posible por parte de los médicos, desafortunadamente el marfileño quedó paralizado del cuello hacia abajo. En el 2007 Britos era capaz de mover uno de sus brazos y el pecho, y en una entrevista ese mismo año comentó que no tenía una vida feliz. Afortunadamente para el ahora ex jugador, en este 2020 volvió a hablar para la prensa, diciendo que se había transformado espiritualmente, aceptado su condición y ahora lleva una mejor vida viviendo con sus padres en Francia.

La participación de Los Elefantes en la Copa Mundial queda como una anécdota corta pero inolvidable, ya que con el fantasma del apartheid todavía rondando se convirtieron en el único equipo de rugby enteramente de raza negra en jugar una Copa del Mundo, hecho que hasta el día de hoy sigue siendo único. Citando al gran actor Morgan Freeman en su interpretación de Nelson Mandela en la película Invictus, “Costa de Marfil clasificó, eso es maravilloso”.

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