miércoles, 22 septiembre, 2021
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El camino de las mujeres en disciplinas dominadas por hombres, como el fútbol, no ha sido fácil. Durante años se les han cerrado las puertas ya sea como jugadoras, entrenadoras, árbitros e incluso en puestos administrativos a nivel de clubes o federaciones; sin embargo, incontables generaciones han luchado por incorporarse al mundo del deporte y, poco a poco, ganan terreno dentro y fuera de las canchas.

La presencia femenina en algunas actividades similares al fútbol data de los años Antes de Cristo, pero el interés en este deporte incrementó luego del estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914. Los hombres tuvieron que abandonar las fábricas para unirse a los ejércitos, por lo que ellas salieron de casa para ejercer oficios en los que antes no se les tomaba en cuenta en sus tiempos libres formaron equipos para descansar del trabajo.

Esto desencadenó la fundación de clubes en Inglaterra como Dick, Kerr’s Ladies FC y Arundel Coulthard Foundry, que reunían a hasta 50 mil aficionados en inmuebles como Saint James Park, Old Trafford y Anfield; estos estadios albergaban principalmente a las escuadras varoniles, por lo que aparecieron más impedimentos para ellas. La situación no agradó a los directivos de la Asociación Inglesa de Fútbol (FA, por sus siglas en inglés) y en diciembre de 1921 prohibieron que estos campos fueran utilizados para partidos femeninos.

El argumento principal para alejar a las mujeres de las canchas era que se trataba de “un juego inapropiado para la estructura de una mujer”, algo sustentado por doctores como la británica Mary Scharlieb.

Estas medidas fueron retomadas por otros países y permanecieron vigentes por al menos 50 años y la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) no avaló los compromisos disputados durante ese tiempo. Tampoco reconoció como oficial la Copa del Mundo de 1970, que se disputó en Italia con siete participantes y Dinamarca fue el combinado campeón.

Con el pasar de los meses las cosas cambiaron ligeramente: primero la FA eliminó su prohibición y después FIFA reconoció el enfrentamiento entre Francia y Países Bajos del 17 de abril de 1971 como el primer partido internacional entre selecciones femeninas; el compromiso terminó 4-0 a favor de las francesas, quienes meses después se enteraron que gracias a esa victoria podrían participar en el segundo Mundial de la historia, aunque este tampoco se consideró oficial.

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México organizó la competencia y, todavía bajo los efectos de la Copa del Mundo varonil del año anterior, miles de aficionados aprovecharon para disfrutar más fútbol del 15 de agosto al 5 de septiembre en los estadios Azteca y Jalisco. Dinamarca volvió a coronarse, pero las mexicanas deslumbraron a su manera y quedaron subcampeonas con un plantel que incluía a futbolistas que hoy en día son consideradas leyendas como Alicia “La Pelé” Vargas, Martha “La Chispita” Coronado e Irma “La Puma” Chávez.

La final se disputó ante aproximadamente 110 mil personas, un hecho sin precedentes al tratarse de un partido disputado por mujeres, y no está de más recordar una vez más que todo sucedió sin el apoyo del órgano rector del fútbol a nivel mundial.

La década de los 70 y estos logros provocaron que años más tarde surgiera la posibilidad de organizar una competencia oficial, a pesar de que los principales dirigentes mantenían ciertas dudas sobre su posible éxito. A finales de los 80 se realizó algo parecido a un torneo de prueba con 12 selecciones. Cuando se visualizaron los resultados, comenzaron los preparativos para la primera Copa Mundial Femenina de la FIFA.

 

Primer, sólido y gran paso

En su página web la FIFA presume que con la Copa del Mundo de 1991 el fútbol femenino “celebró su auténtica mayoría de edad”; no obstante, los principales esfuerzos que encaminaron a este torneo no fueron de la institución, sino de las generaciones anteriores de jugadoras que pelearon por los reflectores que merecían y que vivieron en la sombra de las competiciones más importantes, siempre protagonizadas por hombres.

La primera edición del Mundial femenino se llevó a cabo del 16 al 30 de noviembre en China, con sedes en Guangzhou, Foshan, Jiangmen, Panyu y Zhongshan. Participaron únicamente 12 selecciones: Alemania, Dinamarca, Japón, Nueva Zelanda, Brasil, Estados Unidos, Nigeria, Suecia, Italia, Noruega, Taiwán y, por supuesto, el país anfitrión.

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Los combinados quedaron repartidos en tres grupos de cuatro equipos cada uno y a la segunda ronda avanzaron los dos primeros lugares de cada sector, además de los dos mejores terceros lugares. Durante la ceremonia inaugural se vivió una auténtica fiesta llena de las tradiciones locales y, sobre todo, de sus colores. El amarillo y el rojo resaltaron en las luces, los trajes, los globos, las figuras y el espectáculo de pirotecnia que asombraron a los asistentes.

Ya en el torneo, China y Noruega dominaron el Grupo A, Estados Unidos y Suecia hicieron lo propio, mientras que los boletos del Grupo C quedaron en manos de Alemania e Italia; como terceros avanzaron Dinamarca y Taiwán.

Después de unos emocionantes cuartos de final, las semifinales quedaron entre tres combinados europeos y las norteamericanas. Las noruegas dejaron en el camino a Suecia con marcador de 4-1 y Estados Unidos hizo lo propio ante Alemania por 5-2, la mesa quedó servida para la gran final.

El estadio Tianhe, en Guangzhou, albergó a aproximadamente 65 mil aficionados para el partido decisivo, que no decepcionó. Los goles llegaron rápidamente de ambos lados, primero pegó la escuadra de las barras y las estrellas cortesía de Michelle Akers con un cabezazo y nueve minutos después llegó la respuesta europea con anotación de Linda Medalen.

La tónica del resto de la primera parte y de todo el complemento parecía indicar que el campeón se definiría al menos en tiempos extra, pero la estrella y goleadora estadounidense decretó lo contrario al minuto 78. Akers aprovechó una desatención entre las centrales noruegas, quienes permitieron que el balón botara afuera de su área, la atacante les robó el esférico, condujo e incluso tuvo tiempo de hacer aún más espectacular su gol al fintar a la guardameta.

Con la emoción de la selección norteamericana también explotó el estadio, pues si bien era importante conocer a las primeras campeonas del mundo, el logro era de muchas más mujeres; aunque, por supuesto, los reconocimientos como el Balón de Oro para Carin Jennings y la Bota de Oro para Michelle Akers nos llevaron a conocer al futuro del balompié femenino, ellas construyeron su presente con vistas al futuro que hoy disfrutamos y que disfrutarán las próximas generaciones.

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Sun Wen, Ma Li, Carin Jennings-Gabarra, Ingrid Johansson, Doris Fitschen, Julie Foudy, Carolina Morace e incluso una muy joven Mia Hamm son sólo algunas de las jugadoras que abrieron el camino para las que ahora continúan con una incansable lucha que busca igualdad salarial, difusión en medios de comunicación, transmisiones televisivas y seguridad tanto a nivel de clubes, como de selección.

Sun Wen, ícono del fútbol en China.

Sin importar su país de origen y la instancia a la que llegaron en China 1991 todas son históricas; sin embargo, curiosamente una de las estrellas que conquistaron la copa declaró años después que en ese momento nadie visualizaba lo sucedido como trascendental.

Nosotras no teníamos la sensación de que lo hacíamos era histórico ni nada por el estilo. Tampoco sabíamos si habría otra Copa Mundial o no, pero entendía lo que significaba representar a mi país, llevar esa camiseta, sentir un orgullo total”, dijo Michelle Akers a la FIFA.

Si bien el fútbol no conoce de nacionalidad, edad, gustos y mucho menos de género, China 1991 representó una victoria exclusivamente para las mujeres, para todas las que jugaron al salir de las fábricas en los primeros años del Siglo XX y fundaron clubes que hicieron historia al grado de incomodar a profesionales de diferentes temas.

Ese Mundial fue un triunfo para las que tuvieron que esconderse o incluso disfrazarse de hombres para poder pisar una cancha, para las que salieron de casa y se aventuraron en las Copas del Mundo que la FIFA no reconoció. El trofeo lo levantó Estados Unidos y en tinta invisible quedaron escritos miles de nombres que no serán olvidados.

 

 

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