miércoles, 14 abril, 2021
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Por Fernanda González

El camino al éxito no es igual para todos los deportistas, algunos brillan cuando son muy jóvenes y otros luchan más tiempo contra sus obstáculos para ganar el reconocimiento internacional. Lo cierto es que todos trabajan con esfuerzo, dedicación y talento para llegar a lo más alto sin importar su disciplina, pero en ocasiones lo que llega consigo no es lo esperado.

Arantxa Sánchez Vicario nació en Barcelona el 18 de diciembre de 1971, y creció en una familia enamorada del deporte blanco. La menor de cuatro hermanos tomó las raquetas aproximadamente desde 1975 y 10 años después ya podía presumirse como profesional de la Asociación Femenina de Tenis (WTA, por sus siglas en inglés).

El ascenso

Su talento y habilidades provocaron que se le otorgara el apodo de “El Abejorro de Barcelona” durante sus primeros años en las canchas y los golpes de autoridad que la llevaron a los reflectores mundiales llegaron a finales de los años 80.

Sánchez conquistó su primer Grand Slam, Roland Garros, en 1989 y si bien ya contaba con factores dignos de llamar la atención como su corta edad (17 años), se coronó al vencer a la alemana Steffi Graf, por lo que los adjetivos se quedaban cortos al describir aquella hazaña. En ese momento, la española era también la tenista más joven en ganar el torneo francés, aunque el récord le duró poco, pues Monica Seles, de 16 años, se quedó con el título en la siguiente edición.

Los aficionados del tenis catalogaron los siguientes enfrentamientos entre Sánchez Vicario y Graf como clásicos, pero con el pasar del tiempo se mantuvo el dominio de Steffi, mientras la barcelonesa creció dentro y fuera del deporte. La considerada una de las mejores tenistas españolas de la historia se convirtió en una constante en finales de competiciones importantes. Alcanzó el último partido de Roland Garros en 1991, el del US Open en 1992 y el del Abierto de Australia en 1994.

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A pesar del acelerado ascenso, se encontró con un freno en los años siguientes, aunque esto no quiere decir que Arantxa dejara de ganar títulos. En el inicio de la nueva década consiguió títulos en su ciudad natal, así como en Newport, Washington, Miami y Montreal.

Sus víctimas en las diferentes superficies eran las estrellas de la época: la búlgara Katerina Maleeva, la argentina Gabriela Sabatini, su compatriota Conchita Martínez y, por supuesto, se encontró varias veces con Seles y Graf. Desafortunadamente estos campeonatos no eran de Grand Slam, había cuentas pendientes para superar el segundo lugar en el ranking que logró en 1994, uno de sus años más fructíferos.

Un corto periodo en la cima

Entre los ocho torneos que la llevaron a la segunda posición de la clasificación se encuentran Amelia Island, Hamburgo y Oakland; además, consiguió dos trofeos más de Grand Slam: Roland Garros contra Mary Pierce en la final y después el Abierto de Estados Unidos, en un nuevo choque con Graf.

Sin embargo, lo que pintaba bien al cierre de aquel año mejoró en los primeros meses de 1995. Apenas el 6 de febrero Sánchez Vicario escaló a lo más alto del ranking; al mismo tiempo, ocupó la misma posición en la clasificación de dobles. Al encontrarse como líder en ambas categorías igualó lo hecho por la checa Marina Navratilova en 1987 y, más adelante, sólo Martina Hingis, Kim Clijsters y Lindsay Davenport pudieron presumir este logro.

Las buenas noticias le valieron el reconocimiento y los aplausos de cientos de deportistas, no sólo españoles. Incluso el búlgaro Hristo Stoichkov, quien entonces era jugador del Fútbol Club Barcelona, se tomó el tiempo de visitarla con un ramo de flores como felicitación.

Para mala fortuna de la jugadora que entonces tenía 23 años, ubicarse como la mejor del mundo no le ayudó a ganar más títulos. En el 95 únicamente levantó dos trofeos, por lo que su reinado duró 12 semanas y cerró la temporada como número tres. 1996 fue similar al año anterior, consiguiendo dos campeonatos, Hilton Head y Hamburgo, y en los meses siguientes “El Abejorro” mostró poco y nada. Tuvo que pasar más de año y medio para volver a verla en lo más cercano a su mejor nivel.

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Irregularidad

Arantxa conquistó los últimos torneos -de la WTA- en su carrera entre 1998 y 2001, entre ellos estuvo su tercer Roland Garros. Como profesional también representó a España en cinco Juegos Olímpicos, consiguiendo dos medallas de plata y dos de bronce.

Ante el declive anunció su retiro en 2002 y aunque tuvo un corto regreso para Atenas 2004, no pudo superar la primera ronda en dobles. Por ello hice referencia a lo diferente que puede ser el camino al éxito para los atletas; Sánchez Vicario brilló como una joven prometedora y terminó estancándose en la edad que, para otros, es ideal para triunfar.

Me estaba preparando bien pero fue sorprendente ver cómo crecí a una edad tan temprana. No esperaba que me sucediera todo aquello tan joven, tuve que aprender a lidiar con esto y con lo otro”, declaró la española en entrevista con We Are Tennis a mediados del presente año.

Claro que lo sucedido en la década de los 90 no es argumento para demeritar lo que consiguió como una adolescente. Ella misma aceptó que en esos momentos lo “normal” habría sido disputar competencias en la categoría junior. Además, mencionó que sin importar las altas y bajas que tuvo su carrera en el deporte blanco, agradece haber vivido cada una de esas experiencias.

Hice historia (en 1989), nadie esperaba aquello y a veces en el tenis pasan esas cosas. Luego fui número uno y es muy fácil decir que llegaste tan lejos, pero lo más complicado es mantenerse. Fui lo suficientemente feliz como para tener una carrera larga, sin demasiadas lesiones, tuve la suerte de ganar en todas las superficies; nunca esperé tener todo eso. Fue un honor y un privilegio tener la carrera que tuve”, agregó en el podcast de We Are Tennis.

Y al final, el deporte nos ha mostrado que cualquier circunstancia es digna de considerarse como enseñanza. Sánchez Vicario tocó el cielo con las manos durante un corto tiempo, dejó huella en su país, inspiró a otras jóvenes y confirmó que con grandes sueños en mente, nada es imposible.

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