martes, 19 enero, 2021
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A veces las paradojas terminan siendo maravillosas. Y es que quién creería que alguien que le tenía pavor al agua se transformaría en una de las leyendas de la natación. Aquello fue lo que ocurrió con Aleksandr Vladímirovich Popóv, un gigante que supo luchar contra sus miedos para alzarse con la gloria máxima.

Nacido en Sverdlovsk (hoy Ekaterimburgo) un 16 de noviembre de 1971, lo último que se hubiera imaginado Aleksandr es que terminaría amando ese elemento que tanto lo asustaba. Todo el tiempo le repetía a su padre -Vladimir- que no quería nadar, pero este le insistía en que debía tomar las clases, justamente para escaparle a aquellos sentimientos. Poco a poco, fue superando aquel temor para convertirse en una de las promesas de la natación soviética.

Su cuerpo fue creciendo hasta convertirse en todo un portento (1,97 m), a la vez que los entrenadores de las juveniles veían que estilo se adaptaba mejor a sus cualidades innatas. Popov había comenzado nadando en estilo mariposa pero al final pasaría al estilo libre -o crol-, sin dudas un gran acierto. Llegando a la adultez se toparía con el hombre clave en su trayectoria, Gennadi Touretski, un buen nadador soviético de los 60´ que no pudo participar en los Juegos Olímpicos. El entrenador del equipo de la URSS le tomó especial cariño a Alexander, que lo tomó bajo su custodia, con el anhelo de convertirlo en el hombre más rápido sobre el agua. La realidad muestra que no falló.

 

El campeón desconocido

En 1991 Popov se dio a conocer ante el público en el Europeo disputado en Atenas, Grecia. Aquella fue la última gran competición que el país rojo disputó antes de terminar implosionando. Sin embargo, la despedida del agua se hizo por todo lo alto, terminando arriba en el medallero con 16 medallas doradas, 9 más que las que consiguió la reunificada Alemania. Tres de aquellas preseas le correspondieron al pupilo de Toureski, que ganó en los 100 metros libres (49.18s) y en las postas 4×100 libres y 4×100 combinadas. Era una buena forma de presentarse de cara a los Juegos de Barcelona.

En tierras catalanas la competencia fue durísima. En los 50 metros libres sus rivales fueron los estadounidenses Matt Biondi (6 medallas doradas, una plata y un bronce entre 1984 y 1988, siendo el mejor velocista de los 80´, teniendo el récord olímpico) y Tom Jager (dos oros, dos platas y un bronce en la misma época, además de ser el dueño del mejor registro global de aquella distancia); además de su compatriota Gennadiy Prigoda. Pero en la piscina del Bernat Piconell, el hombre del ahora Equipo Unificado demostraría que no tenía rival. Se llevó primero el heat con un tiempo de 22.21s, mucho más rápido que Biondi, y luego venció en la final con Récord Olímpico (21.91), dejando atrás a los duros norteamericanos.

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Tras esto llegarían los 100 metros libres, donde nuevamente debía medirse ante Biondi, el dueño de las dos plusmarcas. El francés Stephan Caron, el estadounidense Jon Olsen y el brasileño Gustavo Borges eran otros nadadores de cuidado. Pero Popov estaba en estado de gracia; se llevó nuevamente el heat y la final con una pasmosa facilidad, marcándose unos sorprendentes 49.02s, los cuales si bien estaban lejos de los récords del estadounidense, si que le sirvieron para dejar muy atrás al resto de los contrincantes (Borges quedó segundo con 49.43s). Aquellos Juegos le vieron colgarse dos medallas plateadas en las postas 4×100 libre y mixta, cayendo en ambas ocasiones ante el poderoso conjunto de los Estados Unidos.

 

                    BARCELONA, SPAIN – 1992: Aleksandr Popov poses for a portrait with his swimming medals from the 1992 Summer Olympics XXV in Barcelona, Spain. (Photo by Focus on Sport via Getty Images)

 

Un Flash en el agua

Tras el gran éxito que resultaron ser los Juegos de 1992, todo el mundo tuvo en claro que Popov era el mejor velocista sobre el agua de la actualidad. El ahora ruso tenía una gracia cada vez que entraba al elemento que da vida que enamoraba a los espectadores, aunque él tenia en claro a lo que iba. “La elegancia es para el podio y para las pasarelas” dijo en una entrevista que le hicieron en El País. Esto también se reflejaba en su manera de competir. Si bien es una persona amable y atenta, al sonar la salida se transformaba en una máquina de destrucción masiva. “Si veo a algunos retadores, tengo que nadar más rápido y hacer que se sientan mal”, manifestaría, a la vez que agregaba que: “Si (los nadadores) tienen un pequeño potencial, debes ponerte encima y matar ese entusiasmo de inmediato para que pierdan el interés en nadar”.

Aquel ímpetu le permitió convertirse en una verdadera bestia para los demás. Se quedó con las cuatro competiciones que disputó tanto en los Europeos de Sheffield 1993 como de Viena 1995, a la vez que ganó en las dos pruebas individuales en el Mundial de Roma en 1994, siendo plata en las postas. Desde 1993 se había ido a vivir con su entrenador a Australia, donde se entrenó a conciencia de cara al máximo evento: los Juegos de Atlanta de 1996. Y es que la meta, desde el momento en el que se llevó los oros en 1992, fue clara: ser el primer hombre en repetir en los 50 y 100 metros libres, algo que solo había conseguido Johnny Weissmüller.

Los rivales de Barcelona habían cambiado. Ya no estaban ni Biondi ni Jager, pero habría otras caras que comenzarían a hacerse un nombre a partir de esos juegos, como el estadounidense Gary Hall Jr -su sucesor en los 50 metros cuatro años más tarde- o el sudafricano Brandon Dedekind. Nuevamente Popov demostró ser más que los demás desde el inicio, ganando el heat y luego la final con un tiempo de 22.13s, 13 décimas por encima de Hall y 16 por sobre el brasileño Fernando Scherer, en una final en la que también estuvo el venezolano Francisco Sánchez (7°).

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En los 100 metros se repitieron, lógicamente, varios de los rivales, como Hall, Sánchez, Scherer o el puertorriqueño Ricardo Busquets, aunque también apareció Gustavo Borges, que no había podido clasificarse para la final de la competencia anterior. Y también haría acto de presencia uno de los grandes nombres de inicios de la década siguiente, el neerlandés Pieter van der Hoogeband (ganador de siete medallas entre el 2000 y el 2004).

Popov se llevaría nuevamente todo: el heat (con récord nacional) y luego la final, con una marca de 48.74, superando su tiempo anterior y luchando esta vez con más fuerza para derrotar a un Hall que quedó segundo con 48.81, siendo Borges el tercero. Aquella carrera fue histórica para el gigante sudamericano, que terminó en el quinto lugar. El público del Georgia Tech Aquatic Center aplaudió a más no poder a ese gigantón ruso que parecía volar al ritmo de Chaikovski. La historia ya estaba escrita. Popov se colgó otras dos platas más en las postas -nuevamente Estados Unidos era la bestia negra- para cerrar aquellos maravillosos días.

 

Alexander Popov of Russia (C) celebrates winning the gold medal in the Men’s 100 metre freestyle competition ahead of second placed Gary Hall Jr (L) and third placed Gustavo Borges on 22nd July 1996 during the XXVI Summer Olympic Games at the Georgia Tech Aquatic Center in Atlanta, Georgia, United States. (Photo by Mike Hewitt/Allsport/Getty Images)

 

El final

A Popov la vida no le sonreiría por mucho tiempo. Y es que apenas un mes después de su hazaña fue brutalmente apuñalado tras una pelea con unos vendedores ambulantes. La herida le seccionó una arteria, le daño un riñón y le afectó la pleura (una membrana que recubre los pulmones), y lo dejó en muy mal estado y luchando por sobrevivir. Alexander se repuso a todo aquello y, tras pasar unos meses en rehabilitación, se bautizó en una iglesia ortodoxa, se casóa y volvió a las competiciones internacionales donde, para sorpresa (o no) de todos, prosiguió con su dominio.

En Europa tampoco tuvo rivales, repitiendo las cuatro medallas en Sevilla 1997 -a pocos meses de haber tenido el susto de su vida- y en Helsinki 2000. Aquel año también rompió el récord mundial en los 50 metros en los trials nacionales (21.64), aunque en la final sería superado por Hall, van der Hoogenband y otro estadounidense, Anthony Ervin, finalizando en el cuarto lugar. Tuvo su pequeña revancha en los 100 metros, cuando logró el segundo lugar detrás del neerlandés y superando a Hall y a otros grandes nadadores como el australiano Michael Klim, el norteamericano Neil Walker o el sueco Lars Frolander.

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Su último gran logro lo obtuvo en el Mundial de Madrid en el 2004, cuando se llevó los 50 metros. Popov fue el abanderado de su país, en un claro gesto de agradecimiento por todo lo que hizo por su patria. No pudo llegar a las finales, pero poco importó. Cuando decidió dejar el deporte que había logrado amar -aunque hoy repita que no volvería a hacer el mismo esfuerzo si volviera a nacer- lo hizo con un registro impresionante: 48 medallas en grandes torneos, de las cuales 31 fueron doradas, además de varios récords en su haber. El Zar de la Natación abdicó cuando quiso y como quiso, como debía ser.

 

ATHENS – AUGUST 17: Ian Thorpe of Australia and Alexander Popov of Russia are seen after the men’s swimming 100 metre freestyle semifinal on August 17, 2004 during the Athens 2004 Summer Olympic Games at the Main Pool of the Olympic Sports Complex Aquatic Centre in Athens, Greece. (Photo by Stuart Franklin/Getty Images)

Fuentes:

  • 20 Minutos
  • El País
  • Swimming World Magazine
  • Swin Swan

 

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Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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