jueves, 22 octubre, 2020
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Un buque insignia es –tradicionalmente- la nave usada por el comandante en jefe de un conjunto de barcos de una escuadra naval. Extrapolado al fútbol, cuándo un jugador es considerado el ‘buque insignia’ de su equipo, es porque su importancia en el sistema o en la historia de su institución es para resaltar.

Pocas veces un defensa es buque insignia, pero en Milán hubo un lateral izquierdo que supo inmortalizar su estampa como uno de esos jugadores inolvidables para la historia del calcio. Con el número tres en su espalda y un característico estilo de defender con elegancia, Paolo Cesare Maldini de poco podrá quejarse en su carrera, una de las más fructíferas para un jugador de fútbol.

Evitando el exceso de palabras, es bueno recordar que Paolo nació en Milán y desde niño eran el rojo y negro los colores que le corrían por las venas. Hijo de Cesare, campeón de Europa con el A.C. Milan como defensor, subió rápidamente de las categorías menores del fútbol itálico al demostrar condiciones naturales como para estar en el primer equipo. La leyenda milanista Nils Liedholm lo catalogó como una futura estrella cuándo debutó a los 16 años contra el Udinese, en sustitución de Mauro Tassotti.

Seas futbolista, entrenador, periodista, obrero, o te dediques a cualquier profesión en la vida, seguramente tienes un año que te marca y para Maldini no hay dudas de que el 1994 representó, por muchos factores, un punto de inflexión en su carrera. Y sí, estamos pensando en el mismo momento seguramente.

Lo cierto es que a sus 26 años, Paolo cargaba ya con un importante palmarés en sus espaldas. Contaba tres títulos de Serie A, dos Copas de Europa, dos Super Copas de Europa y dos Intercontinentales con el A.C. Milan de su vida. Con la selección italiana guardaba en su despacho una medalla de bronce del mundial de 1990 y el recuerdo de caer en semifinales en la Euro de 1988. Además, su vida amorosa tomaba rumbo al cumplir cuatro años de relación con la modelo y actriz venezolana Adriana Elena Fossa.

No era el capitán, pero sin duda perfilaba a serlo. Mientras Fossa desfilaba para Gianni Versace y era sensación interpretando a Carmela en la novela Aquile producida por la RAI, Paolo se preparaba para un año donde estaba destinado a ganarlo todo…o casi todo.

El título de campeón de la Serie A en la temporada 1993-94 llegaría primero. A tan solo tres puntos de distancia de la Juventus, el equipo de Fabio Capello ganaba su décimo cuarto Scudetto y el tercero consecutivo. Luego sería el turno de la Copa de Europa, donde el Barcelona de Johan Cruyff se mostraba como uno de los equipos modelo a seguir en cuanto a juego en Europa: exponentes como Andoni Zubizarreta, Miguel Ángel Nadal, José Mari Bakero, Hristo Stoickhov, Romario o los actuales entrenadores Ronald Koeman y Pep Guardiola poco pudieron hacer cuándo la maquinaria del Milan se les plantó al frente. 4-0 fue el resultado final, con los goles de Massaro por cuenta doble, Savicevic y Desailly en un partido donde Maldini fue sustituido al 84’.

Ese Milan metía miedo. Habían encajado apenas 15 goles en 38 partidos, una gesta que sin duda alegraría al presidente Silvio Berlusconi, que utilizaba al fútbol como una herramienta política: “Vota por mí y tendrás una Italia vencedora como mi equipo”, contaba. Ahora el reto era refrendar el logro en el Mundial de USA 1994.

Italia contaba con cinco exponentes milanistas: Paolo Maldini, Franco Baresi, Roberto Donadoni, Demetrio Albertini y Daniele Massaro eran hombres de la confianza de Arrigo Sacchi. Eran los cinco campeones de Europa destinados a traer la nueva copa a Roma. Empezaron perdiendo 0-1 ante Irlanda, para luego vencer a Noruega 1-0 e igualar 1-1 con México. Una victoria, un empate y una derrota, al igual que el resto del grupo, definieron a Italia como un octavo-finalista ‘in extremis’, pasando gracias a que anotaron un gol más anotado que los nórdicos. Nigeria, España y Bulgaria serían los rivales en octavos, cuartos y semifinales arrojándose en los tres partidos victorias por 2-1.

Nunca antes en la historia una final mundialista había finalizado 0-0. ¡Empatada y sin goles! Cuánto menos inesperado viendo el ataque de Brasil, comandado por Zinho, Mazinho, Bebeto y Romario. Paolo Maldini se graduó como defensor teniendo una final impecable, con pocas faltas y sin dejar respirar a los brasileños. Desde el centro de la zaga, era imposible que al ‘tifosi’ milanista no se le fuese una sonrisa viendo el candado que formaban seis y tres en el fondo de armario de la Azzurra. Sin embargo, la definición en los penales llegó y allí poco puede hacer un defensor. Roberto Baggio mandó por los aires las esperanzas de los italianos e inconscientemente convertiría a Maldini en “el mayor perdedor de la historia del fútbol”.

Aún así, sería injusto decir que el deporte le privó un sueño a Paolo. Posterior a esa Copa del Mundo, la familia Fossa Blanco y los Maldini prepararon la boda que hasta el sol de hoy sigue uniendo al eterno capitán milanista y a Adriana. El mayor pilar de la vida del defensor se selló en diciembre de 1994, con la Super Copa de Italia bajo su brazo y posteriormente también la de Europa.

De ese 1994 deriva la vida de Christian (1996) y Daniel (2001). Paolo tuvo que tragar grueso perdiendo la intercontinental de ese año ante el inolvidable Vélez Sarsfield de José Luis Chilavert, pero viéndolo en retrospectiva parece poco viendo que después pudo seguir ganando y de un mal momento se pudo juntar con el amor de su vida.

En 2006, Marcello Lippi pensó en Maldini tras ver su nivel con el A.C. Milan. Es verdad que tenía 39 años y acarreaba una lesión, pero era el eterno capitán y podía ser importante para una plantilla que partía a Alemania en medio de los escándalos de amaño de partidos bautizado como el ‘Calciopoli’. Paolo, al igual que Francesco Toldo, decidió ‘dedicarse a su familia y sus clubes’ según confesase el mismo estratega tiempo después al portal de la FIFA. Para el jugador era más una cuestión de respeto, considerando que a Trapattoni le había asegurado que después del Mundial de Corea-Japón 2002 había finalizado su etapa en la selección.

Ok, tengo mala suerte”, confiesa entre risas Maldini cuándo recuerda con Christian Vieri el título ganado por Italia en 2006. Hoy en día afirma que se siente el mayor perdedor de la historia a pesar de haberlo ganado todo, recordando la ausencia de aquel mundial. Quizás, un sí en la conversación con Lippi lo habría cambiado todo.

Paolo Maldini se retiró con 24 títulos en su palmarés. Ganó la Champions y el Mundial de Clubes en 2007 y se despidió a sus 41 años del fútbol siendo el jugador con más partidos en la selección italiana y el Milan, siendo además uno de los defensores más limpios de la historia del fútbol recibiendo apenas una tarjeta roja directa en toda su carrera.

Paolo Maldini ha entendido los fracasos en su carrera como algo necesario, y aunque sea uno de los máximos ganadores en la historia del fútbol italiano, le faltó la cereza del pastel que Baggio puso a volar en Los Ángeles aquella tarde del 17 de julio. Hoy, Daniel Maldini integra la primera plantilla del club de su vida y recibe oportunidades de Stefano Pioli para que continúe la historia que comenzó su abuelo, pero todavía sin el ‘3’ a sus espaldas y siendo el primer delantero de la generación.

Maldini se cansó de rechazar puestos en la dirigencia del Milan. Quería ser influyente, no un embajador para solamente sonreírle a las cámaras. Lo hizo con Silvio Berlusconi y también con Yonghong Li, sin embargo, algo cambió con la llegada del Grupo Elliot: la oferta –junto a la participación de su excompañero Boban- lo convencieron para tomar la dirección deportiva del club. Parecía que se iría sustituido sin pena ni gloria por Ralf Rangnick en 2020, luego de fracasar con el fichaje de Marco Giampaolo como entrenador al comienzo de la temporada, pero como al final los zorros viejos siempre tienen la razón, el Milan tomó una racha imbatible de partidos sin perder tras el parón causado por el coronavirus y logró quedarse en el puesto. 

Sus fichajes, Ismail Bennacer, Theo Hernández, Ante Rebic y Zlatan Ibrahimovic, fueron claves para esta hazaña y demostraron su ojo clínico a la hora de escoger refuerzos. Ahora lo vemos declarando como lo hacía Adriano Galliani, director deportivo del Milan en su etapa como jugador. Sandro Tonali tuvo clara la respuesta a la última pregunta que queda por responder sobre este personaje.

¿Y si te llama Maldini, te irías al Milan?

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Fabrizio Cuzzola
Loco según los conceptos de Marcelo Bielsa. Sobrevivo en la fúrica ciudad de Caracas. Diestro de pierna y ambidiestro con una cámara. Analizo futbol desde los 14 en La Pizarra del DT y relato mis historias en este rinconcito de la web.

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