domingo, 24 enero, 2021
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Para muchos, el boxeo ya fue dejando de lado la mística que lo hacía tan grande. Ver a aquellos titanes salir al cuadrilátero en una reedición del circo romano tenía ese toque de morbo que el ser humano siempre necesita, aunque por lo bajo reniegue de él. En los 90´ la era del boxeo como deporte de masas comenzaría a extinguirse, producto entre otras cuestiones de los PPV caros -cuando antes las grandes luchas podían ser seguidas por todo el mundo-, la división exagerada de organismos que manejaban el boxeo, los promotores inescrupulosos y unas sumas de dinero tan grande que le terminaban de quitar valor al ascender para ganarse lo suyo a puñetazos.

En la década previa al nuevo milenio hubo grandes combatientes y luchas extraordinarias, aunque pocas se volvieron tan míticas como los combates entre Mike Tyson y Evander Holyfield. En apenas siete meses se enfrentaron en dos oportunidades, ambas llevadas a cabo en el mismo complejo, con idéntico resultado aunque con desarrollos diametralmente opuestos. A Holyfield aquellos triunfos terminarían posicionándolo como un grande del boxeo. Para Tyson las caídas -sobre todo la segunda- significarían el final de su era.


Tyson v Holyfield I 

Sábado 9 de noviembre de 1996. La larga espera por fin se terminó. En el MGM Grand Garden Arena de Paradise, Nevada, se está por escribir historia, como casi siempre pasa en aquel mítico escenario. Por uno de sus pasillos sale con paso parsimonioso Evander Holyfield. Si uno pudiera descontextualizar aquella caminata tranquilamente se podría pensar que el nacido en Atmore, Alabama (19 de octubre de 1962) está yendo rumbo al altar a casarse: de fondo suena una música suave y de tintes románticos, lejos de la agresividad con la que muchos otros boxeadores deciden aparecer en escena.

Su rostro trasmite una tranquilidad sumamente alejada a lo que está por venir: su rival dentro del cuadrilátero no es un Bobby Czyz o un Alex Stewart. No, Holyfield está camino a medirse ante una bestia que pronto dejará de estar enjaulada. ¿Cómo es que, entonces, se mantiene así de bien? ¿Será que este hombre no le teme ni a la muerte misma? 

Instantes después aparece en escena él, el personaje al cual todos quieren ver en acción, tanto para bien como para mal. La diferencia de actitud es abismal. Por un lado, estaba el modo zen de The Real Deal” (el trato real), mientras que por el otro Mike Gerard Tyson sale con los ojos inyectados en sangre, aunque desentendido de la realidad al igual que su rival. Él no grita, él no gruñe, él no mueve su cuerpo: son sus asistentes quienes animan a su guerrero, quienes están seguros de que esta guerra la ganarán ellos.  

El cartel promocional del combate dice, simplemente, Finally”. Y es que esta pelea, tan anunciada y esperada por todos, debió haberse llevado a cabo en 1991, cuando Holyfield comenzaba a subir en el ranking y buscaba retar a un Tyson que parecería imbatible e intocable. Pero pasaron cosas: Iron Mike se convirtió en mortal por primera vez cuando el ignoto Buster Douglas lo mandó a la lona, provocándole su primera derrota –rival al que derrotaría Evander por KO-.

Luego, el de Brooklyn, Nueva York (30 de junio de 1966) pelearía dos veces ante Donovan Ruddock, ya que la primera la ganó de manera controversial, por lo que se pidió la revancha. Pero el peor de los hechos ocurriría luego, cuando la justicia condenó a Tyson a prisión por violar a Desiree Washington, teniendo que pagar por su pecado en la cárcel, aunque terminaría volviendo al ring en 1995 (había sido sentenciado a seis años de prisión, cumpliendo solo la mitad). 

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Aquella era la cita de Filipenses 4,13, la misma que Evander tenía bordada en su bata. La religión siempre había sido una ayuda para aquel imperturbable luchador y aquel día no sería la excepción. Y eso que él no llegaba de la mejor forma a aquel combate: había sufrido tres derrotas (las primeras de su carrera) en las últimas siete peleas, mientras que Mike se había llevado sus cuatro luchas post encarcelamiento con pasmosa facilidad, casi como si no hubiera pasado el tiempo para él. En el camino ganaría los cinturones de la WCB y WBA. No por nada llegaba 25 a 1 en las apuestas.  

Los dos siguieron mostrando sus formas de ser tan antagónicas en el ring. Holyfield sonreía y miraba todo de manera relajada, mientras que Tyson se puso a caminar por todo el cuadrilátero como si fuera un león relamiéndose ante la posibilidad de comerse una gacela. Pero también había algo raro en su mirar, como si no estuviera del todo enfocado. Era como si quisiera luchar, pero sin saber contra quién. Quizás, en el fondo de su corazón, todavía recordaba al que fuera su amigo durante los clasificatorios rumbo a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984, un alma que entendía la dureza que había tenido que pasar y que lo instaba a ser mejor.

Su entorno entendía que él no podría dañarlo tanto como a sus anteriores víctimas por tener ese lazo, y es por ello que, se dice, urdieron una treta sucia: poner en palabras de su adversario lo de “nunca voy a defender mi título ante un violador”. Holyfield siempre negó aquella frase, pero para Tyson eso era todo, se había creado a su enemigo. 

Con ese odio salió a golpear desde el inicio a su rival, como siempre hizo, como sabía hacer. Y el guerrero espiritual sintió esas primeras manos. Sin embargo, aquello pareció ser todo: quizás las dudas volvieron, quizás el plan de combate no estaba tan claro, pero lo cierto es que, poco a poco y sobre todo a partir del segundo asalto, Holyfield tomó el control casi absoluto de la situación.

Evander hizo que la contienda se tranquilizara tanto como él lo estaba, a través de agarres y de golpes cortos al cuerpo o a la cabeza de un Tyson que parecía no saber lo que pasaba. Claro, el rincón del retador lo tenía claro: Iron Mike poseía el golpe de Superman, pero una resistencia muy fina. No solía luchar más allá del 3° o 4° round ya que noqueaba a sus rivales demasiado rápido. Pero su boxeo empeoraba si iba más allá de la quinta campana. Así le pasó con Douglas, y así esperaban que pasase aquí.  

 

¨Ya viste lo que tenías que ver. Ahora todo lo que debes hacer es calmarte, y este hombre es tuyo…” le dijo Don Turner a su pupilo tras el primer asalto  

 

Tyson solo volvió a sentirse el de siempre en la quinta ronda, cuando volvió a propinarle golpes que parecieron demoledores para su rival, aunque nuevamente aquella furia duraría lo mismo que un suspiro. Holyfield volvió a poner el encuentro en el bolsillo, haciendo que sea su rival el que se desgaste, tanto física como mentalmente. Además, el público ya había abandonado a su campeón hacía rato: casi todo el mundo estaba allí para verlo caer.  

En el sexto round ocurrió uno de los eventos clave de la lucha: en un choque de cabezas Tyson se cortaría el ojo izquierdo, teniendo que ser atendido. Si bien quedaban bastantes minutos de combate, todo pareció terminarse allí, en ese asalto. Mike Tyson casi que bajó los brazos y dejó que las rondas pasaran, una tras otra. Holyfield, en la previa, había comentado lo siguiente: “¿Cuántos juicios boxísticos ha tenido Tyson en su carrera? Urjo solo: Buster Douglas. Este hombre fue probado sólo una vez, y perdió. Nunca volvió para redimirse a sí mismo. Entonces, ¿Cómo se puede saber si soportará otro juicio como ése?”. El boxeador zen tuvo razón, Tyson había perdido un nuevo juicio, aunque todavía faltaba lo mejor.  

En el 10° asalto Evander le propinó una tunda que cerca estuvo de acabar con el combate, aunque la campana sonó en el momento exacto. Sin embargo, la misma no apareció minutos después, cuando Holyfield pudo, por fin, mandar a su rival a la lona, haciendo que el árbitro Mitch Halpern dijera que hasta aquí había llegado todo. “Finally”, habrán pensado en el costado los protectores del nuevo campeón global. Habían pasado años, sí, pero la espera había valido la pena. El medallista olímpico de bronce en 1984 se iba ahora con el cinturón. 

 

 

Tyson v Holyfield II 

Siete meses después, el mismo escenario esperaba a ambos titanes para una revancha. The Sound and the Fury (el sonido y la furia) era el nuevo título del evento, uno que era esperado nuevamente con ansias. ¿Ocurriría lo mismo del primer combate? ¿Holyfield volvería a mandar a la lona a su enceguecido rival o éste lograría la venganza por la vía rápida? Pocos iban a entender que aquel cartel promocional cobraría otro significado unos minutos después del campanazo inicial.  

Otra vez sábado, pero en este caso de un 28 de junio de 1997. Tyson parte rumbo al ring con la cabeza gacha, queriendo evadirse de aquellos silbidos ensordecedores que recibe a su paso. No lleva una lujosa bata como los grandes campeones, sino que parece tener solamente una toalla con un círculo central para meter su cabeza. Holyfield, en cambio,  que sale de su vestuario reluciendo una bata gris reluciente, como queriendo que todos pudieran ubicarlo en su travesía.  

Ambos volvieron a estar allí, cara a cara, como un año atrás. Para The Real Deal la cosa estaba más que clara: debía repetir el papel de la lucha anterior, evitando de esta forma que se desatara la tormenta sobre él. Para el Kid Dinamite, en cambio, la situación se tornaba más compleja: no solo tenía que evitar volver a caer, sino que también debía demostrar un boxeo diferente, algo que no fuera solo golpes violentos.

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La campana sonó y ambos fueron al choque. Esta vez parecía que la contienda no sería tan lenta como la primera, aunque Evander siguió defendiendo con fiereza, evitando que el martillo de Thor cayera sobre él. Sin embargo, Tyson comenzó a sacar mucha más furia que unos meses atrás. Es ahora alguien diferente, casi un ser instintivo. Y aquello terminaría siendo contraproducente.

Otro cabezazo corta a Tyson cerca del ojo y aquello termina por desatar al animal. A 40 segundos de la finalización del tercer round, Tyson abraza a Holyfield y va directo hacia el lóbulo de su rival. Éste salta, se queja de dolor. Siente inmediatamente que algo le falta. Se va hacia las cuerdas y Mike lo empuja. Evander le muestra al árbitro, Mills Lane -quienes han visto la serie de MTV Celebrity Deathmatch ya lo conocerán- la evidencia: no hubo cabezazo, no hubo impacto con el hombro, no hubo un pulgar en el ojo; allí hay sangre producto de una jugada sumamente baja. Una mordida, algo más propio de una pelea callejera que de una lucha por el cinturón mundial. La furia la había puesto Tyson y el sonido, esta vez, eran los gritos de dolor de Evander.

El caos se desata entonces. La pelea continua hasta el final del round, y Tyson aprovecha para morderlo otra vez. Es un escándalo de proporciones mayúsculas. “La confusión que tengo es que no recuerdo haber dicho ´está descalificado´, después de la primera mordida, pero la cinta parece indicar que lo dije”, le manifestaría años después a la web Referee con respecto a esa lucha. “Debe haber sido solo una reacción de mi boca operando antes de tener mi cerebro en marcha”.

Tyson le revelaría años después al medio británico The Guardian que había luchado drogado en aquella oportunidad y que no tenía conciencia de lo que hacía. “Está mal lo que hice, muy mal. Me volví loco” relató, arrepintiéndose de lo sucedido. Holyfield, por su parte, estuvo a punto de cometer una locura.

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En TalkSport describió sus sensaciones, diciéndo que, de lo furioso que se sentía, quiso salir a morderle la cara, pero que se frenó porque recordó que un cura amigo, en una profecía, le advirtió que en un momento pasaría algo malo en el ring y que, cuando ello sucediera, él no debía hacer nada. El rincón le recordó dichas palabras y eso evitó un daño mayor.

Para Iron Mike, desde entonces, todo se fue a pique: tuvo que pagar una multa de 3 millones de dólares, realizar servicio comunitario y le fue revocada su licencia para boxear por tiempo indefinido. Antes de Holyfield, Tyson solo había caído una vez y de manera cuanto menos curiosa. A estas dos derrotas se le sumaron tres más y dos peleas sin decisión, además de una entrada en bancarrota. Tras perder en el 2005 con Kevin McBride terminaría colgando los guantes. “No puedo seguir así, perdiendo ante boxeadores de esta categoría. Hace tiempo que solo peleo para pagar las facturas”. Su rival tampoco tendría mucho más para ofrecer, cayendo en siete ocasiones más hasta el final de su carrera en el 2011, aunque es cierto que luchó hasta los 48 años, mostrando que, pese a todo, se mantenía vigente.

Ambos lograron acercarse con el tiempo y hasta se especuló con un tercer combate entre ambos, sabiendo que Mike luchará el 28 de noviembre de este año en una exhibición ante Roy Jones. Todavía no sabremos si habrá una tercera lucha, pero sería interesante ver a los dos titanes de vuelta en acción, dejando todo tras de si. Será un cierre más justo para un boxeo que parece no existir más.

 

 

Fuentes: 

  • The Sweet Science 
  • El Gráfico 
  • BBC 
  • Medio Tiempo 
  • TalkSport
  • Referee

 

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Juan Pablo Gatti
Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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