domingo, 24 octubre, 2021
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La selección escocesa de fútbol es, junto con la de Inglaterra, la más antigua a nivel global, siendo estas dos las fundadoras del deporte rey. Sin embargo, la ventaja inicial que tuvo con respecto a los demás países se fue diluyendo poco a poco, a tal punto de que una maldición pareció cernirse sobre la Tartan Army, algo que hizo que, pese a contar con buenos equipos, nunca pudieran pasar (al menos al cierre de esta nota) la primera fase de un gran torneo, sea un Mundial o una Eurocopa

Aún así, existió un seleccionado escocés que logró romper con esta barrera histórica, llegando nada menos que a la final de una Copa del Mundo. Si, fue en un certamen juvenil (Sub-16 para ser más específicos), pero aquello no quita el hecho de que esa magnífica escuadra sigue siendo muy recordada por todos los amantes del fútbol escocés. Lamentablemente, y como casi siempre, aquella historia no acabaría tan bien. 

Escocia albergó la tercera edición del Mundial U16, siendo ese torneo la última vez que se disputó bajo aquel rango de edad, debido a que para 1991 se le subiría un año más el límite. Los conjuntos africanos demostrarían ser los amos y señores de esta división desde el inicio mismo de este nuevo campeonato. Nigeria ganó la edición de 1985 al vencer 2-0 a Alemania Federal, mientras que luego cayeron en la final dos años después ante la Unión Soviética.  Guinea y Costa de Marfil, por su parte, alcanzaron la anteúltima ronda en aquellos años. Por supuesto que esto también trajo consigo denuncias sobre la edad de los jugadores de aquel continente. En algunos casos, las sospechas resultaron ser ciertas y en otras no, aunque, como se verá más adelante, no solo los africanos tuvieron la lupa puesta sobre ellos. 

Por supuesto que al ser local la escuadra azul no tuvo la presión de tener que ganarse una plaza en las durísimas eliminatorias de la UEFA, una en la que solo había dos cupos en disputa (sólo podían clasificar 16 participantes por aquel entonces en el magno evento). Y es que, a diferencia de lo que ocurre en mayores, donde los europeos acaparan aproximadamente el 50% de los cupos, en los certámenes juveniles la historia es diferente, existiendo una repartición bastante equitativa entre todos los continentes. Hasta Oceanía se da el lujo de poseer una plaza fija, algo que solo ocurrirá en el máximo nivel recién en el camino hacia el certamen que albergarán las naciones norteamericanas en el 2026.

La Federación Escocesa estaba sumamente entusiasmada con este evento y es por ello que, en una jugada arriesgada, sacaron al que era el entrenador de aquel seleccionado (Ross Mathie) y pusieron en su lugar -un año antes del evento- a Craig Brown, quien ya contaba con una buena experiencia, siendo el asistente de Andy Roxburgh en la mayor y, además, era el entrenador de la U21.

Brown puso manos a la obra y, aprovechando que el Europeo Sub-16 lo jugaron solo por el honor, se preparó para disputar varios amistosos, viajando por todo el continente. Incluso los jugadores recuerdan que aprovechaban aquellas giras por Europa no solo para tomar experiencia, sino también para conocer discotecas de noche. El periodista Richard Winton escribió en la BBC que “si bien eso podría chocar con el deseo de Brown de asegurarse de que fueran el equipo más en forma y mejor capacitado en las finales, aquello sirvió bien a los jóvenes escoceses. Cada noche que pasaban juntos, se podía encontrar al manager dando vueltas por los pasillos de sus habitaciones, golpeando puertas y exigiendo 50 flexiones de tronco, abdominales o flexiones de personas como Andy McLaren, Paul Dickov y Brian O’Neil, cada uno de los cuales eventualmente sería internacional con la mayor”.

El grupo, en teoría, era sencillo, ya que solo la Ghana de Nii Lamptey parecía ser una amenaza en la previa. Cuba y Bahréin, si bien no contaban con tanta historia, igualmente debían ser respetados, ya que las sorpresas en los torneos juveniles ocurren a montones. Y lo cierto es que el pase a cuartos de final costó bastante. 

El debut ocurrió un 10 de junio y fue un mítico Hampden Park bastante vacío -con apenas 6.500 espectadores- el que observó como los jóvenes locales no pudieron pasar del empate sin goles ante los africanos, aunque aquel día pudieron haber ganado el encuentro, solo que Kevin Bain terminó errando un penal insólito: el arquero le tapó el disparo desde los 12 pasos, pero este dio un rebote al medio que dejó con el arco vacío al rematador escocés. Y Bain, en lugar de asegurar el disparo por abajo, terminó por darle de volea, enviando el balón a las nubes. 

Tras esto vino un claro triunfo por 3-0 ante la que resultaría ser la peor selección de la zona, Cuba, gracias a los tantos de John Lindsay y Kevin McGoldrick, en Fir Park. Aquel triunfo pareció encender un poco más el entusiasmo de los escoceses de cara al partido decisivo del grupo ante la sorprendente Bahréin, que venía de derrotar a los dos rivales de zona y llegaba como líder. 13.500 personas vieron -nuevamente en Fir Park- como James Beattie ponía a los suyos en ventaja tras una gran jugada personal de Dickov, aunque Mohammed Abdulaziz marcaría el 1-1 final para dejar a los dueños de casa como segundos.

Escocia, sin embargo, no estaba descontenta con aquella colocación, ya que así logró evitar a dos de los grandes favoritos: Brasil y Nigeria. Sin embargo, aquellas selecciones terminarían siendo sorprendidas por dos naciones asiáticas: la propia Bahréin y la campeona del continente, Arabia Saudita. Los muchachos de Brown, igualmente, se medirían ante un conjunto fuerte y al cual ya conocían por haberse enfrentado en el Europeo Sub-16, Alemania Oriental, con quienes habían igualado 2-2. 

Los comunistas habían alcanzado esta instancia como líderes del Grupo B, dejando como escolta a Brasil. El encuentro fue duro y bastante parejo, pero sobre el final del partido (que era a 80 minutos) apareció Lindsay para aprovechar un grave descuido cometido por la defensa germana. Pittodrie, casa del Aberdeen, explotó de felicidad aquel 17 de junio, ya que Escocia hacía historia al meterse en las semifinales del torneo. Aquel Mundial estaba resultando ser un éxito rotundo y aquello se iba a reflejar en el siguiente duelo.

El rival en la anteúltima instancia era otra de las grandes favoritas, la Portugal de Carlos Queiroz, que contaba con futuras estrellas como lo serían Abel Xavier, Miguel Simao y Figo, el pilar de la futura generación dorada lusa. En Tynecastle había casi 30.000 personas, hinchas llenos de cerveza y sueños y que alentaron a más no poder a sus pequeños grandes héroes. 

Los portugueses practicaban un fútbol bastante creativo, pero se chocaron con una escuadra sumamente trabajada y sin temores que, como buen equipo británico de la época, aprovechaba la pelota parada como ningún otro. Así llegó el único tanto de aquel encuentro: a los 54´ un córner lanzado por Lindsay fue alcanzado sin problemas por O´Neil. Pese a los esfuerzos de los ibéricos, el marcador no se movió y los escoceses avanzaban a una final de una Copa Mundial de la FIFA. Ni más ni menos.

El rival en la última instancia fue una verdadera sorpresa, otro conjunto desconocido por aquel entonces. Arabia Saudita, dirigida por el brasileño Ivo Wortmann y que contaba con jugadores como Mohamed Al-Deayea (que luego sería el mítico portero de la mayor entre 1993 y el 2006) o Salem Suroor, había quedado segunda en el Grupo D por detrás de Portugal (con quienes empataron 2-2), dejando en el camino en los “mata o muere” luego a Nigeria y Bahréin. El 24 de junio, un Hampden mucho más ardiente que en el debut juntó a 58.000 almas que se aprestaron para ver a su país en busca del título máximo. 

Brown ese día colocó al siguiente XI: James Will, James Beattie, Kevin Bain, Gary Bollan, John Lindsay, Kevin McGoldrick, Paul Dickov, Brian O´Neill, Tom McMillan, Ian Downie y Scott Marshall. La presión en los días previos se intensificó, como lo bien lo expresó McLaren: “La mayoría de nosotros recién salíamos de la escuela y de repente éramos lo más importante en Escocia: estábamos en las últimas páginas, en las primeras páginas y en todas partes“. La gente los reconocía (pese a ser muchachos de tan solo 15 o 16 años), les pedían autógrafos y les deseaban suerte, algo que nunca les había ocurrido antes.

Los asiáticos, sin embargo, no parecían escolares, sino universitarios o más. “Yo era uno de los más jóvenes, pero los saudíes tenían largas barbas. Era bastante ridículo” expresaría a la BBC McLaren. Nunca se inició una investigación al respecto ya que, según la FIFA, los árabes parecían más grandes debido a que en aquella parte del mundo el desarrollo físico y mental acontece de forma más rápida.  

De momento, las sospechas fueron dejadas de lado durante el inicio del duelo, uno que fue mágico. Dickov, tras pasar a su marcador, envió un gran centro que cabeceó Downie. Iban solo 7 minutos y nuevamente la potencia aérea parecía ser la llave del éxito para los azulados. Y a los 25 sería el propio Dickov el que convertiría un gran gol, picándole la pelota desde un ángulo difícil al portero saudí. 

Escocia se fue al descanso con aquel 2-0. Las gradas de Hampden vibraban al compás de sus muchachos, esos pequeños que se habían convertido en hombres. Pero el duelo no estaba liquidado y aquello lo demostraría Sulaiman, que con un potente bombazo en un tiro libre puso a los suyos de nuevo en partido, apenas 4 minutos después de reiniciado el pleito. Y a los 65´ llegó el inesperado empate, obra de Al Teriar tras una buena jugada colectiva.

En los minutos finales Escocia no pudo sacar ventaja, incluso teniendo un hombre de más. Ni siquiera el tiempo extra sirvió para tal fin, por lo que hubo penales y allí iba a finalizar el sueño escocés. Al-Deayea le tapó su remate al autor del segundo gol de los azulados, mientras que O’Neil tiró el suyo a las nubes, decretando el 5-4 final. Los nervios, finalmente, habían hecho mella en aquellos adolescentes talentosos y esforzados. 

Si bien las sospechas siguen permaneciendo incluso en nuestros días, lo cierto es que Escocia lo tuvo todo a su favor en aquella jornada y al final terminó cayendo. Pero eso no evitó que el público estuviera plenamente agradecido con todo lo conseguido. Curiosamente, aquel fue el único Mundial Sub-16 (o 17) que los escoceses disputaron en su historia, algo que agranda más la gesta. El entrenador Brown aprendió mucho de aquel certamen y siguió creciendo en su rol, llegando a ser, incluso, el encargado de llevar las riendas de la mayor entre 1993 y 2001, llevando a los británicos a la Euro 1996 y el Mundial 1998, los últimos certámenes en los que se pudo ver a la Tartan Army desfilar por Europa hasta esta Euro 2021.

No todos los jugadores tuvieron una carrera exitosa. Algunos, como se mencionó anteriormente, lograron jugar en la mayor. Otros pudieron disfrutar una vida tranquila en distintos clubes e incluso jugadores como Lindsay, tan importante en el transcurso del Mundial, sufriría una lesión que le negaría seguir jugando. Pero todos quedaron grabados en la memoria colectiva de una nación que espera, alguna vez, obtener un logro tan grande como el de aquella camada versión 1989.

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Me estaba por retirar del periodismo -no iba a ser una gran pérdida la verdad- pero TLB apareció para salvarme la vida. Escritor de corazón, podcastero amateur y contador de historias por vocación. Orgulloso del equipo que supimos formar y deseoso por seguir creciendo en este mundo tan competitivo.

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