viernes, 10 julio, 2020
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Es el 22 de noviembre del 2003, Stadium Australia, Sydney. Ante 82,000 personas el local e Inglaterra se están jugando el trono del rugby mundial. Con tries de Lote Tuqiri y Jason Robinson, esta final se ha vuelto un juego de ajedrez con los pies. La leyenda inglesa Jonny Wilkinson y el segundo centro australiano Elton Flatey buscan el título mundial a punta de patadas a los postes. Pero para los ingleses esto es más que un Mundial: es una cita con la historia.

Segundo tiempo extra, minuto 18 de 20, Flatey anota y empata el marcador a 17 mientras el estadio explota. Los Wallabies tienen una oportunidad. La televisión capta a Eddie Jones con cierta preocupación, pues sabe que aún queda tiempo para que los ingleses contesten. Su equipo ha empatado y pretende alargar el juego otra vez.

Inglaterra hace la salida y es George Smith el que atrapa la pelota, pero es rápidamente tackleado por Lewis Moody, Martin Johnson e Ian Balshaw, el medio scrum australiano. George Gregan lanza un mal pase y provoca que Mat Rogers pierda tiempo y, ante la presión inglesa, realice un despeje corto que sale de la cancha.

Inglaterra quería revancha, ya que en toda la historia de los mundiales los creadores del rugby no habían logrado los resultados que esperaban, y se habían quedado cortos en todas sus presentaciones. En 1987 fue derrotado en cuartos por Gales. En 1991 -y de local- perdió la final con los mismos australianos, en 1995 fueron aplastados por Jonah Lomu y Nueva Zelanda en semifinales y en 1999 cayeron ante Sudáfrica en cuartos de final, así que en aquel 2003 no solo se trataba de una revancha, sino de vencer a su propia historia.

18 segundos…Steve Thompson se dispone a lanzar el balón para el line out a la altura de los 22 metros. No es un buen lanzamiento, pero Lawrence Dallaglio logró tomarlo y lanzarlo a Matt Dawson. El medio scrum habilita a Wilkinson, que luego se la pasó a Mike Catt, quien posteriormente avanzó cual locomotora sin frenos. Este último, de repente, se topa con una pared llamada Stephen Larkham, que lo parte en dos. Gracias a él, la defensa australiana se reorganiza y Dawson se dispone a preparar la flecha.

67 segundos…¨¡Dawson ha encontrado un espacio!¨ dice el comentarista de la ITV. El pequeño y escurridizo número 9 ha encontrado un hueco en la base del ruck y avanza unos cuantos metros hasta ser tackleado por el fullback Rogers, mientras el flanker inglés, Neil Back, saca la pelota y le avienta un pase horrible a un metro del pecho a Martin Johnson, pero por suerte ahí está el segunda línea, que toma el balón, lo controla y lo defiende.

86 segundos…Dawson hace un movimiento con las manos en el pasto que provoca que toda la defensa australiana amague con salir, el referee los advierte y los hace volver. Dawson ha conseguido un par de segundos de oro para lo que se viene: al volver los australianos, Dawson lanza una flecha perfecta hacia Wilkinson, el 10, el encargado de dirigir todo esto. Wilkinson espera paciente, apunta con el arco, aguardando por la flecha que llega y es disparada al centro del blanco. Si esto fuera tiro con arco, sería un 10 perfecto. Wilkinson ha anotado un drop agónico cuando ya no había más tiempo y los ingleses ganan 20-17.

106 segundos…Australia reinicia el juego y Trevor Woodman, el pilar inglés que ya lleva 100 minutos en cancha, se levanta y toma la pelota más importante en la historia del rugby inglés. Dawson voltea a ver y Wilkinson no está. Mike Catt, por mera casualidad, está atravesado la línea del balón, lo recibe y lo patea hacia afuera.

130 segundos han pasado desde el penal de Flatey hasta que la pelota salió. 130 segundos que han cambiado la historia del rugby inglés. Inglaterra es campeón del mundo, los creadores del juego por fin reciben el premio de su propio engendro que siempre le había sido esquivo. 130 segundos han bastado para dejar en la historia al único equipo del hemisferio norte que ha ganado un mundial.

Los 130 segundos más importantes de la historia del rugby inglés.

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